Servitud Integral (Norma Editorial)

Entre 2006 y 2020, el guionista Fabrice David y el dibujante Éric Bourgier publicaron en la editorial Soleil seis álbumes de fantasía medieval en tonos sepia, densos y exigentes, que apenas se parecen a la heroic fantasy comercial con la que se asocia ese sello. Ahora, de la mano de Norma Editorial nos llega una alucinante edición integral en castellano de una saga de fantasía épica a la altura de un Juego de Tronos versión gráfica.

Óscar Herradón ©

Fabrice David y Bourgier ya habían trabajado juntos en Live War Heroes, el álbum de ciencia ficción de 2003 con el que Bourgier debutó en el cómic tras su etapa como ilustrador de revistas. Servitud (Servitude en el original francés) nació con un plan editorial que no se cumplió. Estaba prevista en cinco tomos y el primero apareció en mayo de 2006. Acabó teniendo seis entregas: Le chant d’Anoroer (2006), Drekkars (2008), L’Adieu aux rois (2011), Iccrins (2014) y las dos partes de Shalin (2017 y 2020), catorce largo años para su conclusión.

La premisa tiene un componente cosmogónico. Las Puissances fueron las primeras en poblar la Tierra, y la aparición del hombre las dividió hasta el punto de que adoptaron forma física como dragones, gigantes, ángeles, sirenas y hadas. Mil años después esas criaturas son solo mitos, los Fils de la Terre han levantado el mayor de los reinos, y el regreso de los dragones abre la pregunta que da título a la serie. El último álbum desvela el fondo teológico del conjunto: un dios llamado Kiromédon creó a los hombres para dividir a las Puissances que querían apoderarse del astro que le habían regalado, no por amor. De ahí el título. La servidumbre no es aquí una metáfora social, sino la condición misma de la especie humana, y la saga se entiende como un largo relato de emancipación frente a unos dioses que la utilizan como instrumento.

Lo que distingue a Servitud de la fantasía de quiosco es su ambición de construir un mundo verosímil. Critiques Libres ya lo señalaba en 2008: la densidad del relato y el detalle de intrigas y alianzas exigían al lector un esfuerzo de concentración inusual en Soleil e incluso en la bande dessinée en general. Cada tomo añade una civilización con su arquitectura y sus ritos, como los Drekkars del segundo álbum o los navegantes iccrins del cuarto. En L’Adieu aux rois el rey marcha a la guerra para vengar a sus hijos, y su caída se intuye inevitable porque las conspiraciones se juegan a otra escala.

El sepia como firma

El gran argumento de la serie, para casi toda la crítica, es Bourgier. Algunos críticos franceses situaban sus figuras hiperrealistas en algún punto entre Marini y Delaby, en un universo maduro de tonos sepia, mientras que otros consideraron la serie, pese a su apariencia austera y a su título inquietante, una de las fantasías más envolventes de su década. La elección cromática define la serie. Al renunciar al color saturado que domina el género, Bourgier da a Servitud un aire de grabado o de crónica antigua, como si el lector recorriera un códice iluminado y no un mundo de fantasía de usar y tirar. Los grandes paisajes, las flotas y las ciudades son el verdadero espectáculo del libro.

Ahora, siguiendo la estela de la edición de Soleil, Norma Editorial reúne en un cartoné de 384 páginas la saga de fantasía épica, cuyos álbumes sueltos llevaban años agotados en España. Es la mejor manera de leer en castellano una obra lenta y densa que pedía ser leída de una sentada. Norma publicó los álbumes sueltos en cartoné de 22 por 29,5 centímetros, y la integral sube a 22,5 por 31,5. En una serie que se sostiene sobre todo por el dibujo, esos centímetros cuentan. La gran ventaja de la integral es que elimina el principal defecto de la serie, su dispersión. Seis entregas a lo largo de catorce años obligaban a recordar una trama política llena de casas, alianzas y traiciones. Los críticos del país vecino llevaban años señalando que la densidad de intrigas y alianzas exigía al lector un esfuerzo de concentración poco habitual en la bande dessinée. Leída de seguido, esa densidad se convierte en virtud. Se aprecia mejor cómo cada álbum añade una civilización, de los Drekkars del segundo tomo a los navegantes iccrins del cuarto, y cómo la revelación final, la de un dios que creó a los hombres solo para enfrentar a las Puissances que codiciaban su astro, da sentido retrospectivo al título. También se nota la evolución gráfica de Bourgier. LH Magazin señala que su dibujo mejoró de forma enorme del primer tomo al último, hasta convertir muchas de las ilustraciones finales a toda página en verdaderas obras de arte.

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