Arzak, el jinete sin palabras

Norma Editorial traduce el primer volumen de El pequeño panteón Moebius, un libro de arte que recorre medio siglo de metamorfosis del guerrero del sombrero cónico y, de paso, la biografía estética de su creador, el inclasificable historietista francés Jean Giraud (1938-2012).

Óscar Herradón ©

En 1975, en las primeras entregas de una revista que iba a cambiar el cómic europeo, apareció un hombre silencioso montado en un pterodáctilo blanco. No decía nada, no explicaba nada y, sin embargo, abrió una puerta por la que pasarían Miyazaki, el cine de ciencia ficción de los ochenta y buena parte del videojuego contemporáneo. Arzak. El pequeño panteón Moebius no es un cómic, sino un libro de arte que reúne las múltiples encarnaciones de aquel jinete. Su interés reside en que, al seguir al personaje, acaba trazando el retrato de Jean Giraud.

El libro que ha publicado recientemente Norma es la impresionante versión castellana de Le Petit Panthéon Moebius: Arzak, que Moebius Production lanzó en octubre de 2023 con textos en francés e inglés, y que el distribuidor británico The Book Palace presentó como el primer título de una nueva serie dedicada a distintos aspectos y personajes de la obra de Giraud. El planteamiento editorial es claro: un recorrido en ocho capítulos, desde los orígenes en Métal Hurlant hasta las versiones andróginas o espirituales posteriores, concebido como homenaje a las múltiples facetas y versiones alternativas del personaje. El libro trata del tiempo y el espacio, la guerra y la paz, la soledad y la multiplicidad. Las imágenes se acompañan de comentarios, citas y extractos sobre Arzak, y el conjunto subraya la variedad técnica de Moebius, del estilógrafo Rotring a la pintura acrílica y las herramientas digitales.

El origen: cuatro historias mudas

Para entender por qué Arzak merece un libro entero hay que volver a 1975. Entre ese año y los siguientes, Giraud publicó en Métal Hurlant cuatro historias breves sin palabras, tituladas sucesivamente Arzach, Harzach, Arzak y Harzakc, según recuerda David Hirmes en la serie de ensayos sobre ciencia ficción de los setenta de la revista estadounidense HiLobrow. La ortografía cambiante no es un capricho menor: anuncia ya un personaje inestable, que Moebius reescribirá durante toda su vida.

La crítica anglosajona suele clasificar Arzach como cómic de pantomima, fantasía o cómic experimental, y subraya que sus imágenes se comparan a menudo con los sueños o el subconsciente. Un estudio académico brasileño publicado por la Universidad Católica de Brasilia va más allá y lo sitúa en el despuntar de la narrativa gráfica silenciosa, analizando la ausencia casi total de palabra escrita en la serie mediante la comparación con el cine mudo.

Antes de ser Moebius, Giraud pasó una década dibujando Blueberry, uno de los westerns más populares de Francia, dentro de las estrictas convenciones de un medio popular; al fundar Métal Hurlant empezó a dibujar sin guion, de forma espontánea, sin saber cuál sería la viñeta o la página siguiente. Para Hirmes, la trama quedaba en segundo plano frente al mundo que se estaba manifestando, lo que concedía al lector adecuado una emocionante capacidad de participación. Su historia favorita es la tercera, Arzak, que contiene muchos de los elementos que Moebius exploraría el resto de su carrera: un viajero solitario, un vehículo a la vez antiguo y futurista, un desierto sembrado de monumentos rotos, un templo escalonado y una máquina imposible. Resume su admiración en una sola frase: un mundo entero conjurado en veinticinco viñetas.

El libro de Norma, una edición espectacular en cartoné de 176 páginas, formato de 24,7 x 31 centímetros y un precio de 59 euros (alto, pero contenido para lo que ofrece al fan incondicional), al reunir medio siglo de versiones, permite verificar lo que Hirmes observa con humor. A su juicio, en la célebre primera viñeta lo que más impresiona no es el monstruo ni la calma del héroe, sino el sombrero. Recuerda que Moebius aseguró después que se trataba de un símbolo fálico dibujado inconscientemente, aunque el propio autor sospecha que la explicación encubre algo más simple: le encantaba dibujar sombreros. Más allá de la anécdota, el ensayista identifica la cualidad que hace de cualquier página de Moebius un objeto de contemplación: cada muro tiene una grieta, cada bota un cierre, y por extravagante o trascendente que sea una viñeta, siempre conserva una fisicidad creíble. Un libro de arte en gran formato es el lugar idóneo para comprobarlo.

Un personaje que envejece con su autor

Lo más interesante del volumen no es la recopilación, sino su tesis. Según la presentación editorial, la mitología del personaje está ligada a la de su creador, de modo que su estilo y su personalidad evolucionaron con Moebius a lo largo del tiempo; guerrero solitario, sabio del desierto u observador de estrellas, su esencia no cambia. El libro funciona así como una autobiografía indirecta, porque Arzak acompañó a Giraud desde la rebeldía de Métal Hurlant hasta sus últimos años. El propio Moebius ya había regresado al personaje en La leyenda de Arzach, una historia con diálogos que vinculaba las piezas mudas a un relato anterior sin relación, El rodeo, y en 2010, un par de años antes de su muerte, retomó al personaje en una obra larga que Norma publicó en castellano como Arzak. El vigilante.

Ningún libro sobre Arzak puede eludir su descendencia. Hayao Miyazaki (el legendario director de Studio Ghibli, la productora de anime que acaba de ser galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026) lo reconoció abiertamente en una conversación pública con Moebius en 2004: dirigió Nausicaä del Valle del Viento bajo su influencia, y llegó a decirle que una estrella lo había tocado. El portal estadounidense PopMatters recuerda que Miyazaki descubrió el cómic en 1980 y que le causó un gran impacto, y traza el paralelismo entre la protagonista que surca el mundo en su planeador y el jinete en su criatura voladora.

El blog Phantasmic añade un matiz: lo que impresionó a Miyazaki fue la soledad y la sencillez de Arzach, aunque su estilo ya estaba demasiado formado para tomar mucho de Moebius en el plano gráfico, de modo que la huella se percibe sobre todo en el bosque tóxico de Nausicaä. La admiración fue recíproca, hasta el punto de que Moebius llamó Nausicaa a su hija. A esa genealogía se suman la secuencia final de la película Heavy Metal, Taarna, inspirada en Arzach, y el videojuego Panzer Dragoon, que lo tuvo entre sus grandes influencias.

Arzak. El pequeño panteón Moebius es un objeto de devoción antes que de estudio, y no pretende otra cosa. No es una novela gráfica en el sentido habitual, sino una obra de arte sobre cómics. Su mérito está en demostrar, imagen tras imagen, que el jinete silencioso de 1975 no fue un hallazgo aislado sino un hilo que recorre toda la carrera de Giraud, y que en sus metamorfosis se lee la evolución de un dibujante que pasó del western disciplinado a la libertad absoluta. Para quien ya conoce y ama a Moebius, es un libro imprescindible; para el resto, una invitación a entrar en el desierto por la puerta adecuada.

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