La traición de Tenesoya

Inés Cardoso Albarracín gana el Premio de Literatura Puy du Fou con un relato sobre la conquista de Canarias que convierte a una cautiva del siglo XV en espejo de la identidad partida: La Traición de Tenesoya y otros relatos, que acaba de publicar la editorial Almuzara.

Óscar Herradón ©

Hay figuras de la historia canaria que viven en un territorio incómodo entre el documento y la leyenda, y Tenesoya es quizá la más fértil de todas. La escritora grancanaria Inés Cardoso Albarracín ha vuelto sobre ella en La traición de Tenesoya, el relato que se impuso en la segunda edición del certamen literario de Puy du Fou España y que ahora da título a la antología de finalistas publicada por Almuzara. El título es la primera pregunta que plantea el libro. ¿Traición de quién, y contra quién?

Lanzarote.

La historia de Tenesoya se transmitió así: estaba bañándose con su aya Tazirga en la costa grancanaria cuando la capturaron hombres de Diego de Herrera. La enviaron a Lanzarote al servicio de su esposa, doña Inés Peraza, y allí fue bautizada y rebautizada como Luisa de Guanarteme. La casaron con Maciot de Bethencourt, un personaje interesante en sí mismo: era nieto del antiguo gobernador de Lanzarote e hijo de la princesa de Teguise, de modo que también tenía sangre aborigen. El episodio central, el que justifica el título, viene después. Su tío Tenesor Semidán llegó a ofrecer por su rescate ciento trece cristianos cautivos, y los europeos aceptaron el canje. Tenesoya volvió a Gáldar, pero no se quedó. En la versión más extendida, ya no se sentía Tenesoya sino Luisa de Bethencourt, y huyó de noche a la costa, donde su marido la esperaba en una carabela para devolverla a Lanzarote. 

Cairasco de Figueroa.

Existe un rastro documental: en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas se conserva un expediente de nobleza de los Bethencourt, de 1747, con el traslado de una providencia del alcalde de Gáldar de 1528. En ella, diez testigos declaran sobre la filiación de Luisa de Guanarteme. Ese material lo ha trabajado Enrique Pérez Herrero en Catalina Hernández Guanarteme y Luisa de Guanarteme: princesas canarias. También Leopoldo de la Rosa Olivera, en sus estudios genealógicos, sitúa a la rama grancanaria de los Bethencourt a través del Maciot casado con la princesa Tenesoya. Pero la figura literaria es otra cosa. Las fichas de la historiografía canaria la describen como un personaje creado por la tradición escrita local, que aparece en Sedeño y en Abreu Galindo con parentescos distintos y que debió de construirse a partir del personaje poético de Bartolomé Cairasco de Figueroa. El regreso voluntario a Teguise, en suma, es un hecho cantado por Cairasco, y el romance ha pesado más que el acta.

La traición como eje

Grabado de la expedición de Jean de Bethencourt y La Salle a Lanzarote.

Cardoso ha optado por la mirada íntima. El relato gira en torno a una protagonista joven dividida entre dos realidades, obligada a reconstruir su identidad mientras su mundo cambia de forma irreversible. A partir de ahí trata la lealtad, la pertenencia, la supervivencia y el desgarro de pertenecer a culturas enfrentadas. El jurado destacó la fuerza narrativa y la complejidad emocional, la capacidad de sostener la tensión y un personaje lleno de matices.  La traición de Tenesoya tiene a su favor una elección de materia excelente. Es un episodio periférico en los manuales peninsulares, con un personaje cuya ambivalencia ya viene dada por las fuentes y una tradición textual (Cairasco, Abreu Galindo, Viera y Clavijo) lo bastante rica para dialogar con ella. No obstante, no aborda únicamente este sugerente asunto fundacional a medio camino entre la historia y la leyenda, sino que se trata de una antología con doce relatos más de épocas dispares, unos más versátiles que otros, pero todos muy entretenidos.