La naturaleza del Duce

La Editorial Comares publica este sorprendente ensayo, La naturaleza del Duce. Una historia ambiental del fascismo en Italia, compuesto a seis manos por especialistas en medio ambiente y que arroja una visión singular sobre el régimen de Benito Mussolini: la naturaleza como instrumento de poder.

Óscar Herradón ©

Sus autores, Marco Armiero, Roberta Biasillo y Wilko Graf von Hardenberg, sostienen en este original ensayo que el fascismo italiano no fue indiferente a la naturaleza, pero tampoco su protector. La usó, la narró y la remodeló al servicio de su proyecto político, y el libro lo demuestra sin caer en la trampa de buscar un Mussolini verde o «ecologista» cuando ni siquiera el término se empleaba.

Los autores dicen afirman desde el comienzo que no pretenden contar cuántos parques nacionales se crearon ni cuántos árboles se plantaron, y que su objeto son las ecologías políticas fascistas, es decir, los relatos y las prácticas con los que el régimen construyó ecologías tanto imaginarias como materiales. La tesis rebate a una parte de la historiografía internacional: el fascismo no se desinteresó de la naturaleza, pero la alternativa al desinterés no fue el cuidado ni la conservación. Anna Bramwell, con Ecology in the 20th Century (Yale, 1989) y su estudio sobre el ideólogo del Tercer Reich Richard Walter Darré, al frente de la RuSHA (la Oficina de Raza y Reasentamiento) habló de un ala verde del nazismo, y Janet Biehl y Peter Staudenmaier reabrieron el debate con Ecofascism. La naturaleza del duce quiere alejar la idea misma de medir el grado de ecologismo del régimen fascista. Armiero y Von Hardenberg ya habían adelantado el planteamiento en 2013, en un artículo de Environment and History, publicado por la Universidad de Utrecht, titulado «Green Rhetoric in Blackshirts» («Retórica verde en los Camisas Negras»). 

Diseccionando el fascismo «verde» en seis capítulos

Rachele Mussolini.

El primer capítulo del volumen, de Armiero, busca la raíz personal de esa actitud en el propio dictador, a partir de las biografías de Margherita Sarfatti y de Rachele Mussolini. Los capítulos segundo y tercero, de Von Hardenberg y Armiero, pasan a la política concreta: la batalla del trigo, la bonificación de tierras y el desarrollo autárquico, con sus centrales hidroeléctricas y sus motores de gasógeno. El cuarto, exclusivo de Von Hardenberg, examina los parques nacionales como espacio de propaganda: en el Stelvio, el nacionalismo ligado a la memoria de la Gran Guerra; en el Circeo, la fabricación de un pasado artificial de glorias itálicas, con una fuerte huella humana. En el quinto, Biasillo analiza las colonias africanas como creación desde la nada, con una imagen propagandística de domesticación milagrosa que cubría un fracaso colonial que no dio a la población ninguno de los beneficios prometidos. El sexto, también suyo, rastrea lo que sobrevive hoy del fascismo en placas, monumentos, toponimia y paisajes, y plantea qué hacer con esa herencia. Quedan fuera, con remisión a una bibliografía de veintidós páginas, temas ya muy estudiados como el urbanismo fascista, la contaminación y la salud. 

Los autores tienen amplio conocimiento en la materia y saben bien de lo que hablan. Armiero es un historiador ambiental al frente del Environmental Humanities Laboratory del KTH de Estocolmo; Biasillo es especialista en la historia ambiental del colonialismo italiano y Von Hardenberg escribió la primera historia del Parque Nacional del Gran Paradiso en época fascista, A Monastery for the Ibex (University of Pittsburgh Press, 2021).

La recepción de la crítica ha sido muy favorable en toda Europa, incluida España. Mia Fuller, de Berkeley, lo considera una aportación mayor que además prueba que el fascismo nunca fue proambiental ni conservacionista en ningún sentido, y Erik Swyngedouw, de Manchester, lo tiene por lectura esencial para quien se preocupe por el estado de la naturaleza y por el auge de los autoritarismos. En H-Environment, Antonio Ortega Santos lo describe como una aproximación fundamental a los procesos de alteración antropogénica de los regímenes fascistas, en los que la mercantilización de la naturaleza alcanzó un punto extremo. Otra reseña, en el Journal of Modern Italian Studies, celebra que abra perspectivas nuevas y frescas sobre el fascismo italiano.

La naturaleza del Duce no zanja el debate, pero cambia sus términos: en lugar de preguntar si el fascismo fue verde, pregunta qué naturaleza fabricó y para quién. Entre leonas domesticadas y obras de saneamiento integral, paisajes coloniales y autarquía, parques y monumentos, este singular y documentado estudio ofrece por fin un relato de cómo el fascismo italiano imaginó, utilizó y transformó la naturaleza, usándola deliberadamente para su proyecto político.

De la dictadura a la democracia

Comares y Ediciones de la Universidad Castilla-La Mancha publica un monumental estudio coral que llena un vacío regional en la historiografía: De la dictadura a la democracia: la Transición vista desde Castilla-La Mancha, un volumen colectivo compuesto por veintisiete voces.

Óscar Herradón ©

Proclamación de Juan Carlos I como rey de España en 1975.

Su principal interés está en una pregunta que la historia general suele saltarse: qué pasó cuando la democracia llegó a lugares donde ni siquiera existía todavía la comunidad autónoma que la iba a gobernar. La obra, coordinada por Francisco Alía Miranda, Juan Carlos Buitrago Oliver y José Antonio Castellano López, aparece cuando se cumplen cincuenta años de la Ley para la Reforma Política y con un objetivo concreto: estudiar la Transición en Castilla-La Mancha. A partir de 1976 no solo se recuperaban las libertades, sino que casi a la vez arrancaba la construcción de una nueva comunidad autónoma, posible gracias a la Constitución de 1978. Es una combinación poco habitual, porque la mayoría de las síntesis sobre la Transición tratan el proceso autonómico como un capítulo aparte, y aquí ambos procesos se leen a la vez. El arco cronológico, de 1976 a 1983, coincide con las primeras elecciones autonómicas de mayo de 1983, en las que José Bono obtuvo mayoría absoluta.

Veintisiete autores del ámbito universitario analizan el periodo con estudios especializados de alcance nacional y regional. Reconoce sin rodeos que la bibliografía sobre esta región era muy escasa, lo que explicaría su poca presencia en los estudios generales. Añade que se abordan las cuestiones económicas, sociales y culturales para lograr una visión interdisciplinar. Uno de los capítulos se ocupa del movimiento feminista entre 1978 y 1983, lo que da idea de que no es un libro de política institucional en sentido estrecho.

La tesis de fondo

El proceso estuvo lleno de incertidumbres y de improvisación, lo cuestionaron tanto la extrema derecha, por nostalgia del franquismo, como la extrema izquierda, que temía que el modelo de que la ley permitiera a las instituciones franquistas sobrevivir dentro de la democracia. Frente a ambas, el libro subraya el empuje de buena parte de los españoles hacia el cambio, un factor sin el cual es difícil entender las actuaciones del rey y de las autoridades que guiaron el proceso. Es una posición reconocible: la de quienes sitúan la presión social como motor de la democratización y no solo la voluntad de las élites.

Esa perspectiva tiene una escuela detrás. El Seminario de Estudios de Franquismo y Transición de la propia Universidad de Castilla-La Mancha, activo desde 2002, defendía ya en 2009 que la Transición no fue un proceso dirigido por una élite, sino uno en el que intervinieron muchos más agentes, con el papel de los viejos y nuevos movimientos sociales en la crisis de la dictadura. El precedente más directo es el trabajo de Óscar J. Martín García, A tientas con la democracia. Movilización, actitudes y cambio en la provincia de Albacete, 1966-1977 (Catarata, 2008), que Francisco Sevillano reseñó en Pasado y Memoria como ejemplo de un giro de perspectiva muy extendido en los estudios sobre la Transición. A escala nacional, la misma línea la representan Carme Molinero (ed.), La Transición, treinta años después (Península, 2006), que quería superar los tópicos, y la crítica más radical de Ferran Gallego en El mito de la Transición (Crítica, 2008). En el otro extremo, el relato clásico de Raymond Carr y Juan Pablo Fusi, España, de la dictadura a la democracia (Planeta, 1979), y en el polo institucional, la obra de Santos Juliá, Transición. Historia de una política española (1937-2017), que pone en el centro las voces y los pactos.

Un volumen de veintisiete autores tiene las virtudes y los riesgos de toda obra colectiva: riqueza de miradas y desigualdad de niveles. Lo más valioso, en principio, es el ejercicio de escala regional, que permite comprobar si los grandes relatos, ya sean el pacto consensuado o la ruptura frustrada, se sostienen cuando se miran desde una provincia de interior. Veredicto provisional. Es una obra necesaria por su objeto, oportuna por la fecha y coherente con una tradición historiográfica sólida en la universidad que la respalda. Su contenido tiene rigor académico y voluntad de llegar a un público amplio, el que vivió esos años y el joven que los estudia como historia.