Un libro que convierte el museo en sala de urgencias

En Le seré sincero, no pinta bien: un viaje a través del arte y la enfermedad, que publica la Editorial Crítica, el doctor en Medicina Molecular y divulgador (conocido en redes como @sdesiensia) Álvaro Carmona propone un divertidísimo recorrido de más de cinco siglos de historia del arte occidental con mirada crítica, tratando cada retrato como si fuera una consulta a destiempo.

Óscar Herradón ©

La Notte, de Ghirlandaio.

El propio autor ha contado el origen del singular proyecto: durante una visita al Palazzo Colonna de Roma, se fijó en que la mujer retratada en «La notte», de Michele di Ridolfo del Ghirlandaio, presentaba un pecho con una deformación llamativa. Acompañado entonces por una investigadora especializada en cáncer de mama, ambos reconocieron en el abultamiento, la retracción del pezón y la asimetría los signos característicos de un tumor. A partir de ese hallazgo, Carmona empezó a rastrear el mismo patrón en otras obras, como «La Fornarina» de Rafael o «Las tres Gracias» de Rubens, y el proyecto creció hasta abarcar once capítulos.

Un recorrido capítulo a capítulo

La Mujer Barbuda, de Ribera.

El libro arranca con el posible cáncer de mama de esos mismos cuadros, sigue con el hirsutismo y la hipertricosis en obras como «La mujer barbuda» de José de Ribera o el retrato de Brígida del Río pintado por Sánchez Cotán, y dedica un capítulo a los trastornos genéticos y del crecimiento, con Carlos II «el Hechizado» de Carreño de Miranda como caso estrella de la endogamia de los Habsburgo, un personaje de gran trascendencia, muy desvirtuado por la historiografía durante siglos y que abordamos recientemente en otro post en Dentro del Pandemónium con motivo de la publicación de Yo, el Rey, por Ático de los Libros. El propio Carmona relata una anécdota reveladora: ante ese cuadro, un estudiante de enfermería le preguntó si el rey era así de verdad o si el pintor había exagerado, a lo que respondió con sorna que «el pintor fue generoso».

Autorretrato, de Courbert.

El viaje continúa por la epilepsia y los estados nerviosos en tablas de Goya y Juan de Flandes, por la salud mental a través de autorretratos como el de Gustave Courbet, y cierra con los cuidados intensivos –ilustrados con la «Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos» de Murillo– y un capítulo final sobre artritis, cataratas y otras dolencias de la vejez visible en Goya, Renoir, Monet, Degas y Van Gogh, con «La columna rota» de Frida Kahlo como imagen más contundente de todo el libro.

Curiosidades que llaman la atención

Petrus Gonsalvus.

Entre los casos que recorre el volumen, aparecen Petrus Gonsalvus, el llamado «hombre lobo» de la corte de los Habsburgo, retratado por su hipertricosis congénita, al que un servidor dedicó un amplio reportaje publicado en la decana revista Historia y Vida y más tarde en versión online en La Vanguardia; el «Judith y Holofernes» de Artemisia Gentileschi, leído en clave de trauma y violencia; el asesinato de Marat pintado por Jacques-Louis David como estudio casi forense de una escena de crimen, o los episodios de «monomanía» retratados por Géricault, considerados precursores de la psiquiatría moderna.

La columna rota.

Lo distintivo del libro, según destaca Zenda Libros, donde tuve el gusto de explicar hace un par de años cómo fue el proceso de creación de mi último trabajo editorial, Libros Malditos. Un viaje por el lado oscuro del conocimiento, publicado por Ediciones Luciérnaga (Grupo Planeta), es que Carmona logra combinar el rigor analítico con un tono ameno, sin renunciar al guiño cultural ni al humor, algo poco frecuente en un tema que en principio no se presta a bromas. La propia crítica citada resume la conclusión del volumen: el autor consigue que el lector «aprenda a mirar con otros ojos», entendiendo medicina y arte como dos ramas de un mismo tronco, el de la experiencia humana. Y es que, como reza la sinopsis en la página de Crítica, «Los cuadros pueden reflejar una dolencia, un síntoma o una vida atravesada por la fragilidad del cuerpo… si sabes dónde mirar».

La orquesta que la barbarie no pudo silenciar

La Editorial Crítica publica en castellano la última obra de la biógrafa y ex corresponsal extranjera de Reuters Anne Sebba: La orquesta de mujeres de Auschwitz. Una historia de supervivencia, el primer estudio que aborda como conjunto, y no a través de una sola memoria individual, la historia de la única orquesta íntegramente femenina que existió en los campos nazis.

Óscar Herradón ©

Hace unos días hablábamos de las atrocidades que tuvieron lugar en el campo de concentración (KZ) nazi de Ravensbrück, al norte de Alemania, y de una serie de mujeres que desafiaron los extremismos y la falta absoluta de humanidad de sus carceleros (algunas sufriendo por ello el peor de los destinos). Pues bien, ahora nos vamos al que probablemente sea el más célebre e infame de los konzentrationslager del Tercer Reich, el de Auschwitz, en Polonia, donde se desarrolla la conmovedora historia de este ensayo.

Alma Rosé.

En 1943, los oficiales de la SS alemana a cargo del campo de concentración Auschwitz-Birkenau ordenaron la formación de una orquesta entre las prisioneras. Durante nueve meses cruciales, entre 1943 y 1944, Alma Rosé, virtuosa violinista y sobrina de Gustav Mahler, reclutó y dirigió a las mejores intérpretes entre la vasta población cautiva, sin importar la nacionalidad, etnia o lengua materna. Casi cincuenta mujeres y niñas de 11 países integraron esta banda que era obligada a tocar marchas en cualquier condición climática y a dar conciertos semanales para los oficiales nazis. A veces, también se convocaba a algunas de sus integrantes para que ofrecieran actuaciones en solitario. A casi todas las músicas elegidas, formar parte de la orquesta les salvó la vida, ¿pero a qué precio?

El libro nace de la rivalidad mezquina entre los mandos del gigantesco campo (el más temible, no obstante, era el anexo, Birkenau –o Auschwitz II–, donde se llevaban a cabo las cremaciones), en particular del deseo de la comandante Maria Mandl de emular a otros oficiales, y recuerda que episodios de esta historia ya habían aparecido en testimonios previos, como los de Anita Lasker-Wallfisch o Fania Fénelon. Lo que distingue el trabajo de Sebba, entre otras virtudes, es que por primera vez se reconstruye la experiencia colectiva del grupo, reuniendo cuantos testimonios de supervivientes ha podido rastrear la autora, en un momento en que esa memoria está a punto de perderse con la desaparición de sus últimas protagonistas.

Rigor documental y ambigüedad moral

Kathryn Hughes, en su reseña como libro del día para The Guardian, elogia la destreza narrativa de Sebba y destaca que el libro está recorrido por una empatía constante hacia las decisiones moralmente imposibles que debieron tomar aquellas jóvenes. Caroline Moorehead, en el Times Literary Supplement, coincide en el mismo punto de fondo: la autora ha sabido honrar la dignidad de esas mujeres sin simplificar la complejidad de su situación.

No obstante, Sebba evita cualquier tentación de extraer una moraleja edificante. La propia autora advierte que hablar de vida cultural en los campos es en sí mismo una perversión, dado que aquel mundo estaba dominado por el miedo y la coerción, algo que corroía cualquier forma de belleza. La orquesta, sin embargo, ofreció a un puñado de mujeres un espacio mínimo de resistencia frente al sistema que las aplastaba, y terminó salvando la vida de unas cuarenta de ellas.

Las voces reunidas

Lasker-Wallfisch.

El elenco de personajes que reconstruye Sebba incluye a la violinista Alma Rosé, sobrina de Gustav Mahler y directora principal del conjunto, hasta la violonchelista adolescente Anita Lasker-Wallfisch, última superviviente de la orquesta. Un relato estremecedor sobre cómo lo sublime fue retorcido hacia fines inhumanos. La publicación Kirkus Reviews describe su edición inglesa como una aportación importante y desgarradora a la historiografía del Holocausto.

Ninguna de estas lecturas convierte la música en consuelo. Queda muy poco espacio de consuelo en este libro para quien todavía crea que la música es, por naturaleza, una fuerza humanizadora. Pero esta historia hay que conocerla, y no repetirla, por manida que pueda sonar tal expresión.

Yo, el Rey. La historia (verdadera) de Carlos II

De la mano de Ático de los Libros nos llega un monumental ensayo que restituye, por fin, la figura uno de los monarcas más vapuleados por siglos de historiografía.  Tuvo taras, y muchas, y cometió errores de gobierno, pero fue también un soberano que gobernó durante casi tres décadas un imperio con pies de barro en un tiempo en el que se aunaban numerosos conflictos y problemas tanto nacionales como a escala internacional, y que desde entonces ha estado marcado, de forma profunda, por una leyenda negra que por fin comienza a desmontarse. Eso es lo que pretende Yo, el Rey: la historia de Carlos II, del historiador Alberto Bravo.

Óscar Herradón ©

En 2007, hace casi dos décadas, ahí es nada, dediqué un extenso capítulo a Carlos II de Austria en el libro Historia Oculta de los Reyes: magia, herejía y superstición en la corte, publicado por la desaparecida editorial Espejo de Tinta, centrándome en los aspectos más extraños de su reinado, toda una conspiración de las facciones cortesanas (austracistas por un lado y favorables a los Borbones franceses por otro) con la intención de que la Corona hispánica recayera en sus linajes (finalmente fue a parar a Felipe V, que inauguraba la dinastía borbónica en España, lo que provocó una larga y sangrienta Guerra de Sucesión que duró de 1700, tras la muerte de El Hechizado, hasta 1713).

Carlos II en el Salón de los Espejos del Alcázar. Juan Carreño de Miranda.

La documentación en torno al segundo Carlos era tan extensa como fascinante, y un servidor se centró en los aspectos relacionados con la supuesta «posesión» –en realidad una conjura palaciega como una catedral–, pero lo cierto es que lo que tenía en común (tanto la del siglo XIX, como la continuadora del siglo XX, entre ellas la clásica biografía del historiador español Gabriel Maura y Gamazo, publicada originalmente en 1942, e incluso la de parte de principios de los 2000) era la acusación del monarca de largo y rizado pelo rubio de ser una suerte de fantasma degenerado de un imperio en descomposición y el símbolo pasivo de la decadencia de los Austrias. Pues bien, eso está empezando a cambiar en ensayos revisionistas que acercan al personaje, como es el caso de este nuevo volumen (también colosal, de 768 páginas) que acaba de publicar una editorial muy presente en el Pandemónium, Ático de los Libros.

Carlos II, por Juan Carreño de Miranda.

Alberto Bravo, investigador especializado en Historia Moderna temprana en la Universidad Autónoma de Madrid, aspira a rescatar a Carlos II de la caricatura decimonónica: fue un monarca, a diferencia de la propaganda en su contra, que sostuvo la Monarquía Hispánica durante más de tres décadas en condiciones adversas, y el autor lo hace con gran rigor documental. Bravo, especializado en este convulso período de nuestra historia (y por ende la de toda Europa y medio mundo que pertenecía entonces a aquel imperio), construye su relato desde la infancia del monarca (según las malas lenguas –y la propaganda en contra de los Austrias–, fruto de la última cópula de su padre, un decrépito Felipe IV que había sido tan promiscuo en lo sexual como temeroso de Dios), un niño de cuatro años –con bastantes problemas de salud– que hereda el trono de la Monarquía Hispánica, entonces el mayor imperio de su tiempo, con súbditos desde Bruselas hasta Nápoles y desde México hasta Manila. El texto –insistimos, monumental, pero apasionante– se apoya en ese contraste entre la fragilidad física (y según la mayoría de fuentes clásicas, psicológica) del rey, y la escala descomunal de lo que debía gobernar, y usa esa tensión, con acierto narrativo, como hilo conductor de toda la obra.

Contra la leyenda negra

El mérito historiográfico central del texto es el desmontaje sistemático de la leyenda negra del Hechizado. Bravo argumenta que esta imagen, construida en buena medida como propaganda posterior, oculta a un soberano consciente del peso de su corona que logró mantener la cohesión de la Monarquía en uno de los momentos más delicados de su historia, y sostiene que bajo su reinado la economía de los reinos peninsulares se recuperó y la maquinaria política siguió funcionando con una sorprendente capacidad de adaptación, a pesar de los numerosos frentes abiertos en distintos rincones del planeta, de las conjuras y camarillas cortesanas para debilitarlo y la superstición y la exaltación de la fe en plena Contrarreforma –utilizada también con intereses creados para debilitar y acongojar al monarca–. Entre ellos los distintos «exorcismos» a los que fue sometido y que aceleraron su decadencia física y psicológica (sin aparentemente nada sobrenatural a su alrededor, sino una auténtica conjura palaciega).

Retrato ecuestre de Carlos II, por Luca Giordano.

Aunque la tesis de Bravo no es completamente original, pues lleva varios años tomando fuerza entre los historiadores, ganando terreno frente al relato clásico de decadencia total, el acierto del autor es que la sistematiza con una base documental notable, brindándole una gran solidez para sostenerla. Antes que él, el prestigioso hispanista británico Henry Kamen ya había cuestionado el catastrofismo del siglo XVII español en Spain in the Later Seventeenth Century, y Christopher Storrs, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Dundee, en Escocia, en The Resilience of the Spanish Monarchy 1665-1700, planteó hace más de una década el argumento estructuralmente idéntico –resiliencia institucional frente a colapso– que ahora reaparece, con un rigor encomiable y una abultada cantidad de fuentes de referencia, como eje vertebrador del libro de Bravo.

Yo, el Rey es, ante todo, una corrección necesaria del retrato caricaturesco de Carlos II, escrita con solvencia y bien anclada en la historiografía reciente sobre la resiliencia de la Monarquía Hispánica incluso en sus momentos de agonía. De él ha dicho el citado Christopher Storrs, que comenzó una línea de investigación ahora continuada –y profundizada– por Bravo: «Un estudio monumental, amplio y riguroso sobre el reinado de Carlos II, basado en un impresionante dominio de las fuentes esenciales. La época del último Habsburgo español […] ya no puede considerarse una edad oscura de la historiografía española». Pues eso.