Rock & Arte: cuando el Rock se encuentra con el Arte

El arte está indisolublemente ligado a la música, y más en concreto al rock y sus múltiples derivados. Ahora, la editorial Redbook, a través de su sello Ma non troppo, publica un volumen que hará las delicias de melómanos y rockeros de todo pelaje y que da título a este post. En sus páginas encontramos todo tipo de anécdotas relacionadas con el género y su vertiente plástica (pósteres, carteles, entradas, merchandising…), entre ellas, la historia del diseñador estadounidense y profeta de la escena punk Winston Smith, que protagoniza las próximas líneas. Long Live Rock’n’ Roll!

Por Óscar Herradón ©

Mientras el diseñador británico Roger Dean (artífice de las carátulas de los discos de Yes, Asia o algunos de Uriah Heep, y también de célebres videojuegos de los ochenta) terminaba sus estudios en el Royal College londinense, un singular estadounidense del que acabaría siendo amigo estudiaba arte del Renacimiento en Italia. Se daba a conocer como Winston Smith, como el protagonista de la genial novela distópica 1984, de George Orwell, y durante mucho tiempo mantuvo su verdadero nombre en secreto. Nacido como James Patrick Shannon Morey, frecuentó la Academia de Bellas Artes de Florencia y profundizó en estudios sobre cine tanto en la ciudad de la Toscana como en Roma.

Durante años dio la vuelta a la península itálica como roadie del grupo de jazz-rock Perigeo, y su periodo de formación clave fue entre 1969 y 1975. Había nacido en Oklahoma City en 1952 y tras su estancia en Italia, regresó a Estados Unidos convirtiéndose, para ganarse el sustento, en roadie de varios grupos de mediados de los 70: Quicksilver Messenger Service, Santana, Journey, Crosby Still & Nash o The Tubes. Reconvertido en un auténtico hippie, tras rodar con las bandas citadas se estableció en un rancho rodeado de secuoyas al norte de California, en las colinas de Ukiah, y no tenía ni agua corriente, ni energía eléctrica, ni teléfono.

Dead Kennedys

Fue por aquellos años cuando Smith/Morey inició su carrera gráfica, dando vida a numerosos proyectos artísticos, como el fanzine satírico Fallout, que escribía e ilustraba junto a su colega Jayed Scotti. A la vez, ambos diseñaban carteles para conciertos ficticios, «celebrados» en pseudo-clubs de San Francisco a cargo de bandas que no existían en absoluto. En el mismo estudio en el que producían Fallout, en 1977, de sus mentes anti-establisment nació IDOL, un crucifijo que sería también conocido como «La Cruz del Dinero», una visión crítica sui géneris sobre la hipocresía y la adoración del dinero por el capitalismo (un mundo que no ha cambiado demasiado desde entonces, si acaso para peor). El IDOL se copió y distribuyó en un «show de fotocopias» en Berkeley, y la casualidad, o el destino, depende de quien lo mire, hizo que se fijase en el crucifijo impreso una amiga de Jello Biafra, nada menos que el que acabaría siendo líder de los Dead Kennedys, que no tardó en poner a Smith en contacto con él.

Profeta del punk-rock USA

Fue el comienzo de la fructífera colaboración del artista gráfico que mantenía cierto acento florentino (lo que le dotaba de un aire misterioso) con el sello Alternative Tentacles, para el que diseñó varias cubiertas, pósteres, carteles, desplegables y páginas publicitarias. La Cruz del Dinero pasó a usarse en 1981 en la carátula del primer EP de los californianos Dead Kennedys, «In God We Trust. Inc.», que levantó ampollas en la sociedad estadounidense más conservadora, causando un escándalo mayúsculo en esa América profunda reaccionaria y puritana (que recuerda, en parte, a la actual).

El IDOL sería utilizado también en Mother Jones, la revista filocomunista que toma el nombre de la histórica sindicalista revolucionaria Mary Harris Jones y que aún permanece azotando conciencias al otro lado del Atlántico. Entonces se editaba contra la política reaccionaria del presidente y ex actor Ronald Reagan, y en los últimos años, bajo la Administración Trump, ha tenido no poco trabajo. Sobre la imagen diseñada por Winston, Biafra llegó a decir: «Aquel crucifijo parecía realmente una propuesta muy arriesgada, pero era perfecto para la cubierta de nuestro primer álbum».

A partir de ahí, y utilizando imágenes procedentes de revistas populares estadounidenses, Smith se convirtió en un maestro del collage, haciendo gala de un agudo surrealismo que algunos compararon con los fotomontajes políticos de John Heartfield o artistas como Max Ernst y Marcel Duchamp. Fuertemente influido por la tradición dadaísta, sus trabajos comenzaron a aparecer en revistas especializadas como Spin (una de las cabeceras musicales que una década después Axl Rose, líder de Guns N’ Roses, atacaría en la letra de «Get in the Ring»), Maximum Rock’n’Roll, National Lampoon o Architectural Digest, así como en la revista de arte Juxtapoz y en la multiventas Playboy.

Una de las grandes inspiraciones de Smith sería la disparidad entre cómo son las cosas (en América y, por ende, el mundo occidental) y cómo podrían ser, es decir, como él mismo dijo en más de una ocasión: «No estar satisfecho con el estatus quo». Sus collages, de un surrealismo visionario y un universos fantasioso y extravagante, influiría notablemente a toda una generación de punk-rockers. James Patrick Shannon, alias «Winston Smith», fue un personaje fundamental de la grafía underground estadounidense de finales de los 70 y los 80, cuando diseñó las carátulas más importantes de los Dead Kennedys, pero también en los 90, al trabajar con una nueva generación de punk-rockers como Green Day.

Puso sus rotuladores, no obstante, para otra cincuentena de artistas, entre ellos Ben Harper, y a sus 70 años sigue en activo. A su trayectoria en el art-rock sí que se le puede dedicar esa frase convertida en mantra del álbum debut de The Exploited (editado en 1981, al igual que el primer plástico de los Dead Kennedys): «Punk’s Not Dead».

PARA SABER MUCHÍSIMO MÁS:

Redbook ©

La carrera de Winston Smith y su influencia en la escena underground es solo un pequeño botón de la portentosa cantidad de jugosos datos sobre la creatividad gráfica que rodea al mundo del rock desde sus orígenes y que se narra en el libro Rock & Arte: Cuando el rock se encuentra con el arte, profusamente ilustrado a todo color, un recorrido de infarto por el grafismo musical y sus trampantojos que editó hace unos meses una editorial que tenemos siempre muy presente en «Dentro del Pandemónium», Redbook Ediciones, a través del sello de referencia para cinéfilos y melómanos Ma non troppo.

Una completa obra visual compuesta a seis manos por el periodista italiano especializado en música Ezio Guaitamacchi (que en el catálogo de Redbook ya cuenta con Las Rutas del Rock, Nuevas Rutas del Rock y Crónica del Rock y Crónica del Rock. Nuevos Hitos), el director editorial de JAM TV y periodista Leonardo Follieri, y el también periodista, crítico musical y licenciado en Literatura Moderna (algo que evidencian sus cuidados textos), Giulio Crotti.

Rock & Arte explora con textos fluidos y preñados de información y curiosidades, las múltiples relaciones del rock con las distintas formas de arte. Dividido en ocho secciones, se ocupa de portadas (algunas emblemáticas, como el arte imaginativo de Pink Floyd o el surrealismo político del citado Winston Smith), carteles, artistas y diseñadores, fotografía, objetos, cine, moda (¿Quién da más?); y un último capítulo que los autores dedican al lado creativo (y por lo general más desconocido) de estrellas del rock que han probado suerte en otras formas de expresión –ya sea David Bowie en su incursión frustrada en la pintura, que para él –dijo– era tanto o más importante que la música, o un Marilyn Manson reconvertido en director de cine y artista plástico con acuarelas y pintura en seco–.

De Andy Warhol (que diseñó la portada de 1967 de The Velvet Underground & Nico, más conocida como «The Banana Album») a Allen Ginsberg, de los planos de Jim Marshall a los documentales de Martin Scorsese (que hizo largos inolvidables sobre The Rolling Stones, Bob Dylan o George Harrison, entre otros), y también del corte de pelo de los Beatles, que marcó una época, a la moda grunge que muchos llevábamos (o lo intentamos) a principios/mediados de los 90; de la portada de Sgt. Peppers (horror vacui y «maldición») a la de Abraxas, de los cuadros de Joni Mitchell a los poemas del atormentado Jim Morrison.

Un libro que hay que tener, y punto. He aquí el enlace para hacerse con él y saber mucho más de punks, rockeros y artistas inclasificables:

Guns N’ Roses: 30 años de «illusion» (Vol. 1)

Este 2021 se cumplieron 30 años del lanzamiento del doble disco de Guns and Roses Use Your Illusion, uno de los grandes acontecimientos del rock de principios de los 90 que contenía temas inolvidables como You Could Be Mine, Civil War, November Rain, Don’t Cry o Estranged, y potentes versiones de temas como Knockin’ On Heaven’s Doors de Dylan o Live and Let Die de McCartney. El doble plástico de mi adolescencia, y la banda sonora de toda una generación. Ahora que se publica la biografía en castellano de su bajista, Duff McKagan, de la mano de Libros Cúpula, éste es el particular y humilde homenaje desde las entrañas del Pandemónium.

Óscar Herradón ©

Su eslogan fue «la banda más peligrosa del mundo» y, de 1988 a 1993, año de su traumática disolución (traumática, se entiende, para sus millones de fans, un servidor incluido), se convirtieron nada menos que en el grupo de rock más importante del planeta. Ahí es nada. Más incluso que sus eternos competidores Metallica –me refiero a entonces, hoy la cosa ha cambiado– y aquella banda que revolucionó la música alternativa desde un lugar tan poco glamuroso como Seattle: Nirvana; grupos con los que, precisamente, los Guns N’ Roses comandados por Axl Rose no tendrían lo que se dice una buena relación.

Termina 2021, sacudido todavía por el dichoso Coronavirus (en su variante de ecos lovecraftianos «Ómicron»), el silencio aún humeante del volcán de La Palma y el primer año de decepcionante mandato de Joe Biden (menos tumultuoso, eso sí, que el de Trump, con quien Mr. Rose tuvo abiertos y sonados enfrentamientos en Twitter) y estas líneas las escribo, más con devoción que sabiduría de crítico musical, porque este mismo año se cumplieron 30 del lanzamiento del doble plástico que encumbró a los chicos malos de Hollywood: los Use Your Illusion.

Axl en 1993, cerca del final…

Treinta años… se me pone la piel de gallina, pero no por fascinación por aquel disco en dos partes (que la tengo), sino por hacerse palpable ese dicho tan manido y tan cierto de «qué rápido pasa el tiempo». Acabo de ser papá, y el tiempo, si cabe, pasa todavía más rápido… Qué razón tienen las abuelas. Tres jodidas décadas (no voy a andarme con remilgos y lenguaje comedido cuando hablo de unos tipos que lanzaban exabruptos cada dos palabras). Los mismos que hace que se lanzó otro disco emblemático, «disco de discos», el álbum negro de Metallica, némesis de los Guns por aquellos años y al que dedicaré también su pertinente post, el contundente Nevermind de Nirvana (que cambió el rock alternativo) y el menos ensalzado pero no por ello poco relevante (en lo que a la evolución del «ruido» se refiere), Blood, Sugar, Sex, Magik, de los californianos Red Hot Chili Peppers… y va triplete de la costa oeste, debe ser que el sol de Malibú inspiró a aquellos otrora jóvenes como hiciera décadas antes con Jim Morrison y Ray Manzarek. El trío de Seattle estaba en la costa opuesta, mucho menos soleada y con mayor tendencia a la melancolía. Eso explica algunas cosas.

De comerse el mundo al letargo musical

Fue el grupo de mi primera adolescencia, y de muchos años después. Todavía hoy «uso mi ilusión» cuando escucho cada acorde de aquel LP. Tenía unos doce años, allá por 1992, cuando me quedé paralizado por primera vez ante el irreverente Axl Rose, su voz rasgada y la guitarra hipnotizante de Slash; hacía solo unos meses que habían lanzado aquel disco. Fue gracias a un colega del colegio, Paul, el primer «rockero» con el que me topé en mi vida. Luego, aquel verano, mis primos gallegos mayores que yo tenían el doble cassette del «Illusion» (comprado en Círculo de Lectores, o a través de la revista Tipo, qué tiempos). No dejé de escucharlos una y otra vez. Creo que desgasté algo las cintas, aunque no recibí reprimenda alguna por ello. Y empezó una historia de amor que no terminaría nunca.

Guns and F*** Roses (Imagen promocional de la banda en los Illusion)

Otros tuvieron la suerte de conocer a los Guns antes, con el lanzamiento de un disco debut que hoy se mantiene como uno de los más exitosos (y brillantes) de todos los tiempos, Appetite for Destruccion; pero un servidor tenía entonces 7 años, y no sabía qué demonios era eso de los pantalones de cuero, las botas de vaquero, el pelo cardado o las botellas de Jack Daniels (¡y menos mal!). Podría elucubrar durante horas y llenar este blog de flashes y recuerdos sobre lo que significó para mí Guns N’ Roses. No tendría mucho sentido.

Todo el que me conoce relaciona mi persona con aquel grupo que se merendó el mundo, cautivó a millones de jóvenes (y no tan jóvenes) y que después se quedó más como un recuerdo de otra Era del rock duro. Al contrario que Metallica, que han mantenido el tipo, a pesar de los altibajos, algunos graves, desde entonces hasta el día de hoy. Lo de los Guns tampoco fue un adiós definitivo, aunque quizá hubiese sido lo correcto, como hicieron Héroes del Silencio apenas tres años después, en 1996. Vaya década… de infarto.

Sí, Axl siempre dijo que regresaría. Lo hizo, con él y solo él (y algunos músicos de «sesión») y acompañado únicamente de un Dizzy Reed a los teclados que al margen de los fans no conocía ni su P.M. Trece años y más de trece millones de dólares de producción le costó al oriundo de Laffayette (donde, según su compañero de infancia y miembro fundador de los Guns, Izzy Stradlin, nadie le hacía ni puñetero caso, razón por la que siempre buscó convertirse en un semi dios tras alcanzar la fama), lanzar al mercado Chinese Democracy en 2008, cuando ya ni el mismo Dios al que cantaban las provocadoras camisetas del músico creía que aquello fuera a ser real. Era un disco con algunos temas buenos, trabajado, pero estaba a años luz del Appetite o los Illusion. Y desde luego no necesitaba tamaño desfalco de dinero.

Un par de años antes del lanzamiento, en 2006, se cumplía uno de mis sueños de adolescencia: ver a los dichosos Guns N’ Roses (o lo que quedaba de ellos). Fue en el auditorio del recinto ferial Juan Carlos I, y aunque muy decepcionante en comparación con aquella gira de 1991-1993 con escenarios de vértigo y la atención focalizada de los medios musicales de todo el orbe –otra Era–, que no pude disfrutar debido a mi corta edad (algo que nunca le «perdonaré» a mi madre), hubo momentos en que volví a soñar despierto. Lo hice observando con precisión de cirujano a un Axl entrado en carnes (y con la frente más despejada), que se movía por el escenario en un estilo más parecido al de la Pantoja (sin desmerecer con estas palabras a la folclórica, ni mucho menos) que con la rabia y energía atlética de principios de los noventa.

Madrid 2006, Appetite for Destruction…

Antes de que el señor Rose, mi ídolo de juventud (hoy tengo unos cuantos ídolos más, qué voy a hacerle, soy un mitómano sin remedio), hiciera acto de presencia ante una multitud mucho menos multitudinaria que en los tiempos de un Vicente Calderón ya desaparecido y entonces afectado de aluminosis (lo que obligó a cancelar el ansiado concierto en Madrid de 1992 para tocarlo en 1993), se repitió un mantra de su carrera musical: llegar tarde, cabrear a todo el mundo y erigirse en diva rockera, pero mucho más crepuscular que en los tiempos del accidentado concierto de Chicago del 91 que merece entrada aparte.

Llegó más de dos horas y media tarde cuando una gran parte de la gradería, literalmente hasta los huevos –y algo sobrada de alcohol y lo que se terciara– había comenzado a arrancar los asientos de un auditorio tornado inaudito. Un servidor estaba junto a varios compañeros –otros mitómanos–, «Muis» y Ramón, en la pista, como creíamos que debían verse los conciertos de rock (éramos jóvenes, hoy prefiero el asiento). Desde entonces, el auditorio permanece en ruinas, olvidado por la administración, aunque la concejala madrileña del PP Andrea Levy ha manifestado su intención de rehabilitarlo para 2023.

El caso es que al final el bueno de Axl llegó y dio su concierto; y no fue inolvidable ni nada parecido, pero sí una forma de quitarme media espina del corazón barnizado aún de pintura adolescente. No obstante, los Guns fueron mucho más que un grupo de moda (mal que le pese a algunos) o un fenómenos de masas juvenil. Fue toda una banda de rock en el más amplio sentido de la palabra (algunos críticos hablaban de ella como la última gran banda de esas características), y aunque ahora el señor Rose no sea físicamente ni su sombra (el tipo va para los sesenta, todo un abuelete), muy lejos de aquella imagen de sex-symbol de portadas de revistas (que empapelaban, literalmente, los kioscos, allá por 1992, nunca lo olvidaré, esos mismos que ya apenas existen) y carpetas de instituto, sigue siendo el artífice de aquellas multitudinarias ilusiones. He recortado tantas fotos de revistas y guardado tantos póster que ni me acuerdo. Y los libros de la editorial La Máscara… joyazas hoy muy buscadas (en Wallapop, el «desván de la Red», por un precio considerable, pero asequible, se pueden encontrar la mayoría de números).

Los excesos de la última gran banda de rock and roll los dejo para un siguiente e inminente post, mientras tanto, recomiendo algunas novedades editoriales para saber más de los chicos malos de Hollywood.

Créditos de imágenes: Wikipedia (Free Use), LP covers and magazines & marketing posters.

PARA SABER ALGO (MUUUCHO) MÁS:      

En 2007 Slash, con la batuta del periodista neoyorquino Anthony Bouza, publicaba sus memorias, traducidas al castellano en 2010 bajo el título de Slash: de Guns and Roses a Velvet Revolver. La Autobiografía, de la mano de Es Pop Ediciones, y este mismo año ha salido publicada de mano de Libros Cúpula (Grupo Planeta) la susodicha del bajista y también miembro de Velvet Revolver, Duff McKagan: It’s So Easy (Y Otras Mentiras). Sigue la estela de las biografías de los malditos rock-star (qué coño, él fue uno de ellos, y de los grandes), pero sin aditamentos ni ensoñaciones: muchas drogas y demasiado descontrol que no arregla la creatividad (o al menos no siempre). Y aunque pueda parecer más de lo mismo, lo cierto es que es una muy buena traducción, y además se nota que McKagan es un tipo con una importante cultura, y mucha honestidad, algo que se respira en cada párrafo, sin miedo a ser juzgado. En este caso no ha contado (o al menos no oficialmente) con la colaboración –o la autoría– de un periodista musical, sino que todo surge de su inquietud y sus vivencias –muchas y a veces al límite–, y eso se nota a la hora de comprobar la autenticidad de este libro frente a otros similares.

En este sentido, es tanto o más cautivador que la biografía de otro bajista emblemático, Flea, de los Red Hot Chili Peppers, cuyo libro Acid for the Children. Memorias, fue publicado hace unos meses también por Libros Cúpula y de cuyo lanzamiento nos hicimos eco en este blog.  

Duff, que originalmente publicó el libro en 2015 bajo el título de How to be a Man (Cómo ser un hombre), no se anda con pelos en la lengua, y narra en primera persona, con gancho y cierta «macarrería», reconociendo sus errores pero sin ningún atisbo de autocompasión, su participación en Guns N’ Roses, sus excesos (y los problemas de salud ocasionados por éstos), las contradicciones de una banda llena de egos comandada por un megalómano (de innegable creatividad y estilo, eso no puede negársele a Mr. Rose) y la dificultad para mantener vivo el colosal mecanismo del grupo, un gigante con los pies de barro.

Duff se encarga de recordar el lamentable episodio que tuvo lugar entre Nirvana y los Guns, que recogeré en el siguiente post, y, caprichos del destino, cómo años después coincidió en un vuelo con Kurt Cobain, compartió asiento con él y charlaron de numerosas cosas. Fue en 1994, apenas dos días antes de que el frontman de Nirvana se descerrajaba un tiro en la cabeza (al menos si no hacemos caso a los conspiracionistas más recalcitrantes, que los hay, sobre que aquello no fue un suicidio…). En definitiva, una autobiografía memorable de uno de los tipos más auténticos , «punkis» y relevantes de la escena rockera de las últimas tres décadas.

He aquí el enlace para adquirirla, una gran idea para regalar en Reyes:

https://www.planetadelibros.com/libro-its-so-easy/323828

Los Guns, también en cómic…

De mano de Redbook Ediciones podemos disfrutar de la historia de Guns N’Roses en versión gráfica, y una versión gráfica de infarto, dentro de su colección «La Novela Gráfica del Rock» (Ma Non Troppo) que a los mitómanos y apasionados del cómic nos ha brindado biografías en imágenes de otros dioses de la música como Metallica, The Ramones, Led Zeppelin, The Who o Sex Pistols, entre otros. A cuál mejor.

Guns N’ Roses. Reckless Life es una delicia para fans que abarca desde los humildes orígenes de William Bruce Rose Jr. (de nombre artístico W. Axl Rose) y su amigo Jeffrey Dean Isbell (alias Izzy Stradlin) en Laffayette, Indiana, o la acomodada vida en Londres de Saul Hudson (Mr. Slash), hijo de una diseñadora afro-estadounidense y del artista inglés Anthony Hudson –diseñador de cubiertas de álbumes musicales de artistas como Joni Mitchell («Court and Spark») o Jackson Browne («For Everyman»)–, hasta los años del grupo malviviendo en las calles de Los Ángeles y Hollywood, a principios de los 80, la fundación de Guns N’ Roses (tras la escisión de dos bandas en las que se movió Axl, Hollywood Rose y L.A. Gun), tomando el testigo de los desenfrenados Motley Crüe, el estrellato y la caída.

Obra del dibujante Marc Olivent (cuyas impresionantes ilustraciones parecen en ocasiones fotografías reales) junto a los guiones incisivos, a veces sarcásticos y nada complacientes de Jim McCarthy, captan a la perfección el espíritu rebelde y peligroso de la banda –principalmente del Sr. Rose–, el ascenso al Olimpo del rock and roll como solo lo hicieron bandas como Led Zeppelin, Black Sabbath, Pink Floyd o Queen, y el colapso de algo demasiado ambicioso para durar. Una historia de excesos y descontrol por cuyas páginas desfilan trifulcas, personajes controvertidos como Charles Manson, las groupies (millones alrededor del globo), y, ante todo, la MÚSICA con mayúsculas. Una novela gráfica épica para una banda de rock legendaria. He aquí el enlace para hincarle el diente:

GUNS N’ ROSES (NOVELA GRÁFICA)

Aerosmith: el Ave Fénix del Hard Rock (III)

Fueron –son– unas de las grandes bandas de AOR (Adult Oriented Rock), o simplemente de Hard Rock, de los 70, y aunque más de una, dos y tres veces parecía que, a causa de sus excesos y egos, desaparecerían, volvieron a remontar el vuelo, reconvirtiéndose en los 90 en megaestrellas cuyas canciones (léase «Crying», «Crazy», «Eat the rich» o « I don’t want to miss a thing») tarareó toda una generación (la mía) y la siguiente.

Óscar Herradón ©

Aerosmith in Concert (Arnhem, Netherlands)

Steven echaba de menos a su otrora alma gemela, Joe, y cuando supo que éste intentaba entrar en la banda de Alice Cooper, le ofreció regresar a las filas de Aerosmith. Aceptó, también regreso Brad y todos grabaron Done with Mirrors, empezando una gira que una vez más hubo de ser anulada por los graves problemas de Steven con la heroína.

Así, todos decidieron desintoxicarse a la vez en una clínica de Pensilvania y regresaron como los nuevos (y más sanos, con gimnasio incorporado) Aerosmith para grabar algunos de sus mejores discos: Permanent Vacation (1987), Pump (1989) y el multiventas Get a Grip (1993). Luego vinieron discos menos exitosos y la colaboración en la banda sonora de la exitosa película Armagedón (protagonizada por la hija de Steven, Liv), con la canción I don’t want to miss a thing (y What King of love are you on) que no pararon de sonar durante años.

Su último disco de estudio hasta el momento ha sido Music from another Dimension!, de 2012, A pesar de algunas recaídas, Steven Tyler ha permanecido sobrio la mayor parte de los 25 últimos años, continuando al frente de la banda que ha sabido resucitar varias veces a pesar de sí misma. En 2008 volvieron las adicciones y los problemas de unos compañeros que ya no eran idílicos. Steven se retiró en plena gira por Sudamérica y muchos barajaron la posibilidad de que abandonase Aerosmith definitivamente, hasta el punto de que el mes de noviembre Joe Perry declaró que estaban «buscando un nuevo cantante con el que trabajar». Sonó el nombre de Lenny Kravitz, punto que el cantante negó rotundamente.

Es difícil imaginar a la banda de Boston con otra voz; un guitarrista, por brillante que sea, se puede reemplazar con otro genio de las seis cuerdas, pero la particular voz de Steven 40 años después de la fundación de la banda, no. A pesar de los rumores, el 10 de noviembre de 2009, durante un concierto de The Joe Perry Project en el Fillmore New York en Irwine Plaza, Steven Tyler reapareció, poderoso, sobre el escenario, y aseguró a la aundiencia que él no estaba dejando Aerosmith, ante la ovación de los presentes.

Rumores de separación y recaídas

El rumor de una sustitución retomó fuerza en 2010, cuando de nuevo Perry, que de ego iba tanto o más sobrado que el cantante, anunció que a Steven le era imposible seguir con las giras por sus dolencias y que tendrían que sustituirlo por otro cantante. El 22 de diciembre, la revista People informó de que Steven Tyler había entrado –por enésima vez– en una clínica de rehabilitación para superar su adicción a los calmantes. Había pasado la mayor parte de los últimos 25 años sobrio, como prometió al resto, pero las numerosas lesiones que sufrió en sus muchos años de inquieta actuación en rodillas, piernas y pies le arrastraron a la dependencia de los barbitúricos. Una vida de excesos (muuuuchos excesos) y el inexorable paso del tiempo, habían hecho mella en su hasta entonces incombustible cuerpo.

Renacimiento y caída, una historia que para Aerosmith era como un mantra, una suerte de rueda de la fortuna. Finalmente, nadie sustituyó a Steve al micro, pero meses después volvieron a surgir tensiones entre los «Toxic Brothers» cuando éste decidió convertirse en juez de talentos en el programa American Idol sin decírselo a sus compañeros, que se enteraron, como el resto del planeta, por la prensa.

Nuevo disco de grandes éxitos en 2011 (Tough Love: Best of Ballads), nueva cancelación de gira, y en 2012 el decimoquinto disco de estudio de la banda que nadie creía ya que llegaría, Music for Another Dimension, con una apoteósica gira de gran éxito. En 2016 Tyler anunciaba que el grupo se separaba y con ello una gira de despedida para 2017, pero una vez más, en su habitual maremágnum de confusión, Perry negó dichas declaraciones con un comunicado a la otrora maldita Rolling Stone.

En agosto de 2018 volvieron al ruedo y anunciaron un espectáculo fijo en el nuevo Park MGM de Las Vegas, en el antiguo hotel y casino Montecarlo, programando 18 conciertos para 2019, con la intención de completar el tour en junio de 2020. Para entonces ya estaba aquí el maldito coronavirus y se vieron obligados a parar, esta vez por algo muy distinto, mucho mayor y más destructivo que sus demonios particulares. El 7 de diciembre de 2020, a través de su web oficial, la banda anunció la reprogramación de su interrumpida gira europea para 2021.

Overdose

Una puntualización con respecto a los AERO y las drogas, no es una historia explotada y «semi» inventada por la prensa sensacionalista, a la que tanto le gusta la figura del rockero atormentado, sino la pura verdad. Hace apenas unos años el propio Steven Tyler declaró, durante una entrevista a la revista Haute Living, que en los 80 «las drogas nos derrumbaron»; también se sinceró sobre sus muchos intentos de rehabilitación, afirmando que en aquel tiempo «no había clínicas como las actuales, sino que se trataba de instituciones mentales». Un camino nada dulce, vamos: «Yo fui en 1984 y 1986 y no mejoré».

El peor momento fue en 1988, cuando su representante y el resto del grupo le prepararon una «intervención»: «Pensaron que nuestros problemas iban a acabar si conseguían que el cantante se mantuviese sobrio (…) Así que me mantuve sobrio, pero me llevó bastantes años superar el enojo que me provocó que me mandaran a rehabilitación mientras ellos se iban de vacaciones», dijo con ironía, aunque puntualizó que se siente muy agradecido por cómo le ayudaron a desintoxicarse. El frontman apodado «boca grande» (big mouth) se sinceró completamente: «Tuve muchos momentos que no pude soportar, ya fuera un matrimonio o mi adicción».

Los «chicos malos de Boston» han vendido más de 200 millones de discos en todo el mundo, 66,5 millones solo en territorio estadounidense. En 2001 fueron incluidos en el Salón de la Fama del Rock y en 2005 clasificados en el puesto 57 de entre los 100 mejores artistas de todos los tiempos según la revista Rolling Stone, cuyo staff, diferente al de los años 70, ya había fumado la pipa de la paz con los AERO y reconocido su más que evidente talento.

Long live rock and roll!

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

AEROSMITH (REDBOOK EDICIONES)

Red Book Ediciones, a través de Ma Non Troppo, uno de los sellos editoriales más volcados en la edición de libros de música (principalmente de mi amado rock) publicó recientemente uno de los libros más completo hasta la fecha en castellano (y actualizado) sobre la banda comandada por Steven Tyler y Joe Perry hace la friolera de medio siglo.

En Aerosmith, con una potente imagen de portada que precisamente retrata a los «Toxic Brothers» en pleno y potente directo, el periodista musical Eduardo Izquierdo, autor de importantes volúmenes sobre rock como Jim Morrison y The Doors (también editada por Ma Non Troppo), excelente crónica de los californianos, es su autor. Y sabe bien de lo que habla, no en vano lleva una larga trayectoria como colaborador de revistas como Ruta 66, Mondosonoro, Efe Eme o Rock On: realiza un exhaustivo y muy ameno recorrido por la turbulenta historia de los chicos malos de Boston. Sin obviar sus excesos y escándalos, el libro hace un minucioso recorrido por lo más importante, su música, sus inicios, influencias, sus letras y discos más memorables (sin olvidar los fallidos), y es que, como dice el autor, los fantasmas de Aerosmith no dejan de perseguirles, pero sus canciones están más vivas que nunca. Toda su historia en el siguiente enlace:

https://redbookediciones.com/producto/musica/aerosmith/