Lecturas para una crisis sanitaria global (III)

Todo 2020 y lo que llevamos de 2021, con el coronavirus trastocando nuestras vidas y acabando con la de millones de personas indefensas, son numerosos los libros publicados sobre enfermedades y pandemias que han puesto en jaque a las civilizaciones desde tiempos inmemoriales, y la forma en que podemos hacerles frente, o al menos mantenerles el pulso. He aquí algunas de las más interesantes publicadas en castellano…

Óscar Herradón ©

Mascarillas para la gripe de 1918

Llevamos ya un larguísimo año y medio sumidos en una pandemia mortífera, una pesada carga sobre nuestras espaldas, las de toda una humanidad que se ha visto vulnerada y vulnerable –al margen de posiciones, clases y privilegios– en lo que podríamos denominar «la democracia de la enfermedad». Y aunque algunos retorcidos hablen de una especie de «justicia divina», ser «iguales» en algo tan trágico no es ni mucho menos para celebrar: cuando escribo estas líneas se contabilizan en nuestro mundo casi cuatro millones de muertes de seres humanos, según cifras oficiales (cuando escribí la segunda parte de este post en «Dentro del Pandemónium», en febrero, eran dos millones. Escalofriante lo que ha aumentado en cuatro meses). Las «no oficiales», las no contadas, si es que algún día las conocemos, cosa difícil, serán mucho más estremecedoras. Personas con sus historias, sus amores, sus desventuras y sus familias.

Casi inmunizados ante las estadísticas –tras las que, reitero, hay personas de carne y hueso, cosa que tantas veces olvidamos– y habiéndonos familiarizado con términos como confinamiento, PCRs, test de antígenos, cuarentena o curva de contagios, y ya con una gran parte de la población vacunada, al menos con una dosis, y un porcentaje importante con la pauta completa (en España y el resto de países «ricos»; el Tercer Mundo siempre va en tercer lugar, también en salud, por mucho que se hable de alcanzar la inmunidad de rebaño a escala planetaria, para lo que necesitan ser vacunados todos los países), se han publicado numerosos libros sobre la pandemia. Algunos buenos y otros no tanto, unos reveladores y otros inocuos, también sobre otras enfermedades que atenazaron al hombre anteriormente (la peste, el cólera, el SIDA…) y acerca de las múltiples conspiraciones que rodean al dichoso «bichito» al que desde estas humildes líneas deseo la peor y más pronta de las muertes.

Libros que puede dar pereza comenzar a leer precisamente por ese hartazgo con el (o la) Covid-19, la enfermedad y la desolación, la crisis y los ERTEs, el quita y pon de las mascarillas (el próximo sábado no será obligatorio usarla en espacios al aire libre, salvo en aquellos lugares donde no se pueda guardar la distancia de seguridad. Veamos qué nos depara tal medida), pero que animo humildemente a hacer –los buenos, claro– precisamente porque arrojan luz sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, nos ilustran sobre qué hay de verdad detrás de esta crisis sanitaria mundial –desmontando así numerosas hipótesis negacionistas por un lado, conformistas por otro– y alumbrándonos no solo sobre lo débiles que podemos ser, también sobre nuestra fuerza y cómo superar escenarios a los que generaciones anteriores ya se enfrentaron, con mayor o menos acierto. Y superaron.

Continúo con las sugerentes novedades sobre los títulos más notables publicados en castellano (no quiero ni imaginar a nivel planetario cuánto papel se ha gastado en dicha temática), libros que obligan cuando la actualidad –en este caso trágica– se impone sobre todas las cosas.

BREAKING NEWS!

Recientemente, la editorial Taurus publicaba el libro El día después de las grandes epidemias. De la peste bubónica al coronavirus. Hace unos meses, en plena pandemia, dedicamos en «Dentro del Pandemónium» un amplio post a la Muerte Negra y cómo los hombres del siglo XIV tuvieron que hacer frente a una situación muy similar a la que nos tocó vivir en 2020, aunque sin apenas desarrollo de la medicina, un desconocimiento absoluto de los virus y las bacterias (entonces se creía que las ratas eran las culpables de la infección, cuando realmente solo eran el recipiente y su vehículo de transmisión: el de la bacteria Yersinia Pestis, que no sería descubierta hasta finales del siglo XIX). No hay datos consensuados sobre la mortandad que causó aquella pandemia (a la que seguirían otras, como la del cólera, la Gripe mal llamada española de 1918), pero se estima que la Peste Bubónica acabó con la vida de entre un 40 y 60% de la población europea, dependiendo de las regiones. Hay autores que hablan de 200 millones de muertos. Ahí es nada.

Aunque las cifras sean mucho menores, lo que no sirve para reconfortarnos tantos siglos después, con el Covid el hombre volvió a sentirse igual de desamparado que entonces. Y surgieron, como en tiempos de procesiones de flagelantes, agoreros y profetas, personas cuyo discurso encajaba mejor con la mentalidad del hombre del medievo que con la del hombre contemporáneo: afirmaban que las manos de la Virgen eran inmaculadas, y estaban exentas del «bicho», así como que la ingesta de agua de coco o del fármaco hidroxicloroquina, e incluso desinfectante  –cosa que insinuó el mismísimo señor Trump cuando ocupaba el Despacho Oval– contrarrestaba sus efectos, o directamente lo curaba. Y es que lo que sucede, como reza el título, «el día después» de las grandes epidemias, suele ser el caos, la incertidumbre, y la expansión de información errónea y alarmista. Sin embargo, también desemboca en grandes cambios sociales, la mayoría positivos (esperemos que ahora suceda lo mismo).

El libro viene firmado por uno de los mayores expertos en la Edad Media, el historiador José Enrique Ruiz-Domènec, quien nos invita a echar un vistazo al pasado (repleto de historias sorprendentes y miles de curiosidades) para entender cómo es nuestra nueva realidad tras el impacto del coronavirus en nuestras vidas. Y sí, estas graves crisis sanitarias suelen provocar cambios drásticos en las sociedades: a la plaga que asoló el imperio bizantino bajo el cetro de Justiniano y Teodora siguieron el primer esplendor del islam y el nacimiento de lo que acabaría siendo Europa. De la Peste Negra del siglo XIV, devastadora, nada menos que el Renacimiento. En pleno siglo XVII, las pestilencias llevaron al Viejo Continente al borde del colapso, pero el espíritu revolucionario impulsó un nuevo mundo, ilustrado y más justo. La epidemia de la que nos culparon injustamente al final de la Gran Guerra, en 1918, exigió una acción guiada por el conocimiento científico, artístico y literario que nos acercó a la modernidad en la etapa de Entreguerras (frenada, por desgracia, por el auge de los totalitarismos).

¿Seremos capaces de afrontar de forma positiva las dificultades, tomando estos modelos históricos, y de vencer, una vez más, a una gran epidemia? Sin duda. Aunque los costes por el camino son –han sido– y serán enormes. Para adquirir este genial ensayo, pinchar en el siguiente link:

https://www.penguinlibros.com/es/ciencia-y-tecnologia/38926-el-dia-despues-de-las-grandes-epidemias-9788430623785

VACUNAS (Capitán Swing)

Ahora que estamos en plena vacunación a contrarreloj, con nada menos que cuatro vacunas aprobadas en Europa ­–Janssen, Moderna, AstraZeneca y Pfizer–, y otras tantas en el mundo, a la vez que otros sueros están en periodo de prueba (precisamente ayer se anunció que el Premio Princesa de Asturias de Investigación 2021 iría a los creadores de la vacuna contra el Covid-19), con la consiguiente esperanza y a la vez ciertas dudas que generan entre la población, para combatir el desconocimiento nada mejor que sumergirnos en las páginas de una de las últimas y más sugerentes (por controvertida y reveladora) novedades de la editorial Capitán Swing: Vacunas. Verdades, mentiras y controversia.

Una sacudida a los negacionistas para los que toda vacuna es dañina, y que son un peligro (ellos, no los sueros) para la salud de todo el planeta, pero también a los pro-vacunas a costa de todo, que obvian los problemas derivados de algunas de ellas, algo de lo que se queja parte de la comunidad científica, muchas veces silenciada, como afirma que le sucedió al propio autor. Y es una voz autorizada, no un «vendehúmos» de esos hoy tan presentes en la comunidad cibernética: nada menos que especialista e investigador en Medicina Interna, es profesor de la Universidad de Copenhague en Análisis y Diseño de Investigación (así como renombrado investigador en terapias farmacológicas, técnicas de tratamiento y prevención de salud), el danés Peter C. Gotzsche.

No está exento de polémica, pues es abiertamente crítico con la industria farmacéutica, que se las trae, y a la que acusa de manipular sistemáticamente a su favor los resultados e influir en los médicos e investigadores (pensemos, por ejemplo, en las medidas que la Unión Europea tomó recientemente contra compañía creadora de la vacuna de AstraZeneca). En julio de 2018, Gotzsche llevó adelante el desafío de firmar, junto a otros dos investigadores, una crítica a los resultados publicados por Cochrane sobre la eficacia real de la vacuna contra el papilomavirus humano, lo que provocó que la junta directiva de esta organización sin ánimo de lucro que reúne a expertos que supuestamente aplican un riguroso y sistemático proceso de revisión de las intervenciones en salud, acordase una moción que provocaría su expulsión. No obstante, es un reputado profesional que ha publicado más de setenta y cinco artículos en revistas científico-médicas de importancia capital como Lancet, BMJ, JAMA, Annals of Internal Medicine y New England Journal of Medicine.

La lectura de este trabajo: que las vacunas, por lo general, salvan vidas, muchas, y son necesarias, pero en casos concretos (enfermedades con nombre y apellido pero que nada tienen que ver con el coronavirus) generan no pocos problemas en diversos grupos de población, lo que debería abrir sin duda un debate sobre su idoneidad. Un ensayo clarificador, valiente, polémico y, sobre todo, realmente interesante y de fácil lectura para el público que, como servidor, apenas tenga conocimientos médicos ni farmacológicos. He aquí la forma de adquirirlo:

ESTADO DE ALARMA (Valdemar)

Y si aún nos quedan ganas de oír hablar de virus, confinamientos, hecatombes y científicos locos, y queremos pasar un rato de entretenimiento puro y duro, pura ficción (por mucho que ésta sea la mayor parte de las veces superada por la propia realidad, mucho más terrible) , nada mejor que sumergirnos en las páginas de un tomo cuyo título habla por sí solo: Estado de Alarma. Antología de Relatos para un Confinamiento, publicado recientemente por la editorial amiga Valdemar, responsable cada año de algunos de los mejores títulos en castellano del mercado, principalmente en lo que a literatura oscura se refiere. Supongo que todos la conocéis, pero si no, sumergiros YA en su colección Gótica, el mayor catálogo de libros de horror y misterio en la lengua de Cervantes.

Pues bien, en este pequeño gran volumen en tapa dura, son varios los autores que forman parte de una compilación que surgió precisamente cuando, en marzo de 2020, gobiernos de medio mundo (entre ellos el nuestro), decretaron el confinamiento inmediato de toda la población por la propagación incontrolada de un virus desconocido de origen chino cuyos primeros estragos tuvieron lugar en la ciudad entonces blindada de Wuhan. En aquellos meses de inquietud, zozobra, miedo con todas sus letras, y esperanza dentro de la tragedia, la editorial Valdemar decidió ofrecer una interesante vía de escape para aquellos que estábamos retenidos –por imperativo de la situación– en nuestras casas: colgó un relato diario en Facebook. Aquel fue el singular –y gratificante– origen de esta antología conformada por 23 historias relacionadas de una u otra forma con la surrealista situación vivida por todos nosotros, como si estuviésemos dentro del argumento de una cinta de catástrofe sanitaria terrorífica a lo Estallido o Contagio.

En las páginas de Estado de Alarma encontraréis relatos que ponen los pelos de punta y que tienen como telón de fondo antiguas pandemias; tal es el caso de «El sótano de la peste», de Stevenson o«La máscara de la muerte roja», del maestro Poe; también sobre guetos generados por hipotéticas pandemias del futuro, visiones distópicas como «Inercia» de Nancy Kress, o sobre terribles enfermedades contagiosas –en este caso ficticias, lo cual es todo un alivio– como «Una voz en la noche», de William Hope Hodgson –Valdemar dispone de un gran catálogo de su obra–; e incluso sobre el abandono de las residencia de mayores, una trágica realidad que nos golpeó a todos en las narices mostrando cómo las personas que habían levantado el cómodo mundo sobre el que hoy muchos nos movemos (por desgracia, miles de millones de personas NO), eran olvidadas y dejadas de lado. Es el caso del conmovedor y punzante relato de Emilio Bueso «La próxima vez que se desate la tormenta del infinito sobre nosotros». He aquí el enlace para adquirir este fabuloso volumen de obligada lectura:

http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=910

Aerosmith: el Ave Fénix del Hard Rock

Fueron –son– unas de las grandes bandas de AOR (Adult Oriented Rock), o simplemente de Hard Rock, de los 70, y aunque más de una, dos y tres veces parecía que, a causa de sus excesos y egos, desaparecerían, volvieron a remontar el vuelo, reconvirtiéndose en los 90 en megaestrellas cuyas canciones (léase «Crying», «Crazy», «Eat the rich» o « I don’t want to miss a thing») tarareó toda una generación (la mía) y la siguiente.

Óscar Herradón ©

Y aún hoy, ya septuagenarios, continúan, como sus admirados maestros los Stones, sobre los escenarios, haciendo lo mejor que saben hacer, aunque sin ser ya esos «malos» del rock que en la línea de bandas como The Black Crowes o Mötley Crüe casi acaba con ellos, lo que les ha permitido seguir en activo y con billetes en el bolsillo.

La última controversia la vivieron justo antes de la pandemia, a comienzos de 2020, cuando comunicaron que echaban de la banda a su batería, Joey Kramer, al parecer, por no entregarse a su trabajo como debía, hecho por el que éste los demandó. Demasiados años en la carretera, juntos y revueltos. Kramer fue miembro fundador de Aerosmith y, de hecho, en sus memorias, se atribuye la idea del nombre, que se le ocurrió dos años antes de la formación de la banda,  en 1968, mientras escuchaba el álbum de Harry Nilsson Aerial Ballet. Eligieron el que los llevaría a lo más alto del Billboard descartando otros como The Bananas, Stit Jane y Spike Jones.

Y es que cuando se refiere a rock stars, contratos millonarios y mucho glamour, los problemas entre los integrantes suelen aflorar más pronto que tarde (ahí tenemos el ejemplo de Black Sabbath, Pink Floyd, Guns N’ Roses y un largo etcétera). Hubo un tiempo en que el cantante, Steven Tyler, y el guitarrista, Joey Perry, engrosaron las listas de los personajes más problemáticos de la escena. No en vano, no tardaron en ser conocidos como «los gemelos tóxicos» (The Toxic Twins), en alusión tanto a la sensación que generaba estar a su lado como por la dependencia que desarrollaron a múltiples sustancias prohibidas.

Con más éxito que ninguna otra banda americana de su tiempo, los egos y los excesos los tenían sumidos en las tinieblas. Sus muchos hábitos empezaron a ser un problema a raíz del éxito de uno de sus mejores álbumes, Toys in the Attic, publicado en 1975. En la gira del álbum Tyler comenzó a mezclar un peligroso cóctel de sustancias ilegales (cocaína, ácido, marihuana…) y también drogas legales (barbitúricos y alcohol. Mala mezcla, si no que se lo digan a Judy Garland…).

Según quienes le frecuentaban entonces, se volvió un tipo violento e intratable. Una superestrella endiosada a la par que colgada. Por su parte, Joe Perry tardó algo más que su colega en seguir sus pasos, aunque no demasiado y durante la grabación del siguiente disco de estudio, Rocks (su álbum más aclamado), se hizo adicto a la heroína, como otros grandes rockeros (Joplin, Hendrix o Keith Richards, y, ya en la década de los 90, Kurt Cobain o Laney Staley, entre otros muchos).

Los años no pasan en balde, ni siquiera para las rock-stars

Entonces tenían una legión de groupies siguiéndolos a cada paso y camellos por todas partes, todo ello en una proporción igual o mayor a los ensayos y a los conciertos. Eran los 70, y la policía no se andaba con chiquitas; al parecer, los miembros de la banda (que se ganaron el apelativo de «los chicos malos de Boston»), paranoicos por sus dependencias y asustados de ser descubiertos por las autoridades, camuflaban los estupefacientes en cualquier sitio: en los dobladillos de las camisetas, los pases de backstage e, incluso, en el agujero del culo… Sin comentarios. Así lo contaba con su habitual ironía el decano periodista musical César Martín, al frente de la legendaria revista Popular 1 desde hace décadas en su mítica sección «No me judas, satanás», que ahora recupera en forma de libro.

Según confesaría años más tarde un rehabilitado y expresivo Steven Tyler, era quien más dependencia sentía por las sustancias prohibidas y salía al escenario con su voz rasgada, cubierto de fulares y pañuelos llenos de pastillas escondidas porque necesitaba «sentirlas y tocarlas». Y aún así seguían haciendo gloriosos directos y deleitando a su legión de fans (generalmente femeninas) a pesar de que las prensa especializada se empeñase en afirmar que eran una copia «burda y barata» de los Rolling Stones.

Aquello era algo en lo que muchos periodistas no estaban de acuerdo, pero mandaba quien mandaba, y aquellas palabras las dijo nada menos que la decana revista Rolling Stone, que a principios de los 70 no titubeó al calificarlos de «basura», una animadversión que se incrementaría con los años, incluso con las décadas, hasta firmar la pipa de la paz. Fueron sus periodistas los primeros en tildarlos de mala imitación de los Rolling, lastre que los AERO arrastrarían durante toda su carrera.

Steven Tyler y Axl Rose, complicidad rockera

Sin embargo, según apunta el divulgador musical Eduardo Izquierdo, en Boston los medios sí fueron unánimes con el grupo, en parte porque la ciudad estaba necesitada de un referente musical. Un grupo fresco, dominado por un excéntrico cantante que rebosaba personalidad y que parecía tener dentro el baile de San Vito. Que aullaba, gritaba, saltaba y sobre todo cantaba como pocos (será una de las grandes influencias del inquieto frontman de Guns N’ Roses, Axl Rose, de tiempos mejores, se entiende, cuando recorría de punta a punta el escenario como si tuviera alas…).

Made in Europe

Para ser recordado, Tyler necesitaba un elemento distintivo, algo que le diferenciase de los demás cantantes de rock, y eligió colgar un pañuelo vaporoso del pie de micrófono, imagen que sería indisoluble ya de la suya propia, con el cuello plagado de pañuelos estrambóticos. A pesar de las críticas sobre su música de gran parte de la industria, siguieron a todo tren, y tras años girando con éxito por los Estados Unidos, su salto a Europa fue un verdadero fracaso. A ello se sumaban sus excesos y su gusto por destrozar los hoteles por los que pasaban, algo que acostumbrarían a hacer años más tarde los también colgados Mötley Crüe. Tras un concierto en el Hammersmith Odeon que pasó casi desapercibido, pues a los ingleses, cuna de sus héroes los Stones, Cream o los Yardbirds, no les gustaba nada su estilo, Tyler y su por entonces compañera, la supergroupie Bebe Buell (madre de su hija Liv Tyler y quien compartió cama también con otras estrellas como el icono punk Stiv Bators), destrozaron uno de los camerinos del Hammersmith, ganándose unos cuantos enemigos e incrementando su fama de tipos malos.

En Japón la cosa fue algo mejor, al menos en lo que a público se refiere, pero Steven y Joe, Joe y Steven, los «gemelos tóxicos», tras enojarse con su productor en Asia por no cocinarles –dicen– un pato asado a su gusto, destrozaron el camerino, lo que les impidió volver al país del Sol Naciente durante unos cuantos años. Además, exigían todo tipo de sustancias prohibidas, comidas selectas, vinos de precios desorbitados, alfombras aterciopeladas en los camerinos… que después destrozaban y costaban una fortuna a la discográfica. Vamos, el grupo acabaría siendo la principal inspiración del documental de ficción paródico This is The Spinal Tap, dirigido en 1984 por Rob Reiner. Un golpe al estómago de Steven Tyler.

Este post tendrá una inminente y eléctrica continuación en «Dentro del Pandemónium».

PARA SABER ALGO (MUCHO) MÁS:

Red Book Ediciones, a través de Ma Non Troppo, uno de los sellos editoriales más volcados en la edición de libros de música (principalmente de mi amado rock) publicó recientemente el libro más completo hasta la fecha en castellano (y actualizado) sobre la banda comandada por Steven Tyler y Joe Perry hace la friolera de medio siglo. En Aerosmith, con una potente imagen de portada que precisamente retrata a los «Toxic Brothers» en pleno y potente directo, el periodista musical Eduardo Izquierdo, autor de importantes volúmenes sobre rock como Jim Morrison y The Doors (también editada por Ma Non Troppo), excelente crónica de los californianos, es su autor. Y sabe bien de lo que habla, no en vano lleva una larga trayectoria como colaborador de revistas como Ruta 66, Mondosonoro, Efe Eme o Rock On: realiza un exhaustivo y muy ameno recorrido por la turbulenta historia de los chicos malos de Boston. Sin obviar sus excesos y escándalos, el libro hace un minucioso recorrido por lo más importante, su música, sus inicios, influencias, sus letras y discos más memorables (sin olvidar los fallidos), y es que, como dice el autor, los fantasmas de Aerosmith no dejan de perseguirles, pero sus canciones están más vivas que nunca. Toda su historia en el siguiente enlace:

Seres espectrales del viejo Japón

Edelvives publica el nuevo trabajo del genial artista francés Benjamin Lacombe, la adaptación gráfica de varios relatos del escritor y orientalista británico Lafcadio Hearn (1850-1904), un paseo por lo intangible a través de un amplio abanico de seres espectrales de la tradición asiática: Espíritus y criaturas de Japón.

Óscar Herradón ©

Descubrí la prosa de Lafcardio Hearn gracias a una de las editoriales españolas fundamentales de la literatura fantástica y de terror, Valdemar. Fue a través de uno de los volúmenes de su colección gótica, sin ánimo de menospreciar a nada ni a nadie, probablemente el mejor y más completo compendio de literatura oscura publicado en la lengua de Cervantes, abanico de autores y obras gloriosas que aumentan cada año (no tardaremos en bucear en algunos de sus emblemáticos títulos en Dentro del Pandemónium). El volumen en cuestión era Kwaidan. Y otras leyendas y cuentos fantásticos de Japón, con prólogo de mi admirado Jesús Palacios, a quien tuve la oportunidad de entrevistar en su casa en 2005 con motivo del lanzamiento de su libro Hanussen. El Mago de Hitler, que publicó Oberón. Y teniendo en cuenta que las traducciones de dicha editorial son de las mejores, supe que, una vez más, serían fieles a la esencia del original. Fue leerlo, y caer rendido a los pies de Hearn, al que, como tantas veces me ocurre, descubrí tarde (pero a tiempo –espero–).

Pues bien, otra editorial que cuida sus lanzamientos con mimo, la mayoría enfocados al público infantil y juvenil, es Edelvives, y hace unas semanas volví a toparme con Hearn entre sus novedades, en este caso en una preciosa edición ilustrada por Benjamin Lacombe, al que llevaba tiempo siguiendo la pista, pues no es la primera vez que da vida con sus dibujos a la obra del británico. El resultado de la combinación del horror fantástico nipón de Hearn con el colorismo de Lacombe no podía ser más envolvente y magnético, como si hubiesen estado siempre a la espera de fusionarse, aun a pesar de compartir tiempos y lugares muy diferentes. El título en cuestión es Espíritus y criaturas de Japón, nueve relatos basados en la rica, mágica y también oscura mitología del viejo Japón a los que Lacombe pone rostro. Parar de leer es, como me sucedió con Kwaidan, tarea harto imposible. Este volumen sigue a la publicación hace unos meses de Historias de Fantasmas de Japón, también con prosa de Hearn y trazo de Lacombe.

Benjamin Lacombe, colores oníricos

El joven ilustrador y autor francés Benjamin Lacombe (1982) es uno de los máximos representantes de la nueva ilustración francesa, con un arte hipnótico que, acompañado de los textos de Hearn o Poe, pero también de Lewis Carrol o Prosper Mérimee, entre otros, se convierte en una experiencia casi metafísica para aquel que fija la retina en sus imágenes.

Lacombe

Entre las fuentes de inspiración del artista galo se encuentran desde los Prerrafaelistas y el Quattrocento italiano a los primeros pintores flamencos, pero también artistas más contemporáneos como Tod Browning y su universo de «monstruos» humanos plasmados en la visionaria La Parada de los Montruos (Freaks, 1932), el universo gótico de Tim Burton (declarado deudor también de Browning), Fritz Lang y su distópica Metrópolis, pionera en el género de la ciencia ficción en la gran pantalla, Ray Harryhausen y su stop motion, David LaChapelle o Diane Arbus.

Aunque posee un amplio catálogo de obras enfocadas al público juvenil, como las adaptaciones de las dos Alicias de Carroll, ha triunfado con obras para adultos como la citada Espíritus y criaturas de Japón o la «reversión» de los Cuentos Macabros de Edgar Allan Poe en dos volúmenes, con traducciones de Julio Cortázar, ambos publicados en castellano por Edelvives en dos ediciones de infarto, y también la adaptación de Nuestra Señora de París con texto íntegro de Víctor Hugo, que ha cosechado un gran éxito en su edición española, hasta el punto de agotarse.

Con su tono preciosista, imbuido del estilo gótico y caricaturesco de personajes burtonianos de rostros porcelanosos (que parecen a punto de romperse) y grandes ojos melancólicos (sin duda deudores de otra gran influencia del creador de Bitelchús o Eduardo Manostijeras: Margaret Keane, que sirvió de inspiración a su película de 2014 Big Eyes), sus dibujos están llenos de juegos visuales casi oníricos que invitan a la introspección, y que quedan grabados a fuego en nuestra memoria. He aquí el catálogo completo de su rompedora obra en la web de Edelvives:

https://www.edelvives.com/es/info/benjamin-lacombe

SATORI EDICIONES: AMOR POR JAPÓN Y SU CULTURA

Y si lo que queremos es profundizar en todo ese imaginario terrible que cautivó a Lafcadio Hearn, nada mejor que sumergirnos en las páginas de algunos títulos de Satori Ediciones, una editorial que ama Japón y publica lo mejor que llega desde el imperio del sol naciente. En otro post profundizaré en algunos de sus títulos sobre seres terroríficos de la cultura nipona que me han hecho pasar más de una noche en vela, pero de momento recomiendo un par de novedades prodigiosas:

MUSEO YOKAI. LA COLECCIÓN YUMOTO KOICHI

Este formidable volumen, hermosamente ilustrado a todo color, nos descubre a las criaturas más fascinante de la cultura japonesa de manera amena y muy documentada, apoyada en un material visual que corta el aliento: la colección Yumoto Koichi, que atesara unas 3.000 piezas y constituye la mayor muestra dedicada a objetos relacionados con los yokai del mundo. Se puede visitar en el Miyoshi Mononoke Museum, que abrió sus puertas en abril de 2019. La colección debe su nombre a Yumoto Koichi (1950), ex director del departamento de conservación del Museo de la Ciudad de Kawasaki, un incansable buscador e investigador de este fascinante campo de la mitología japonesa.

Los yokai (espectro, espíritu o demonio) pueblan el folclore japonés, y son una amplia variedad de monstruos y seres sobrenaturales. Han servido de inspiración y tema recurrente en el arte nipón desde el siglo XVII hasta la actualidad debido a sus formas únicas y sus infinitas posibilidades creativas. La Colección Yumoto Koichi incluye desde rollos ilustrado e-maki, dibujos policromados nishiki-e y todo tipo de libros (algunos rarísimos), hasta kimonos, fajines obi, colgantes, fundas para dagas y numerosos objetos de la vida cotidiana. Se incluyen también documentos del periodo Edo (1603-1868) –también conocido como periodo Tokugawa–, uno de los más florecientes de Japón.

Se cuenta con detalle su historia y se muestra un gran número de sus objetos en el volumen editado por Satori, a través del cual podemos conocer las criaturas sobrenaturales de su rico folclore a través del arte. He aquí la forma de adquirirlo en papel en su web:

https://satoriediciones.com/libros/museo-yokai/

VISIONES DEL MAL EN JAPÓN

Para profundizar aún más en este rico tapiz de seres mitológicos y terroríficos, de mano de Satori también tenemos Visiones del mal en Japón. Fantasmas, demonios y yokai en las obras maestras del ukiyo-e, que ya destacamos en su momento en las páginas de Año/Cero-Enigmas, una recopilación escalofriante de seres sobrenaturales representados en las obras más importantes del grabado japonés, con excelentes reproducciones a todo color de más de 120 grabados, el mejor complemento para el citado título Museo Yokai.

El libro presenta las ilustraciones más icónicas y espectaculares de yurei (espectros), oni (demonios), kaijin (hechiceros) y yokai (monstruos sobrenaturales) acompañadas de una introducción básica a la historia de cada criatura. Una imagen clara y aterradora del mundo de las sombras japonés, cuyos seres sobrenaturales han pervivido a lo largo de los siglos e influenciado numerosos géneros artísticos, incluidos el manga y los videojuegos. He aquí el enlace para adquirirlo (no os arrepentiréis):

https://satoriediciones.com/libros/visiones-del-mal-en-japon/

ENCICLOPEDIA YOKAI

Y si todavía alguien se queda con ganas de más (lo que no sería raro), Satori también publicó hace tiempo los dos volumenes de la Enciclopedia Yokai, la obra maestra del genio del manga Shigeru Mizuki de la que también nos hicimos eco en las páginas de la revista, en unas ediciones profusamente ilustradas.