Tomás y Felipe: los Evangelios de la polémica

A finales del siglo XIX unos investigadores franceses dieron a conocer un fragmento inédito del evangelio apócrifo atribuido al apóstol Tomás, escrito en griego y contenido en papiro, hallado también en Nag-Hammadi. Medio siglo después, en el gran hallazgo de los textos gnósticos, se encontró el texto completo, ubicado en el códice II, en concreto desde la página 32 hasta la página 51.

Óscar Herradón ©

Evangelio de Tomás (Source. Wikipedia)

La mayoría de los expertos coinciden en la autenticidad del manuscrito, cuya credibilidad es similar, e incluso superior, al resto de evangelios del Nuevo Testamento. Sin embargo, su contenido revela una forma de elaboración y de enseñanzas completamente diferentes a las contenidas en los textos canónicos. Basado en la doctrina gnóstica, sus consejos y sentencias parecen estar reservadas a un pequeño sector docto, a un grupo de elegidos capaz de interpretar correctamente el mensaje, en el que se insiste en la capacidad de alcanzar la divinidad por uno mismo.

La autoría del texto, que consta de 117 proverbios y diálogos cortos, probablemente pronunciados por Jesús, se atribuye a Judas Tomás Dídimo, a quien el evangelio presenta nada menos que como el hermano de Jesús. Estas enseñanzas fueron supuestamente reveladas por el mismo Mesías a Judas Tomás quien, contrariamente a los autores oficiales del Nuevo Testamento, conoció de primera mano las palabras de Jesús y, lo que es aún más interesante, pudo haber alcanzado, como éste –por lo que se desprende de algunas sentencias– la divinidad, por lo que se habría convertido también en «Cristo». Estas revelaciones no podían, evidentemente, ser admitidas por la Iglesia, aun cuando fuesen verdaderas. Cuestionan todo el dogma sobre el que se ha edificado la «casa de Dios» desde el siglo IV. Muchos investigadores, como Timothy Freke Peter Gandy y Elaine Paigels en especial, creen que de las palabras de Tomás se desprende claramente que el reino de los cielos, Dios, está en uno mismo, por lo que no sería necesaria la existencia de intermediarios. Dios está en todas partes y en cada uno de nosotros –claro corte gnóstico–, como vimos en la anterior entrada en «Dentro del Pandemónium». Ésta es la principal razón por la que el Evangelio de Tomás, junto a otros también «peligrosos», fuera tachado de apócrifo y de esta manera condenado.

Ahora cabe hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que la Iglesia, principal representante de las enseñanzas de Cristo, obviara la importancia de dicho texto cuando fue descubierto, si podía ofrecer mucha más información sobre el verdadero mensaje del Mesías? La respuesta se oculta tras un gigantesco corpus de intereses creados originados con Constantino y el celebérrimo y controvertido Concilio de Nicea.

El Evangelio de Felipe

La duda de si el texto es contemporáneo a Jesús o muy posterior –del siglo II, como apuntan algunas fuentes– sigue vigente, una de las principales bazas de la ortodoxia, además de ser un texto supuestamente no revelado por el Espíritu Santo, para tacharlo de falso y herético. Sin embargo, ¿cómo es posible que un texto que falta a la verdad, que nada tiene que ver con la doctrina de Jesús, se erigiese como fuente fundamental en la redacción de gran parte de los Evangelios Canónicos? Al menos dos terceras partes de los proverbios de este apócrifo los encontramos reflejados en los evangelios de Mateo y Lucas.

El Documento Q

Dichas coincidencias han llevado a diversos autores a plantear la hipótesis de que el Documento Q, al que aludí en un post anterior, sería simplemente otra versión de una colección de dichos de Jesús, al igual que el Evangelio de Tomás. En la actualidad se cree que dicho Documento Q (también conocido como Fuente Q) pudo ser escrito por Felipe, también llamado el quinto evangelista, cuya obra hubiera servido de inspiración y base al resto de los evangelistas «oficiales». El Evangelio de Felipe fue uno de los textos más relevantes, junto al de Tomás, hallados en Nag Hammadi, también de claro corte gnóstico. De ser cierto todo lo que se dice de ambos escritos , y es bastante probable, tachar dichos textos de apócrifos habría sido una de las mayores calumnias de la historia del cristianismo. Volviendo al escrito de Tomás, de la antigüedad del texto dan evidencias diversos testimonios literarios, testimonios probablemente muy posteriores a la redacción del apócrifo: Clemente de Alejandría citaba en su proverbio número dos, sin nombrar la fuente, en uno de sus escritos, la Stromata –Remedios– compuesta en el año 190 d.C.: «El que busca no debe dejar de buscar hasta que encuentre. Y cuando encuentre se estremecerá, y después de estremecerse se llenará de admiración y reinará sobre el universo».

Dichos indicios, las citas literarias y la clara influencia en los apóstoles, refuerzan la teoría según la cual Tomás habría escrito su evangelio antes que el mismo Mateo. Al igual que en otras religiones, como la hebrea, se sospechaba que podrían haber circulado en el cristianismo antiguo colecciones con los dichos de Jesús, hipótesis que vino a ser corroborada –al menos para algunos– con el descubrimiento de los evangelios de Tomás y Felipe en Nag-Hammadi. Pero, ¿cómo iba a admitir la Iglesia un dogma basado no solo en que cada uno de nosotros puede alcanzar la verdad por sí mismo, sino que Jesús, «hijo único de Dios, engendrado, no creado», como se dejó escrito en Nicea, tenía hermanos, hecho que cuestionaba incluso la virginidad de María?

El Sermón del Monte, por Carl Bloch (1877) Source: Wikipedia

Ante la evidencia de que muchos textos, también los canónicos, afirmaban esta realidad, el cristianismo ortodoxo se apresuró a decir que dichos «hermanos de Jesús» no eran sino hijos de un matrimonio anterior de José. Nada así, sin embargo, se recoge en las Escrituras. ¿Era esto verdad u otra manipulación de la verdadera historia de Jesús? ¿Quién miente, estas escrituras apócrifas, probablemente algunas contemporáneas al Mesías, o la gran corporación que dicta su ley desde el trono de San Pedro? Muchas preguntas sin una respuesta firme pero que, desde luego, despiertan inquietud, y deberían hacerlo también –o sobre todo– entre los creyentes. A veces no es necesario ocultar la verdad, pues el hombre no siente la necesidad de saber, de indagar, de comprender y desenmascarar las farsas de la historia. Por ello, probablemente, seguimos cometiendo los mismos errores que en el pasado: censurando, condenando e incluso quemando aquello que no es de nuestro agrado. Nag-Hammadi es un claro ejemplo, pero hay muchos más. Junto a este gran descubrimiento, poco tiempo después, acaeció otro de gran importancia también para la historia de las religiones, el judaísmo y los primeros cristianos, del que hemos hablado detenidamente en el interior del «Pandemónium»: los rollos del Mar Muerto.

PARA SABER MÁS:

Además de sumergirse en alguna de las ediciones que existen en castellano sobre los evangelios gnósticos, y en los estudios citados en el post dedicados al asunto, para profundizar en la figura del Jesús histórico, muy alejado del postulado mítico de la ortodoxia, nada mejor que acercarse al nuevo trabajo de uno de los investigadores que más saben a nivel mundial sobre los estudios bíblicos y sobre la figura del Mesías cristiano, el filólogo e historiador español Antonio Piñero.

Hace unas semanas, la editorial Trotta publicaba su último trabajo: El Jesús Histórico. Otras aproximaciones. Reseña crítica de algunos libros significativos en lengua española, un acercamiento plagado de erudición y laboriosa documentación a los más importantes textos –y muchos otros menores– que giran en torno a la figura de Cristo desde una perspectiva historiográfica, no sujeta a lo dictado por iglesia alguna y con una finalidad crítica. Para el autor, se trata de construir una imagen de Jesús sobre la base de lo que razonablemente podemos saber hoy sobre él utilizando todas las herramientas usuales en la investigación de la historia antigua.

La lista de libros comentados en estas páginas, señala la sinopsis, no es muy grande si tenemos en cuenta que sobre el personaje se escriben cerca de mil libros al año, aunque la mayoría sin valor historiográfico alguno. Piñero cree que con los libros presentados en este revelador trabajo el lector tendrá las suficientes herramientas intelectuales para formarse una idea de cómo debe discurrir hoy día la investigación del Jesús de la historia. La imagen del Nazareno así construida demuestra que su vida, aun siendo la de un personaje históricamente remoto, está totalmente viva en la inmensa mayoría de los cristianos, una vida que por ello sigue interesando por sí misma, también a los no creyentes y a quienes profesan otras religiones.

Aquí tenéis el enlace de la editorial para adquirir el ensayo en papel o en E-book:

https://www.trotta.es/libros/el-jesus-historico-otras-aproximaciones/9788498799866/

La Marca del Maligno (III)

Es una figura intemporal que causa temor allá por donde pasa pero que, a su vez, goza de una legión de seguidores. Con diversas máscaras e identidades a lo largo de la historia y las distintas culturas, el mal se humaniza adquiriendo su forma y tentando a las almas más endebles con sueños de dinero y poder. El diablo, y sus múltiples rostros, ha dejado señales de su existencia que van más allá de meras leyendas. En numerosos lugares aún puede verse y sentirse… LA MARCA DEL DIABLO

Óscar Herradón ©

El Museo del Diablo (Kaunas, Lituania)

Si uno quiere sentirse más cerca del diablo, pero sin correr el peligro que supone invocarlo o firmar un pacto con su sangre, puede visitar el Museo del Diablo –Devil’s Museum– de Kaunas, en Lituania, una verdadera rareza expositiva sobre la que se ciernen multitud de leyendas.

Incluido en la lista de los museos más curiosos del mundo, consta de tres pisos y alrededor de mil criaturas a cuál más peculiar venidas de todos los rincones del planeta, una colección que se va incrementando año tras año con las aportaciones de numerosos visitantes foráneos. En el primer piso nos encontramos con los demonios locales, la mayor parte auténticas obras de arte: pinturas sobre seda o lienzo, tallas en madera, algunas centenarias, cerámicas o tallas en piedra, con originales interpretaciones de estas malvadas –y también cómicas– criaturas. Uno de los demonios más curiosos es un pequeño diablo dorado sólo visible a través de una lente de aumento, así como un demonio bíblico protector de esta planta museística.

En el segundo piso se halla un gigantesco demonio hecho en madera que fue donado por varios ciudadanos que habían sufrido numerosos desastres y que culpaban a la talla de los mismos. En esta planta hay rarezas de todo tipo; armas, piedras esculpidas con la imagen del maligno, y un tronco con apariencia de demonio, así como un recorrido por la historia de las acólitas de Satán, las brujas. En la tercera planta, el curioso se encontrará con diferentes demonios forasteros, una amplia variedad diabólica.

El diablo…

…es el ángel rebelde, el enemigo de los planes de Dios, el que tienta a los hombres. Los hebreos lo llamaron Satán –Satanás–, cuyo significado es «el obstructor», «el adversario» o «el acusador». El Nuevo Testamento le dio el nombre griego de diabolos –Diablo–, que significa «el Calumniador». Por otra parte, la palabra demonio proviene del griego daimon, con el que los griegos se referían al destino de las personas y que se aplicaba a distintas divinidades o a los poderes desconocidos e invisibles que actúan sobre el hombre. Los cristianos tomarían el término para designar a los ángeles caídos. Además de Satán, la demonología fue elaborando una intrincada jerarquía que incluía nombres como Luzbel, Belcebú, Mammón, Leviatán, Belial, Astaroth, Asmodeo o Belfegor… todos ellos son Legión. 

Arqueología demoníaca

En 2010, un grupo de arqueólogos británico descubrió, en el barrio londinense de Greenwich, enterrada a cinco metros de profundidad, una botella de 23 cm de alto, colocada al revés, esmaltada y con el dibujo del rostro de un hombre barbudo grabado. Tras un minucioso estudio, se concluyó que se trataba de una botella de bruja, llamada también «jarra Belarmino», en honor, o quizá como burla, a San Roberto Belarmino, un jesuita italiano del siglo XVI, azote de protestantes y “martillo de herejes”.

El interior de la «botella de brujas» encontrada en Greenwich contenía orina humana con un alto contenido en nicotina, azufre –elemento imprescindible en todo rito contra las fuerzas del averno–, 12 clavos de hierro, 8 alfileres, un trozo de tela en forma de corazón y uñas recortadas. Fue sellada y enterrada boca abajo con un buen puñado de clavos para «infligir dolor a la bruja».

DANZAD, DANZAD, MALDITOS

Para expulsar al maligno, se celebran procesiones y bailes en numerosos rincones.

La Diablada de Píllaro (Ecuador): En Píllaro, entre el 1 y el 6 de enero de cada año, miles de personas disfrazadas toman las calles para bailar en la Diablada: suelen ataviarse como diablo, guaricha o capariche, los tres personajes principales. El origen de esta festividad está en la época colonial y evoca la rebeldía de los indígenas y mestizos contra la religión católica: se disfrazaban de diablos en repudio a los sermones de los sacerdotes españoles y al maltrato que recibían de los colonos. La tradición exige que aquellos que se vistan de diablo en Píllaro deben hacerlo durante siete años consecutivos. En caso contrario, pueden pasarles “cosas imprevistas”…

Los diablos danzantes de Yare (Venezuela)

Desde hace 269 años, los “diablos” danzan en esta localidad nueve jueves después del Jueves Santo. Comenzó en 1749, cuando una gran sequía afectó al Valle de Yare. Los fieles hicieron promesas al Santo Sacramento para que llegara la lluvia; y llegó. Durante el ritual de los “diablos danzantes”, los llamados “promeseros” visten de rojo, con capas y máscaras de apariencia grotesca, y portan cruces, escapularios y rosarios. Bailan por las calles al ritmo de tambores e instrumentos de cuerda que causan un gran estruendo para espantar al maligno. Escenifican una larga procesión que finaliza en la iglesia, cuando todos en señal de respeto, se postran ante el Santo Sacramento, y son bendecidos por un sacerdote.

El Colacho (Castrillo de Murcia, Burgos)

Esta festividad se celebra el domingo después de Corpus Christi y se remonta a 1620, aunque sus orígenes no están claros. Ciudadanos vestidos de demonios corren por todo el pueblo luciendo máscaras rojas y amarillas y profiriendo insultos contra los lugareños, dándoles latigazos con una cola de caballo atada a una vara. Cuando los redobles anuncian la llegada del atabalero, vestido de negro, y los hombres devotos para «expulsar el mal», da comienzo una exhibición singular y no exenta de controversia: el salto del Colacho. Los bebés que han nacido ese año son colocados sobre un colchón, mientras los «diablos» les saltan por encima en una suerte de bautismo: así el demonio absorbe los pecados de los recién nacidos y les proporciona protección frente a las enfermedades y desgracias.

Lugares que acogen el mal

Davolja Varos (Serbia)    

Davolja Varos, que en serbio cirílico significa «Ciudad del Diablo», es una formación rocosa al sur de Serbia. Compuesta por 202 exóticas formaciones conocidas como «pirámides de tierra» o «torres», fueron creadas por la erosión y una fuerte actividad volcánica. Bajo ellas corre un manantial con alta concentración de minerales y dos fuentes: Davolja voda –«agua del Diablo»– y Crveno Vrelo –Pozo Rojo–. La particularidad del terreno: suelo rojo, aguas extremadamente ácidas y el particular sonido que causa el viento al atravesarlas, ha dado origen a diversas leyendas, entre ellas, que aquel es un lugar consagrado al maligno.

Las Flechas del Diablo (Devil’s Arrows, Boroughbridge, Inglaterra)

Los llamados «Menhires de Boroughbridge» son tres grandes piedras megalíticas ubicadas en North Yorkshire, que se levantan cerca de la carretera A1 que en la actualidad cruza el río Ure. Erigidas en tiempos prehistóricos, parece que en un principio fueron cinco piedras, que finalmente se dispersaron. Las tres restantes están alineadas de forma casi perfecta, por lo que se cree que fueron así colocadas para coincidir con los movimientos lunares. La historia sobrenatural empezó a escucharse en 1721, cuando se dijo que fue el mismísimo Satanás quien tiró las piedras, que empezarían a ser conocidas como «Las Flechas del Diablo» (Devil’s Arrows). Una leyenda señala que al dar doce vueltas en contra de las agujas del reloj a una de ellas, se aparecerá el mismo Astuto en persona.

Los pantanos de los condenados

Cuentan que algo oscuro se cierne sobre Yeun Elez, en Bretaña, donde, según Olivier Le Carrer, los sortilegios de otros tiempos «se divierten confundiéndose con los de la actualidad». Ese río de los ángeles es el Elez, cuyo curso «seguían las criaturas aladas para ir a liberar las almas cautivas de los difuntos y abrirles las puertas del purgatorio». Se dice que antes de que el embalse sirviera para refrigerar, en los 60, la hoy desaparecida central de Brennilis, allí convergía una marisma sin fondo.

Los campesinos del Arrée vivían siempre con el alma en vilo esperando los chirridos de la carreta del Ankou, según Le Carrer, «el devoto servidor de la muerte que recorría los campos con su mell bennigt –mazo bendecido– para marcar a los siguientes ‘elegidos’». No era baladí que se encontraran inquietos: no sabían qué les aguardaba en el insondable youdig, considerado la puerta del mismo Infierno; otra de tantas…

Marcas y huellas del Diablo

Dispersas por el mundo, existen huellas y señales que se atribuyen a la acción del Astuto. Aquí os dejamos algunas de las más sugerentes:

–La huella del Diablo en la catedral de Múnich. Cuenta la leyenda que cuando en el siglo XV le encargaron al arquitecto Jörg Von Halsbach construir la catedral de Múnich, éste hizo un pacto con el diablo. Al parecer, le propuso al Astuto que si no interfería en la construcción, él levantaría una catedral sin ventanas, y si no lo conseguía, como es de recibo, el maligno se quedaría con su alma. Veinte años después, cuando el templo estuvo terminado, el diablo, que no podía pisar suelo sagrado, se asomó a la puerta y no pudo ver ventana alguna –el ventanal del fondo estaba tapado por un gran retablo–. El rey de los infiernos, encolerizado, logró cruzar el umbral y plantó su huella en mitad del suelo de la catedral, una huella que hoy puede verse.

La huella del diablo en Santa Eulària (Ibiza). Cuenta el folclore local que un leñador huraño de nombre Pep cortaba troncos en el Puig d’en Ribes y un hombre extraño le preguntó si necesitaba ayuda; luego se puso a cortar árboles a una velocidad de vértigo. Pep recelaba de él, recelo que fue en aumento cuando a la hora del almuerzo el desaliñado visitante sacó un cuenco «lleno de lombrices, uñas, lagartijas, insectos y demás inmundicias que se llevaba a la boca»; y sus sospechas se vieron confirmadas cuando al volver al trabajo, Pep pudo ver de refilón cómo bajo las ropas del extraño sobresalía «una cola larga y afilada».

Era el mismo diablo. Como el leñador llevaba consigo un rosario, ahuyentó con él al maligno, que salió en estampida hacia la cima. Se levantó una capilla –Sa Creu d’en Ribes– en el mismo lugar en el que –aseguran– el huidizo diablo dejó su última huella.    

La Puerta del Infierno

Si quieres emprender el camino hacia el averno, obviando los riesgos que implica, puedes hacerlo, por ejemplo, en la República Checa, en la región de Okna, al norte de Bohemia. Allí se erige el misterioso Castillo de Houska, que, según la tradición local, habría sido erigido precisamente como «tapón»de una entrada al mismísimo infierno. La historia, que se remonta al siglo IX, contaba que en la roca sobre la que se yergue había una grieta por la que salían criaturas infernales «con aspecto mitad humano y mitad animal, que causaban daños a personas, animales y perjudicaban la cosecha». Con el paso de los años se logró taponar la grieta y sobre ella se erigió una capilla de estilo gótico. Fue en el siglo XIII, lo que convierte a Houska en una de las fortalezas más antiguas de Chequia.

El hecho de que las paredes estén siempre húmedas y cubiertas de líquenes, mientras las demás construcciones no sufren dichos problemas, despierta aún más dudas entre los lugareños. Desde hace siglos, las gentes de la zona están convencidas de que la misteriosa puerta que se abriría debajo del castillo conduce a otros mundos… e incluso a otros tiempos. Aunque las fortalezas se construían con una finalidad protectora, la mole pétrea de Houska se sitúa en un lugar desierto y sin acceso al agua. Una leyenda apunta que en el siglo XVI se concedió a un reo condenado a muerte la posibilidad de trocar su trágico destino por la libertad si se aventuraba en su interior y contaba lo que había visto. Una vez que le hicieron descender, comenzó a gritar, aterrado, que lo subieran, asegurando que prefería morir en el cadalso: aseguró que en el interior de la sima había escuchado unos gritos espeluznante, y que el ambiente estaba impregnado de un hedor insoportable. En el siglo XIX se extendió aún más la leyenda cuando el poeta romántico Karel Hynek Mácha decidió pernoctar en la sima.

Existen otras supuestas puertas al infierno diseminadas por todo el orbe: El Escorial (España); el Necromanteión (Éfira, Grecia, el cráter de Darvaza (Turkmenistán), Hierápolis (Pamukkale, Turquía). El Monte Osore (Japón) Suma y sigue… No sabemos cuál es el mejor atajo para llegar hasta allí. En otro post nos atreveremos a abrirlas.

La Marca del Maligno (I)

Es una figura intemporal que causa temor allá por donde pasa pero que, a su vez, goza de una legión de seguidores. Con diversas máscaras e identidades a lo largo de la historia y las distintas culturas, el mal se humaniza adquiriendo su forma y tentando a las almas más endebles con sueños de dinero y poder. El diablo, y sus múltiples rostros, ha dejado señales de su existencia que van más allá de meras leyendas. En numerosos lugares aún puede verse y sentirse… LA MARCA DEL DIABLO

Óscar Herradón ©

Agazapado en las sombras, silente –salvo cuando toca el violín–, puede permanecer horas, días y a veces siglos a la espera de una nueva presa, un incauto con ínfulas de grandeza, con sed de enriquecerse en un abrir y cerrar de ojos o de alcanzar la tan ansiada inmortalidad prometida –en vano– por los viejos alquimistas. Le gusta estampar su rúbrica en rojo sangre sobre un grimorio medieval, o su impronta –ya sea la mano o el pie, o más bien la pezuña– sobre el suelo y la piedra de una catedral.

El caso es que, sea cual sea el verdadero origen de su nombre, o si las primeras religiones monoteístas, como el judaísmo, lo adaptaron –y desvirtuaron– de cosmogonías anteriores, lo cierto es que el diablo, Satanás, la Bestia, Lucifer, y en pueblos lejanos Abbadon, Rakhasha, Asura, Vetala… tiene tantos nombres como adeptos, objetos y cultos de un rincón a otro del planeta. Es, por utilizar terminología contemporánea, una suerte de rock-star, más célebre aún que aquellos músicos a los que el folclore atribuye un pacto con el mismo para alcanzar «fortuna y gloria», como decía Indy.

No vamos a realizar un sesudo recorrido antropológico por el origen del mal, el infierno o los ángeles caídos, en cuya historia ya hemos gastado mucha tinta, sino a seguir la pista del «maligno», su fétido aliento y su dañina mirada y a conocer de primera mano los múltiples objetos, enclaves y obras que se atribuyen a su pérfida acción. Allí donde ha quedado grabada a fuego, desde tiempos antiguos, la Marca del Diablo…

Los múltiples rostros del maligno

Aunque el miedo al diablo pueda parecer cosa del pasado, pergaminos amarilleados de un grimorio medieval escrito con una mezcla de fanatismo y temeridad ante Dios, lo cierto es que sigue estando muy presente en diversas formas en todo el mundo, tanto, que ahora se le rinde culto en iglesias edificadas ex profeso por grupos luciferinos y el Vaticano ha visto aumentar el número de demandas de exorcismos entre la población.

En la era de la tercera revolución industrial o científico-tecnológica, todavía se descuartiza a personas en África para fabricar amuletos y hacer pociones «mágicas» –principalmente a los albinos, una de las mayores aberraciones de estos tiempos–, en la India se considera que algunas enfermedades mentales o deformaciones son causa de la acción de los «demonios» y, en los países de este mal llamado primer mundo, donde no suelen ser la miseria y el analfabetismo los desencadenantes de la superstición, se realizan exorcismos en grupo que, en ocasiones, acaban en verdaderas desgracias …

Por su parte, la arqueología no deja de sorprendernos con nuevos hallazgos que nos descubren que el miedo al diablo, al demonio, a sus acólitos o a seres malévolos en general, está presente en todos los pueblos desde tiempos inmemoriales, como el descubrimiento en 1994 de representaciones de seres demoníacos y animales protectores en el que podría ser el primer santuario de la historia, Gobekli Tepe, en Turquía.

Más reciente fue un sorprendente hallazgo de 2014, cuando un grupo de arqueólogos ingleses, al levantar los tablones de una mansión abandonada y semiderruida en el condado de Kent, de nombre Knole, encontraron el lugar donde se grabaron líneas entrecruzadas talladas y símbolos indicativos de una «trampa para demonios».

Según Rossell Hope Robbins, los primeros cristianos no siempre concebían al diablo bajo forma humana. En la Vida de San Antonio, obra atribuida a Atanasio alrededor del año 360 d.C., los diablos aparecen bajo múltiples formas, entre ellas las de un muchacho negro y un hombre de gran envergadura. Hacían su aparición ante los aterrados testigos como «¡una bestia parecida a un hombre con patas como las de un asno!», y también como leopardos, osos, caballos, lobos y escorpiones. Curiosamente, para éstos estaban prohibidas –según el texto– las formas de la paloma y el cordero, símbolos de santidad. Era habitual que los diablos se transformaran con frecuencia, «adoptando la forma de mujer, bestia salvaje, seres reptantes, cuerpos gigantescos y legiones de soldados… otras veces asumían el aspecto de monjes y hablaban como hombres santos». Con los siglos, adoptaría formas más sutiles y actuaría de forma menos pendenciera, pero igual de letal…

Siguiendo la Vida de San Antonio, la aparición de los diablos solía ir precedida por un gran estruendo, «con ruidos y gritos como los que hacen los jóvenes toscos o los ladrones», o con «gemidos de niños, aletear de bandadas de pájaros, mugir de bueyes… el rugido de leones, el clamor de un ejército». El propio Atanasio dejaba constancia escrita de que estos seres entraban y salían a voluntad por puertas cerradas, a veces despedían un hedor repugnante, y por su parte san Hilario, con un agudo olfato, aseguraba ni corto ni perezoso que podía «distinguir por el olor de los cuerpos y las ropas (…) qué demonio importunaba al hombre» Esta imagen penetraría con fuerza en el imaginario colectivo de Occidente.

Contenedores de Demonios

La idea de atrapar y confinar a las fuerzas del mal en un “contenedor” u objeto se lleva intentando, de una forma u otra, desde tiempos pretéritos. Cuenta el grimorio anónimo del siglo XVII La Llave Menor de Salomón que el rey Salomón, gran conocedor de la magia, invocó y encerró a nada menos que 72 demonios de alta graduación en una vasija de bronce que selló con símbolos cabalísticos, obligándoles a trabajar para él. Ya en el Antiguo Testamento se menciona que el majestuoso Arcángel Miguel le dio al citado rey un anillo «inscrito con un sello mágico y llamado el Sello de Salomón», que aparentemente le daría el poder de controlar demonios.

Caja Dybbuk

Sería una de las primeras referencias históricas sobre el uso de lo que se ha dado en llamar «contenedor sobrenatural», y que puede que sea también el origen de la caja Dybbuk del judaísmo. Un objeto –aunque también puede ser un ser vivo– que serviría como envase para encerrar a un ser sobrenatural y que éste no pueda hacer ningún mal. Entre los siglos III y IV de nuestra era, los caldeos, los zoroastrianos y los judíos solían utilizar cuencos de terracota rebosantes de hechizos mágicos que después enterraban boca abajo en las esquinas de los cimientos. Se creía que estos cuencos protegían o atrapaban el mal en sus múltiples y espeluznantes formas, como demonios y espíritus malignos.

Pero no es algo particular del judaísmo, el cristianismo o sectas afines; otras culturas tenían objetos similares destinados a espantar o recluir entidades demoníacas, como los «ojos de Dios» de América Central, los Atrapasueños de los nativos norteamericanos, los árboles heint de América del Sur, con botellas en las que los demonios, al no poder evitar entrar –no sabemos muy bien por qué– quedaban atrapados; e incluso en el Tíbet se elaboraban trampas para demonios con cráneos de carnero.

En la Edad Media, cuando comienza la salvaje caza de brujas, la obsesión por los demonios –de todo tipo y pelaje– se dispara, y también se hacen célebres la trampas demoníacas, consistentes en símbolos que supuestamente atraían la curiosidad de un demonio y luego eran sellados mediante una especie de ciclo infinito.

Y sería común en la Europa de los siglos XVI y XVII, el uso de trampas espirituales conocidas como «botellas de brujas» que servían –dicen– para capturar espíritus. Dichas botellas se llenaban con pelos, uñas y otras sustancias como sangre u orina –una suerte de señuelo para hacer creer al demonio, algo ingenuo él, que se trataba de una persona real–, y por lo general se cocían; cuando estos seres entraban en la botella, ésta se cerraba herméticamente, acompañada de vidrios y espejos para mantener encerrado al demonio y luego se quemaba, generalmente cerca de un río. La mención más antigua sobre este objeto la encontramos en un libro sobre brujería escrito en Inglaterra en 1680, aunque se cree que su antigüedad es mayor.

Hellboy, el «demonio rojo» de Mignola

En la ficción, el «contenedor sobrenatural» es un recurso bastante utilizado. Por citar un ejemplo del gusto de quien esto escribe, en la saga Hellboy de Mike Mignola, el demonio Samael permaneció encerrado dentro de la estatua de un santo hasta que fue revivido. Por cierto, sumergirse en las páginas de esta saga es algo que supongo que todo amante del cómic y de lo sobrenatural ya habrá hecho hace unos veinte años, pero si no es así, invito con vehemencia a hacerlo a todo neófito.

Norma Editorial publica en castellano los títulos que en EEUU lanza Dark Horse Comics. Desde los volumenes en rústica a los de tapa dura hasta lujosos volumenes en cartoné de Hellboy Integral, AIDP Integral –la Agencia para la Investigación y Defensa Paranormal en la que trabaja el «demonio rojo», en inglés BRDP– y desde hace poco la saga Abe Sapien en formato completo. Sus últimos títulos han sido AIDP. Demonio conocido 2. Pandemónium –me encanta el subtítulo– y AIDP Integral 7.

Y hablando del Malingo en estado puro, Mike Mignola –creador de Hellboy y otro largo abanico de (monster)héroes–, en colaboración con Johnson-Cadwell, Warwick, extiende un spin-off de este universo: Nuestros encuentros con el mal, que también acaba de publicar este mismo mes Norma Editorial, donde recupera a los personajes de El Sr. Higgins vuelve a casa. Con la ayuda de otra intrépida cazadora de vampiros, la señorita Mary Van Sloan el profesor J. T. Meinhardt y su ayudante el Sr. Knox continúan su lucha incesante contra no muertos, hombres lobo y otros horrores difíciles de explicar y que uno tiene que ver.

Volviendo tras este breve impás a las «botellas de brujas», lejos de pensar que esta práctica es algo del pasado, hoy en día hay gente que continúa fabricándolas, principalmente en el ambiente New Age, vendiéndose, incluso, por Internet a golpe de tarjeta. Se elaboran con jarras de cristal y en lugar de orina o sangre, introducen en el recipiente vinagre o vino purificador, añadiéndole agujas y clavos o incluso hojas de afeitar oxidadas, inciensos, flores, cenizas o monedas… Tras su sellado con cera o con lacre suelen ser enterradas en el jardín de la casa o en una maceta, siempre con el cuello de la botella o jarra hacia abajo.

V-Wars (Drakul)

Y si lo que queremos es acercarnos a unos de los grandes colaboradores del maligno desde tiempos pretéritos, los vampiros, nada mejor que sumergirnos en las páginas del cómic que ha inspirado una de las series de Netflix: V-Wars, editado por Drakul, cosecha de uno de los autores superventas del New York Times, Jonathan Maberry , junto con Alan Robinson y el artista visual Jay Fotos, un primer volumen que recopila los números 1 al 5 de la novela gráfica.

Con un dibujo descarnado y violento, y unos personajes muy bien perfilados, no es la típica historia post-apocalíptica, pues en ella se entreteje también una trama de intriga política y se aprecian claros elementos del género bélico. Como sucede con la exitosa e interminable The Walking Dead, según avanza el relato se evidencia cómo planea en el ambiente el miedo, los extremismos, la intolerancia e incluso el racismo; el hombre mucho más peligroso que la criatura. Sin embargo, personalmente me parece más adictiva que la saga creada por Kirkman y Moore.

La trama cobró todavía más interés con el trágico estallido de la pandemia de Covid que mostró lo vulnerables que somos los seres humanos a los virus (aunque éstos no nos conviertan, por suerte, en no muertos), al que se une el implacable azote del cambio climático. El deshielo del Ártico ha liberado un virus muy contagioso que desata una pandemia global que convierte lo que hasta entonces era un mito de algunos pueblos en una terrible realidad: el vampirismo. Para luchar contra la mayoría de personas cuyos genes han mutado en este sentido, convirtiéndose en criaturas depredadoras ansiosas de sangre fresca, el presidente de los sempiternos Estados Unidos contrata al profesor universitario Luther Swann, especialista en estas criaturas y toda la mitología –ahora realidad– que las envuelve. Sin embargo, el propio gobierno USA parece estar detrás de una compleja conspiración política en la que el investigador se verá envuelto.

Toda una guerra «sobrenatural» en la que se evidencia un discurso antibelicista (por parte no solo de humanos, sino también de algunos vampiros) y una advertencia sobre lo que puede avecinar un futuro no muy lejano. Una nueva lectura sobre la corrupción, la destrucción del planeta, las enfermedades y los miedos ancestrales compartidos por todos los pueblos.

He aquí el enlace para adquirir este sangriento volumen:

https://www.drakul.es/component/virtuemart/v-wars-1-la-reina-escarlata-detail

Este post continuará… al capricho del Innombrable.