Low Integral 2

Norma Editorial publica el segundo volumen de la edición de lujo integral de Low, el cierre de la fantástica epopeya subacuática de Remender y Tocchini.

Óscar Herradón ©

Antes de que el alba nos queme, segundo tomo de Low, recopila los números 7 a 10 de la serie que Rick Remender y Greg Tocchini lanzaron en Image Comics en 2015, con Dave McCaig ya instalado en el color desde el octavo episodio. El planteamiento sigue siendo el mismo que sostenía el primer volumen: una humanidad refugiada en las profundidades del océano tras la expansión letal del sol, aferrada a la esperanza de que una sonda perdida traiga por fin las coordenadas de un mundo habitable. Pero este segundo tramo bifurca decididamente el relato, y ahí está su mayor logro y, a decir de los críticos, también su mayor fricción.

Por un lado sigue Stel Caine, empeñada en alcanzar la superficie junto a una tripulación nueva tras la muerte de Marik; por otro se abre, por primera vez con detenimiento, la historia de su hija Della, convertida en Ministra del Pensamiento en la gélida Segunda Ciudad, un régimen totalitario donde el arte y la esperanza son delitos capitales. La crítica angloparlante que siguió la serie por entregas señaló justamente ese giro como el corazón del tomo.

Un mundo que se apaga

La tensión entre fe y voluntad propia es la que atraviesa toda la serie según la recepción más amplia que ha ido consolidando Low con el tiempo. La crítica elogió desde el principio el arte de Tocchini por su asombro primigenio y silencioso, en palabras de Paste Magazine, mientras que IGN valoró la construcción de mundo compleja e intrigante de los autores junto a un trabajo de personajes preciso y emocional. Ese mismo tono se repite en los elogios que acompañan las ediciones posteriores de la serie, un mundo cargado de historia propia, normas sociales y resentimientos.

Formalmente, este segundo tomo es también el que cimenta la identidad visual definitiva de la serie: la salida de Tocchini como colorista y la llegada de McCaig marcan una paleta más contrastada, con los ocres y rojos de la Segunda Ciudad funcionando como contrapunto cromático al azul acuoso que domina las secuencias de Stel. Es una decisión editorial que ordena visualmente la doble narrativa y que, leída con perspectiva, resulta más eficaz que en el momento de su publicación por entregas, cuando el salto entre tramas podía sentirse abrupto.

Si el primer volumen de Low pecaba de cierta grandilocuencia discursiva en boca de Stel, este segundo tomo la matiza al introducir en Della un contrapunto más frío y calculado, y gana en esa fricción entre dos maneras de sobrevivir a un mundo que se apaga, evidenciando que la serie tenía más capas de las que el arranque dejaba entrever. Imprescindible.

El partido del siglo

Norma Editorial publica la historia del partido que el 26 de diciembre de 1920 jugaron las Dick, Kerr Ladies, contra el St. Helens Ladies en Goodison Park, ante una audiencia de unos cincuenta y tres mil espectadores. Una historia sobre la lucha de las mujeres por empoderarse, en el deporte y en una sociedad patriarcal.

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Liverpool, 1915. Con los hombres combatiendo en el frente, las mujeres ocupan los puestos de trabajo vacantes para mantener la producción de armamento. Pero las fábricas no son el único espacio en que las mujeres han reemplazado al hombre: también han saltado a los campos de fútbol, donde las Newton Ladies son reinas indiscutidas en todos los estadios. Inspirándose en la historia verídica de las legendarias Dick, Kerr’s Ladies, la guionista Julie Billault y el dibujante Seb Piquet recrean los orígenes del fútbol femenino en una novela gráfica que juega en otra liga: El partido del siglo.

Las Dick, Kerr’s Ladies eran un equipo de fútbol femenino que nació en 1917 entre las obreras de una fábrica de munición en Preston, Lancashire, que surgió casi por accidente. Según reconstruye el diario británico Morning Star, la plantilla se formó en 1917 tras un reto lanzado en el comedor de la fábrica por la obrera Grace Sibbert, después de que el equipo masculino de la empresa encadenara varias derrotas. Lo que empezó como una revancha interna se convirtió, en apenas tres años, en un fenómeno nacional: en su primer partido, el día de Navidad de 1917, ya reunieron diez mil espectadores en Deepdale, y en 1920 protagonizaron el que se considera el primer partido internacional femenino de la historia, una victoria 2-0 ante Francia seguida por veinticinco mil personas. La cifra de recaudación total a lo largo de su trayectoria, según Sports Gazette, ronda las ciento ochenta mil libras de la época destinadas a fines benéficos, principalmente para excombatientes de la Primera Guerra Mundial, una suma que equivaldría a más de diez millones de libras actuales.

Y como contrapunto a la determinación de estas mujeres, están aquellos hombres de traje y puro lanzando billetes al aire que se encuentran en las gradas, representantes del patriarcado y quienes realmente ostentaban entonces el poder: apenas un año después de aquel Boxing Day multitudinario, la Football Association prohibió a las mujeres jugar en los campos afiliados a clubes federados, una restricción que se mantuvo en vigor durante cincuenta años, hasta 1971. La excusa oficial, ampliamente citada en la prensa deportiva británica, fue que el fútbol resultaba «poco apto» para el cuerpo femenino; la razón de fondo, que historiadores del deporte han señalado repetidamente, tenía más que ver con la competencia que ese fútbol de mujeres, gratuito en entusiasmo popular, empezaba a suponerle al fútbol masculino profesional en año de posguerra. La imagen de la portada –el balón suspendido entre la humildad industrial de un lado y el cinismo del dinero del otro, que Norma reproduce del original en francés– no es una licencia dramática de los autores: es, casi literalmente, el resumen del proceso histórico.

Los 900 goles de Lily Parr

Dentro de ese relato hay además una figura que cualquier adaptación difícilmente puede dejar fuera: Lily Parr, la delantera del equipo, que llegó a la fábrica con apenas catorce años y que, según recoge el proyecto de patrimonio deportivo británico Sporting Heritage, marcó más de novecientos goles a lo largo de su carrera y sigue siendo, hasta hoy, la única futbolista incluida en el Salón de la Fama del Museo Nacional del Fútbol inglés. Es el tipo de personaje que en una novela gráfica de trazo caricaturesco –como sugiere el estilo de Seb Piquet, cercano a la línea satírica de tradición franco-belga– funciona como contrapeso humano a la abstracción de «la prohibición» o «la federación». Una joya gráfica.

Sin City Integral 5

Valores familiares es la quinta entrega de la reedición integral de este clásico de Frank Miller que Norma Editorial está publicando en tapa dura y gran formato, con nueva traducción de Hernán Migoya.

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Y este volumen llega en un momento extraño de la serie: después de cuatro entregas que consolidaron a Frank Miller como el gran estilista del noir en viñetas, esta entrega es, para buena parte de la crítica anglosajona y francesa, el primer bache serio del ciclo, aunque seguirá apasionando a fanáticos, y probablemente a neófitos –a los que sin embargo recomiendo comenzar por el principio–.

La historia recupera a Dwight McCarthy y a Miho, la asesina silenciosa aparecida en El gran masacre, y los lanza contra el clan mafioso de los Magliozzi tras un ajuste de cuentas que se cobra víctimas inocentes en el Viejo Barrio. Es una trama de deuda y desquite, rodada en una Basin City nevada que le regala a Miller algunas de sus estampas más bellas en blanco y negro, pero que avanza casi sin fricción: los villanos caen uno tras otro sin que el relato levante apenas tensión, lo que para gran parte de la crítica es el principal problema.

Lo que queda, entonces, es un episodio menor pero no desechable: más corto que los anteriores, con una trama que se resuelve casi por inercia, pero sostenido por el manejo del claroscuro que sigue siendo la firma de Miller, y por el gusto de ver a dos secundarios carismáticos llevando el peso de la función. Para quien sigue la colección de Norma pieza a pieza, funciona como una pausa entre los picos de la serie más que como una entrega imprescindible por derecho propio; para quien entra ahora al universo de Sin City, no es, insisto, el mejor punto de partida, pero la edición es tan fabulosa que ningún amante de los cómics que se precie puede dejarla escapar.

Y edición de lujo

Y es que, para el que no se conforme con el Integral, que ya es per se potente, puede disfrutar por obra y gracia de Norma de una nueva edición de lujo que presenta un nuevo formato a gran tamaño para disfrutar aún más del increíble arte de Frank Miller; encuadernación en tapa dura, cinta marcapáginas y cantos de página tintados de rojo metálico; una galería de cubierta y pinups de artistas como Jock, Milo Manara, Tanino Liberatore, Tula Lotay, Joëlle Jones y Bill Sienkiewicz; un portafolio con una lámina de la nueva ilustración de cubierta dibujada por Frank Miller y un cofre forrado en tela impresa con un nuevo diseño y el logo estampado. El precio no es precisamente de saldo (75 «aurelios») pero la edición lo merece.