La Esfera de los Libros publicó este 2026 este ensayo divulgativo, con el que el profesor e historiador madrileño amplía el trabajo que viene desarrollando desde 2020 en su proyecto de divulgación «Voces de Bronce y Hierro», dedicado a los pueblos prerromanos de la península y ya conocido por libros anteriores como La Bicha de Balazote y el Más Allá de los íberos.
Figuras oferentes. Cerro de los Santos (Albacete).
La tesis central del libro es sencilla y, a la vez, poco explotada hasta ahora: de todos los pueblos que habitaron la Península antes de la llegada de Roma, solo los íberos del sur tallaron en piedra a sus mujeres aristócratas, y además durante una ventana temporal muy breve. De la Cruz Martín reconstruye, yacimiento a yacimiento, desde la Prehistoria hasta la Edad del Hierro, ese universo funerario y religioso en el que la mujer ocupaba parcelas de poder que la historiografía tradicional tardó en reconocer. El libro, como decimos, viene ilustrado por la arqueóloga Silvia Martínez Amorós, un añadido que en este tipo de ensayo visual no es mero adorno o aderezo de la edición sino parte del argumento, dado que buena parte de lo que se sabe de estas mujeres se deduce de la estatuaria.
Las «damas» ibéricas
La pieza que abre y cierra cualquier conversación sobre este tema es, inevitablemente, la Dama de Elche: unos labradores la desenterraron por casualidad en 1897 en La Alcudia, y su busto de caliza acabó primero en el Louvre antes de que el franquismo reclamara su devolución en 1940 como símbolo de la «raza ibera», instalándola en el Prado hasta que en 1971 pasó al Museo Arqueológico Nacional. Durante la ocupación nazi de París estuvo incluso escondida junto a otras piezas del patrimonio español que habían quedado varadas en Francia. Y no todo es unanimidad: en 1995 el historiador del arte estadounidense John F. Moffitt llegó a sostener que se trataba de una falsificación decimonónica, atribuida a un falsario de la zona levantina, en una época en la que efectivamente existía un negocio próspero de imitaciones arqueológicas. No era así.
Dama de Baza.
Menos conocida, pero igual de fascinante, es la Dama de Baza, hallada intacta en 1971 en la tumba 155 de la necrópolis granadina de Basti: una urna funeraria con forma de mujer sentada en un trono alado, rodeada de armas, algo que en su momento desmontó el prejuicio de que las sepulturas con armamento eran necesariamente masculinas. Los análisis óseos revelaron que se trataba de una mujer de entre veinte y treinta años, sin patología conocida, y todavía se discute si la escultura representaba a una divinidad, una sacerdotisa o una aristócrata real.
Monumento de Pozo Moro.
A ella se suman otras «damas» menos célebres –las de Porcuna, Cabezo Lucero o Pozo Moro– que completan ese pequeño catálogo escultórico único en la Europa de la época. Y hay un detalle casi folclórico que De la Cruz Martín rescata en la línea de la propia tesis del libro: en algunas comunidades íberas las mujeres competían tejiendo telas durante fiestas rituales, y las que producían las piezas más numerosas o mejor tramadas recibían regalos públicos, una prueba más, indirecta, de cómo el prestigio femenino se construía y se exhibía en esas sociedades.
La editorial Crítica publica en castellano el último trabajo del historiador británico Antony Beevor, la biografía definitiva del monje «loco» que encandiló a los zares, un recorrido por la decadente corte rusa en los años previos a la Revolución.
Cuando la emperatriz viuda de Rusia estaba embarazada del futuro zar, tuvo un sueño que marcaría el resto de sus días: su hijo moriría a manos de un campesino. ¿Se cumpliría esa profecía con la llegada a la corte de Grigori Rasputín, un enigmático monje apenas alfabetizado, procedente de Siberia?
En este retrato extraordinario, el prestigioso historiador británico Antony Beevor (cuya prolífica obra está en su mayor parte publicada en castellano precisamente por la Editorial Crítica) nos acerca como nunca antes a la escandalosa vida y muerte de Rasputín. Aunque nunca ocupó un cargo oficial en la corte, el místico ruso Grigori Yefímovich, nacido el 21 de enero de 1869 en Prokóvskoye, hoy en el óblast ruso de Tiumén, ejerció una influencia decisiva sobre los Romanov y protagonizó episodios de corrupción política y financiera y numerosos escándalos sexuales. Las consecuencias de los rumores y las teorías conspirativas a su alrededor propiciaron tal desafección hacia la corte del zar que, cuando estalló la Revolución de febrero de 1917, casi nadie alzó una espada en su defensa.
Imagen generada con la IA de WordPress.
A través de informes, entrevistas e interrogatorios inéditos, Beevor revela la verdad tras la leyenda de Rasputín: las motivaciones de su oportunismo político, su profunda hipocresía y la lujuria desenfrenada. Entre un thriller político y un misterio gótico, esta biografía revela una historia fascinante de perversión humana y caída de imperios.
¿Qué encontraremos en las páginas de este ensayo?
Este nuevo título sobre el controvertido Rasputín llega como el enésimo intento de desentrañar a la figura más mitificada del ocaso zarista, pero Antony Beevor, historiador militar curtido en Stalingrado y Berlín, plantea desde el arranque un giro de enfoque: no es, según sus propias palabras, una biografía convencional, sino una exploración de la tierra de nadie entre el hecho y el mito. Esa declaración de intenciones marca la lectura que ha hecho de él la crítica anglosajona, mayoritariamente elogiosa aunque no unánime en sus reparos.
Philippe de Lyon.
Stephen Lovell, en Literary Review, reconoce que la historia está muy trillada, pero valora que Beevor sabe extraer sus aspectos más reveladores, en particular la demostración de hasta qué punto la corte imperial, sumida en una fiebre espiritista de la época, era terreno abonado para un gurú como Rasputín. Es precisamente esa lectura de contexto –una Rusia cortesana ya predispuesta al misticismo antes de que Rasputín apareciera, donde pululaban personajes como el francés Philippe Nizier Anthelme (conocido como Maestro Philippe de Lyon), con fama de ocultista y curandero y que cautivó a Nicolás II–, la que distingue al libro de otras biografías del personaje.
Teffi.
The Irish Times insiste en esa misma clave: no se trata de una biografía en sentido estricto, sino de un examen dual del declive de la dinastía, en el que las heridas infligidas a los Romanov se acumulan más que se concentran en un solo golpe. La reseña recupera además el testimonio de la escritora rusa Teffi (seudónimo de Nadezhda Alexándrovna Lójvitskaya, 1872-1952), citada por el propio Beevor, que definía a Rasputín como una figura casi novelesca, envuelta en leyenda tanto en vida como en la memoria posterior, y subraya cómo el historiador dedica buena parte del libro a preguntarse, más que a responder de forma tajante, cómo pudo un campesino siberiano apenas alfabetizado precipitar el hundimiento de un imperio.
Nicolás II.
Donde el consenso crítico se muestra más firme es en la desmitificación de los rumores sexuales que rodearon a Rasputín durante la Primera Guerra Mundial. Beevor sostiene que las acusaciones de relaciones con la emperatriz y sus hijas eran completamente falsas, y acuña una fórmula feliz –lo que llama «las fake news de su época»– para describir cómo la prensa rusa alimentó ese rumor pese a su falta de fundamento. Esa reivindicación parcial del personaje, lejos de blanquearlo, convive en el libro con un catálogo bien documentado de sus abusos reales: la revista Publishers Weekly, citada en el agregador Book Marks, resume el resultado como el retrato de un régimen que se pudre desde arriba, mientras que Kirkus valora el pulso narrativo del conjunto –lo califica de historia ágil y atractiva– aunque lamenta cierta ambigüedad de Beevor a la hora de tratar los supuestos poderes curativos de Rasputín, que el propio autor deja caer sin desarrollar del todo.
Dan Jones, en The Sunday Times, elogia la prosa serena y elegante del libro y lo describe como una meditación sobre la historia tanto como una lección de escritura fluida y ecuánime. Owen Matthews, en The Spectator, lo califica de relato excepcionalmente documentado, moralmente serio y con frecuencia sombríamente cómico sobre cómo un campesino siberiano casi analfabeto llegó a precipitar el colapso de una de las mayores autocracias del mundo. Rupert Christiansen, en el Daily Telegraph, es algo más comedido –lo describe como sólidamente documentado y narrado con agilidad– sin llegar al entusiasmo de sus colegas, mientras que The Independent celebra el modo en que Beevor explora las contradicciones del personaje, del que extrae, dice, un retrato vívido no solo de Rasputín sino de todo el crepúsculo de la Rusia imperial.
A pesar de ser un lugar común de la historiografía, Beevor maneja con solvencia un aparato de fuentes con el que reconstruye tanto la fascinación cortesana por Rasputín como la mecánica del rumor que, más que el propio personaje, terminó por deslegitimar a la monarquía rusa a ojos de su pueblo.
Rasputín. Los archivos secretos
Y si a pesar de la ingente labor documental de Beevor algún lector se queda con ganas de saber todavía más sobre el monje siberiano iluminado, también Crítica publicó en 2023 el ensayoRasputín. Los archivos secretos, del autor moscovita Edvard Radzinsky, un texto con un enfoque muy diferente, casi antagónico.
Radzinsky.
En 1995 un expediente de los Archivos Estatales desaparecido durante años salió a subasta en Sotheby’s y llegó a manos de Radzinsky. Contenía las interrogaciones del círculo íntimo de admiradores de Rasputín y de los que le mantuvieron bajo vigilancia policial –documentos que ningún otro historiador había visto nunca–. Con este expediente, Radzinsky es capaz de convertir la biografía de Rasputín de leyenda misteriosa en realidad. Utilizando las declaraciones de los amigos del monje iluminado, de profesores, devotos, y de sus fanáticas fans femeninas –la gente que veía a Rasputín casi cada día– Radzinsky presenta un informe fascinante de cómo Rasputín ejercía y ampliaba su poder.
El autor ruso revela el completo alcance de la cometida relación de Rasputín con la zarina y describe su famosa odisea sexual a través de las mujeres mundanas de St. Petersburgo, utilizando el sorprendentemente vicioso testimonio de las propias mujeres para descubrir el tesoro escondido de secretos increíbles. Aquí está documentado, por primera vez, el modo en que Rasputín llegó a la corte zarista y la verdadera identidad del hombre que le disparó y mató en 1916. Y finalmente, el autor nos ofrece las razones reales de la influencia de Rasputín en virtualmente todas las decisiones imperiales al final de la dinastía real rusa de Romanov. A través de su acceso exclusivo al «Expediente Rasputín», su incomparable investigación por otras fuentes y su probado talento para contar historias, Radzinsky es capaz, finalmente, de contar la completa, sensacional historia de Rasputín, extensamente documentada y definitiva.
Coincidiendo con el ochenta aniversario del bombardeo de Hiroshima que pondría fin trágica y brutalmente, junto a Nagasaki, a la Segunda Guerra Mundial, Iain MacGregor publicó un libro que ahora lanza en castellano Ático de los Libros: Los hombres de Hiroshima, un recorrido apabullante y aterrador por uno de los momentos más oscuros de la historia humana.
A las 8.15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, un único avión sobrevoló la localidad japonesa de Hiroshima. Segundos después, un destello blanco, más brillante que el sol, convirtió la ciudad en un auténtico infierno. En ese instante comenzó una nueva era, y el mundo cambó para siempre.
Groves con Oppenheimer ante los restos de la prueba Trinity.
En Los hombres de Hiroshima, recorreremos el camino que condujo hasta ese momento decisivo tras el que nada volvería a ser lo mismo. Durante años, en plena Segunda Guerra Mundial y de lucha contra los totalitarismos (la Alemania nazi, la Italia fascista y el Japón imperial) en laboratorios secretos y despachos del más alto nivel, se desarrolló una carrera científica y militar sin precedentes. Bajo la dirección del militar Leslie Groves y del físico Robert Oppenheimer, el Proyecto Manhattan dio forma a un arma capaz de cambiar el curso de la guerra… y de la historia. Mientras tanto, en los cielos del Pacífico, los hombres del coronel Paul Tibbets se preparaban para ejecutar una misión de la que dependía el desenlace del conflicto.
Little Boy.
En el exhaustivo ensayo, MacGregor, prestigioso historiador británico que trabaja también como editor de libros de no ficción desde hace más de treinta años –y del que Ático de los Libros tiene publicado también El Faro de Stalingrado. La verdad oculta en el corazón de la mayor batalla de la Segunda Guerra Mundial–, propone ampliar radicalmente el elenco de protagonistas de uno de los episodios más estudiados del siglo XX: no solo los científicos de Los Álamos ni el piloto que soltó la bomba, sino también el alcalde de Hiroshima, el periodista que reveló al mundo las consecuencias del lanzamiento de Little Boy aquel nefasto 6 de agosto desde el bombardero Enola Gay, y las voces japonesas que la historiografía angloamericana ha tendido a dejar en segundo plano siguiendo el relato de los vencedores. El libro es, en este sentido, más un ejercicio de historia coral, apoyado en un número impresionante de fuentes, tanto directas como indirectas, que una historia militar convencional.
Senkichi Awaya.
MacGregor construye el relato cortando con rapidez entre las historias de figuras centrales y otras mucho menos conocidas, convirtiendo incluso el propio bombardero B-29 en un personaje más de la trama. Los críticos destacan la habilidad del autor para reencuadrar una narrativa histórica de gran escala en lo que llama microrrelatos construidos sobre testimonios directos, una técnica que ya había ensayado en su libro anterior sobre el sitio de Stalingrado y que aquí aplica, por ejemplo, al retrato del alcalde Senkichi Awaya o a la peripecia casi cómica del físico Alexander Sachs intentando hacerse oír por el presidente Roosevelt.
El trabajo consigue retratar con detalle a las figuras del gobierno y el ejército estadounidenses que precipitaron el final de la guerra a la vez que inauguraban la tensa era nuclear que vino después, mientras que el historiador militar Mark Stille ha señalado que el examen del trasfondo, la tecnología y las personalidades de ambos bandos convierte al libro en lectura indispensable sobre el tema.
La larga sombra del hongo nuclear
Kodama.
El libro se sostiene, en última instancia, sobre un contraste deliberado entre registros: por un lado, la escala épica del relato –de los despachos de Washington a los laboratorios de Nuevo México, del frente aéreo europeo a los bombardeos incendiarios sobre Japón–; por otro, la intimidad de historias individuales como la de Michiko Kodama, superviviente de la explosión con la que MacGregor decide abrir el libro, una elección que hace que toda la obra se lea bajo la sombra del hongo nuclear desde la primera página.
Leído en conjunto, Los hombres de Hiroshima. La carrera por construir la bomba atómica y la fatídica decisión de usarla, funciona mejor como ampliación coral de un relato ya muy trabajado que como revisión historiográfica disruptiva: no aporta un descubrimiento documental que cambie la interpretación aceptada de por qué se decidió usar la bomba atómica, pero sí logra, con oficio narrativo, devolver rostro y voz a personajes secundarios de la memoria histórica que hasta ahora habían quedado eclipsados por los nombres mayores de Oppenheimer, Truman o Tibbets.
Un libro apabullante que ha sido descrito por el brillante historiador militar británico James Holland como: «Impresionante. La historia en su máxima expresión: una mezcla de erudición impecablemente investigada, fuentes primarias reveladoras y una narración apasionante».