Un siglo de España en carteles de propaganda

Ángela Suau Gomila y Carlos Velasco Murviedro reúnen en un álbum de gran formato ochenta años de cartelismo público español, desde las campañas higienistas de la Restauración hasta la autocelebración franquista de 1964. Es un libro con ambición documental y un corpus poco visto cuyo mayor acierto es mirar más allá del mitin y la trinchera.

Óscar Herradón ©

Carteles Españoles. Propaganda política 1880-1964, forma parte de la colección «Atlas Ilustrado» de Susaeta, tiene 256 páginas, un formato de 27 por 23 centímetros y casi 1,8 kilos de peso. Su precio es de 19,95 euros, muy contenido para lo que ofrece. Detrás se encuentra la colección de Carlos Velasco, economista y profesor jubilado de la UNED, que dedicó parte de su carrera a reunir y estudiar cartelería de finales del XIX y principios del XX. La colección ronda las 10.000 piezas y ha sido estudiada por un equipo en el que figura Suau, responsable de La Retrografía, una iniciativa de difusión y formación sobre el cartel español.

La propaganda como higiene pública

La sorpresa llega al abrir el libro. En el bloque «Salud y trabajo», el capítulo «Campaña genérica» empareja dos piezas decimonónicas. La primera es El alcohol envenena lentamente, fechada en 1880, que advierte en viñetas sobre los males del alcoholismo. La segunda es ¿Es necesario el aseo de la dentadura?, una cartulina litografiada que los autores fechan en 1890 y atribuyen a Litografías Mateu de Madrid. Esta última es una deliciosa pedagogía visual de rostros sanos frente a bocas arruinadas.

Esta elección redefine el título. Para Suau y Velasco, la propaganda política no se limita a los partidos y los bandos, sino que abarca todo mensaje con el que el poder público o las élites profesionales quisieron moldear la conducta de la población. Es una concepción cercana a la de los historiadores de la biopolítica y del higienismo, y resulta mucho más fértil que la habitual. El libro puede leerse como historia del Estado educador, no solo del Estado combatiente. Esto encaja con la declaración de intenciones de Suau, que busca reivindicar el cartel como fuente histórica y no simplemente como pieza artística.

Del «higienismo» decimonónico al Auxilio Social

La tradición europea respalda el enfoque. Max Gallo ya defendió en L’affiche, miroir de l’histoire (1973) que el cartel es un espejo de su tiempo antes que un objeto estético. Para el caso español, Jordana Mendelson mostró en Documenting Spain (2005) cómo la imagen gráfica sirvió para construir un proyecto de nación moderna. Sus análisis de las campañas culturales y sanitarias republicanas son el antecedente natural de estas páginas.

Auxilio Social. ¡Flecha! 1937.

La estructura temática permite comparar campañas de épocas distintas. El cierre en los «25 años de paz» de 1964 tiene lógica, porque fue la última gran operación de cartelería oficial antes de que la televisión tomara el relevo. Aun así, deja al régimen con la última palabra. Entre medias caben la dictadura de Primo de Rivera, la República y la Guerra Civil, en la que partidos y sindicatos produjeron más carteles que el Estado. El planteamiento higienista del libro invita a preguntarse cómo se entienden las continuidades entre las campañas sanitarias republicanas y las del Auxilio Social franquista.

Frente a La guerra civil en 2000 carteles, de Jordi Carulla, este volumen gana en amplitud y en originalidad temática. Frente a los catálogos de exposición, gana en precio y en material inédito. Es muy recomendable como fuente visual y como historia de la comunicación pública española, no solo de su propaganda bélica.