La orquesta que la barbarie no pudo silenciar

La Editorial Crítica publica en castellano la última obra de la biógrafa y ex corresponsal extranjera de Reuters Anne Sebba: La orquesta de mujeres de Auschwitz. Una historia de supervivencia, el primer estudio que aborda como conjunto, y no a través de una sola memoria individual, la historia de la única orquesta íntegramente femenina que existió en los campos nazis.

Óscar Herradón ©

Hace unos días hablábamos de las atrocidades que tuvieron lugar en el campo de concentración (KZ) nazi de Ravensbrück, al norte de Alemania, y de una serie de mujeres que desafiaron los extremismos y la falta absoluta de humanidad de sus carceleros (algunas sufriendo por ello el peor de los destinos). Pues bien, ahora nos vamos al que probablemente sea el más célebre e infame de los konzentrationslager del Tercer Reich, el de Auschwitz, en Polonia, donde se desarrolla la conmovedora historia de este ensayo.

Alma Rosé.

En 1943, los oficiales de la SS alemana a cargo del campo de concentración Auschwitz-Birkenau ordenaron la formación de una orquesta entre las prisioneras. Durante nueve meses cruciales, entre 1943 y 1944, Alma Rosé, virtuosa violinista y sobrina de Gustav Mahler, reclutó y dirigió a las mejores intérpretes entre la vasta población cautiva, sin importar la nacionalidad, etnia o lengua materna. Casi cincuenta mujeres y niñas de 11 países integraron esta banda que era obligada a tocar marchas en cualquier condición climática y a dar conciertos semanales para los oficiales nazis. A veces, también se convocaba a algunas de sus integrantes para que ofrecieran actuaciones en solitario. A casi todas las músicas elegidas, formar parte de la orquesta les salvó la vida, ¿pero a qué precio?

El libro nace de la rivalidad mezquina entre los mandos del gigantesco campo (el más temible, no obstante, era el anexo, Birkenau –o Auschwitz II–, donde se llevaban a cabo las cremaciones), en particular del deseo de la comandante Maria Mandl de emular a otros oficiales, y recuerda que episodios de esta historia ya habían aparecido en testimonios previos, como los de Anita Lasker-Wallfisch o Fania Fénelon. Lo que distingue el trabajo de Sebba, entre otras virtudes, es que por primera vez se reconstruye la experiencia colectiva del grupo, reuniendo cuantos testimonios de supervivientes ha podido rastrear la autora, en un momento en que esa memoria está a punto de perderse con la desaparición de sus últimas protagonistas.

Rigor documental y ambigüedad moral

Kathryn Hughes, en su reseña como libro del día para The Guardian, elogia la destreza narrativa de Sebba y destaca que el libro está recorrido por una empatía constante hacia las decisiones moralmente imposibles que debieron tomar aquellas jóvenes. Caroline Moorehead, en el Times Literary Supplement, coincide en el mismo punto de fondo: la autora ha sabido honrar la dignidad de esas mujeres sin simplificar la complejidad de su situación.

No obstante, Sebba evita cualquier tentación de extraer una moraleja edificante. La propia autora advierte que hablar de vida cultural en los campos es en sí mismo una perversión, dado que aquel mundo estaba dominado por el miedo y la coerción, algo que corroía cualquier forma de belleza. La orquesta, sin embargo, ofreció a un puñado de mujeres un espacio mínimo de resistencia frente al sistema que las aplastaba, y terminó salvando la vida de unas cuarenta de ellas.

Las voces reunidas

Lasker-Wallfisch.

El elenco de personajes que reconstruye Sebba incluye a la violinista Alma Rosé, sobrina de Gustav Mahler y directora principal del conjunto, hasta la violonchelista adolescente Anita Lasker-Wallfisch, última superviviente de la orquesta. Un relato estremecedor sobre cómo lo sublime fue retorcido hacia fines inhumanos. La publicación Kirkus Reviews describe su edición inglesa como una aportación importante y desgarradora a la historiografía del Holocausto.

Ninguna de estas lecturas convierte la música en consuelo. Queda muy poco espacio de consuelo en este libro para quien todavía crea que la música es, por naturaleza, una fuerza humanizadora. Pero esta historia hay que conocerla, y no repetirla, por manida que pueda sonar tal expresión.

Arte Secuestrado (Ediciones Península)

Península publica un ensayo revelador sobre cómo han llegado las grandes piezas de arte a los museos de Occidente. De los mármoles del Partenón al penacho de Moctezuma, nos revelan una turbia y oculta historia de las colecciones del Norte Global.

Óscar Herradón ©

Modern angular metal and glass entrance addition to the historic Royal Ontario Museum building with people walking nearby

El hilo conductor del ensayo es una crítica a lo que el mundo anglosajón conoce como el universal museum argument. En 2002, los directores de dieciocho grandes museos de arte, patrimonio cultural e historia natural –entre ellos el Louvre y los Museos Estatales de Berlín– firmaron una declaración sobre «la importancia y el valor de los museos universales», que constituía, en esencia, un argumento contra la restitución de sus colecciones. La lógica de dicha declaración era que estos museos custodiaban los objetos «en beneficio de la humanidad», y que, por tanto, su presencia en el Norte Global no respondía a una injusticia arrastrada del colonialismo con sus países de origen sino a un principio de acceso universal que trasciende la reivindicación nacional de cada país de origen.

Mármoles del Partenón en el British Museum.

Las autoras de Arte Secuestrado parten no del valor artístico de cada pieza sino de la pregunta de cómo han llegado las grandes obras a los museos o a las pinacotecas. Ambas son dos juristas expertas en derecho internacional: Catherine Titi es investigadora titular en el CNRS francés y, además de su formación jurídica, posee un título en historia del arte por el Courtauld Institute of Art. Una combinación (la rara confluencia entre la mirada del historiador del arte y el instrumental del jurista internacional) es la que confiere al libro su carácter singular y lo dota de mayor consistencia. Su coautora, Katia Fach Gómez, es profesora titular de derecho internacional privado en la Universidad de Zaragoza, experta en litigación internacional y arbitraje, con formación en periodismo y habitual en la prensa española.

La combinación de perfiles que componen el trabajo es en sí misma una declaración metodológica: el libro aspira a tender un puente entre la academia especializada y el gran público; no es el primer trabajo de Titi sobre estas materias, pues en 2023 la editora estadounidense Springer Publishing publicó su monografía The Parthenon Marbles and International Law, un estudio que refutaba punto por punto los argumentos jurídicos del Reino Unido para retener las esculturas, revisando la historia de su extracción y analizando documentos a la luz del derecho internacional contemporáneo. De hecho, podríamos considerar que Arte Secuestrado es, en cierta medida, la versión destinada al ciudadano curioso de ese trabajo académico más técnico, ampliada además a una docena de casos de expolio colonial procedente de varios continentes.

¿Mentalidad colonial o filantropía universal?

Penacho de Moctezuma.

En el ensayo, Titi y Fach Gómez desmontan la lógica argumentada por los museos y centros de patrimonio del «beneficio de la humanidad» sin piedad, y lo hacen desde un análisis de casos concretos. Apoyadas en el marco jurídico internacional vigente, y en lugar de limitarse a la argumentación moral, sostienen la opinión de muchos críticos de que dicho concepto perpetúa una mentalidad colonial, ignora los medios violentos o no éticos de adquisición de las piezas museísticas y niega a las comunidades de origen (países latinoamericanos, Egipto, Irán, y un largo etcétera) el derecho a su propio patrimonio; además de que la comprensión genuina de un objeto, remarcan, proviene precisamente de que este se encuentre en su contexto cultural, accesible a sus legítimos herederos.

En definitiva, un viaje fascinante por el lado oscuro y el trasfondo poco transparente del recorrido de las obras de arte. Detrás de muchas de las que admiramos cuando visitamos el Louvre, el Museo Británico o el Met de Nueva York se oculta un pasado incómodo. Son piezas que desaparecieron de su lugar de origen, arrancadas de templos, tumbas o palacios, y que hoy se siguen reclamando por sus legítimos dueños.

Louvre (París).

Durante siglos, los grandes museos, principalmente del Norte Global, reunieron objetos procedentes de todos los rincones del planeta convencidos –aunque no siempre, como aquí podremos descubrir– de estar preservando el patrimonio de la humanidad. Pero tras esa apariencia de universalidad se esconde una historia de conquistas, expolios y apropiaciones que todavía proyecta su sombra sobre nuestras instituciones culturales. Arte secuestrado sigue el rastro de seis piezas emblemáticas: los mármoles del Partenón, el penacho de Moctezuma (custodiado en el Museo Etnológico de Viena), los bronces de Benín, el busto de Nefertiti (en el Neues Museum de Berlín), el hombre prehistórico de Java y los restos del príncipe etíope Alemayehu (enterrado en el Castillo de Windsor y que el Palacio de Buckingham se niega a devolver) y los tesoros de Magdala.

Incursiones de Tolkien fuera de la Tierra Media

Minotauro reedita algunas de las obras más emblemáticas del genio tras el ingente universo de la Tierra Media, algunos títulos menos conocidos y que versan sobre poemas y sagas antiguas que servirían de fuerte inspiración de su prolífico imaginario.

Óscar Herradón ©

A raíz de la resaca por la no poco controvertida emisión de la serie El Señor de los Anillos: los Anillos de Poder, una de las grandes apuestas de Amazon para 2022, Tolkien vuelve (si es que no lo ha estado siempre) a la más completa actualidad, y Minotauro, su editorial de referencia en España desde hace décadas, nos trae dos impresionante volúmenes de sus obras menos conocidas para deleite de adictos a la Tierra Media.

Se trata, por un lado, de una nueva edición de La Caída de Sigurd y Gudrún, la versión del maestro de la ficción literaria de la gran leyenda nórdica. Una edición en tapa dura con sobrecubierta de los dos poemas relacionados entre sí a los que dio los títulos de La nueva balada de los völsungos y La nueva balada de Gudrún, que J R R Tolkien dejó inéditos y que su hijo Christopher Tolkien se encargó de recuperar para generaciones futuras, fruto del exhaustivo estudio del escritor británico de la poesía noruega e islandesa recogida en la Edda poética (o Edda Mayor), fuente de la obra posterior (en prosa) del escritor islandés Snorri Sturluson en el siglo XIII.

La primera balada relata la historia del héroe Sigurd, el cazador del más célebre de los dragones, de nombre Fáfnir, de cuyo tesoro se apoderó (la similitud con Smaug y el tesoro de El Hobbit, base fundacional del universo tolkiano, no es, pues, una casualidad, sino que la Tierra Media bebe fuertemente de estas sagas); también narra el despertar de la valquiria Brynhild, que dormía rodeada de un muro de fuego, y de sus esponsales. También de la llegada a la corte de los grandes príncipes conocidos como los niflungos (o nibelungos) que décadas antes inspiraron las obras de Richard Wagner. Amor, odio, celos, venganza… una historia milenaria de honor y desesperación que está en la base de muchas de las historias tolkianas.

Y en la balada de Gudrún se relata el destino de esta tras la muerte de Sigurd, su matrimonio en contra de su voluntad con el poderoso Atli, soberano de los hunos (nada menos que el Atila histórico), y otras historias épicas de gran poder. Esta nueva edición incluye además una conferencia de Tolkien sobre la poesía nórdica en la que se basó para su propio poema titulada «Introducción a la Edda Mayor».

La Caída de Arturo

Y para complementar esta fantástica lectura con el inconfundible sello de Tolkien, nada mejor que acercarnos a las páginas de La caída de Arturo, que Minotauro ha publicado también en una nueva y cuidada edición de la única incursión del británico en las leyenda artúricas de Bretaña, también a cargo de su hijo Christopher Tolkien.

En la obra comunica la sensación de inevitabilidad y gravedad de los acontecimientos centrados en las sagas artúricas, como la expedición del rey a las lejanas tierras paganas, la huida de Ginebra de Camelot o la gran batalla naval al regreso de Arturo a Bretaña. Para los expertos en literatura, este es considerado su mayor logro en el uso del metro aliterado en inglés antiguo. Sin embargo, este fue uno de los extensos poemas narrativos que Tolkien abandonó durante 1937, año de la publicación de El Hobbit y de los primeros bocetos de la monumental saga El Señor de los Anillos.

Junto al texto del poema de La caída de Arturo, se hallaron muchas páginas manuscritas, gran cantidad de borradores y diversos experimentos en verso junto con sinopsis en prosa, así como notas de gran interés literario. En las mismas, se pueden discernir claramente las asociaciones de la conclusión de Arturo con El Silmarillion (texto igualmente inédito hasta su muerte y que se encargaría de publicar su hijo Christopher), y el amargo final del amor de Lancelot y Ginebra, que nunca llegaría a escribir.

Nunca sabremos a dónde habría conducido esta línea bretona de haber profundizado Tolkien en ella, pero sin duda no disfrutaríamos de su inmenso legado de la Tierra Media. No se puede tener todo.

Beowulf

Y si queremos continuar sumergiéndonos en los mágicos universos del autor fuera de la Tierra Media (aunque toda influencia fue capital en su trazo), Minotauro también reedita uno de sus trabajos más tempranos, nada menos que su traducción y comentario del antiguo poema épico anglosajón anónimo Beowulf (traducido al castellano como Beovulfo), en edición también de Christopher Tolkien, acabado en 1926.

Esta edición incluye un extenso comentario de este sobre las notas de las conferencias que dio su padre sobre el poema y Sellic Spell, un «cuento maravilloso» escrito por el brillante profesor de Oxford en el que se sugiere cómo podría haber sido un cuento popular sobre Beowulf sin conexión con las «leyendas históricas» de los reinos del norte. No apto para profanos en la materia, pero delicioso.