Norma Editorial publica la historia del partido que el 26 de diciembre de 1920 jugaron las Dick, Kerr Ladies, contra el St. Helens Ladies en Goodison Park, ante una audiencia de unos cincuenta y tres mil espectadores. Una historia sobre la lucha de las mujeres por empoderarse, en el deporte y en una sociedad patriarcal.
Óscar Herradón ©
Liverpool, 1915. Con los hombres combatiendo en el frente, las mujeres ocupan los puestos de trabajo vacantes para mantener la producción de armamento. Pero las fábricas no son el único espacio en que las mujeres han reemplazado al hombre: también han saltado a los campos de fútbol, donde las Newton Ladies son reinas indiscutidas en todos los estadios. Inspirándose en la historia verídica de las legendarias Dick, Kerr’s Ladies, la guionista Julie Billault y el dibujante Seb Piquet recrean los orígenes del fútbol femenino en una novela gráfica que juega en otra liga: El partido del siglo.
Las Dick, Kerr’s Ladies eran un equipo de fútbol femenino que nació en 1917 entre las obreras de una fábrica de munición en Preston, Lancashire, que surgió casi por accidente. Según reconstruye el diario británico Morning Star, la plantilla se formó en 1917 tras un reto lanzado en el comedor de la fábrica por la obrera Grace Sibbert, después de que el equipo masculino de la empresa encadenara varias derrotas. Lo que empezó como una revancha interna se convirtió, en apenas tres años, en un fenómeno nacional: en su primer partido, el día de Navidad de 1917, ya reunieron diez mil espectadores en Deepdale, y en 1920 protagonizaron el que se considera el primer partido internacional femenino de la historia, una victoria 2-0 ante Francia seguida por veinticinco mil personas. La cifra de recaudación total a lo largo de su trayectoria, según Sports Gazette, ronda las ciento ochenta mil libras de la época destinadas a fines benéficos, principalmente para excombatientes de la Primera Guerra Mundial, una suma que equivaldría a más de diez millones de libras actuales.
Y como contrapunto a la determinación de estas mujeres, están aquellos hombres de traje y puro lanzando billetes al aire que se encuentran en las gradas, representantes del patriarcado y quienes realmente ostentaban entonces el poder: apenas un año después de aquel Boxing Day multitudinario, la Football Association prohibió a las mujeres jugar en los campos afiliados a clubes federados, una restricción que se mantuvo en vigor durante cincuenta años, hasta 1971. La excusa oficial, ampliamente citada en la prensa deportiva británica, fue que el fútbol resultaba «poco apto» para el cuerpo femenino; la razón de fondo, que historiadores del deporte han señalado repetidamente, tenía más que ver con la competencia que ese fútbol de mujeres, gratuito en entusiasmo popular, empezaba a suponerle al fútbol masculino profesional en año de posguerra. La imagen de la portada –el balón suspendido entre la humildad industrial de un lado y el cinismo del dinero del otro, que Norma reproduce del original en francés– no es una licencia dramática de los autores: es, casi literalmente, el resumen del proceso histórico.
Los 900 goles de Lily Parr
Dentro de ese relato hay además una figura que cualquier adaptación difícilmente puede dejar fuera: Lily Parr, la delantera del equipo, que llegó a la fábrica con apenas catorce años y que, según recoge el proyecto de patrimonio deportivo británico Sporting Heritage, marcó más de novecientos goles a lo largo de su carrera y sigue siendo, hasta hoy, la única futbolista incluida en el Salón de la Fama del Museo Nacional del Fútbol inglés. Es el tipo de personaje que en una novela gráfica de trazo caricaturesco –como sugiere el estilo de Seb Piquet, cercano a la línea satírica de tradición franco-belga– funciona como contrapeso humano a la abstracción de «la prohibición» o «la federación». Una joya gráfica.






