Objetivo Venganza (La Esfera)

La Esfera nos trae el ensayo Objetivo Venganza: Intriga, secretos y poder en el retorno de Trump a la Casa Blanca, la vertiginosa crónica de la purga que el republicano prometió desde el destierro, centrada en el segundo y controvertido mandato del magnate neoyorquino –lo que llevamos de él– firmado por el periodista David Alandete.

Óscar Herradón ©

Trump con la prensa en el Despacho Oval en 2017.

Hemos hablado hasta la saciedad de Trump en el Pandemónium, y no es para menos, teniendo en cuenta la relevancia y presencia continuada del personaje (o personajazo), principalmente en este su segundo mandato no consecutivo, realmente incendiario. Alandete es corresponsal en Washington de ABC, COPE y Telemadrid, y fue reconocido en 2025 con el Premio al Mejor Corresponsal Español del Club Internacional de Prensa. El libro nace, según ha explicado su autor, de sus crónicas diarias desde la capital estadounidense y de una conversación en el Despacho Oval con el propio Trump que le empujó a escribirlo (no es cualquiera el que puede mantener una conversación privada con el comandante en jefe de la primera potencia mundial, por «tronado» que este pueda o no estar).

Del destierro de Mar-a-Lago a la venganza sin fin

Mar-a-Lago, Palm Beach, Florida.

La primera parte, titulada «Desde el exilio», retrata Mar-a-Lago, la lujosa residencia que el magnate tiene en Florida y a donde se llevó numerosos documentos de alto secreto (que serían requisados más tarde por el FBI, lo que no impidió que volviera a ocupar el Ala Oeste de la Casa Blanca), como un laboratorio estratégico desde el que Trump reconstruyó el Partido Republicano tras la derrota de 2020 y el asalto al Capitolio, con la estratega Susie Wiles como pieza clave de ese regreso. Alandete sostiene que el atentado en el que una bala le rozó la cabeza (atentado cometido por el joven de 20 años Thomas Matthew Crooks en un mitin en Pensilvania el 13 de julio de 2024) fue el instante decisivo que garantizó a Trump la victoria electoral sobre Kamala Harris en las presidenciales que se celebraban ese año, apelando a esa épica de la imagen que tanto gusta al electorado estadounidense. A partir de ahí, según describe el propio periodista, se despliega una «venganza sin fin» que purga, en sus propias palabras, el partido, el Gobierno federal, la judicatura y hasta las instituciones internacionales.

Anécdotas que no suelen llegar a España

Rutte con Trump en 2019.

Entre el material más singular que recoge el libro está la influencia de la activista Laura Loomer sobre decisiones de Estado, o los mensajes del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, dirigiéndose a Trump como «Daddy» y firmando como «tuyo» (un pelota en toda regla de toda la vida, vamos). El propio autor aparece como personaje secundario de su propia crónica: relata cómo el irreverente y combativo ministro Óscar Puente (al que algunos tildan de «perro de presa» de Pedro Sánchez) le acusó de «traidor» en la televisión pública después de que repreguntara a Trump sobre el gasto en Defensa de España, un episodio que Alandete usa como hilo conductor de la tensión entre su oficio y el Gobierno español.

Político rubio grita ante periodistas; texto: «CONFERENCIA DE PRENSA» y «PRENSA».
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Segundo gabinete de Donald Trump en 2025 (unos cuantos ya no están).

En conjunto, el libro tiene su principal baza en ser un testimonio de primera mano –con el valor añadido de la mirada de un corresponsal que ha sufrido en sus propias carnes el fuego cruzado entre Washington y Madrid–, algo que no puede decir cualquier periodista, más que como un intento de explicar en profundidad el fenómeno trumpista que, no obstante, está cubierto por una nutrida bibliografía. Ya en el Pandemónium reseñamos recientemente otra novedad de La Esfera centrada en el controvertido presidente republicano y su relación con Rusia: Nuestro hombre en Washington, del periodista galo Régis Genté. A través de las páginas de Objetivo venganza, el lector podrá revivir con buen pulso narrativo el primer año y medio de la segunda presidencia de Trump en una lectura ágil y bien informada.

Nuestro hombre en Washington

La Esfera de los Libros publica Nuestro hombre en Washington. Donald Trump y su larga relación con Rusia, donde el autor, el periodista francés Régis Genté, ofrece una hipótesis sorprendente –e inquietante– sobre las relaciones entre el combativo presidente USA y el Kremlin…

Óscar Herradón ©

Nuestro hombre en Washington es un libro polémico, y a la vez revelador. Habrá quien no apoye la propuesta del autor, pero sin duda no dejará a ningún lector indiferente. En unos tiempos en los que Donald Trump, cerca del ecuador de su segundo mandato no consecutivo, incendiario –y a veces, delirante–, con la geopolítica desnortada y una incertidumbre que avecina crisis en los mercados financieros, no está de más conocer algunos de los aspectos más oscuros –y no son pocos– del inquilino actual de la Casa Blanca.

Donald Trump delivering a speech at a podium with Russian flags and crowd holding signs in Russian
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El ensayo es una investigación periodística que ambiciona desvelar las claves ocultas de la larga y ambigua relación entre Trump y Rusia, desde sus primeros contactos con figuras ligadas al KGB en los años setenta (no olvidemos que el propio Putin formó parte de la agencia de inteligencia justo antes de la desintegración de la Unión Soviética) hasta los contactos entre Washington y Moscú en estos agitados tiempos del magnate neoyorquino nuevamente en el Ala Oeste. No es una tarea sencilla, desde luego, teniendo en cuenta que, aunque han trascendido no pocas filtraciones tras el escándalo del llamado «Russiagate», la mayor parte de las informaciones y documentos sobre este turbio asunto llevan el marchamo de alto secreto, de las agencias estadounidenses, pero también de las rusas.

¿Garganta profunda?

Su autor es Régis Genté (que en La Esfera tiene también el libro Volodimir Zelenski. En la mente de un héroe, escrito con el también periodista y corresponsal Stéphane Siohan), especialista en Rusia y el espacio postsoviético. Corresponsal de RFI, France 24 y Le Figaro, y residente en Georgia desde hace más de 20 años, dota al relato de un gran conocimiento de la geopolítica, clave en tales asuntos de relaciones (y ocultamientos) internacionales. Para Genté, Trump sería, desde hace décadas, nada menos que una suerte de «contacto confidencial» de los servicios secretos rusos (de ser cierto, sería alta traición, más si tenemos en cuenta que se trata del comandante en jefe de los Estados Unidos de América, principal adversario geopolítico de Moscú), algo que habría resultado enormemente útil a los objetivos de la política exterior del Kremlin.

Régis Genté (La Esfera)

Según la tesis del autor, que defiende de manera rotunda, lejos de ser un accidente de la historia, la cercanía de Trump con Moscú respondería a una espesa red de intereses económicos, políticos y personales que lo han convertido en un inesperado y peligroso aliado del Kremlin. Un relato vertiginoso –habría que saber hasta qué punto verosímil, el tiempo lo dirá– en el que se dan la mano espías, mafiosos exiliados, oligarcas y diplomáticos que habría favorecido el ascenso del magnate neoyorquino hasta el primer sillón de la nación hasta el momento más poderosa del mundo.

Bannon.

Nadie olvida lo que sucedió en 2016 con la filtración masiva de emails de la candidata demócrata Hillary Clinton, práctica favorecida desde Moscú y realizada entre otros por Wikileaks, así como la todo lo llevado a cabo en Cambridge Analytica (cuyo vicepresidente fue precisamente uno de los antiguos mentores ideológicos de Trump, Steve Bannon, y artífice del éxito del Brexit y del triunfo presidencial de Trump en su primer mandato). Ya entonces se hablaba de una turbia –y soterrada– relación entre el magnate y los hombres fuertes de Putin (con el que mantiene una ambigua relación, aunque mucho más «amigable» que su antecesor en el cargo, el demócrata Joe Biden).

Sea como fuere, Nuestro hombre en Washington es un libro que cualquiera que tenga un mínimo de interés en lo que se cuece entre bambalinas, cómo funciona el poder y cuáles son las claves de esta nueva reconfiguración del mundo a la que estamos asistiendo en directo –como a las declaraciones, muchas veces contradictorias, del propio Trump, en plena guerra en Oriente Medio y con la de Ucrania aún activa–, debe leer con atención. ¿Será acaso esta la forma secreta en que Trump está haciendo América Grande de Nuevo, según el eslogan que adoptó de una vieja campaña de su admirado Ronald Reagan? En estos tiempos delirantes, todo es posible.

Revolución: el papel decisivo de España en la Independencia de Estados Unidos

El 4 de julio de 2026 se cumplen 250 años de la Declaración de Independencia de los EE.UU. de la Corona inglesa, y un revelador ensayo que acaba de publicar Edaf revela la trascendental  contribución de la Corona española a la revolución y la financiación de la misma, hechos olvidados e incluso negados durante siglos por la Leyenda Negra antiespañola: Revolución, de Jorge Luis García Ruiz.

Óscar Herradón ©

Carlos III.

En coalición con la Francia borbónica (una «coalición» no siempre fácil y amistosa) el gobierno español, en cuyo trono se sentaba entonces el rey Carlos III, puso una ingente financiación y también envió grandes cantidades de materias primas y armas a los insurgentes americanos, algo generalmente olvidado y desconocido en el país de las barras y estrellas (que sí han agradecido la contribución francesa al proceso) en un tiempo en el que se fue forjando una suerte de «leyenda negra» antiespañola por parte de británicos, franceses y también colonos americanos.

Bernardo de Gálvez.

Entonces perdimos definitivamente Gibraltar (y a punto estuvo de hacerlo Menorca). Algunos congresistas y propagandistas de lo que más tarde serían los Estados Unidos de América (como John Jay, responsable de gran parte de esa publicidad negativa hacia España) o el venezolano Francisco de Miranda (que tras formar parte del Ejército español contribuiría precisamente a la independencia de lo que más tarde sería Venezuela de la Corona hispánica –con relativa ayuda de los congresistas estadounidenses–), intentaron dinamitar la historiografía sobre lo que realmente sucedió en relación con la Corona española y su contribución a la Revolución americana –y hay que decir que lo consiguieron–. En el libro, tiene una importancia capital el personaje, este sí, honorable, de Bernardo de Gálvez.

Navío Santísima Trinidad.

El oprobio fue doble, pues los congresistas estadounidenses volverían a contar más tarde con la protección de sus otrora «enemigos» ingleses invadiendo numerosas tierras que pertenecían a la Corona española (contribuyendo además a la independencia de las colonias) y no devolvieron una deuda que según los historiadores más fiables, no contaminados por el relato tergiversado de la realidad, probablemente habría hecho que España continuase teniendo parte de la hegemonía mundial. La historia, sin duda, sería muy distinta a la actual.

Presidio. El anterior trabajo del autor con Edaf.
El autor.

Es gran parte de lo que narra con una prosa sencilla y cercana, pero a la vez basándose en una ingente documentación (mucha de ella inédita) el autor, Jorge Luis García Ruiz, doctor en Estudios del Mundo Antiguo por la Universidad Complutense de Madrid. Español de nacimiento y norteamericano de adopción, reside en una de las ciudades con más historia hispana de los Estados Unidos de América, San Antonio, en Texas. Arqueólogo e historiador, pero sobre todo investigador, es profesor en la Texas Lutheran University y con Edaf ha publicado, con enorme éxito de crítica y público, el ensayo Presidio. La historia documentada de 300 años en la frontera norte, que también he leído a conciencia y puedo asegurar que arroja información reveladora sobre el papel de España en la configuración de los Estados Unidos y gran parte de la civilización del Nuevo Mundo.

¿Qué encontraremos en Revolución?

Declaración de Independencia.

El 4 de julio de 1776 se firmó la declaración de Independencia de los Estados Unidos. La asistencia española a la Independencia fue de tal importancia y magnitud que lo verdaderamente difícil es comprender cómo pudo haber sido ocultada durante 250 años. La historiografía estadounidense ha logrado, de manera sistemática y con notable éxito, oscurecer el papel de España en su Guerra de Independencia, pese a haber sido la ayuda más significativa que recibió.

Tropas españolas en la Batalla de Pensacola.

Esta obra arroja luz sobre aspectos aún desconocidos y aborda cuestiones de enorme relevancia: la negociación previa entre todas las partes, la siempre compleja relación con Francia y la ambigüedad de sus políticos y mandos militares, llevándonos a preguntarnos si fueron realmente aliados de España o sus peores enemigos y el comportamiento de los enviados estadounidenses ante la corte española. Desfilan por sus páginas todos los protagonistas, no solo las figuras principales, y los acontecimientos más importantes, evitando el triunfalismo y el victimismo, pues ambos son enemigos de la verdad.

Dólar (1804).

Nos aclara qué se pagó, quién lo pagó, a quién se entregó y, sobre todo, quién tuvo que sacrificarse para que hoy los Estados Unidos puedan seguir celebrando su independencia. Y por último, se examina cómo se negoció la paz y quiénes fueron sus artífices, así como los agradecidos por tan oportuno y desinteresado gesto y qué obtuvo España a cambio de tanta generosidad. Si recuperar la deuda financiera es imposible, al menos es necesario seguir exigiendo el reconocimiento de la enorme deuda moral.

El Enemigo de mi Enemigo (Alianza Editorial)

Y con motivo de una efeméride de tal calado, son algunas más las novedades editoriales centradas en el papel de nuestro país en aquel conflicto capital para el desarrollo de la historia moderna y contemporánea. Una de los más destacadas –y recomendables– es El enemigo de mi enemigo. España en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica (1775-1783), publicado por Alianza Editorial, el último trabajo de Gonzalo M. Quintero Saravia, doctor en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid, doctor en Derecho por la UNED y miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.

Carlos III.

El título resume con precisión la tesis del libro: España entró en la guerra no por simpatía ideológica hacia unos rebeldes que cuestionaban la autoridad monárquica –de hecho, la Corona de Carlos III desconfiaba profundamente de ellos, como vimos en la reseña de Revolución–, sino porque su enemistad histórica con Gran Bretaña convertía a los insurgentes norteamericanos en aliados de circunstancia útiles para sus propios objetivos territoriales y estratégicos.

Quintero Saravia no llega a este libro como debutante en la materia. Antes escribió, directamente en inglés y para una editorial universitaria estadounidense, la primera biografía exhaustiva de Bernardo de Gálvez, Spanish Hero of the American Revolution, un trabajo que recibió reseñas elogiosas en publicaciones académicas como el William and Mary Quarterly o el Missouri Historical Review y que le valió ser fellow del Weatherhead Center for International Affairs de Harvard. Ese itinerario inverso al habitual –publicar primero para el mercado anglosajón antes de escribir para el lector español, algo que también ha hecho con algunos de sus títulos Jorge Luis García Ruiz– explica el rigor documental de El enemigo de mi enemigo, que dedica buena parte de sus más de quinientas páginas a rastrear archivos españoles, mexicanos y estadounidenses para reconstruir un relato que en España sigue siendo, sorprendentemente, poco conocido.

Bernardo de Gálvez.

La estructura, en siete capítulos, sigue un arco clásico: los antecedentes en las tensiones sobre las Floridas y Luisiana, el estallido y desarrollo del conflicto, las operaciones militares españolas en el Misisipi, el Caribe y el asedio a Gibraltar, las negociaciones diplomáticas en las cortes europeas y un cierre dedicado a los tratados de paz y sus consecuencias. Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana española y después virrey de Nueva España, es el protagonista casi inevitable: sus campañas contra los asentamientos británicos del Misisipi y sus victorias en Mobila y Pensacola impidieron que Gran Bretaña concentrara todas sus fuerzas navales y terrestres contra el ejército continental de Washington, un dato que explica por qué su retrato cuelga hoy en la sala de fundadores del Congreso estadounidense y por qué ciudades como Galveston llevan su nombre, mientras en España su figura permanece casi anónima.

Una necesaria revisión historiográfica

Sitio de Gibraltar.

El ensayo se inscribe en una corriente historiográfica que en el mundo anglosajón lleva ya una década ganando terreno y que deberíamos adoptar por estos lares: la revisión de la Guerra de Independencia estadounidense como conflicto genuinamente internacional, no como gesta puramente americana. El referente obligado en esa corriente es Brothers at Arms, del historiador y arquitecto naval Larrie Ferreiro, finalista del mismísimo Premio Pulitzer, que sostuvo con cifras contundentes que Francia y España aportaron cerca del noventa por ciento de las armas usadas por los colonos y un volumen de ayuda financiera equivalente a treinta mil millones de dólares actuales, sin la cual la causa americana difícilmente habría triunfado. Quintero Saravia comparte con Ferreiro esa voluntad de sacar a España del papel de comparsa diplomática y devolverla al centro del tablero, aunque su enfoque es más monográfico: donde Ferreiro construye un fresco tríptico de Francia, España y las colonias, Quintero Saravia profundiza específicamente en la lógica interna de la política española, sus reticencias, sus cálculos y su particular manera de entender que ayudar a los rebeldes no significaba, en modo alguno, legitimar la rebelión como principio.

Mapa de la Luisiana y la Florida (1764).

Ahí reside el mayor acierto del libro: mostrar con matices la incomodidad de fondo de la diplomacia de Carlos III, atrapada entre el deseo de debilitar a Gran Bretaña, recuperar Gibraltar y Menorca (cosa que finalmente consiguió con el apoyo francés), y el temor genuino a que el ejemplo americano contagiara a sus propios territorios en Indias. Esa ambivalencia, más que la épica de las batallas, es lo que distingue este trabajo de las biografías puramente heroicas de Gálvez que han proliferado en los últimos años al calor del creciente interés hispano por recuperar su papel en la fundación de los Estados Unidos.

Conde de Aranda.

Como contrapartida, el libro exige del lector cierta paciencia con la acumulación de nombres, cargos y fechas diplomáticas –­condes de Aranda, de Floridablanca, de Vergennes, embajadores, gacetas, correspondencia ministerial– propia de una obra construida sobre archivo denso más que sobre narrativa fluida; no es un libro pensado para la lectura de evasión, sino para quien quiera entender con precisión los engranajes de una política exterior compleja. Dicho esto, la recompensa es considerable: pocas obras en español logran situar con tanta claridad el asedio a Gibraltar, las campañas del Misisipi y las negociaciones de París dentro de un mismo relato coherente, y menos aún con el aparato documental que aquí se despliega, salvo quizá, recientemente, la citada obra de Edaf. El enemigo de mi enemigo cumple así una función doble: divulgar en España lo que la historiografía anglosajona ya había empezado a asumir, y hacerlo con la solidez de quien primero tuvo que convencer a los lectores y revisores más exigentes de la academia estadounidense.