Pasajes históricos en Juego de Tronos

Si hay algo de lo que se habló en los últimos años fue de la serie de HBO Juego de Tronos, hasta que puso el broche final con su último episodio, el 19 de mayo de 2019. Ahora, la serie completa continúa arrasando en formato digital, en DVD, Blu Ray y 4K, y en la propio plataforma que apostó –con algo más que mucho éxito– por adaptar las novelas hasta entonces de discreta popularidad «Canción de Hielo y Fuego» de George R. R. Martin. Todavía hoy es infinito el merchandising alrededor de la misma e incluso muchos neonatos son «bautizados» –por padres muy frikis, eso sí– como Daenerys –y Khaleesi–, Arya  o Lyanna. El motivo de escribir este post, cuando parece que el invierno cayó hace mucho tiempo sobre los siete reinos, es el lanzamiento del libro «De Roma a Poniente: la huella clásica en Juego de Tronos», editado por Tecnos, un sugerente viaje a este universo fantástico –y cruel, como la vida misma– preñado de curiosidades y aclaraciones históricas.

Óscar Herradón ©

Veamos cómo las civilizaciones clásicas han influido en la concepción del universo de Martin, pero hay numerosos episodios históricos y culturas que han ayudado a configurarlo. Por ejemplo, los miembros de la Casa Stark, de Invernalia, poseen lobos gigantes con los que mantienen un vínculo especial, principalmente el pequeño Bran Stark –que con el paso de los tiempos crecerá, sufrirá, desarrollará poderes increíbles y acabará ciñendo coroñas–, que además de ser un «cambiaformas» y tener el don de la profecía, es capaz de controlar mentalmente –en una suerte de simbiosis– a su fiel compañero de cuatro patas.

Éstos enormes cánidos de color blanco grisáceo que en la serie catódica tiene un rol menos relevante que en las novelas, son denominados huargos, nombre que hace una alusión evidente a una criatura con forma de enorme lobo de la mitología nórdica, los wargos, seres que también aparecen en la saga El Señor de los Anillos de Tolkien, evidente inspiración para George R. R. Martin, al igual que los Eddas y las sagas nórdicas que también despertaron la imaginación del primero mientras estudiaba en Oxford.

En la Tierra Media los huargos eran criaturas malvadas con forma de lobo –que vivían en las Tierras Ásperas–, pero de un tamaño mucho mayor, como en Juego de Tronos, aunque en este caso las mascotas de los Stark muestran una lealtad a sus amos muy alejada de la visión maligna de dichas criaturas. Según los mitos nórdicos –o norteños si aludimos a la saga–, el wargo era una criatura fantástica, como ya he señalado, semejante a un lobo, pero de mayor tamaño, fiereza e inteligencia. Etimológicamente, en antiguo nórdico varg era un eufemismo para denominar al lobo –ulfr–, y es la palabra moderna en sueco para definir a dichos animales. También en el inglés antiguo warg –del que derivaría wargo– tiene el significado de “lobo de gran tamaño” y, en una zona tan alejada como Irán del Norte, en la lengua de aquellos que viven en la zona de Guilán, warg también significa lobo. No puede ser una casualidad, por muy distantes que sean ambas culturas.

Según los especialistas, en la primera temporada de Juego de Tronos se utilizaron para representar a los huargos a perros de la raza Inuit del norte, de una apariencia similar al lobo, aunque a partir de la segunda, donde tienen una mayor  presencia, se utilizaron lobos reales retocados digitalmente, ya que los huargos debían tener un tamaño mucho mayor. Y vaya si lo tienen… Mejor no cruzarse con ellos.

Existen claras similitudes entre la figura de los «cambiadores» y la cosmovisión de los indios norteamericanos, quienes no solo consideraban tótems a los animales «sagrados» que les rodeaban, sino que pensaban que su espíritu podía transformarse en éstos. También la licantropía es una evidente inspiración para George R. R. Martin a la hora de definir a los cambiaformas de su relato.

Oráculos de la antigüedad

La profecía está presente en toda la saga, desde la canción que abre los títulos de crédito en homenaje al verdadero título de la saga literaria, Canción de Hielo y Fuego, hasta muchas de las subtramas que se desarrollan, tantas, que en ocasiones llegan a confundir al lector/espectador (una de las pocas pegas que se le pueden poner a la misma); de ellas es obligado hablar también, pero es un recinto concreto que aparece en la tercera temporada el que nos retrotrae a los grandes oráculos del mundo antiguo. Aquí vamos directamente a la influencia de la huella clásica en la serie.

La Casa de los Eternos, a la que es invitada a entrar Daenerys Targaryen, es la morada de los brujos de Qartz, y recuerda sobremanera a los oráculos de la antigüedad que estaban presentes en la vida cotidiana y cuyos «vaticinios» eran seguidos por grandes líderes como Alejandro Magno o el emperador romano Adriano. Uno de los episodios más célebres y a su vez enigmáticos de la corta pero intensa vida de Alejandro de Macedonia fue su visita al Oráculo de Amón, en el desierto libio, alrededor del año 331 a.C., según recogen las polvorientas crónicas de sus gestas. Al parecer, además de consultar imperiosamente al oráculo sobre quiénes habían sido los asesinos de su padre Filipo de Macedonia, quiso saber si el dios oracular le concedería el honor de convertirse en «rey de todos los pueblos». Al parecer, la respuesta fue afirmativa, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta lo que podía acarrearle una respuesta negativa a los sacerdotes encargados del templo.

El Oráculo de Amón

Del mismo modo, Daenerys, que se mueve en unas tierras que recuerdan esa misma antigüedad exótica de Oriente, Babilonia, Sumeria y, por qué no, la misma Macedonia alejandrina, entra en la Casa de los Eternos con la intención de descubrir qué le deparará el futuro. Pronto volveremos en «Dentro del Pandemónium» sobre el fascinante tema de los oráculos del mundo antiguo.

¿Fuego valirio o fuego griego?

Ninguno está en la cabeza de George R. R. Martin para saber en qué se inspiró para todas y cada una de las ficciones de su saga –a no ser, claro, que lo haya confirmado el propio autor durante las entrevistas, como ha hecho en ciertos casos–, pero algunos símiles, aunque quizá sean casuales, parecen evidentes entre Juego de Tronos y la historia universal. Uno de esos «parecidos razonables» es el de un elemento fundamental en la segunda temporada, el llamado fuego valirio, un arma capaz de destruir al más preparado de los ejércitos, en este caso una flota naval enemiga, comandada Stanis Baratheon, aspirante a sentarse, cómo no, en el trono de hierro, en la llamada batalla de Aguasnegras.

George R. R. Martin (Fuente: Wikipedia).

Pues bien, aunque el verdoso fuego ideado por Martin no existe, claro, es muy probable que se inspirase en el llamado «fuego griego» del que sí queda registro en los anales de la diosa Clío y que, curiosamente, continúa siendo uno de los mayores misterios bélicos sin dilucidar. Su composición no ha llegado hasta nuestros días, aunque las crónicas hablan de un invento bizantino que provocaba unas llamas capaces de devorar los navíos enemigos, flotas enteras, con rapidez, pues apagarlo era una hazaña casi imposible, ya que ardía en contacto con el líquido elemento, una fórmula perdida que químicos e historiadores están intentando reescribir, al parecer, todavía sin éxito.

Ésta fue un arma incendiaria utilizada por el Imperio bizantino en numerosas batallas navales entre los siglos VII y XIII –una sorpresa táctica decisiva, según el experto en historia medieval José Soto, en los dos grandes asedios árabes de Constantinopla de 674-687 y 717-718– capaz de arder sobre el agua o en contacto con ella y que recibió diversos nombres: fuego marino, fuego romano –según lo designaron los árabes– o fuego griego, como comúnmente se conoce y como lo bautizaron los cruzados. Los bizantinos guardaron celosamente el secreto de su composición. A pesar de ello, se sabe que la enigmática mezcla, que era líquida, incluía nafta –una fracción del petróleo conocida como benciza–, azufre y es probable que también amoníaco, aunque han sido propuestas otras sustancias como la cal viva o el nitrato.

La invención del «fuego griego» se atribuye a un ingeniero militar de nombre Callínico, original de Siria, que llegó a Constantinopla en los días previos al primer gran asedio árabe. A pesar del nombre con el que ha pasado a la historia, según declaraciones de Soto al diario La Razón, «en la antigüedad, griegos y romanos usaron líquidos inflamables parecidos, pero sin el poder del arma de Callínico», para añadir a continuación que «Más tarde árabes y cruzados intentaron copiarlo y sólo consiguieron compuestos de peor calidad, y sin los devastadores efectos del fuego griego». Desde luego, la batalla marítima en desembarco del rey bien podría retrotraerse a una pugna naval en el Bizancio de la Edad Medio; es más, Bizancio y Desembarco son ciudades con muchos elementos en común, arquitectónicos, decorativos, etc…. pero esa es otra historia.

De la mitología nórdica a la Italia del Renacimiento

Lo cierto es que para dar forma a los Lannister existen muchas probables inspiraciones históricas ­–ver recuadro–. Teniendo en cuenta la importancia del personaje en cuestión, y el hecho los muchos matices de su personalidad, me centraré en este caso más ampliamente en el personaje de Jamie Lannister. Es posible que George R. R. Martin se inspirase en un personaje histórico pero también en uno mitológico. En la segunda temporada a Jamie le cercenan la mano derecha, la cual es reemplazada más tarde por una de oro, paso previo para volver a poder luchar con la espada –usando la izquierda, claro–. Su evolución es también notable: pasa de ser un individuo pérfido y vil, que ha cometido incesto con su hermana Cersei Lannister –por ello muchos relacionan a dicha familia con los conspirativos Borgia de la Italia del Renacimiento–, y al que conocen como «el Matarreyes» –símbolo de la peor traición que se pueda cometer, el regicidio–, que evoluciona hasta erigirse en salvador de su propio hermano, y también de la vida de Brienne de Tarth. Pero dejemos los spóilers por si, increíblemente, alguien no ha visidonado la serie.

El caso es que en el terreno de la mitología nórdica, Tyr es el dios de la guerra –equivalente al Marte romano–, descrito en las sagas épicas como «el Hombre de una Sola Mano», aunque existen contradicciones en los Eddas sobre su verdadero origen que, en este caso, no es relevante. Según las sagas nórdicas compiladas por el islandés Snorri Sturluson en el siglo XIII, en cierto momento los dioses decidieron encadenar al lobo Fenrisulf ­o Fenrir –nueva alusión a este animal rico en simbolismos–,  una peligrosa bestia que gracias a su fuerza rompía su cadena una y otra vez. Al final, tan sólo a través de la magia pudieron encadenarlo, pero, para ir al grano, en cierto momento cercenó la mano de Tyr con su poderosa mandíbula. Así, el dios de la guerra –Jamie era quien mejor manejaba la espada en todo poniente– era zurdo, algo extrañamente atípico si tenemos en cuenta que en aquellos tiempos ello estaba asociado con la mala fortuna. El poema rúnico feroés canta al Dios de la guerra con estas palabras: «Tyr es un dios manco,/ y la despedida del lobo,/ y el príncipe de los templos». ¿Un nuevo acertijo poético que podría tener su reflejo en la saga, en el destino del Lannister manco?

Y el personaje histórico que bien podría haber servido de inspiración para crear a Jamie, pues su historia es muy similar, es la del militar Götz von Berlichingen, apodado «mano de hierro», un caballero imperial franco de finales del siglo XV que inspiraría una obra de Goethe. Son muchos más los personajes inspirados en personas reales, históricas, sobre los que volveremos en un próximo post. Para abrir boca, nada mejor que sumergirse en las páginas de De Roma a Poniente, de Aurora López Güeto, que acaba de publicar Tecnos. He aquí el enlace:

Lecturas para una crisis sanitaria global (II)

Todo 2020 y lo que llevamos de 2021, con el coronavirus trastocando nuestras vidas y acabando con la de millones de personas indefensas, son numerosos los libros publicados sobre enfermedades y pandemias que han puesto en jaque a las civilizaciones desde tiempos inmemoriales, y la forma en que podemos hacerles frente, o al menos mantenerles el pulso. He aquí algunas de las más interesantes publicadas en castellano…

Óscar Herradón

Llevamos ya un larguísimo año sumidos en una pandemia mortífera, una pesada carga sobre nuestra espaldas, las de toda una humanidad que se ha visto vulnerada y vulnerable –al margen de posiciones, clases y privilegios– en lo que podríamos denominar «la democracia de la enfermedad». Y aunque algunos retorcidos hablen de una especie de «justicia divina», ser «iguales» en algo tan trágico no es ni mucho menos para celebrar: cuando escribo estas líneas se contabilizan en nuestro mundo más de dos millones de muertes de seres humanos, según cifras oficiales. Las «no oficiales», las no contadas, si es que algún día las conocemos, cosa difícil, serán mucho más estremecedoras. Personas con sus historias, sus amores, sus desventuras y sus familias.

Casi inmunizados ante las estadísticas –tras las que, reitero, hay personas de carne y hueso, cosa que tantas veces olvidamos– y habiéndonos familiarizado con términos como confinamiento, PCRs, test de antígenos, cuarentena o curva de contagios, en un eterno «año de la Marmota», un Déjà-vu desconcertante y convulso para todos –hasta para los inhumanos que no cumplen las reglas de la crisis sanitaria–, los días se van haciendo cada vez más cuesta arriba. Incluso teniendo ya ¿tres? vacunas aprobadas por Europa, y otras tantas a nivel mundial (la rusa, la china…), en un panorama empresarial digno de un espectáculo circense de intereses creados, medias verdades y cláusulas confidenciales que revuelve las entrañas. El negocio de la salud. Y de la muerte.

Pues bien, en medio de estos tiempos turbulentos y estrechos en muchos sentidos, donde tanta gente buena se marcha sin despedirse, se han publicado numerosos libros sobre la pandemia, algunos buenos y otros no tanto, unos reveladores y otros inocuos, también sobre otras enfermedades que atenazaron al hombre anteriormente (la peste, el cólera, el SIDA…) y acerca de las múltiples conspiraciones que rodean al dichoso «bichito» al que desde estas humildes líneas deseo la peor y más pronta de las muertes.

Libros que puede dar pereza comenzar a leer precisamente por ese hartazgo con el (o la) Covid-19, la enfermedad y la desolación, la crisis y los ERTEs, pero que animo humildemente a hacer –los buenos, claro– precisamente porque arrojan luz sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, nos ilustran sobre qué hay de verdad detrás de esta crisis sanitaria mundial –desmontando así numerosas hipótesis negacionistas por un lado, conformistas por otro– y alumbrándonos no solo sobre lo débiles que podemos ser, también sobre nuestra fuerza y cómo superar escenarios a los que generaciones anteriores ya se enfrentaron, dejando también grandes pérdidas por el camino, pero sobreponiéndose.

Ni son todos los que están ni están todos los que son, pero en las próximas líneas recomiendo algunos de los títulos más notables publicados en castellano en los últimos –y, reitero, turbulentos– tiempos que nos ha tocado vivir, un segundo post que irá acompañado de otras entregas con sugerentes novedades, pues han sido muchas, algo que sucede cuando la actualidad –en este caso trágica– se impone sobre todas las cosas.

Para una visión global de las pandemias, en mayo de 2020, en plena resaca de la primera ola y el confinamiento, la Editorial Debate publicó Contagio: la evolución de las pandemias, del autor estadounidense David Quammen, quien recoge en sus páginas las advertencias que la naturaleza llevaba años mostrando en distintos animales, principalmente murciélagos. En esta completa obra, de fácil lectura, el autor se sumerge en las recientes enfermedades zoonóticas –virus latentes en animales que dieron el salto a los humanos, como el VIH que provocó el SIDA, el H1N1 que causó la gripe de 1918, mal llamada española, el ébola, el SARS, el virus de Marburgo o el causante de la gripe aviar–, persigue su rastro junto a los científicos de mayor autoridad en numerosos rincones del planeta.

Y para una revisión histórica y divulgativa de las epidemias que han asolado nuestro mundo, tenemos el clásico del doctor José Luis Betrán Noya Historia de las Epidemias en España y sus colonias (1348-1919), que editara en su día La Esfera de los Libros. A raíz de la actual pandemia, y de la demanda que este tipo de trabajos tiene entre los lectores, la editorial lanzó en formato digital el libro, junto a otros trabajos en la misma línea como los libros del divulgador científico Pedro Gargantilla Historia curiosa de la medicina o Enfermedades que cambiaron la historia.

Todo un abanico de curiosidades sobre los virus cuya información podéis ampliar en el siguiente enlace:

http://www.esferalibros.com/noticias/historia-de-las-epidemias-la-esfera-lanza-ahora-en-formato-digital-el-clasico-del-profesor-jose-luis-betran-moya/

Y para una versión alternativa sobre el desastre y sobre cómo toda una serie de factores medioambientales y tecnológicos, entre otros, parecen apuntar hacia una suerte de fin de era o incluso de pronta «extinción» de nuestra especie, Redbook Ediciones publica el inquietante pero sugestivo libro Más allá del coronavirus, del divulgador e investigador de «parahistoria» Klaus Ducker. En sus páginas, siguiendo una línea muy distinta a los trabajos anteriormente citados, el autor nos sumerge en los numerosos desastres que han atenazado a nuestro mundo en los últimos años, incluida la pandemia, y como todos ellos podrían ser «señales» del fin de los tiempos.

Podríamos catalogar al autor de relativamente «negacionista», en el sentido de que apunta que el virus que nos tiene atenazados debió surgir casi con seguridad de algún laboratorio de alta seguridad, por una suerte de error o «escape», algo que los informes enviados desde el corazón de Wuhan por el equipo de expertos internacionales que ha viajado hasta allí para realizar investigaciones in situ –al menos las que les permiten las vigilantes autoridades chinas– parece negar con rotundidad. Una idea, no obstante, muy extendida y que el mismo ex presidente Donald Trump apoyó sin fisuras en sus acostumbradas salidas de tono. Quizá nunca se sepa toda la verdad, no obstante, sobre esta pandemia llena de claroscuros.

Este trabajo intenta, según la visión de Ducker, dar respuesta a todo lo que nos ha sobrevenido en este tiempo y lo que modo de vaticinio –lo más inquietante– «está por llegar», reflejando en paralelo las catástrofes, conspiraciones y profecías que pueden hacernos entender mejor los cambios que experimentamos. Quién sabe. Para el autor es algo que viene largamente anunciado, pues «el concepto de fin de los tiempos alude en las principales religiones a un nuevo paradigma». En el atrevido ensayo se van sucediendo capítulos en los que convergen los llamados «amos del mundo» –si es que alguien sabe realmente quiénes son–, la inteligencia artificial y sus inquietantes  posibilidades, el impacto de la Covid-19 en el un medio ambiente ya largamente castigado por la contaminación, la desaparición de especies, el uso abusivo de los recursos y el efecto invernadero, así como la interesada implantación del 5G o las «amenazas» que vienen. Y da una fecha para ese «fin de los tiempos», al menos como lo conocemos hasta ahora: el año 2050.

Esperemos que el autor no sea realmente un visionario, nada de lo que aventura se acabe produciendo, y yerre como tanto otros con fechas de supuestos Armagedón como sucedió en el 2000 o el más reciente 2012, ese mal llamado de la profecía maya. Necesitamos un mundo mejor, y esperanza ante todo, pero no está de más conocer las hipótesis alternativas. Una versión, por tanto, diferente, que el periódico bávaro Münchner Merkur ha definido así: «Un libro que nos invita a pensar y que nos da las claves para mantener activa y despierta la conciencia». He aquí cómo adquirirlo:

https://www.redbookedicioneslibros.com/nuevos-productos/270xjek3wta9p067cql3jb2zs9yf05-6f4s4-z47w3-jxx6d-lnyk5-y6zjg-6stst-79d4p-4dkmd-8868j-abwrs-gdjln-spetl-5ksg3

Lecturas para una crisis sanitaria global

Todo 2020 y lo que llevamos de 2021, con el coronavirus trastocando nuestras vidas y acabando con la de millones de personas indefensas, son numerosos los libros publicados sobre enfermedades y pandemias que han puesto en jaque a las civilizaciones desde tiempos inmemoriales, y la forma en que podemos hacerles frente, o al menos mantenerles el pulso. He aquí algunas de las más interesantes publicadas en castellano…

Por Óscar Herradón ©

Llevamos ya un larguísimo año sumidos en una pandemia mortífera, una pesada carga sobre nuestra espaldas, las de toda una humanidad que se ha visto vulnerada y vulnerable –al margen de posiciones, clases y privilegios– en lo que podríamos denominar «la democracia de la enfermedad». Y aunque algunos retorcidos hablen de una especie de «justicia divina», ser «iguales» en algo tan trágico no es ni mucho menos para celebrar: cuando escribo estas líneas se contabilizan en nuestro mundo más de dos millones de muertes de seres humanos, según cifras oficiales. Las «no oficiales», las no contadas, si es que algún día las conocemos, cosa difícil, serán mucho más estremecedoras. Personas con sus historias, sus amores, sus desventuras y sus familias.

Casi inmunizados ante las estadísticas –tras las que, reitero, hay personas de carne y hueso, cosa que tantas veces olvidamos– y habiéndonos familiarizado con términos como confinamiento, PCRs, test de antígenos, cuarentena o curva de contagios, en un eterno «año de la Marmota», un Déjà-vu desconcertante y convulso para todos –hasta para los inhumanos que no cumplen las reglas de la crisis sanitaria–, los días se van haciendo cada vez más cuesta arriba. Incluso teniendo ya ¿tres? vacunas aprobadas por Europa, y otras tantas a nivel mundial (la rusa, la china…), en un panorama empresarial digno de un espectáculo circense de intereses creados, medias verdades y cláusulas confidenciales que revuelve las entrañas. El negocio de la salud. Y de la muerte.

Pues bien, en medio de estos tiempos turbulentos y estrechos en muchos sentidos, donde tanta gente buena se marcha sin despedirse, se han publicado numerosos libros sobre la pandemia, algunos buenos y otros no tanto, unos reveladores y otros inocuos, también sobre otras enfermedades que atenazaron al hombre anteriormente (la peste, el cólera, el SIDA…) y acerca de las múltiples conspiraciones que rodean al dichoso «bichito» al que desde estas humildes líneas deseo la peor y más pronta de las muertes.

Libros que puede dar pereza comenzar a leer precisamente por ese hartazgo con el (o la) Covid-19, la enfermedad y la desolación, la crisis y los ERTEs, pero que animo humildemente a hacer –los buenos, claro– precisamente porque arrojan luz sobre el tiempo que nos ha tocado vivir, nos ilustran sobre qué hay de verdad detrás de esta crisis sanitaria mundial –desmontando así numerosas hipótesis negacionistas por un lado, conformistas por otro– y alumbrándonos no solo sobre lo débiles que podemos ser, también sobre nuestra fuerza y cómo superar escenarios a los que generaciones anteriores ya se enfrentaron, dejando también grandes pérdidas por el camino, pero sobreponiéndose.

Ni son todos los que están ni están todos los que son, pero en las próximas líneas recomiendo algunos de los títulos más notables publicados en castellano en los últimos –y, reitero, turbulentos– tiempos que nos ha tocado vivir, un primer post que irá acompañado de otras entregas con sugerentes novedades, pues han sido muchas, algo que sucede cuando la actualidad –en este caso trágica– se impone sobre todas las cosas.

Pandemia

Hace unos meses Capitán Swing, que cumplía diez años el pasado 2020, una década en que nos ha legado un catálogo de infarto, publicaba el libro Pandemia. Mapa del contagio delas enfermedades más letales del planeta, de la prestigiosa periodista de investigación neoyorquina Sonia Shah. Y no hablamos de un comunicador cualquiera: Shah es miembro de la Institución de la Nación y de la Fundación Puffin y ha publicado en medios tan prestigiosos como The New York Times, The Wall Street Journal, Scientific American, Foreign Affairs, CNN, Al Jazeera o la BBC, y conferenciado por las universidades y colegios más importantes del país de las barras y estrellas. Es además autora de varios libros aclamados por la crítica que han merecido distintos galardones, centrados en campos como la ciencia, los derechos humanos y la política internacional.

Pandemia: siguiendo el contagio de las enfermedades más letales del planeta es un texto absorbente y premonitorio –fue escrito antes del azote del Covid–, y una obra fundamental que explora los orígenes de las epidemias, trazando paralelismos entre el cólera y nuevas enfermedades. Con su característico estilo afilado y clarificador, Shah entrelaza la historia, el reportaje y la experiencia personal para analizar estos hechos. En su camino de investigación, informa sobre los patógenos que en la actualidad siguen los pasos devastadores del cólera, desde la bacteria SARM (MRSA por sus siglas en ingles), conocida comúnmente como estafilococo resistente a la meticilina  –y que conoce bien porque asedia a su propia familia–, hasta asesinos nunca antes vistos que salen de los húmedos mercados de china (no olvidemos que del de Wuhan partió hace ahora un año el coronavirus), las salas quirúrgicas de Nueva Delhi y los patios traseros suburbanos de la Costa Este norteamericana. Una obra de historia epidemiológica e investigación periodística única que plantea urgentes lecciones para el tiempo pandémico que nos ha tocado vivir.

El Mapa Fantasma

Para complementar esta lectura, nada mejor que sumergirnos en las páginas de El Mapa Fantasma. La epidemia que cambió la ciencia, las ciudades y el mundo moderno, de Steven Johnson, publicado también por Capitán Swing, que se centra en el brote de cólera que azotó Londres el verano de 1854, una enfermedad aterradora –más incluso de lo que ahora lo es el coronavirus– que sería derrotada gracias al tesón del anestesista John Snow y el reverendo Henry Whitehead. La primera noche que azotó la enfermedad murieron 500 personas. Era a causa de la bacteria Vibrio Cholerae, pero entonces se creía con lo que hoy se conoce como Miasma, con la falta de higiene entre las personas y con una salubridad muy deficiente que convertía las ciudades en lugares poco acogedores, más bien insufribles. La capital inglesa, Londres, era una city oscurecida por la combustión del carbón y una densidad de población enorme en reducidos espacios suburbiales en los que florecía el robo, la prostitución y el crimen –apenas 20 años después de estos hechos el tristemente célebre, y quizá todavía impune, Jack el Destripador sembraría el pánico en otro suburbio, White Chapel–.

Si alguien se hubiese atrevido a decir a mediados del siglo XIX, incluso entre los médicos más ilustres, que aquella mortandad que iba en ascenso estaba causada por un ser microscópico, le habrían tomado por loco. Solo los protagonistas de estas líneas supieron pasar por encima de las convenciones sociales y paliar la extensión de la enfermedad –el centro del brote era una frente situada en Broad Street–, llegando a una conclusión que cambiaría el tratamiento de epidemias y el concepto de ciudad que en aquel momento estaba completamente desdibujado y que haría cambiar radicalmente el círculo médico victoriano. Un texto ameno y didáctico, que se lee casi como una novela de suspense.

Virus (Espasa)

Y hace unos meses, también la editorial Espasa publicaba el libro Virus. La guerra de los mil millones de años. Por qué los humanos somos presas fáciles de las pandemias, de Juan Botas y J. J. Gómez Cadenas. En sus absorbentes y divulgativas páginas, y tomando como punto de partida nuestro letal compañero de fortuna en estos tiempos, el coronavirus SARS-COV-2, nos relatan increíbles historias que atraviesan el tiempo y la geografía del globo, cargadas de anécdotas, datos científicos y lo más importante: estrategias para luchar contra esas formas de vida parasitarias. Como bien apuntan sus autores, y a pesar del número incontable de muertos que arrastra desde que se conoció a comienzos de 2020, el Covid no es ni siquiera el episodio más trágico de esa lucha entre el ser humano y los virus, una guerra interminable que libramos desde hace varios miles de millones de años.

Entre los bloques tratados encontramos temas como la presencia de la viruela en Europa y el Nuevo Mundo durante el siglo XVIII, cómo desarrolló Edward Jenner la primera vacuna –ahora que se habla tanto de este mercado, de los «antivacunas» y de la pugna geoestratégica por desarrollar y comprar la que detenga al Covid–; la batalla contra la plaga blanca, la bacteria ESKAPE y la alianza con los fagos; la aparición del polifacético virus SV40; sin olvidar el VIH –la gran plaga del siglo XX–, la peste, la gripe española o la importancia de animales como los murciélagos en las mutaciones de los virus y en su traspaso a los humanos.

Este post continuará.