Neandertales, la estirpe perdida

Pinolia publica el libro Neandertales. La historia de una estirpe perdida, un cautivador viaje por los últimos hallazgos sobre nuestros ancestros homínidos en la península ibérica que han contribuido a cambiar por completo nuestra percepción sobre ellos: estaban mucho más evolucionados de lo que se creía hasta ahora.

Óscar Herradón ©

Desde hace años, con el vertiginoso avance de la genética y las nuevas tecnologías, que han permitido estudios hace unas décadas impensables, ha cobrado fuerza el debate sobre la posibilidad de devolver a la vida a un neandertal (Homo neandertalis), la otra especie humana inteligente que fue desbancada por nuestros ancestros inmediatos en el proceso evolutivo, los Homo sapiens.

A pesar de poseer diferencias anatómicas y genéticas importantes, hoy sabemos que ambas especies se relacionaron y llegaron a mantener relaciones sentimentales e intercambios sexuales que pudieron producirse, a decir de los expertos, cuando el Sapiens llevó la tecnología del Paleolítico Superior en su migración fuera de África. El cruce entre ambos favoreció la evolución del Sapiens, haciéndolo más fuerte y, probablemente, introduciendo nuevas variantes en su sistema inmunológico (los genes HLA), esenciales para que el cuerpo pueda reconocer y destruir los patógenos, por ejemplo, superar un simple catarro que, sin su intervención, podría ser letal, algo que pudo haberle pasado a los neandertales; los antígenos se extendieron entre los descendientes de las poblaciones mestizas en Europa y Asia y ganaron la batalla de la evolución, donde los neandertales, más fuertes y robustos, finalmente se extinguieron.

  • Hoy, se trata de nuestro pariente más cercano, que vivió en Eurasia hace más de doscientos mil años, aunque todavía se discute si se trataba de una especie distinta (el Homo genus) o es una subespecie del Homo sapiens. Ahora, la editorial Pinolia, muy presente en el Pandemónium por su cuidado de la divulgación científica e histórica, publica Neandertales. La historia de una estirpe perdida, y con este fabuloso libro divulgativo como referencia, contamos 10 curiosidades fascinantes sobre nuestros ancestros homínidos:
  • Su apariencia era muy similar a la nuestra (aunque su cerebro era más grande y de crecimiento más lento que el del Sapiens) y poseían una inteligencia rudimentaria que les permitía usar herramientas y controlar el fuego.
  • Han pasado al imaginario colectivo como «los hombres de las cavernas», nombre que se debe a que precisamente los primeros fósiles encontrados en Eurasia se hallaron en cuevas profundas. Se cree que vivían allí, en plena Edad de Hielo, para protegerse del frío, la nieve y las ventiscas.
Cráneo Engis 2 del primer neandertal encontrado.
  • Pero, ¿hubo o no mestizaje entre el Sapiens y el Neandertal? Mestizaje como tal no, pero sí intercambios y relaciones sexuales. Un estudio del ADN del africano promedio mostró que no hubo mestizaje, pero el ADN de los no africanos muestra una coincidencia, lo que indica que los cruces pudieron haberse producido en un momento de coexistencia  de ambas especies, después de que, efectivamente, migraran al continente eurasiático. No obstante, continúa habiendo controversia sobre este punto –y muchos otros– entre los académicos.
  • A día de hoy no se sabe a ciencia cierta la causa de su extinción. Los científicos barajan tres posibilidades: el impacto del cambio climático sobre sus organismos, un problema de alimentación o bien precisamente a causa de la mezcla de especies, que finalmente habría conducido a la unificación, la desaparición del neandertal y al ser humano como es (somos) hoy en día.
  • Los neandertales parece que llevaban una vida social muy similar a la nuestra (a la de nuestros ancestros homínidos, se entiende, pues evidentemente han pasado decenas de miles de años y no iban ni de discoteca ni al cine ni tenían Smartphones): se reunían en clanes familiares y hay constancia de que cuidaban de personas enfermas y débiles, como los ancianos, del clan. Además, según los últimos hallazgos arqueológicos, daban entierro funerario a sus muertos.
  • No sabemos si tenían un lenguaje propio, aunque a juzgar por el tamaño de su cerebro se baraja que probablemente se comunicaban a través de un sistema de signos y señas.
Enterramiento neandertal Kebara 2 (Wikimedia Commos)
  • Por los restos encontrados, parece que fueron de pequeña estatura, pero de complexión robusta y una adaptación importante al entorno para retener el calor en un clima de temperaturas extremadamente bajas. Tenían  narices prominentes (probablemente para calentar el aire gélido al respirar) y se cree que eran de piel muy clara, pelirrojos y probablemente salpicados de pecas. Su cerebro era, salvo algunas diferencias (más grande, como hemos dicho), similar al nuestro.
  • Los encuentros sexuales entre las dos especies homínidas inteligentes explican que todos los hombres del mundo, con excepción de los africanos, poseamos en nuestro ADN la huella de los neandertales. Fue Svante Pääbo, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, Alemania, con la colaboración de decenas de investigadores de todo el planeta, quien culminó en 2010 la secuenciación del genoma del hombre de neandertal, y se determinó que entre el 2% y el 4% de nuestro genoma es herencia de esta «especie».
  • Investigadores del citado Instituto Max Planck creen que los neandertales aprendieron a hacer joyas y herramientas sofisticadas de los primeros  homínidos modernos (Sapiens) con los que convivieron, que se sepa, en España y Francia hace 40.000 años.
Svante Pääbo
  • Eran presumidos, pues se adornaban con vistosas plumas de aves (de córvidos y rapaces), y además se colgaban collares hechos de conchas e incluso se maquillaban, lo que parece evidenciar que poseían pensamiento simbólico, acercándolos más al Homo sapiens de lo que se creía hasta ahora. Además, cocinaban y consumían regularmente una variedad de vegetales, según reveló un estudio del Museo Smithsonian de Historia Natural de Fairfax (Estados Unidos): examinaron los dientes fosilizados de algunos neandertales hallados en cuevas de Irak y Bélgica, de lo que se dedujo que habían tratado granos de almidón, raíces y tubérculos antes de ingerirlos, lo que sugiere que conocían el fuego de forma muy similar a como lo hacían los humanos. Además, en Cueva Bajondillo, en Torremolinos (Málaga), un equipo internacional con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas español (CSIC) reveló que los neandertales ya comían marisco en la península ibérica hace 150.000 años.

¿Qué encontraremos en las páginas de Neandertales. La historia de una estirpe perdida?

Durante décadas, los neandertales fueron considerados una especie primitiva y tosca, incapaces de rivalizar con los Homo sapiens. Sin embargo, los últimos descubrimientos científicos revelan una realidad fascinante que ha transformado por completo nuestra comprensión de nuestros parientes. Gracias a las investigaciones de expertos multidisciplinares que combinan paleontología, geología, arqueología o la tecnología 3D, hoy conocemos en profundidad su biología, su alimentación, su cultura material y su evolución cognitiva.

El cerebro de nuestro antecesores neandertales, lejos de ser rudimentario, albergaba capacidades que les permitieron dominar el fuego, desarrollar innovaciones tecnológicas revolucionarias para su tiempo y crear manifestaciones artísticas y simbólicas. Esta obra coral, coordinada por Ignacio Martín Lerma pero con la firma de numerosos expertos (periodistas, divulgadores científicos, antropólogos, etc.) nos adentra en los numerosos yacimientos de la península ibérica –desde Gibraltar hasta los Pirineos– donde una serie de hallazgos excepcionales han cambiado nuestra percepción de estos antiguos habitantes de nuestro territorio y nos han revelado su relación con otras especies humanas, su convivencia con una fauna muy variada y las condiciones ambientales que moldearon su existencia.

Entre estos hallazgos, destaca la reconstrucción científica de una mujer neandertal, cuyos rasgos y herencia genética nos desvelan una verdad profunda: los neandertales no desaparecieron del todo. Siguen vivos en nosotros, en nuestra biología y en la memoria colectiva de lo que significa ser humano. Su historia no es un eco del pasado, sino una parte esencial de la nuestra.

*Todas las imágenes del reportaje son de licencia libre de Wikimedia Commons, salvo la portada del libro, facilitada por Pinolia.

Cien vistas del monte Fuji (Satori Ediciones)

Satori, editorial especializada en textos japoneses (en un amplio abanico que abarca ficción –novela, relatos y poesía tanto clásica como contemporánea-, ensayo, arte y novela gráfica), recupera un clásico que ya publicó en distintas ediciones en una versión muy económica pero igualmente deliciosa: Cien vistas del monte Fuji, que se inserta en la larga tradición representativa de la estampa natural más conocida del país del sol naciente.

Óscar Herradón ©

Es obra del inmortal artista Osamu Dazai (1909-1948), que nació en el seno de una importante familia de Aomori, en el norte de Japón. Introvertido y solitario, era un joven dotado de un talento literario innato y una sensibilidad única. Se matriculó en el Departamento de Francés de la exclusiva Universidad Imperial de Tokio a los 21 años, aunque nunca llegaría a finalizar sus estudios superiores. En la capital, Dazai, se entregaría a una vida disipada con mujeres, alcohol y escritura, siempre la escritura. Excluido de su elitista familia por convivir con una geisha y atenazado por las deudas, viviría sumido en un pozo de oscuridad, adicto a la morfina a la vez que se dedicaba de forma febril a la creatividad literaria, en la que fue un maestro. Tras un periodo de cierta tranquilidad familiar y prestigio literario, en 1948, en medio de una espiral de autodestrucción, puso fin a su vida arrojándose al río Tama con su amante.

En la obra que hoy recomendamos en el Pandemónium, y siguiendo la estela de artistas como Buncho, Hiroshige y Hokusai, Dazai Osamu reconstruye su particular visión del monte Fuji, enlazándolas con las distintas experiencias que vive durante su estancia en el paso de Misaka, donde, frente a sus ojos, se dibujaba cada día la ladera de la montaña. Impresionista y autobiográfico, Cien vistas del monte Fuji se inserta en la larga tradición representativa de la estampa natural más conocida de Japón.

Milenario símbolo sagrado

Santuario de Senge

Y es que el monte Fuji es uno de los lugares más representativos del país del sol naciente, que ha atraído la miradas de infinidad de artistas, y que también tiene una importancia capital como centro sagrado. El monte Fuji es el pico más alto de la isla de Houshu y de todo Japón, con 3.776 metros de altitud, al oeste de Tokio. Es un estratovolcán y el símbolo del país, considerado sagrado desde la Antigüedad, lo que hizo que fuera prohibido para las mujeres llegar a su cima hasta la era Meiji, a finales del siglo XIX. Es, además, un conocido destino turístico y un popular enclave para practicar el alpinismo y el parapentismo.

Se considera una montaña sagrada desde al menos el siglo VII de nuestra era; el sintoísmo recoge la tradición de que un emperador ordenó destruir la parte superior de la montaña para obtener un elixir de la inmortalidad que poseía la cima (no debemos olvidar la gran importancia de esto en la alquimia oriental, principalmente en la china): el humo que en ocasiones se escapan afirman que se debe precisamente a que dicha poción se consume (aunque en realidad está relacionado con su morfología volcánica). En su cima, según la tradición, vivieron los dioses sintoístas, así como  Fuji-Hime y Sakuya-Hime. Por su parte, los budistas lo veneran porque su forma dicen que recuerda el botón blanco y los ocho pétalos de la flor de loto.

Monumento de Jikigyo Miroku

Sobre o a los pies del monte Fuji se construyeron varios santuarios para venerar a las muchas divinidades de las distintas religiones y numerosos torii (puerta tradicional japonesa que suele hallarse a la entrada de los santuarios y que simbólicamente marca la transición de lo mundano a lo sagrado), que marcan el recorrido para señalar los límites del recinto sacro, a donde se han realizado peregrinaciones, una de las más célebres, la de Hasegawa Takenetsu en 1630. Su ascensión se convirtió en ritual desde que tuvo lugar la muerte por ayuno en el Fuji de Jikigyo Miroku (1671-1733).

Debido a su perfil montañoso excepcionalmente simétrico y a su trascendencia histórico-religiosa, el Fuji, símbolo del país, sirvió de fuente de inspiración a numerosos poetas pero también a infinidad de artistas como Osamu Dazai, que lo plasmaron en las representaciones artísticas (e-naki monogatari), en los mandalas Fuji Sankei o en las impresiones o artesanía ukiyo-e. Destacan las Treinta y seis vistas del monte Fuji, del maestro del grabado japonés Katsushika Hokusai (1760-1849); a su vez, otro gran artista nipón, Hiroshige (1797-1858) pintó dos series de Treinta y seis vistas del monte Fuji.

He aquí el enlace para hacerse con esta hermosa edición de Satori dentro de la colección de cuadernos artesanales con hilo visto en cosido Singer antes de que se agote (nota: el que avisa no es traidor):

https://satoriediciones.com/libros/cien-vistas-del-monte-fuji/

Red Hot Chili Peppers: el rock renacido

Es uno de los grandes grupos del rock y la historia personal de sus miembros es tanto o más fascinante que sus múltiples discos de estudio. Ahora, de la mano de Redbook Ediciones, siempre presente en el Pandemónium, nos llega la que probablemente sea la biografía definitiva de la banda californiana que nació de forma anecdótica, a principios de la convulsa década de los 80, cuando cuatro adolescentes del Fairfax High School de Los Ángeles se subían a un escenario para un único concierto. Dos de ellos eran Anthony Kiedis y Michael Balzary «Flea», núcleo germinal de los RHCP. El resto es historia (aún viva) de la música contemporánea más salvaje e irreverente.

Óscar Herradón ©

La banda estaría marcada desde el comienzo por los escándalos, los excesos y las drogas. Según cuenta el emblemático bajista Flea en sus memorias, Acid for the Children (publicadas en castellano por Libros Cúpula, de cuyo lanzamiento nos hicimos eco en su día) ya adolescente empezó a consumir speed y a experimentar con el ácido lisérgico que cautivó a muchas bandas de los 60 y 70. Según contaba a The Guardian sobre este punto, el LSD tuvo sin embargo un efecto «positivo» en él: «Para alguien como yo, que corría como un loco por las calles, las drogas me ayudaron a acceder a mi subconsciente, desarrollaron un carácter más introspectivo». Y le ayudó –supuestamente– con la música, fundando una banda con sus amigos Kiedis y el guitarrista Hillel Slovak.

Su primer nombre fue Tony Flow and the Miraculously Majestic Masters of Mayhem, formado por Kiedis, Flea, Slovak y el baterista Jack Irons, con un solo tema, Out in L.A. Debutaron en un local de nombre The Rythm and Blues y tras varias actuaciones y algunas canciones propias añadidas a su setlist, finalmente decidieron cambiar su nomenclatura por la de Red Hot Chili Peppers, acertando de pleno.

El hecho de tocar totalmente en cueros (o bien tapándose el miembro con un calcetín), les hizo icónicos y singulares, unido a sus poderosas melodías funk, sus cuerpos musculados y sus tatuajes en un tiempo en el que no se llevaban como ahora (hasta la saciedad y sin mucho sentido). Aquella puesta en escena «nudista» les convirtió también, quizá sin pretenderlo, en ídolos de la comunidad gay. De hecho, según recuerda Flea en el libro citado, los bares de ambiente de Los Ángeles fueron «los primeros que se fijaron en Red Hot Chili Peppers». De mentalidad abierta, nunca tuvo reparos en admitir que mantuvo relaciones sexuales con miembros de su mismo sexo, eso sí, aquello le convenció «de que no era gay», puntualiza.

En el extremo opuesto, el exhibicionismo y desenfado de la banda despertaron las iras de los más reaccionarios, abundantes en el país en los años ochenta (aunque hoy, bajo la resaca Trump, también son multitud) cuando se formaron, y en Virginia, por ejemplo, Kiedis llegó a ser detenido por escándalo público, como en su día le sucedió a icónicos frontman como Jim Morrison.

La tragedia y el renacimiento

Slovak en 1983

Flea dejaría las drogas a los treinta años, impactado por el daño que los estupefacientes hicieron en buenos amigos suyos. Fue el caso por ejemplo del también miembro fundador y guitarrista Hillel Slovak. Era el 25 de junio de 1988, y tras varios días desaparecido, fue hallado muerto en su apartamento por una sobredosis de heroína. Tenía tan solo veintiséis años. Una adicción, la del «caballo», que también traería de cabeza al frontman de los Red Hot, a Kiedis, pero este supo recomponerse tras numerosos intentos de rehabilitación.

Frusciante

Muchos pensaban que tras la trágica muerte del virtuoso guitarrista el grupo no remontaría, y es que era probablemente la pieza fundamental de una banda que empezó como un grupo de amigos con pocas intenciones hasta que Slovak los llevó por la senda del funk-rock (de hecho, Flea era… ¡un trompetista de conservatorio!, que acabó decantándose por el bajo precisamente por consejo de su colega). Hubo numerosos intentos de reemplazarlo, la mayoría sonados fracasos, hasta que llegó otro torbellino de las seis cuerdas que con apenas 19 años encajó a la perfección: John Frusciante, que en principio aspiraba a tocar para Thelonius Monster (los RHCP se lo llevaron en plena audición en una de esas muchas anécdotas de la historia del rock).

Y como su antecesor, además de un fuera de serie en la música se dejó arrastrar por las drogas, tanto, que muchos pensaban que no tardaría en morir. Asediado también por fuertes episodios de enfermedad mental –casi con seguridad desencadenados por sus excesos– a mediados de los noventa parecía un muerto viviente que llegó a grabar vídeos y entrevistas que hoy pueden verse en Youtube y que encojen el corazón. Los de un auténtico yonqui en plena decadencia vital.  Su propia inmersión en los infiernos sería tema de unas memorias bastante más trágicas que las de sus compañeros.

De los 90 al Olimpo del r’n’r

Los 90 serían la época más brillante de los RHCP: con el legendario Rick Rubin en la producción, en 1991 publicaron su disco quizá más emblemático: Blood, Sugar, Sex, Magik (cuya grabación se produjo, al parecer por indicación de Rubin, en una mansión supuestamente encantada –cosas del marketing–), y su sencillo «Under the Bridge» dio un nuevo tono a su característico funk-rock y arrasó en las listas de éxitos. Durante la gira de este disco, y después de un lamentable espectáculo en el Saturday Night Live en el que apareció completamente drogado, durante el tour por Japón, en mayo de 1992, tendría lugar la primera salida de Frusciante, al parecer por diferencias creativas –afirmaba sentirse alienado–, siendo sustituido por el guitarrista de Jane’s Addiction Dave Navarro, cuya incorporación cambiaría notablemente el sonido de la banda, como puede apreciarse en el disco de 1995 One Hot Minute.

En 1998, también por problemas derivados de las drogas, Navarro fue despedido y un Frusciante que había pasado un infierno volvía con sus viejos compañeros. Y se notó su vuelta: en 1999 los RHCP lanzaban el brillante álbum Californication, con hits como el que dio nombre al disco, «Scar Tissue» o «Around the World». Y en 2002 llegó otro exitoso álbum, más melódico, By the way. Los RHCP estaban en la cresta de la ola. Tuve la oportunidad de ver a los Red Hot en febrero de 2003 en Vistalegre, y aunque el lugar no era el mejor sitio para la acústica, fue un show inolvidable, el de una gran banda de rock, de las pocas que quedaban por aquel entonces aún inalterables de los 80.

Después publicarían Stadium Arcadium (2006) y en 2009 el inquieto Frusciante volvía a salir del grupo, siendo sustituido por Josh Klinghoffer, guitarrista de apoyo en la gira de Stadium Arcadium, con el que grabarían dos álbumes: I’m with you (2011) y The Getaway (2016), para, en 2019, regresar de nuevo el hijo pródigo Frusciante, cuya vuelta se vio eclipsada en parte, como todo el planeta, por el maldito coronavirus. Una suerte de eterno retorno que ha dado muchos frutos.

En 2022 los RHCP lanzaban Unlimited Love y el álbum Return of the Dream Cantern. Y ahí siguen, al pie del cañón con los 60 encima, tras 40 años en los escenarios, una multifacética carrera no exenta de dificultades, pero de las que sus miembros, cual ave Fénix rockera, siempre han sabido renacer. Long live rock and roll!

En abril de 2012 fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock and Roll. No es para menos. A día de hoy han vendido más de 20 millones de discos y su historia, con peños y señales (acordes y rayas) puede conocerse a través de las páginas del libro de Borja Figuerola editado por Redbook Ediciones. Si además alguno quiere sumergirse en este vendaval musical lleno de abrojos y genialidades la misma editorial también publicó en 2021 la novela gráfica de la banda, con textos igualmente cosecha de Figuerola e impresionantes dibujos de gran realismo del diseñador y dibujante Carlos Córdoba. Un gran regalo para Reyes.

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