Malleus Maleficarum: el libro más peligroso de la historia (I)

La obsesión de la iglesia por erradicar los cultos paganos de brujas y hechiceros, a los que consideraba enemigos mortales de Dios, necesitaba dotarse de un texto que convirtiese en oficial el procedimiento a seguir para la lucha contra el Maligno. En este contexto apareció un libro que ha sido descrito en numerosas ocasiones como «el más funesto de la historia literaria». Con motivo de la publicación de Brujas. La locura de Europa en la Edad Moderna (Debate), recordamos el origen de este pérfido volumen.

Óscar Herradón ©

Krämer

Conocido popularmente como «Martillo de Brujos» –Hexenhammer–, fue obra de los inquisidores dominicos Heinrich Krämer –pseudónimo de Enrique Institoris– y Jacob Sprenger. Su maléfica obra se comenzó a escribir a raíz de que el pontífice Inocencio VIII publicase en Estrasburgo su bula Summis desiderantes affectibus, conocida también como «Bula Bruja» y tradicionalmente «Canto de guerra del infierno», el 9 de diciembre de 1484, dirigida, según el vicario de Cristo, a subsanar los errores que el Tribunal del Santo Oficio había cometido en torno a los procesos de brujería.

Reproduciré a continuación algunos extractos de dicha bula que no tienen desperdicio donde se puede apreciar claramente la línea que, a partir de entonces, seguirán los manuales conocidos como «martillos de brujas» y que marcarían el inicio de una política de terror en toda Europa:

Bula de Inocencio VIII

«Nos anhelamos con la más profunda ansiedad, tal como lo requiere Nuestro apostolado, que la Fe Católica crezca y florezca por doquier, en especial en este Nuestro día, y que toda depravación herética sea alejada de los límites y las fronteras de los fieles, y con gran dicha proclamamos y aun restablecemos los medios y métodos particulares por cuyo intermedio Nuestro piadoso deseo pueda obtener su efecto esperado […]».

«Por cierto que en los últimos tiempos llegó a Nuestros oídos, no sin afligirnos con la más amarga pena, la noticia de que en algunas partes de Alemania septentrional […] muchas personas de uno y otro sexo, despreocupadas de su salvación y apartadas de la Fe Católica, se abandonan a demonios, íncubus y súcubus, y con sus encantamientos, hechizos, conjuraciones y execrables embrujos y artificios, enormidades y horrendas ofensas, han matado a niños que estaban aún en el útero materno, lo cual también hicieron con las crías de los ganados; que arruinaron los productos de la tierra, las uvas de la vid, los frutos de los árboles; más aún, a hombres y mujeres, animales de carga, rebaños […] estos desdichados, además, acosan y atormentan a hombres y mujeres y animales con terribles dolores y penosas enfermedades…; impiden a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres concebir…; por añadidura, en forma blasfema, renuncian a la Fe que les pertenece por el sacramento del Bautismo, y a instigación del Enemigo de la Humanidad no se resguardan de cometer y perpetrar las más espantosas abominaciones y los más asquerosos excesos […]».

«…y otorgamos permiso a los antedichos Inquisidores –Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger- […] para proceder, en consonancia con las reglas de la Inquisición, contra cualesquiera personas, sin distinción de rango ni estado patrimonial, y para corregir, multar, encarcelar y castigar según lo merezcan sus delitos, a quienes hubieran sido hallados culpables, adaptándose la pena al grado del delito. […] Por Nuestra suprema Autoridad, les garantizamos nuevamente facultades plenas y totales».

Inocencia VIII

El pontífice continúa, en los mismos términos de credulidad supersticiosa, con su sermón antiherético para concluir ofreciendo a los inquisidores todos los medios a su alcance en la lucha contra el mal. Esta iniciativa, por la que se equiparaba el maleficio al grado de herejía, recayendo en la esfera competencial de la Inquisición, servirá de incentivo a las calenturientas mentes eclesiásticas para llevar a cabo un genocidio sin precedentes, basado  únicamente en la creencia en antiguas leyendas y supersticiones grecorromanas adaptadas al Medievo –tales como la capacidad de volar de dichas brujas o su gusto por la carne de los infantes– y en un miedo irracional fruto más del desconocimiento y del temor supercheril que del análisis.

La Bula Summis Desiderantis fue el empujoncito que necesitaban los autores de los «martillos» para dar forma a unas obras enfermas, incoherentes, retóricas y pedantes (aunque fascinantes para el investigador) que, por desgracia, fueron tenidas muy en cuenta durante siglos como códigos a seguir para torturar y asesinar a personas, en su gran mayoría inocentes, al menos de delitos sobrenaturales.

Un exitoso engaño para burlar la censura

El citado Enrique Institor, un teólogo de avanzada edad que había ejercido como inquisidor para el sur de Alemania desde el año 1474, incluyó la polémica Bula contra brujas de Inocencio III al comienzo del «Martillo». De esta forma, el dominico se aseguró la eficacia de su distribución, simulando una autorización papal que no era tal y que brindaba a la obra una oficialidad que, de no existir, hubiese provocado su secuestro en las máquinas de la imprenta. El invento de Gutenberg constituyó una auténtica revolución en la edición de libros, que debían mucho, en el desorbitado aumento de su difusión, al todavía reciente y revolucionario descubrimiento. Dicho avance en el mundo editorial supo aprovecharlo ingeniosamente Institor, como buen propagandista, al igual que la reciente aparición de la prensa, en una época en la que todavía se dejaban ver los efectos que causara, a lo largo de muchos siglos, el oscurantismo medieval, en el que el saber estaba reservado a unos pocos, en su mayoría eclesiásticos.

El éxito del «Martillo» fue enorme. Publicado en 1486, dos años después de que viese la luz la bula Summis desiderantes affectibus, en menos de dos siglos el Malleus Maleficarum contó con 29 ediciones. En 1520 ya contaba con 13 ediciones, mientras que entre 1547 y 1669 llegó a 16, si bien no constan el lugar ni la fecha de publicación. La obra de Krämer se erigió como fuente de inspiración de todos los tratados posteriores sobre el tema, a pesar de que su propia composición debía casi todo a textos previos tales como el Formicarius (1435) y el Praeceptorium, del teólogo alemán y prior dominico Johannes Nider.

Este post tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

Llevo una buena cantidad de años sumergiéndome en todo tipo de literatura relacionada con la brujería, la Inquisición y el ocultismo, pasión que comenzó con la llegada a la redacción de mi añorada revista Enigmas hace la friolera de casi 20 años. Así que cuando se publica un nuevo título centrado en el tema suelo estar atento y no tardar en hincarle el diente, y aunque abundan los textos superficiales o «corta-pega» en este mundo de edición a veces sin control física y digital, lo cierto es que algunos trabajos sorprenden por su meticulosidad y buen hacer.

Es el caso del ensayo Brujas. La locura de Europa en la Edad Moderna, que acaba de lanzar la editorial Debate, uno de los paladines de la divulgación histórica en nuestro país, de la autora Adela Muñoz Páez que, curiosamente, no es ni antropóloga ni historiadora, ni siquiera periodista, sino catedrática de Química Inorgánica en la Universidad de Sevilla, eso sí, responsable de exitosos libros de divulgación como Historia del Veneno (2012), Sabias (2017) y Marie Curie (2020), todos ellos publicados en Debate.

Muñoz Páez explora el proceso por el que a comienzos de la Edad Moderna, en el Viejo Continente hoy asolado por nuevas e incomprensibles guerras, se persiguió a centenares de miles de personas, la mayoría mujeres, y se asesinó, que quede constancia documental, a unas 60.000, en el marco de una sociedad patriarcal y temerosa de Dios, profundamente machista, en la que la Iglesia católica (y también la protestante, en cuyo seno se produjo una persecución mucho más virulenta y sanguinaria, mal que le pese a la leyenda negra) decidiría el rumbo a seguir de toda la sociedad, de reyes a labradores.

Alonso de Salazar y Frías

Una institución gobernada por hombres profundamente misógina y que convirtió a la mujer en el chivo expiatorio de todos los males, los del «averno» incluidos. Un libro, además, que desmonta mitos, como que España fue una de las naciones más intolerantes en este punto (fruto nuevamente de la leyenda negra, lo que no exime a nuestro país de ser uno de los principales azotes de protestantes y judaizantes), que las penas más crueles las impuso la Iglesia (no fue así, sino los tribunales civiles) o que la Inquisición fue el principal brazo ejecutor de la caza, pues, curiosamente, se erigió en uno de sus principales opositores (no en vano, fue precisamente el inquisidor burgalés Alonso de Salazar y Frías, que se incorporó al tribunal que juzgó el caso de las brujas de Zugarramurdi cuando ya se habían impuesto la mayoría de penas, el responsable de echar el freno a la Caza de Brujas en nuestro país).

Un completo recorrido por la brujería en la historia moderna que a pesar de su título no se circunscribe únicamente al continente europeo y también se ocupa de casos trasatlánticos como el de Salem, que tiene algunos puntos en común con el de Zugarramurdi (ficciones, presiones eclesiásticas, envidias, teriantropía…) aunque tuvo lugar casi 100 años después y a miles de kilómetros de los frondosos bosques navarros.

He aquí la forma de adquirir el ensayo:

https://www.penguinlibros.com/es/historia/276340-libro-brujas-9788418619571#

Vinkingos: los hombres del Norte (I)

A lo largo de casi tres siglos surcaron los mares y aterrorizaron las costas de Europa. Aguerridos soldados, fueron mucho más que simples bárbaros: llevaron el comercio a Oriente y desembarcaron en tierras desconocidas. Devotos de sus dioses y grandes supersticiosos, la magia y la profecía formaban parte de su vida cotidiana y su universo espiritual estaba poblado de seres aterradores, maleficios y oscuras venganzas. Con el lanzamiento del completo ensayo Los Hombres del Norte, de Kim Hjardar, que ha publicado Edhasa, recuperamos un tema estrella en «Dentro del Pandemónium».

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Han pasado más de mil años pero sus sanguinarias hazañas siguen despertando la curiosidad y el temor a partes iguales. Pertrechados con toscas pero implacables armas de combate, aquellos considerados los mejores navegantes de su tiempo asolaron numerosas poblaciones costeras de la vieja Europa a golpe de hacha y espada.

Considerados poco menos que salvajes, los señores del Norte eran, sin embargo, un pueblo con elaboradas creencias, cultura propia y una rudimentaria escritura, las runas, muy vinculada con la magia y la adivinación. Ahora que los vikingos están más de moda que nunca gracias a exitosas películas y series que reivindican su papel en la historia, aunque con elevadas dosis de ficción, el misterio en torno a su figura continúa sin ser completamente desvelado, acumulándose los interrogantes sobre muchos aspectos de su existencia: sus túmulos funerarios, los sacrificios humanos, sus ceremonias iniciáticas o sus sorprendentes expediciones. En las próximas líneas, intentaremos arrojar algo de luz a su sorprendente peregrinaje en la oscuridad de los tiempos medievales. 

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El misterio en torno a nuestros protagonistas empieza por su mismo nombre. El origen de la palabra vikingo es ya de por sí discutido. En textos en escritura rúnica se usa la forma «fara í víking» en el sentido de «ir de expedición», aunque textos más tardíos como las sagas irlandesas se refieren exclusivamente a este término como sinónimos de piratería o saqueo, aunque parece que las connotaciones negativas le fueron atribuidas tiempos después de la llamada Era Vikinga –aproximadamente entre los años 789 y 1100–; aunque las teorías sobre el origen etimológico de la palabra son variadas y confusas: en nórdico antiguo vik significa «bahía pequeña, cala o entrada», que puede estar relacionada también con la teoría de que la palabra vikingo haría alusión a una persona que proviene de Viken –un antiguo reino cuyas fronteras, no muy claras tampoco, parece que abarcaban parte de Noruega, Dinamarca y Suecia–. Vikingo, no obstante, fue el principal nombre dado a los pueblos nórdicos originarios de Escandinavia durante la Edad Media en general. Sea como fuere, los enigmas se multiplican en relación a sus formas de vida, sus ceremonias, saqueos y creencias en general.

Fuentes documentales

Puesto que los vikingos no dejaron escrito nada en referencia a sus creencias, ni poseían una religión revelada ni tenían un libro sagrado, hemos de basarnos en las sagas escritas posteriormente que supuestamente recogen la tradición oral de varios siglos, y también acudir a la rica mitología de los pueblos escandinavos. Ante la falta de certezas que expliquen la cosmogonía de una cultura, el origen del mundo y del Universo, el hombre suele ocupa ese vacío existencial recurriendo a la mitología, historias y leyendas que se dan la mano y se confunden, transmitidas oralmente de generación en generación, mitos que permiten en parte entender la forma de ser y actuar de estos pueblos; una mitología que alude al destino, al más allá o al fin del mundo en la mayoría de relatos.

Las más célebres son la llamada Edda menor, que el noble islandés Snorri Sturluson compuso entre los años 1220 y 1230, una obra en prosa que mostraba el panteón de dioses vikingos y su cosmogonía desde la óptica cristiana, y la llamada Edda poética, una colección de 29 poemas sobre dioses y héroes escrita en Islandia entre 1250 y 1300; también tenemos los versos compuestos por los poetas o escaldos cortesanos, que componían los cantos heroicos, a través de unas “agudezas” o metáforas llamadas kennings que ofrecen valiosa información religiosa y mitológica.

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Además, en el siglo XIII el monje danés Saxo Grammaticus compuso la Gesta Danorum, una historia de ecos legendarios de los reyes de Dinamarca que incluía también importante información mitológica, sin olvidar los cronistas de otras religiones que tuvieron algún contacto con los vikingos, como el monje y cronista cristiano del siglo XI Adán de Bremen o el escritor y aventurero árabe Ahmad ibn Fadlán. La fuente más antigua sobre estos pueblos nórdicos es la obra que compuso en el siglo I de nuestra era el historiador romano Tácito, Germania.

Ritos y culto ancestrales

En relación con sus ritos, los investigadores señalan que no existe religión escandinava antigua en el sentido que le damos hoy, abstracto y conceptual. El término que aludía a lo que llamamos religión era «sidr», que tenía el significado literal de «práctica» o «costumbre». Salvo casos aislados, parece que no existían sacerdotes como tales, que pasasen una iniciación particular ni que formaran una casta. No obstante, en fuentes islandesas posteriores se alude a una clase sacerdotal llamada Godar –cuyo significado era «Aquellos que hablan la lengua de los dioses»–, que albergaba responsabilidades religiosas y civiles. Los Godar pertenecían a la comunidad «sacerdotal» de Ásatrú, y podían ser un gothi (sacerdote) o una gythia (sacerdotisa). Parece un hombre era libre de elegir a qué dios adorar. Y es que la libertad, incluso de culto, era una de las características fundamentales del vikingo.

 Su religión se reducía principalmente al culto a distintos dioses de una mitología pagana muy rica pero igualmente confusa debido al sincretismo con otras religiones –los pueblos germanos de raíz indoeuropea que se instalaron en Escandinavia y los pueblos ya asentados allí, y más tarde con el cristianismo– y a la confusión entre diferentes mitos de diversas procedencias, aunque en su panteón, de numerosos dioses, destacaban Odín y sus hijos Thor y el maléfico Loki, además de Freyja, la diosa del amor y la belleza, o Tyr, el dios del valor, entre muchas otras divinidades.

El momento más solemne de esta «religión» era el llamado sacrificio –el Blót–, principalmente de animales, por lo general cerdos y caballos, muy frecuente en sus prácticas, que consistía en hacer una petición a sus dioses –brindándoles un tributo de sangre– a cambio de que les fueran propicios en la cosecha, la guerra o la enfermedad.

El primer paso del Blót era el sacrificio en sí, mientras que el segundo era la consulta a los augures o rituales de adivinación, de gran importancia para un pueblo regido por las determinaciones del destino; y el tercero consistía en un banquete sacrificial conocido como blotveizla, durante el cual los invitados –que podían ser unos pocos o cientos– consumían la carne del animal inmolado, a la vez que realizaban libaciones –normalmente de hidromiel o cerveza– destinadas a sus antepasados, a sus dioses y a las personas presentes más importantes de la comunidad, haciéndose a la vez juramentos constrictivos –para los vikingos era muy importante un juramento sobre un anillo sagrado, en honor al anillo Draupnir– y probablemente, aunque existen lagunas documentales, rituales de tipo adivinatorio como el seidr.

Así se conocía a un tipo de hechizos o brujerías practicado por los nórdicos paganos que implicaba el encantamientos con hechizos y que tenía un fuerte componente chamánico. Solía ser realizado mayoritariamente por mujeres –la völva o seidkona, “mujer que ve”–, pero también lo podían llevar a cabo hombres –aunque no era muy bien visto–, una práctica que, según la creencia, realizaba Freyja y algunas otras diosas del panteón nórdico e incluso Odín. Fue Snorri Sturluson quien recogió en qué consistía el seidr: éste incluía tanto adivinaciones como la llamada “magia manipuladora”. En las sagas escandinavas es descrito para afectar a una persona, ya sea para maldecirla, sanarla o cambiar su pensamiento e incluso su destino.

Este «maleficio» se realizaba mediante un tipo de trance conocido como spae, durante el cual se utilizaba, según recogen algunas sagas, una suerte de trono conocido como seidrhjallr, proveniente del nórdico antiguo hjallr, cuyo significado es plataforma. No se sabe con certeza cuál era su uso exacto, aunque parece que venía a simbolizar una suerte de unión entre lo que había en el cielo y en la tierra y otros mundos de su cosmogonía.

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Parece que también las hechiceras utilizaban un bastón o cayado llamado seidrstafr, del que se han hallado restos arqueológicos. Cuando una bruja, una völva, moría, era enterrada con este instrumento, que solía llevar grabados varios hechizos con runas, el lenguaje adivinatorio de los nórdicos, y ornado con vidrios y piedras semipreciosas.

Cánticos para invocar el otro mundo

A través de un canto conocido como vardlokkur, que la völva –o sus ayudantes– interpretaba para su propia protección mientras practicaba el seidr –ya que mientras tanto se encontraba en “el otro mundo” y podía sufrir algún percance–, parece que los espíritus del más allá le brindaban información. De hecho, es popular el mito del viaje que las Völur han de realizar a Hel –el inframundo nórdico– para contactar con las almas difuntas, que son quienes les narraban el porvenir. Queda patente pues que la adivinación y la predestinación están presentes en la gran parte de los cultos religiosos vikingos.

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Eir

Junto a los seidr, en las sagas se atribuye a las völva la capacidad de hacer otro tipo de magia como cambiar el clima a su antojo, invocando por ejemplo grandes tormentas –en una suerte de «hacedoras de lluvias» que existen en otras culturas–, un rito para el que la oferente incluso se preparaba ingiriendo una serie de alimentos especiales. Además de las seidkona y las völva, existían también curanderas que utilizaban las fuerzas o espíritus de la naturaleza, según el autor Manuel Velasco, «para ayudar a recuperar o mantener la salud de la gente». Estas mujeres eran denominadas «Hijas del Cuervo» y estaban bajo la advocación de Eir, diosa de la sanación.

Y aquí llegamos a un punto controvertido sobre el pasado de este pueblo… ¿cometieron sacrificios humanos? Lo veremos en el siguiente post, que está a punto de caramelo, o tan dulce como el Hidromiel…

Este post continuará con los curiosidades sobre los señores del norte.

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

Edhasa acaba de publicar un conciso, podría decirse que breve para este tipo de trabajos, pero exhaustivo e hipnótico ensayo, firmado por uno de los mayores expertos internacionales en esos hombres del norte que dan título al libro: Kim Hjardar.

Doctor en cultura nórdica, vikinga y medieval por la Universidad de Oslo y profesor de Historia en St. Hallvard College, Hjardar ha trabajado en estudios vikingos y medievales durante más de quince años, tanto como profesional como recreador histórico de la mayor y más veterana asociación de recreación histórica de época vikinga en Noruega. Es también coautor, junto a Vegard Vike, de Vikingos en guerra, que publicó la editorial también amiga del «Pandemónium» Desperta Ferro Ediciones en 2019.

Desde los inicios del siglo IX hasta finales del XI, los hombres del norte arribaron a casi todas las costas del mundo occidental. Los vikingos eran hombres rudos, con una cultura diferente, hambientos de tierras y riquezas, pero mucho más humanos de los que durante mucho tiempo se ha dado en imaginar. Gracias a los avances que consiguieron en los barcos y las técnicas de navegación, así como a unas estrategias impredecibles, los vikingos podían atacar repentinamente con una fuerza brutal y luego replegarse con el botín a toda velocidad. Procedentes de una sociedad, sin duda, altamente militarizada, el honor lo significaba todo: perder la reputación era peor que la muerte. Por eso la venganza de sangre era su mayor recompensa…

Cierto es que causaron estragos allí donde desembarcaron, pero también que, en parte gracias a ellos, se unificaron los reinos hispanos y el avance de Carlomagno y de los francos por Europa se detuvo. Pues el encuentro entre culturas cambió tanto las sociedades europeas como las nórdicas. Son muchos los datos ya conocidos, que a su vez se mezclan con el mito y la leyenda. En esta breve historia, Kim Hjardar lo analiza todo: el asalto a Europa -llegaron incluso a América del Norte-, la construcción de sus barcos, sus estrategias militares, sus armas, sus dioses, sus poblados… En definitiva, la forma de vida de los vikingos.

He aquí el enlace para adquirirlo en la web de la editorial:

https://www.edhasa.es/libros/1258/vikingos

Atlas Histórico del Mundo (Tikal)

Y para tener una visión general y concisa de la Historia con mayúscula, podemos acercarnos a las ilustradas páginas del Atlas histórico del mundo, que ha publicado Tikal (Susaeta Ediciones). Un recorrido vibrante por el pasado a través de 90 fichas temáticas, explicativas y acompañadas de numerosos mapas historiográficos y fabulosas ilustraciones. Un volumen de gran tamaño con cartografía del más alto nivel, textos complementados por síntesis cronológicas y recuadros temáticos. Además, va acompañado de líneas de tiempo y completo índice de lugares y personajes desde la Antigüedad hasta el siglo XX: Julio César, por supuesto Alejandro Magno, los celtas, los vikingos, los visigodos, la Edad Media o las dos guerras mundiales. He aquí el enlace para adquirir este sucinto y ameno trabajo:

https://www.editorialsusaeta.com/es/historia-y-ciencia/12510-atlas-historico-del-mundo-9788499285009.html

Cualquier tiempo pasado fue… anterior

Conocí la afilada escritura de la periodista Nieves Concostrina como redactora jefe (cargo que continúa ejerciendo, cosas de la vocación) de la revista Adiós, que de cuando en cuando llegaba a la redacción de Año/Cero en unos tiempos en los que quien esto suscribe era apenas veinteañero…

…qué mal llevo lo de envejecer. Daba mal rollo, por qué no decirlo, una revista sobre muertos y preparación de funerales, sobre ataúdes y urnas, coches fúnebres y mortajas. Quizá en este país, tan católico, apostólico y romano, tengamos una cuenta pendiente con la muerte, que nos aterroriza. Si hay un cielo magnífico (al menos para el que se lo ha ganado), por qué le tememos tanto al último aliento… En fin, para ser una publicación «de muertos» me encontré con escritos históricos –suscritos por Concostrina– que hicieron las delicias de quien ya por aquel entonces era un apasionado del pasado (no solo del mío) y también de la anécdota historiográfica.

No tardé en escucharla también en Radio 5 «Todo Noticias», en Radio Nacional de España, con ese desparpajo y esa ironía rayana en el sarcasmo para contar cómo el hombre no tropieza una vez en la misma piedra, sino 50… Se encargaba de un espacio centrado en cementerios, epitafios de antiguas «celebrities» y todo lo que tuviera que ver con la muerte, de título Polvo Eres (y que tuvo continuación con ilustración nada menos que del desaparecido Forges). Fruto de aquellas secciones y de sus escritos en la citada publicación, o viceversa, nacieron varios libros que han visto la luz de la mano de la Esfera de los Libros y que han cosechado una nutrida cohorte de lectores, inquietos por saber algo más sobre vicios, filias y fobias, parafilias y locuras de los personajes históricos, algo similar a lo que en su día hiciera el multiventas Carlos Fisas, pero más actualizado, tétrico y por qué no decirlo, fresco y mordaz.

Ahora, Nieves Concostrina nos brinda su nuevo peregrinaje por la Historia, y lo hace nuevamente de la mano de La Esfera de los Libros. Fruto de esta colaboración es su último y entretenidísimo ensayo divulgativo que, jugando con uno de los grandes tópicos de estos lares –probablemente falso si no fuera por el azote de la melancolía que a todos nos persigue– se titula Cualquier tiempo pasado fue anterior, y que no es sino un homenaje al exitoso Pódcast homónimo que desde 2015 la periodista madrileña, que ha cosechado numerosos premios a lo largo de su carrera –entre ellos el Micrófono de Oro o el Premio Ondas al mejor tratamiento informativo–, comanda en la Cadena SER.

Tras el impresionante éxito obtenido por su anterior libro, Pretérito Imperfecto (que vendió 50.000 ejemplares, verdadera proeza en tiempos de inmediatez digital y clics en TikTok), y publicado también por La Esfera, Concostrina nos regala ahora una aguda narración que da otra vuelta de tuerca a la Historia, y nos muestra la cara y cruz de los acontecimientos por los que han transitado emperatrices, generales, políticos, estrategas, Papas (como hemos visto varias veces en este blog, la intrahistoria vaticana tiene enjundia), mujeres y hombres de toda condición, color y pelaje. Un libro que, como señala su autora, sirve para conocer desde por qué los campechanos salen rana hasta qué pinta dios en un BOE del siglo XXI.

Entre otros asuntos, podrás conocer que el león del Congreso «no tiene huevos», el juego de trileros que significó el exilio borbónico, cómo el lumpemproletariado estuvo contra la emperatriz Sissi, la agitada muerte del presidente Manuel Azaña o el «trío amoroso» conformado por Hitler, Franco y Pétain. He aquí la forma de adquirir este diamante en bruto de la divulgación histórica:

https://www.esferalibros.com/libros/cualquier-tiempo-pasado-fue-anterior/