Norma, una de nuestras editoriales favoritas del noveno arte, nos trae estos días un impresionante volumen que nos hará meditar: una novela gráfica de formación donde vemos el paso (a veces forzado) de la adolescencia a la madurez de su autora y protagonista, la escritora y dibujante canadiense Kate Beaton. El libro es Patos: dos años en las arenas petrolíferas, una delicia para ojos y mente.
Nacida en una familia de extracción humilde, en Mabou, Nueva Escocia, Beaton se vio asfixiada al acabar sus estudios por el préstamo bancario que debía de la beca que le permitió estudiar en la Universidad Mount Allison de Nuevo Brunswich, en las ramas de historia y antropología. Así que decidió irse de su pueblo al único lugar en el que podía hacer dinero «fácil», la industria petrolera (que aumentó exponencialmente en el año 2000) de las Arenas de Alberta, al igual que las generaciones anteriores emigraban en busca de fortuna en la pesca, las minas de carbón y las fábricas de coches.
Aquel viaje, casi iniciático, será toda una lección de vida para la joven, que habrá de enfrentarse a los monstruos de una sociedad industrializada e impersonal, aislada, retrógrada y profundamente misógina. Una vez allí, se sentirá acosada por sus compañeros, la mayoría hombres, que la consideran poco menos que un objeto sexual, y también por otras mujeres que, cosificadas por el asfixiante y hermético sistema, la tendrán por una amenaza a su independencia y éxito para con los compañeros varones; e incluso, lo más duro, Kate habrá de hacer frente al abuso sexual, que la atormentará haciéndole sentir culpable.
Esta suerte de «memorias» gráficas es toda una declaración de intenciones y una abierta denuncia de las grietas del sistema, de la máquina de hacer dinero a base, también, de una explotación inmisericorde del planeta y sus recursos y del azote continuado al medio ambiente.
Un arduo trabajo de introspección
Beaton aseguró que para llevar a buen puerto el proyecto de Patos hubo de tomar distancia de sí misma: «Tuve que referirme a ella como una persona diferente, como Katie, para quitarme como autora y poder verla como su propia historia. Me llevó mucho tiempo adquirir las habilidades como narradora, como dibujante de cómics. Y luego tuve que reunir el valor y todo lo necesario para hacerlo. Era una historia muy cruda en muchos aspectos. Y aunque realmente quería contarlo, también tuve que ser muy distante y fría al respecto, porque de lo contrario nunca sería capaz de hacerlo bien».
Gracias a su habilidad con el dibujo, Kate pudo reflexionar sobre un amplio abanico de injusticias: la precariedad, la emigración, la alienación, las masculinidades tóxicas, la destrucción del medio ambiente por la feroz explotación de los recursos de las compañías energéticas, y los riesgos laborales, pero también sobre cosas más íntimas (y universales) como la soledad o la nostalgia por el lugar de origen, aunque este no ofrezca ninguna oportunidad vital.
Un magnífico trabajo respaldado por crítica y público. Rachel Cook, en The Guardian, dijo que podía ser «el mejor libro que haya leído sobre el acoso sexual» y el ex presidente de EE.UU., Barack Obama, lo citó como uno de sus libros favoritos de 2022. Por su parte, Jessica Bruder, de Nomadland, señaló que «Patos presenta un inmersivo y desgarrador viaje a una industria en la que la llamada del dinero rápido no permite ver oscuras realidades de brutalidad fortuita, profunda soledad y aislamiento desesperanzador. Los incómodos ecos de la historia de Beaton resuenan incluso después de pasar la última página. Demoledor».
He aquí la página de la editorial para hacerse con esta rompedora novela gráfica:
El 18 de abril de este 2023 el Hombre de Acero cumplía 85 años, y lejos de padecer artrosis, hipoglucemia o hipertensión, está en plena forma, como demuestran sus numerosas apariciones en la gran pantalla, el nutrido merchandising o la reedición de sus mejores aventuras en la viñeta. Recordamos unas cuantas curiosidades del primer superhéroe y recomendamos en el Pandemónium varias novedades editoriales para abrir boca…
–La gran mayoría dimos siempre por hecho que la «S» que luce en el pecho Superman (qué buen friki no ha llevado una camiseta con dicho logo en algún momento de su más tierna infancia –o madurez–) alude a la primera inicial de su nombre. Pues bien, no es para nada eso; ni siquiera se trata de una S, algo que los profanos supimos hace tan solo unos años tras la explicación que dio el dibujante estadounidense Geoff Johns (que dibuja al personaje desde 2006): en realidad se trata de un símbolo, el escudo familiar en el planeta Krypton, y a la casa a la que pertenece Kal-El, nombre de origen de Clark Kent, alter ego del hombre de acero aquí, en la Tierra. Un logo cuyo significado es «esperanza» de un mañana mejor. En el cómic de 2003 Superman: Birthright, Mark Waid explica que Clark descubre el símbolo cuando usa la tableta de datos con la que viajó desde su país natal para estudiar la historia del planeta azul, su nuevo hogar, eligiéndolo como logo para su traje rojo y azul.
–Aunque el musculado superhéroe de impoluto pelo negro está en el imaginario de todos, lo cierto es que la primera aparición del personaje tuvo lugar en un cuento titulado The Reign of Superman publicado un ya lejano 1933 en el fanzine Science Fiction, muy alejado de su apariencia posterior: era un villano calvo con poderes telepáticos que buscaba dominar el mundo y cuyo origen se hallaba en un vagabundo que, a cambio de comida y ropa en plena Gran Depresión, decide someterse a un experimento. No sería hasta meses más tarde cuando sus creadores, el guionista Jerry Siegel y el dibujante Joe Schuster, lo redibujarían como un superhéroe. Y vaya superhéroe…
–El alter ego de Superman, el reportero Clark Kent, surgió del nombre de dos estrellas de cine: Clark Gable, el inolvidable Rhett Butler de Lo que el viento se llevó, que todavía no se había estrenado –lo haría en 1939–, y que ya había ganaría el Oscar al Mejor Actor en 1934, casi a la par del nacimiento de Superman, por su interpretación en Sucedió una Noche, de Frank Capra; y de Kurt Taylor, protagonista de numerosas películas de terror y ciencia ficción de serie B en las décadas de los 30 y los 40 del siglo pasado como Sombras del Espacio o El hombre del cerebro sintético.
–Esta nueva versión (la buena) debutaría en 1938 en el número 1 de Action Cómics, publicada en abril de ese año por la National Allied Publications, una de las empresas que más tarde formarían DC Comics; un «tebeo» que hoy vale infinitas veces más su peso en oro. Fue el más valioso de la historia (se pagaron 3,25 millones de dólares por un ejemplar), hasta el 9 de septiembre de 2021, cuando fue destronado por otro de los superhéroes más emblemáticos y queridos (en este caso de Marvel): Spiderman, concretamente el Amazing Fantasy número 15 donde hace su primera aparición el hombre araña, que se vendió por 3,6 millones de dólares. Un pellizquito, vamos…
–Y aunque volar es quizá la característica más destacable de Superman (junto a su fuerza sobrehumana) ¡hasta 1940 no aparecía en los cómics! Desde el principio nuestro protagonista podía levantar coches (algo que ya hace desde bebé), detener trenes en marcha o saltar a gran altura –superando edificios–, pero será a partir de entonces cuando los lectores y fans podamos decir eso de: «¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es Superman!».
–En relación con su gran debilidad, el mineral radiactivo Kryptonita, tampoco apareció hasta 1943, siendo una creación del programa de radio The Adventures of Superman (y es que el personaje fue tan célebre que estaba en todos los medios de difusión orientados al gran público, salvo la tele, que aún no existía) y saldría por vez primera en viñetas en 1949. Se trata de restos del extinto planeta de origen del superhéroe, y aunque su color más característico es el verde, en realidad existen una docena de variedades, cada una de ellas con sus propio efecto sobre nuestro salvador: roja, azul, negra, dorada, blanca… La roja hacía que Superman cambiase de aspecto e incluso mudara sus convicciones morales; la negra lo hacía malvado; la plateada que perdiera facultades y sintiera un gran apetito y la kryptonita rosa… hacía que se volviera homosexual (sí, en serio), algo que hoy sería más que políticamente incorrecto. Pero es que el superhéroe tiene la friolera de casi 100 años: el pasado 18 de abril se cumplieron exactamente 85 años de su nacimiento.
–Como muchos otros personajes de cómics, el primer superhéroe ha estado presente también en distintos crossovers. Tuvo encuentros con el universo Marvel (recordemos que Superman forma parte de la casa rival, DC), pero también ha aparecido en los Thundercats, con He-Man y los Masters del Universo (no sabemos si usurpando el papel del alter ego del príncipe Adam diría eso de «Yo tengo el poder»), se ha enfrentado a Alien y Predator y ha combatido con Muhammad Ali. E, incluso, hay una aventura en la que comparte protagonismo (secundario) con el conejo Quik, el de Nestlé, allá por 1948.
–El actor que inmortalizó al personaje en la gran pantalla fue el malogrado Christopher Reeve (en la «caja tonta» lo había hecho décadas antes el también malogrado Georges Reeves), pero hubo otros candidatos por delante de este para protagonizar la película de Richard Donner de 1978: los guaperas Warren Beatty y Robert Redford rechazaron el papel y se consideró la posibilidad de darle este a Nick Nolte, John Voight, James Caan (inolvidable Sonny Corleone en esa misma década), Burt Reynolds e incluso Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone… e incluso el dentista del productor, Ilya Saking, realizó pruebas para interpretar al superhéroe. El intento fallido más fascinante… el gran Nicolas Cage como el Hombre de Acero con uno de sus estrambóticos peinados en una cinta nunca terminada de Tim Burton.
–Si como ya señalamos Superman en un comienzo no volaba y en su primera aparición era un villano calvo, su némesis, el villano por antonomasia del hombre de acero, Lex Luthor, no era calvo al principio. El supervillano que inmortalizaría en la gran pantalla Gene Hackman en 1978 tenía cabello de color pelirrojo; en cierto momento, el dibujante Leo Nowack confundió a Luthor con otro villano calvo y lo dibujó con un aspecto muy parecido, quedando desde entonces con dicha apariencia. Lo que puede dar de sí en relación con el éxito un despiste…
–Superman es el héroe más adaptado a otros formatos y medios distintos a la viñeta: su primera aparición live-action tuvo lugar en 1948, en una película serial dividida en 15 partes de Columbia Pictures. En 1951 tuvo lugar el primer largometraje en 1951 con la cinta de serie B Superman y los hombres topo, donde el personaje lo interpretaba el actor George Reeves, que sería el rostro más visible del hombre de acero en la serie de televisión Las aventuras de Superman, que se estrenó el año siguiente, en 1952, y estuvo en antena hasta 1958. Desde mediados de la década de los 60 hasta 1970 se emitió la primera serie animada, Las nuevas aventuras de Superman. Luego vendría la saga que inmortalizó Christopher Reeve, con cuatro largometrajes, nuevas películas (en las que el superhéroe sería interpretado por Brandon Routh en una entrega fallida y por Henry Cavill, el también célebre rostro de Geralt de Rivia en la serie The Witcher) y entre medias series televisivas tan populares como Lois y Clark. Las nuevas aventuras de Superman, Smallville o Supergirl.
PARA SABER MUCHO MÁS:
Junto a los infinitos cómics, películas, series, programas radiofónicos que tienen a Superman como protagonista, hay infinidad de libros que desmenuzan su historia, sus adaptaciones, crossovers, etc. Destaca, por ejemplo, Los archivos de Superman en Action Comics, publicados por Planeta DeAgostini en cinco volúmenes. ¿Lo más reciente? Precisamente hace poco ECC Ediciones (que publica las ediciones en castellano del amplio catálogo de DC), publicó un tomo de lujo con una de las historias fundamentales del universo. Su título, Superman: Por el mañana, obra del guionista Brian Azzarello y el dibujante Jim Lee, un relato que combina la característica acción del segundo con una reflexión sobre el significado del personaje y su importancia para la estabilidad de la humanidad que lo acogió hace ya muchos años.
Sinopsis: la Tierra ha sufrido una catástrofe sin precedentes (algo muy presente en tiempos de apocalipticismo como los que vivimos) que ha dejado tocada a toda la humanidad. Y aquellos que no se han visto afectados directamente quieren saber qué está pasando. Entre ellos, se encuentra Superman. Pero ¿qué puede angustiar a un hombre que es capaz de mover montañas? Muchas más cosas de las que creemos los simples mortales. La búsqueda de respuestas no será fácil y conducirá al Hombre de Acero a enfrentarse a uno de los enemigos más peligrosos de su extensa carrera.
He aquí el enlace para adquirir esta lujosa edición apta para fanáticos y neófitos:
Goomer, aquel transportista espacial bajito, calvo y barrigón, sinvergüenza y aprovechado que inmortalizaron Ricardo & Nacho durante décadas, acabó por convertirse en uno de los personajes más queridos del cómic español. Norma Editorial le rinde el homenaje que merece con una lujosa edición que dejará sin aliento a fans y neófitos, despertará la nostalgia de muchos y las carcajadas de otros tantos.
En agosto de 2021 nos dejaba Nacho Moreno, un multifacético artista que fue guionista de cómics, viñetista político, editor, escritor, cocinero y restaurador; se hizo célebre gracias a ser el creador (y guionista) junto al dibujante Ricardo Martínez Ortega, quienes firmaban como Ricardo & Nacho, de Goomer, uno de los personajes más emblemáticos de la viñeta española. Ahora, Norma Editorial nos ofrece en una edición de lujo todas las aventuras de este icónico viajero galáctico.
Un cómic que se publicó de forma ininterrumpida durante 25 años desde que nació en primavera de un ya lejano 1988. Quien esto suscribe tenía entonces solo ocho años; por supuesto, tuvieron que pasar unos cuantos años para entender el humor irreverente de Goomer, pero recuerdo que veía las historietas en distintas revistas muy a menudo (entonces, por suerte, los periódicos, revistas y sus suplementos inundaban las casas, no había Internet), y que los dibujos me llamaban poderosamente la atención. No era para menos. Recuerdo la compañía de aquellas historietas durante muchos años; toda mi infancia, mi adolescencia y parte de mi (falta) de madurez.
Curiosamente, Goomer tuvo una fugaz y anecdótica aparición en Mundo Obrero, que publicaba el Partido Comunista de España, entonces con un fuerte tirón electoral; después, la serie afianzaría lectores en las páginas de «El Pequeño País», el suplemento infantil y juvenil del diario español del Grupo Prisa. Después, pasó a la mítica revista satírica El Jueves para saltar más tarde a las páginas de El Mundo, donde se asentaría como leyenda del cómic patrio hasta el último día de su publicación, un 29 de diciembre de 2013 tras una larga y fecunda carrera en la que aquel transportista espacial afincado en el rincón más remoto de la galaxia representó de mil formas las miserias, debilidades y también pequeñas grandezas y glorias de nuestra muy reprochable raza humana.
Todos somos Goomer…
Un antihéroe que pasaba sus días en un planeta gobernado por una civilización alienígena tan rutinaria, vulgar y aburrida como la nuestra, trasunto, por supuesto, de este nuestro planeta (ya no tan) azul, un lugar recóndito pero a la vez profundamente familiar en el que Goomer, el viajero interestelar más famoso de nuestro cómic, encajaba como un guante, comportándose como una suerte de Han Solo de pacotilla, sin nave, princesa (fuera Leia o la Cenicienta, lo mismo da), ni por supuesto gloria; como el español de a pie que vivió en ese cuarto de siglo entre finales de los años 80 y 2013 –hoy no hemos cambiado demasiado, si acaso somos menos amigables y mucho más tecnológicos, que no mejores–.
Con Goomer nos identificábamos porque era (es) como somos cualquiera de nosotros, no como nos gustaría ser. Este terrestre expatriado representa al español pícaro de clase obrera, con bajo nivel académico y mura cara dura que decide quedarse en su nuevo planeta viviendo de su novia –una extraterrestre– sin dar palo al agua. Un tipo de esos de andar por casa, grosero y tosco, con sus fallos, sus faltas (es mentiroso y aprovechado) y también sus pequeñas virtudes. Norma nos ofrece por fin las 1.250 historietas del buscavidas galáctico en un lujoso estuche con dos monumentales volúmenes, con prólogo del superfan Santiago Segura, una lámina de regalo y toneladas de extras.
En su presentación a los medios, Ricardo defendió a este irreverente personaje bajito, de escaso pelo y enorme nariz redonda, con las siguientes palabras: «A mí Goomer me parece un impresentable, pero estoy seguro de que sería muy amigo suyo». Una edición magnífica, eso sí, que obliga a rascarse un poco el bolsillo –vale 69,90 euros–, pero merece sin duda la pena.