5000 años de poder femenino

Pasado & Presente, editorial apasionada y conocedora de la historia muy activa en el Pandemónium, publica La mujeres que gobernaron el mundo. 5000 años de poder femenino, de la historiadora y arqueóloga británica Elizabeth Norton, un libro apasionante y magníficamente elaborado que entrelaza con maestría las historias –muchas injustamente olvidadas durante siglos– de mujeres que ejercieron el poder efectivo.

Óscar Herradón ©

Elizabeth Norton, historiadora y arqueóloga formada en Cambridge, Oxford y con doctorado en King’s College London, rompe aquí con el marco que había definido toda su obra anterior –la corte inglesa y, sobre todo, los Tudor– para plantear algo que, según reivindica ella misma, nadie había hecho antes: un estudio dedicado exclusivamente a reinas y «reyes femeninos» que gobernaron por derecho propio, no como consortes, regentes o madres de reyes, sino como cabezas de estado en sí mismas, y hacerlo a escala global y a lo largo de cinco milenios. El libro recorre desde el Egipto de Hatshepsut hasta el Japón imperial, pasando por la Georgia medieval de Tamar la Grande, las reinas de Madagascar que resistieron la colonización francesa, la Castilla de Urraca, el reino kushita de Shanakdakhete o la Hawai de Liliuokalani, alternando figuras muy conocidas como Cleopatra, Catalina la Grande o Boudica con otras casi ausentes de la historiografía occidental.

El propio planteamiento metodológico es lo más interesante del proyecto: Norton ha explicado que le interesaba aislar un patrón, el de mujeres que accedieron y ejercieron el poder soberano sin mediación masculina, y comprobar si ese patrón se repetía con independencia de la época o el continente. Es una aproximación comparatista poco habitual en la historia de la monarquía femenina, que tradicionalmente se ha escrito país por país o dinastía por dinastía.

Gran aceptación de crítica y público

Cleopatra.

Alison Weir, autora de referencia en historia Tudor, elogió el rigor académico combinado con un ritmo narrativo ágil y destacó en particular la perspectiva internacional del libro de Norton. Con entusiasmo, escribió: «Este libro es una obra maestra. Una historia apasionante sobre la soberanía femenina. Para tratarse de un trabajo histórico basado en una impresionante investigación académica, es una lectura entretenidísima, repleta de detalles fascinantes y análisis perspicaces. Las mujeres que gobernaron el mundo, una invitación a la reflexión escrita con elegancia, sitúa a Elizabeth Norton entre nuestras mejores historiadoras. ¡Imprescindible!».

Isabel I de Inglaterra.

Desde el ámbito estrictamente académico, Elena Woodacre, especialista en monarquía femenina en la Universidad de Winchester y autora de un estudio de referencia sobre las reinas de Navarra (The Queens Regnant of Navarre: Sucession, Politics, and Partnership, 1274-1512), valoró que el ensayo ayuda a entender los obstáculos comunes que enfrentaron estas gobernantes y cómo lograron superarlos. Por su parte, Tracy Borman, historiadora y autora de biografías sobre Ana Bolena e Isabel I de Inglaterra, subrayó que el libro logra dar una lectura nueva incluso de figuras tan trilladas como Cleopatra o la propia Reina Virgen, lo cual no es poco mérito tratándose de dos de las reinas más escritas de la historia.

Queen in purple robes addressing a crowd from a carved throne

El punto fuerte de Norton, como en sus anteriores obras, sigue siendo la reconstrucción biográfica accesible y bien documentada. Además, el simple hecho de reunir por primera vez a estas mujeres bajo un mismo marco comparativo, y de rescatar a figuras como Shanakdakhete o las reinas malgaches del olvido casi total en que las tenía la historiografía en español, ya justifica por sí solo el proyecto.

¿Qué personajes encontraremos en el libro?

Estos son los capítulos que encontraremos en este absorbente ensayo de cariz femenino:

Capítulo 1: Damas poderosas y rectos esposos: Merneit de Egipto, Matilde de Inglaterra, Margarita I de Dinamarca, Noruega y Suecia, y Tecuichpotzin (Isabel Moctezuma) de los mexicas.

Capítulo 2: El problema del pariente varón: Cleopatra de Egipto, Carlota de Chipre, Blanca II y Leonor de Navarra.

Capítulo 3: Arrebatar el trono: Hatshepsut de Egipto, Irene de Bizancio e Isabel y Catalina II de Rusia.

Woman wearing a jeweled Byzantine crown and embroidered ceremonial robes
Irene de Bizancio (Imagen generada por la IA de WordPress).

Capítulo 4: Reinas niñas: María e Isabel II de Jerusalén, María Estuardo, Teriimaevarua II de Bora Bora  y Guillermina de los Países bajos

Capítulo 5: «Todos los cachorros del león leones son»: Tamara de Georgia, Juana de Francia (o Juana II de Navarra) y María Teresa de Austria.

Capítulo 6: La elección del fénix: Wu Zetian de China e Isabel I de Inglaterra e Irlanda.

Capítulo 7: Regimientos monstruosos: Atalía de Judá, Arsínoe IV de Egipto y María Estuardo.

Capítulo 8: Reinas guerreras: las candaces de Kush, Zenobia de Palmira, Isabel I de Castilla y Juana la Beltranjea.

Six women in Egyptian-inspired ceremonial clothing inside a carved temple
Candaces de Kush.

Capítulo 9: Los espejos de la reina Himiko: las ocho emperatrices reinantes de Japón.

Capítulo 10: Soberanía femenina y colonización: Victoria del Reino Unido, Lili’uokalani de Hawái y las reinas de la lluvia de lobedus.

Capítulo 11: La era de las emperatrices: las nababs begunes de Bhopal, Victoria de la India, Cora Gooseberry de Sídney y Ranavalona Ide Madagascar.

Capítulo 12: Reinas del siglo XX: Guillermina de los Países Bajos, Salote Tupou III de Tonga, Isabel II de Reino Unido y Margarita II de Dinamarca.

Crowned medieval queen addressing assembled knights beside an ornate throne

Esparta (Ático de los Libros)

Ático de los Libros, una de las editoriales de referencia en el Pandemónium, publica Esparta. Auge y caída de una superpotencia de la actualidad, el último y aclamado trabajo del especialista británico en la Antigüedad clásica Andrew Bayliss, la fascinante y probablemente definitiva historia de la gran potencia militar de la Grecia clásica.

Óscar Herradón ©

Esta es la segunda incursión de gran público de Bayliss sobre la polis lacedemonia tras The Spartans (2020). Bayliss, profesor asociado de historia griega en la Universidad de Birmingham, formado en Macquarie (Australia) y con estancias en la Escuela Británica de Atenas, aporta credenciales sólidas para abordar la historia que tenemos entre manos: es autor de comentarios académicos sobre los fragmentos de historiadores espartanos como Sosibio, Molpis o Polícrates para el proyecto Brill’s New Jacoby, y mantiene una base de datos sobre emociones y actitudes espartanas en las fuentes antiguas, un trabajo de campo con fuentes fragmentarias que distingue su aproximación de otras síntesis más generalistas.

Lo más difícil con lo que ha tenido que enfrentarse a la hora de afrontar un libro sobre Esparta, como señala Justin Doherty en Aspects of History, es la ausencia casi total de fuentes espartanas propias. Los espartanos no dejaron pinturas, ni escritos propios extensos, ni monumentos que narren su versión de los hechos; casi todo lo que sabemos llega filtrado por atenienses como Tucídides o Jenofonte, con sus propios sesgos e intereses. Este crítico describió el libro, cuando fue publicado en 2025 en su original en inglés, como una reevaluación matizada que desafía los mitos sin caer en el extremo contrario de la negación completa, y subraya que Bayliss dedica atención genuina al papel de las mujeres espartanas en la sociedad; y es que la educación estatal que incluía a las niñas y el grado de voz pública que las mujeres alcanzaron fue algo prácticamente inaudito en el mundo premoderno.

¿Austeridad y rigor espartanos?

El concepto que estructura la interpretación de Bayliss es el llamado espejismo espartano (Spartan mirage), la idea —desarrollada originalmente por François Ollier en los años treinta y retomada después por historiadores como Cartledge y Stephen Hodkinson— de que buena parte de la imagen que tenemos de Esparta como sociedad austera, igualitaria y puramente militar es en realidad una construcción propagandística, alimentada tanto por admiradores extranjeros en la Antigüedad como por los propios espartanos, que llegaron a explotar turísticamente esa reputación en época romana. La reseña de Ancient World Magazine cita directamente el argumento de Bayliss de que la propia existencia del concepto de espejismo demuestra que, en efecto, había algo genuinamente distinto en los espartanos, aunque señala como limitación que el primer capítulo, centrado en Termópilas, deja al lector con una sola batalla como referencia militar, un enfoque que satisface la anécdota pero deja la historia militar espartana con un tratamiento limitado en el resto del volumen.

David Stuttard, historiador y autor de A History of Ancient Greece in Fifty Lives, elogió el modo en que Bayliss combina historia antigua y arqueología moderna para atravesar el espejismo espartano con una claridad admirable a lo largo de seis siglos de historia griega vistos desde la perspectiva lacedemonia.

Leído en conjunto, el libro de Bayliss se inscribe con solvencia en la corriente revisionista que domina la espartología académica desde finales del siglo XX –la misma que representan Cartledge, Hodkinson o Ellen Millender, quien también elogia el volumen como introducción erudita y amena– frente al relato más mitificado y unidimensional que dominó la divulgación histórica durante buena parte del siglo XX. Su mayor virtud es la síntesis clara y bien informada de ese consenso académico reciente para un público general, así como el oficio narrativo que despliega el autor a pesar de la escasez de fuentes originarias.

Armored Spartan warrior charging with spear and shield toward an ancient city
Imagen generada con la IA de WordPress.
Plate III: Espada corta espartana (Laconia, s. V a.C.); estudio morfológico y tipológico. Labels identify forged steel blade, sharpened edges, bronze guard, leather-wrapped grip, lobed pommel, blade section, and hilt detail.

El resultado es un libro más que recomendable que The Times ha definido como «Entretenido y apasionante» y que la publicación especializada Ancient History Magazine describe así: «Sin duda, una de las mejores obras sobre Esparta publicadas en la última década, quizá incluso más». Pues eso; como diría Leónidas en 300: «¡Esto es Esparta!».

Álvaro de Bazán. El invicto

El año en que se cumple el V centenario de su nacimiento, varios libros recuerdan la epopeya del que probablemente fue el mejor marino de la historia de España. Desperta Ferro nos trae Álvaro de Bazán. El invicto, y la editorial Edaf Álvaro de Bazán. Capitán General del mar Océano.

Óscar Herradón ©

Álvaro de Bazán, primer marqués de Santa Cruz, es probablemente el almirante más completo que dio España en toda la Edad Moderna, y sin embargo su figura ha quedado históricamente eclipsada por la empresa que no llegó a mandar: la Grande y Felicísima Armada (llamada posteriormente, con ironía, la Armada Invencible) en tiempos del segundo Felipe. Nacido en Granada en 1526, hijo del también marino Álvaro de Bazán el Viejo, se formó desde joven en la guerra de galeras del Mediterráneo, el escenario que definiría la primera mitad de su carrera y en el que forjó una reputación de mando que ningún oficial español de su tiempo igualó.

Batalla de Lepanto.

Su currículo militar es tan extenso como brillante, pues participó en los sitios de Orán y Mazalquivir, en la conquista del Peñón de Vélez de la Gomera, en el bloqueo del río de Tetuán, en el socorro de Malta durante el gran asedio de 1565 y en la campaña de Túnez. Pero el episodio que consagró su nombre fue Lepanto, en 1571, donde mandó la reserva de la Liga Santa bajo don Juan de Austria, una posición que en la táctica naval de galeras del periodo resultaba decisiva: era la fuerza que se empleaba para explotar la ruptura de la línea enemiga o para tapar los huecos que se abrían en la propia. Bazán ya era, para entonces, uno de los comandantes de galeras más respetados de Europa.

Militar e innovador marino

Lo que distingue a Bazán de otros almirantes de su generación es que no se limitó a dominar la guerra de galeras mediterránea, sino que supo leer el cambio de escenario estratégico hacia el Atlántico y adaptarse a él con éxito. La prueba decisiva llegó en 1582 y 1583, durante la guerra de sucesión portuguesa. En la batalla de la Isla Terceira derrotó a una flota franco-portuguesa que apoyaba al pretendiente Antonio, prior de Crato, y al año siguiente completó la conquista de las Azores, la última resistencia armada a la anexión de Portugal por Felipe II.

Felipe II, por Juan Pantoja de la Cruz.

Fue una campaña de una escala considerable para la época –fuentes contemporáneas hablan de fuerzas hispanoportuguesas muy superiores en número de buques y hombres frente al bando del prior de Crato, pretendiente al trono portugués, que sufrió miles de bajas y capturas– y tiene un valor historiográfico particular: convirtió a Bazán en el único comandante naval de su siglo capaz de ganar batallas decisivas tanto al mando de galeras (Lepanto) como de galeones (Azores), es decir, en los dos sistemas de guerra naval que se disputaban la primacía táctica en ese momento de transición. Así lo subrayó ya en 1972 la tesis doctoral de William E. Matheny sobre Bazán, defendida en la Texas Christian University.

Antonio. Prior de Crato.

Historiadores navales españoles como Agustín Ramón Rodríguez González, que le ha dedicado estudios específicos dentro de su obra sobre la marina de los Austrias y la monografía publicada por Edaf que enseguida abordaremos, han insistido en otro aspecto menos conocido de su legado: Bazán fue también un innovador en el diseño y el empleo de los buques de guerra, y contribuyó de forma decisiva a popularizar el galeón como nave de combate en detrimento de tipos más antiguos, sentando bases que la Armada española explotaría durante generaciones. No fue solo un ejecutor de campañas, sino alguien con criterio propio sobre arquitectura naval y sobre cómo debía organizarse una fuerza oceánica permanente, algo poco habitual entre los mandos de su época, más volcados en la táctica inmediata que en la reflexión sobre medios.

Fue precisamente esa autoridad la que le llevó, en sus últimos años, a convertirse en el impulsor intelectual de la gran expedición contra Inglaterra. Bazán defendió ante Felipe II un plan ambicioso para la que sería la Armada de 1588, y estaba llamado a mandarla. Murió en Lisboa en febrero de ese mismo año, semanas antes de que la flota zarpara, y el mando recayó en el duque de Medina Sidonia, un noble sin experiencia naval comparable. La tradición historiográfica –y la leyenda popular, más que la historia estricta– ha especulado durante siglos con que su presencia al frente de la expedición habría cambiado el desenlace; es una hipótesis imposible de verificar, pero que dice mucho del prestigio que Bazán había acumulado en vida.

Murió, en definitiva, en la cúspide de su carrera y en vísperas de su mayor desafío, lo que ha dado a su figura un aire de héroe truncado que la historiografía posterior (desde el elogio coetáneo que le dedicó Gabriel Lobo Lasso de la Vega hasta los estudios modernos de Rodríguez González) se ha encargado de rescatar frente al peso abrumador que el desastre de la Armada Invencible ha ejercido sobre la memoria naval española del periodo.

Álvaro de Bazán. El Invicto.

En el V centenario de su nacimiento, el libro Álvaro de Bazán. El invicto, que ha publicado recientemente Desperta Ferro Ediciones, de la pluma del consagrado especialista en historia naval Guillermo Nicieza y acompañado por un espectacular aparato gráfico en el que destacan ilustraciones y mapas marca de la casa, rinde homenaje al genio táctico y consejero naval más clarividente de su tiempo, que, además, nunca pidió nada para sí mismo. Al contrario: puso su fortuna familiar en riesgo, repetidamente, para pagar tripulaciones y sufragar naves cuando el rey no tenía un ducado; lideró peligrosos desembarcos cuando otros no se atrevieron a hacerlo; salvó la galera Real mientras otros huían y alzó la voz cuando se quiso desmembrar la Liga Santa. En su lecho de muerte, anciano y enfermo, lo único que pidió fue más tiempo para ver su gran empresa, la Jornada de Inglaterra, terminada. La Fortuna, sin embargo, no quiso concederle este último deseo, pues dispuso que muriera como vivió: invicto.

Un libro que el mismo Arturo Pérez-Reverte, gran conocedor de la historiografía militar marítima, ha definido como: «Impresionante… El trabajo es excelente; y la edición, espléndida». Guillermo Nicieza es también autor de otro libro visualmente impresionante publicado por Desperta Ferro: Blas de Lezo. Una vida al servicio de España, publicado el pasado año 2025.

Álvaro de Bazán. Capitán General del mar Océano

Y también con motivo de la conmemoración de los 500 años de su nacimiento, la editorial Edaf, otro clásico del Pandemónium, recupera uno de los mejores libros de su excelso catálogo historiográfico: Álvaro de Bazán. Capitán General del mar Océano, de Agustín Rodríguez González, Doctor en Historia por la Universidad Complutense y académico correspondiente de la Real Academia de Historia, autor de más de una treintena de obra y poseedor de la Cruz del Mérito Naval con distintivo blanco, una de las personas que más saben sobre el personaje histórico.

Supuesto retrato de Cervantes.

Es excepcional en la Historia naval del mundo que un marino destaque al mando de buques tan distintos como galeones y galeras, en escenarios tan disímiles como el Mediterráneo y el Atlántico y contra enemigos tan variados como temibles. Es inusual que alguien brille igualmente tanto como gran táctico y estratega, como vencedor en batallas puramente navales y en operaciones anfibias, tan hábil en el mando directo de las fuerzas como aconsejando tan modesta como certeramente a sus superiores, tan eficaz como subordinado y como jefe supremo, como diseñador de nuevos modelos de buques y experto en logística, con valor personal en el combate y con la cabeza siempre fría, aparte de que fuera excelente diplomático y se preocupara del último de sus subordinados, hasta merecer el título de «padre de los soldados», que le dedicó Cervantes. 

Muchos grandes han tenido bastantes de esas capacidades y virtudes, lo que es verdaderamente excepcional es que las hayan reunido todas, como en el caso de Álvaro de Bazán. También es cierto que le tocó vivir en una época en que España y su Imperio estaban en fase ascendente, lo que podría rebajar sus méritos si no recordáramos que el ascenso se debió en no escasa medida a él personalmente: el freno a los corsarios franceses, la salvación de Malta, la decisiva victoria defensiva en Lepanto o la rápida y poco costosa anexión de Portugal, que convirtió a España en el mayor imperio oceánico que haya existido.