Mi nombre es Bond, James Bond

En octubre de 2020 nos dejaba, a los 90 años, uno de los grandes intérpretes de todos los tiempos, Sir Sean Connery. Ahora, una biografía compuesta a varias manos por distintos autores y publicada por Sílex Ediciones nos desvela los secretos de este carismático escocés que nos hizo soñar durante décadas.

Óscar Herradón ©

Sir Thomas Sean Connery nos dejó el 31 de octubre de 2020 a los 90 años. Casi un siglo de puro entretenimiento. Sobra decir que fue uno de los grandes actores de los últimos 60 años. Pero aquél que encarnó al agente 007 con una elegancia y presencia nunca superadas (y eso que hubo grandes actores que se pusieron después en la piel del mujeriego agente secreto, el último el vitaminado Daniel Craig), aparte del personaje creado por Ian Fleming nos dejó inolvidables papeles en cintas como Robin y Marian, El Nombre de la Rosa o Indiana Jones y La última cruzada (y otras más olvidables, aunque no por su culpa, como Los Vengadores, El Primer Caballero o La Liga de los Hombres Extraordinarios).

Connery, nacido en Edimburgo, Escocia, el 25 de agosto de 1930, fue mucho más que un actor soberbio, y ahora una detallada biografía publicada por Sílex y firmada por distintos autores, desgrana, a modo de homenaje por su muerte, todos y cada uno de los aspectos (algunos menos amables) de su fascinante vida y carrera. En este post abrimos boca con varias curiosidades que probablemente no sabías (o sí), sobre el padre de Indy:

Cuando Arnold Schwarzenegger ganó en 1967 su primer título de Míster Universo ni siquiera él imaginaba la exitosa carrera que se le abriría en Hollywood y que comenzó con esa rareza documental titulada Hércules en Nueva York en 1969, sin embargo, la halterofilia era ya una rama deportiva bastante conocida cuya fama contribuyó a extender el forzudo austríaco. Pues bien, también Sean Connery practicó el culturismo y participó en Míster Universo en una fecha en la que este deporte era muy minoritario. Fue en 1953 y Connery se alzó con ¡la medalla de bronce! Como levantador de pesas utilizó como alias el apodo de su juventud, «Big Tom».

Acabó siendo uno de los actores mejor pagados de todos los tiempos, pero Connery adquirió experiencia teatral entre bastidores, trabajando como tramoyista. Antes del éxito, realizó todo tipo de trabajos: fue repartidor de leche, formó parte de la Marina Real Británica (de la que tuvo que licenciarse a causa de una úlcera péptica duodenal), conductor de camión, socorrista en las piscinas de Portobello, peón de granja, modelo artístico en el Edinbugh College of Arts, y hasta pulidor de ataúdes. También fue un excelente futbolista, y llegó a ser tentado por el gerente del Manchester United a los 23 años (demasiado tarde, según él), y eligió la carrera actoral.  

Con un fuerte acento y una característica dicción, muchos decían que aquello sería un impedimento para triunfar en el cine. Hoy, su voz es una de las más reconocidas e icónicas del séptimo arte.

El debut de Sean Connery en Hollywood fue en la cinta Darby O’Gill ant the Little People (traducida en España como Darby O’Gill y el Rey de los DuendesEl Cuarto Deseo–), producida por Walt Disney y donde el escocés hizo incluso sus pinitos cantando. La cinta aunaba fantasía y viejas tradiciones feéricas escocesas.

Connery interpretó personajes eternos, pero también rechazó papeles muy sugerentes: no quiso ser Tarzán, papel para el que su pasado de gimnasio le venía que ni pintado; la idea era relevar a Gordon Scott, pero quizá la sombra de Johnny Weissmuller era muy alargada para reconvertirse en rey de los monos. Y el bueno de Connery rechazó también protagonizar la catódica Maverick, que encumbró a James Garner.

En 1971 Connery entró en el Libro Guinness de los Récords al aceptar encarnar una vez más al agente 007 en Diamantes para la eternidad, fichaje que le valió un millón doscientos mil dólares. De la época, claro. Hoy hay quien gana bastante más por participar en un episodio televisivo.

Una de sus intervenciones más icónicas de los 80 fue el papel de Juan Ramírez Sánchez-Villalobos en Los Inmortales (The Highlander), con inolvidable banda sonora de Queen. Connery tomó clases de esgrima por exigencias del director, Russell Mulcahy, y durante el rodaje fue herido por el actor Clancy Brown.

En 1986 se hizo con un merecido premio BAFTA por interpretar al cultivado monje medieval Guillermo de Baskerville en la adaptación cinematográfica de la novela homónima El nombre de la rosa, del italiano Umberto Eco. Y por Los Intocables de Eliot Ness (1987), de Brian De Palma, ganó el que fue, increíblemente, el único Oscar de su dilatada carrera, como Mejor actor de reparto.

Es el único actor que, en la antesala de los sesenta, fue considerado el hombre vivo más sexy por la revista People. Corría el año 1989.

Y llegamos al momento en que Connery acepta el papel de Henry Jones, el «papi» del arqueólogo-aventurero más famoso de todos los tiempos, azote de los nazis. Aunque George Lucas estaba prácticamente convencido de que el escocés no aceptaría participar en la tercera entrega Indiana, Spielberg se lo propuso y, tras realizar notables cambios en el guión (entre ellos, darle mayor importancia a su personaje, y no irle a la zaga al hijo en lo que a galán se refiere –la idea de compartir amantes fue suya, y al Rey Midas de Hollywood le encantó–), aceptó, realizando otra memorable interpretación que forma parte del imaginario de varias generaciones.

En un principio, Sean Connery no estaba llamado a interpretar al capitán ruso Marko Ramius en La Caza del Octubre Rojo, adaptación de la novela homónima de Tom Clancy. El rol había recaído en el actor austríaco Klaus Maria Brandauer, villano de la película de Bond Nunca digas nunca jamás. El segundo día de rodaje, el intérprete de Memorias de África y Mefisto, se rompió una pierna y recomendó a Connery para sustituirlo. Éste, sin tiempo para prepararse un papel de tal enjundia, se incorporó a la filmación en el último momento y el realizador John Milius (Conan) ayudó al escocés a recrear el acento ruso, tarea nada sencilla.

Un año después de Indiana Jones y la última cruzada, Connery pudo haber coincidido de nuevo con Harrison Ford, al que quería en el rol de Jack Ryan el director, John McTiernan (el creador de La Jungla de Cristal y Depredador), pero Tom Clancy lo consideraba demasiado viejo para el papel. Tras rechazarlo también Kevin Costner, que comenzaba a dar forma a su ambicioso western Bailando con lobos, el rol recayó en el poco conocido Alec Baldwin. Éste contó con la bendición de Clancy, que siempre consideró al actor de Ella siempre dice sí, ahora en sus horas más bajas por culpa del fatídico accidente en el rodaje de Rust, la encarnación perfecta de Ryan. Curiosamente, Harrison Ford daría vida al analista de la CIA en Juego de Patriotas (1992) y Peligro Inminente (1994). Y eso que entonces era más viejo…

Éstas y muchas otras curiosidades sobre el caballero más elegante del celuloide, en el citado libro editado por Sílex. Un delicia. He aquí el enlace para adquirirlo:

http://www.silexediciones.com/producto/sean-connery/




Relatos para amantes de los libros

Cualquiera que siga «Dentro del Pandemónium», o al menos haya ojeado algún post, sabe de la pasión de un servidor por el mundo del papel escrito. Así que una novedad que se titula precisamente «Relatos para amantes de los libros» no podía pasarme desapercibida.

Óscar Herradón ©

Y más cuando la edita Alma, cuyos volúmenes son una verdadera obra de arte minimalista. Este hermoso título ilustrado por la artista pamplonesa Natalia Zaratiegui, recoge un selecto compendio de algunos de los mejores cuentos centrados en el arte de la escritura, y en su artífice, el escritor, y todo (TODO) lo que eso conlleva… que puede ser una odisea.

Una antología realizada con el mimo y el cariño de un bibliófilo, el escritor, periodista y profesor Antonio Iturbe (autor del bestseller La bibliotecaria de Auschwitz) cuya selección, prólogo e introducciones realiza con la precisión de quien es autor y además enseña literatura: así, calmará la sed de tinta de los lectores y les descubrirá la vida secreta de los libros, a los que no volverán a mirar de la misma manera, aunque estoy seguro de que muchos de los que se adentren en sus páginas ya saben mirar esas joyas de papel cosido como mucho más que un objeto para el entretenimiento.

El difícil arte de escribir… sobre escritura

En el prólogo, Iturbe escribe: «Cuando el escritor utiliza el espejo para mirar hacia adentro, como sucede en esta reunión de relatos, lo que nos muestra puede resultar muy revelador sobre el funcionamiento de los complejos mecanismos de la creación. También sobre los de la impostura. Porque la actividad del escritor se mueve en una precaria cuerda floja entre la introspección y la vanidad, entre el arte más elevado y el modus vivendi más terrenal y zopenco».

Con tal aperitivo, ya nos podemos sumergir en las páginas de una antología que recoge textos de grandes autores, algunos realmente dispares entre sí, una amplia muestra de géneros y épocas literarias, desde Antón Chéjov («Chist»), Clarín («Un documento») o Dostoyevski («Bobok»), a maestros del terror como Edgar Allan Poe («Berenice») o H. P. Lovecraft («Historia del Necronomicón»), pasando por Rubén Darío («El Rey Burgués»), Rosalía de Castro («Carta a Eduarda»), Edith Wharton («El Ángel de la Tumba») o Kipling («El cuento más hermoso del mundo»), entre otros. Se echa de menos en tal selección, quizá, más firmas femeninas, pero sabemos de la dificultad de la mujer durante tantos siglos para dedicarse a la creación, o a lo que le viniera en gana.

En definitiva, una delicada joya para bibliófilos que podéis adquirir en el siguiente enlace:

https://www.editorialalma.com/libros/relatos-para-amantes-de-los-libros

COMPAÑEROS DE VIAJE (FÓRCOLA EDICIONES):

Y si uno ama los libros, viajar, y la poesía inherente a ambos, nada mejor que sumergirse en las páginas de Compañeros de viaje. Poetas en busca de su identidad, de la filósofa y escritora argentina Virginia Moratiel, editado por Fórcola Ediciones.

Rilke

Moratil, también poeta, nos ofrece una personal y apasionada cartografía poética, jalonada por la vida y obra de artistas fascinantes: de Safo y Emily Dickinson a Wislawa Szymborska y la atormentada Alejandra Pizarnik; de Matsuo Basho y Giacomo Leopardi a Rainer Maria Rilke y Paul Celan, «seres atractivos y enigmáticos, que en pleno dolor son capaces de abrazarse con denuedo a la belleza, consolarnos e infundirnos ganas de seguir viviendo».

Y como marco que lo envuelve todo está el viaje como metáfora de la vida, un peregrinaje solitario donde el viajero se siente extranjero a cada paso, a la vez que transita un itinerario siempre nuevo (haciendo visible la máxima de Antonio Machado, «caminante no hay camino, se hace camino al andar (…) y al echar la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar»); un itinerario preñado a su vez de aventuras y desafíos que acabarán por hacer que el poeta se conozca a sí mismo.

Se trata de una vibrante y nada sencilla búsqueda de la propia identidad, en una exploración sapiencial que concluye con la muerte, encontrando –si es que existe– la felicidad en el transcurso de esa odisea del espíritu que se busca a sí mismo, y no en el final del camino. Así, en esa búsqueda interior de uno mismo (del artista y el lector), para la autora los poetas son inmejorables compañeros de viaje, bien por la manera en que abordan temas universales o bien por el sentimiento que destilan ante las encrucijadas del camino, revelándonos la BELLEZA con mayúsculas.

Para adquirir tan hermoso libro, aquí tenéis el link de la editorial:

Por su parte, Pulpture Ediciones nos trae una buena dosis de literatura, nada menos que cuatro autoras inéditas hasta el momento en España en cuatro absorbentes relatos: dos historias de ciencia ficción –una de ellas un space opera– y dos enclavadas en el género fantástico, en una preciosa edición minimalista.

El primer relato es «Rehabilitaciones», de la escritora estadounidense y profesora asociada de inglés en la Universidad de Nevada, Reno, Susan Palwick, alguien que sabe abordar el género sci-fi, pues en 1985 comenzó su carrera profesional publicando La mujer que salvó al mundo para la prestigiosa revista de ciencia ficción Isaac Asimov. Sorprende que hasta ahora ningún editor en castellano se fijara en su obra. «Rehabilitaciones» es un relato de ciencia ficción intimista sobre las adicciones (en este caso el alcoholismo y los trastornos alimentarios), sus diferentes facetas y las formas más saludables en que podemos enfrentarnos a las mismas.

Le sigue el relato «Chesirah», de la jovencísima L. D. Lewis, un space opera sobre el renacimiento y las ansias de libertad que tiene como protagonista a una fénox, una criatura que necesita un lugar seguro donde arder y cuyo nombre da título al texto. Chesirah vive enjaulada a expensas del fabricante de muñecas Nazar, que la trata como si ella misma fuera otro objeto; así, solo piensa en escapar…

El tercer relato lleva por título «La atracción de la manada» y es obra de Suzan Palumbo, una joven escritora y editora originaria de Trinidad y Tobago con numerosas publicaciones en revistas especializadas (The Dark Magazine, PseudoPod, Weird Horror…) que subvierte el mito nativo americano de la mujer-ciervo transformándolo en algo muy direrente que obligará al lector a mirar el mundo a través de los ojos de esta «bestia» de la naturaleza que es más humana que monstruo.

Y esta delicatessen literaria concluye con «Bestias fabulosas», de la escritora británica de terror y fantasía Priya Sharma, un cuento que en 2016 se hizo con el British Fantasy Award a la mejor ficción corta, una «novela» de terror sobre una extraña mujer que vive rodeada de lujos junto a su amante y que guarda un terrible secreto de su infancia, rodeada de privaciones en el noroeste de Inglaterra.

He aquí el link para adquirir este libro:

http://pulpture.com/dos-pieles/

Los Goonies nunca dicen muerto

En 2020 se cumplieron 35 años del estreno de Los Goonies, una de las películas de la generación de los 80 que más nostálgicos ha cosechado. Y hoy ha saltado la triste noticia de que su director, Richard Donner, ha muerto a los 91 años, dejando tras de sí una ristra de obras maestras. Gracias al sensacional libro Los Goonies nunca dicen muerto (Diábolo Ediciones), firmado por Francisco Javier Millán, penetramos en los secretos del rodaje de este clásico inolvidable, y recordamos, en «Dentro del Pandemónium», al genial realizador.

Óscar Herradón ©

El comunicado lo hizo su esposa, la productora de cine Lauren Shuler, a Deadline, confirmando que había fallecido este lunes. No fue ni mucho menos fácil poner en marcha los Goonies. Richard Donner no se ajustaba al perfil de directores de los primeros años de la productora Amblin creada por Steven Spielberg, pero había demostrado su veteranía con La Profecía en 1976, que seguía la estela de El Exorcista (1973) de William Friedkin, pero con su propio lenguaje y una cautivadora atmósfera de cine negro. Luego vino Superman. La película (1978) que supuso un gran reto porque había que hacer creíbles los superpoderes del protagonista (inolvidable Christopher Reeve) con unos efectos especiales que básicamente hubo que inventar para el film. Y lo consiguieron.

1985 fue sin duda su gran año: estrenaría Los Goonies y otra película mítica de aquella década, Lady Halcón, protagonizada por Rutger Hauer, Michelle Pfeiffer y uno de los jóvenes de moda entonces, Matthew Broderick, una epopeya de ecos fantásticos que podríamos encuadrar a medio camino entre las cintas de «espada y brujería» y las historias de amor de época. Donner sería el artífice, también, de la saga de acción Arma Letal y de películas como Maverick, Los fantasmas atacan al jefe, Conspiración –también con Mel Gibson–, La Fuerza de la Ilusión o Asesinos.

Según confirmaron varias fuentes a Variety, el director había estado trabajando hasta hacía bien poco en la esperada preproducción de Arma Letal 5, proyecto que ahora se queda huérfano. En las redes, Mel Gibson ha confesado: «¡Donner! Mi amigo, mi mentor. ¡Oh! ¡Las cosas que aprendí con él! Su talento, humildad. Aparcaba su ego en la puerta y se ponía al servicio de lo que le requerían los demás. Tenía un alma y un corazón magnánimos. Irá directo a algún lugar inexplorado del firmamento. Por mi parte, le echaré muchísimo de menos, junto con todo su enorme ingenio y sabiduría!». Danny Glover, su compañero en la saga de acción, puntualizaba: «Mi corazón está roto».

¿Y cómo llegó Donner a un proyecto familiar y juvenil como Los Goonies? Spielberg (que también se deshizo en elogios en las RRSS tras la muerte del realizador) conocía a Donner de su pasado común en la televisión y le tenía en gran estima como profesional. Aunque titubeante al principio, finalmente Donner aceptó el proyecto, más ambicioso de lo que pudiera sugerir una cinta de aventuras para los más pequeños (y por extensión para toda la familia).

Cartel original, por el maestro Drew Struzan

La historia, probablemente apócrifa, cuenta que en medio del proceso creativo de la magistral (y mucho más dramática) El Color Púrpura, Spielberg ideó una historia a partir de dos preguntas: «¿qué haría un grupo de niños un día de lluvia?, y ¿Qué acontecimientos podrían soñar?». Era el autor de ET. El Extraterrestre, así que algo sabía de cine familiar. A ello sumaría el estilo aventurero heredado de Indiana Jones y las aventuras clásicas de piratas que le apasionaban de niño, concretamente la película El Halcón del Mar (1940), de Michael Curtiz, protagonizada por un incombustible Errol Flynn (que tuvo lo suyo en la industria, algún día nos centraremos en su carrera) y cuya embarcación sería la principal inspiración del barco pirata de Los Goonies, «Inferno».

Otra joya de Diábolo firmada por Francisco Javier Millán

Tanto Spielberg como el guionista se basaron en leyendas locales de la costa del Pacífico que hablaban de grandes tesoros enterrados por bucaneros que arribaron a las costas cargados de oro… y secretos. Muchos de ellos llegaron a la Nehalem Bay, a 65 km de Astoria, donde se rodó la película, por lo que ese aire aventurero se masticaba en la zona desde hacía décadas. Cazatesoros, piratas y mafiosos… una buena combinación que resultaría muy rentable.

Astoria, el pueblo de los secretos…

Chris Columbus, autor del libreto de la también generacional Gremlins (1984) de Joe Dante (y más tarde director de otra cinta inolvidable, Solo en casa), sería el guionista. El cuartel general de producción de Los Goonies se estableción en el hotel Red Lion-Thunderbird Motor Inn junto al puerto de Astoria, (Oregón), localidad en la que desde hace años se celebra el día de Los Goonies, el 7 de junio. Tal fue el éxito de la cinta. Y de rebote inició la tradición del Monster Bash, una fiesta de disfraces para el público más pequeño que se celebra desde entonces durante la Noche de Halloween.

El secretismo en torno al proyecto hizo correr el rumor de que se trataba de la secuela de los Gremlins, que Joe Dante no realizaría hasta 1990. Unos rumores que han perdurado hasta el día de hoy. De hecho, Donner declaró en 2014 (casi tres décadas después del rodaje) que la segunda parte estaba en marcha con argumento escrito por Spielberg y con los hijos en la ficción de los protagonistas originales. Nunca se ha confirmado este punto y a fecha de verano de 2021 la  secuela continúa siendo una quimera. Quizá sea mejor así (que se lo digan si no a la saga de Indy y su carta entrega. Miedo me da lo que estarán haciendo con la quinta y un Harrison Ford casi octogenario). Nintendo Entertainment System sí se atrevió con una secuela… para un videojuego de 1987 donde la pandilla debía rescatar a una sirena secuestrada por los Fratelli. Al menos…

El director de fotografía elegido fue Nick McLean, quien ya trabajara con el director de fotografía Vilmos Zsigmond a las órdenes de Spielberg en Loca Evasión (1974) y en Encuentros en la Tercera Fase (1977). Después de Los Goonies, sería el director de fotografía de Cortocircuito (John Badham, 1986) y de la desternillante comedia La Loca Historia de las Galaxias. Spaceballs (Mel Brooks, 1987).

Exteriores impresionantes y decorados de ensueño

La guarida de la familia Fratelli fue levantada en el Ecole Point (y derrumbada al terminar la filmación, a pesar de los intentos de un empresario local por instalar allí un negocio). Era una zona de magníficos y miradores y exuberantes bosque, y para no generar alarma entre la población, se colocó un mástil en la entrada del mirador que rezaba: «Para su información. Esta estructura es un set provisional para ser usado en la producción de Warner Bros. Los Goonies. El decorado será totalmente retirado y el parque volverá a sus condiciones originales tras la filmación. Vean Los Goonies en 1985. Gracias. Warner Bros. Inc.».

Una vez rodados los exteriores, el equipo se trasladó a los estudios de Warner en Burbank. El set del puente bajo la tupida red de túneles fue otro de los espectaculares entornos creados por el diseñador de producción, J. Michael Riva (fallecido en 2012). Para realizar la escena en que los «goonies» cruzan un mástil como si fuera un puente mientras asciende el nivel de agua, el equipo de efectos especiales hizo fluir miles de libros de agua en el interior del decorado a través de un orificio, y el flujo lo dirigían por control remoto, discurriendo más de 7.500 litros de agua por minuto. Se emplearon más de 3 millones y medio de litros de agua. Ahí es nada.

Las sorpresas para los jóvenes actores eran continuas en el set: principalmente la del clímax final, en el plató donde se guardaba celosamente el impresionante barco pirata de Willy el Tuerto. Los chicos se quedaron boquiabiertos al ver la embarcación por primera vez y en una toma (que finalmente se excluyó del montaje final) se ve a Josh Brolin (quien tendría una carrera de éxitos mayor, seguido de Sean Astin, su hermano en la ficción) expresar su sorpresa con un sonoro «holy shit».

Para el «Inferno», un navío del siglo XVII que pertenecía al pirata español Willy el Tuerto y que en su historia alternativa sería perseguido por la armada británica tras la lucha en el mar entre ambas potencias, se construyó un barco a escala real en unos dos meses y medio. Todo un desafío: el equipo de J. Michael Riva construyó el navío documentándose sobre los galeones españoles de ese periodo, junto con otros elementos propios de los barcos contemporáneos a la historia de fondo de su capitán. Debían respetar las dimensiones de esta clase de embarcaciones y hacer un decorado funcional que pudiera albergar el rodaje, algo nada sencillo si tenemos en cuenta que el barco tenía 32 metros de longitud desde la línea de flotación; además, debido a su enorme peso, los especialistas tuvieron que contrarrestar del lado de estribor columnas de acero que debían estar ocultas del objetivo de las cámaras. Desde ese lado, a su vez, se sujetaba la colosal construcción a las paredes del estudio.

Industrial Light & Magic… verdadera magia del cine

Se hizo un trabajo minucioso, al detalle, de los elementos náuticos: las ventanas del camarote del capitán eran reales (las demás pintadas), mástiles y velas diseñados por un departamento específico que se encargó de las telas y luego se le añadieron todo tipo de aparejos. Quiso la casualidad (o el destino «goonie») que la atracción Piratas del Caribe de Disneyland estuviese siendo renovada y muchos de los aparejos del barco Columbia fueron rescatados por el equipo de Mike Riva para colocarlos en el Inferno.

Y luego le llegó el turno a la Industrial Light & Magic, la subdivisión de Lucasfilm Ltd., encargada de los efectos especiales: usaron Matte Painting para ocultar las vigas y pasarelas del estudio, una de las últimas veces en la que se usaron este tipo de efectos artesanales (que derivan de las pinturas que complementan los decorados teatrales) antes de la eclosión digital que lo invade todo, y en la que también se usa esa técnica, pero de forma diferente. ¡Bendito stop-motion!

La ILM haría un trabajo realmente impresionante también con el derrumbe de la cueva y la última «aventura» del Inferno, cuando se adentra en el mar ya al final de la cinta, observado por la pandilla «goonie», sus padres y las autoridades. Estaba muy lograda, pero no era real: las condiciones atmosféricas nubosas de Cannon Beach no eran las más aconsejables para que el barco navegase saliendo de las rocas: lo que vemos en la cinta es una transparencia de la maqueta y su balanceo sobre el agua se generó por ordenador utilizando imágenes reales de un barco meciéndose en el mar. Los efectos de las olas golpeando contra el casco del galeón se obtuvieron con trozos de papel rasgados que se movían detrás de la transparencia.

Hubo increíbles escenas eliminadas (algunas se pueden ver en las ediciones especiales en DVD y Blu Ray) que Francisco Javier Millán desmenuza en las páginas de su libro, sorpresas en el plató, momentos inolvidables que los miembros del equipo recordarían en múltiples entrevistas hasta el día de hoy…

Sin duda, uno de los personajes inolvidables de la cinta de Amblin fue Sloth, el hermano de los Fratelli deforme el único con buen corazón (lo que le convertiría finalmente en un «goonie»). Aquel tipo al que le encantaba el chocolate y que ayudaría a la pandilla en su huida fue interpretado por John Matuszak, un corpulento y altísimo actor que venía de triunfar en el mundo del rugby, donde ganó dos Super Bowl. Un guiño a este deporte era que el personaje llevaba una camiseta de uno de los equipos en los que jugó Matuszak, los Oakland Riders.

En 2010, en Los Goonies: creación de un clásico de culto, Richard Donner explicó que el proceso de maquillaje de Sloth llevaba cinco horas diarias y su apariencia sería uno de los secretos mejor guardados hasta la fase de promoción de la cinta (nadie ajeno al departamento de maquillaje tenía acceso al espacio que ocupaban). El diseño original corrió a cargo de Craig Reardon, especialista en efectos de maquillaje en ET, Polgergeist y En los límites de la realidad, pero no convenció, y le sustituyeron los estudios dirigidos por Tom Burman, que respetó el diseño original y lo mejoró: uno de los ojos era movido mecánicamente por control remoto, haciendo que los técnicos se tuvieran que sincronizar con el parpadeo del ojo natural de Matuszak. Primero le colocaban un montón de aparatos en la cabeza y después venía el látex. Este elaborado maquillaje no podía ser mojado bajo ningún concepto, algo que sí ocurrió en alguna ocasión por el despiste de los chicos. Burman, jefe del departamento, confesó: «Este es con toda probabilidad el maquillaje más difícil que he hecho nunca y no sé de otro que tuviera tantas piezas, quince pizas superpuestas en total».

En 1978, Matuszak se había erigido, además, con el galardón de hombre más fuerte del mundo y había participado en series como M.A.S.H. y El Sheriff chiflado, además de la extraña cinta Cavernícula (1981) junto al ex Beatle Ringo Starr. El gigantón más de 2 metros y más de 120 kilos moría prematuramente, a los 38 años, en 1989, a causa de un infarto, tras una vida de abuso de estupefacientes, como narró en sus memorias.

Al parecer, fue a causa de una sobredosis accidental del opioide Darvocet (retirado por las autoridades sanitarias estadounidenses en 2010) y a un factor que contribuía a agrandar su corazón. Ahora, probablemente, se esté comiendo junto a Donner, como dos niños grandes, una enorme chocolatina mientras éste último llama a las puertas del cielo. Porque, como reza el título del libro de Diábolo, de este post y una de las frases más célebres de la película: «Los Goonies nunca dicen muerto», cita que hoy repitió en redes Sean Astin.