Redimir y adoctrinar: el Patronato de Protección a la Mujer

La Editorial Crítica publica un revelador ensayo que aborda los orígenes, el modo de actuar (a través de la represión y el control moral) y finalmente el ocaso de una institución que durante el franquismo tuvo las vidas de muchas mujeres bajo su larga sombra.

Óscar Herradón ©

Trata de Blancas, por Joaquín Sorolla (1894).

Si uno de primeras nunca ha oído hablar de dicha institución, y de cuál era su verdadero objetivo, podría incluso pensar que se trata de un organismo feminista de nuestros tiempos frente a las amenazas del patriarcado, creado, quizá, por el Ministerio de Igualdad, pero no, todo lo contrario: fue de todo menos eso. El Patronato de Protección a la Mujer, que se conoció originalmente como «Patronato Real para la Represión de la Trata de Blancas», se trató en realidad de una institución española pública activa entre 1902 y 1985 que dependía del Ministerio de Justicia.

María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Originalmente fue un organismo bajo la protección de la Corona española, presidido por la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena (segunda esposa de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII) que como bien rezaba su nombre original tenía un cometido filantrópico, organizar la lucha contra la trata de personas, principalmente mujeres, que se distorsionaría notablemente más adelante, y principalmente bajo la dictadura franquista. Se trataba en un principio de una institución abolicionista de la prostitución (y por tanto, muy adelantada a su época), que entró en vigor con un decreto de 11 de julio de 1902. Sin embargo, a pesar de su elogiable intencionalidad inicial, pronto funcionó como una institución de control social y adiestramiento moral.

En 1931, con el triunfo de la Segunda República, se reorganizó bajo el nombre de «Patronato de Protección a la Mujer» y era de carácter laico, y en su junta, entre otras, figuraba la abogada, escritora, diputada y defensora de los derechos de la mujer Clara Campoamor. Sin embargo, la falta de medios económicos provocó su disolución en 1935,  pasando sus funciones al Centro Social de Protección de Menores.

Carmen Polo y Franco.

Con la victoria franquista en la Guerra Civil y la instauración de la dictadura, el 6 de noviembre de 1941 se volvió a crear el Patronato de Protección a la Mujer por Decreto, siendo su presidenta de honor una de las mujeres claves del llamado Movimiento, Carmen Polo, esposa de Franco. A través de dicho decreto se creó también la Obra de Redención de las Mujeres Caídas, cuyo objetivo era «reformar y regenerar a las prostitutas clandestinas reincidentes». Según el artículo, la finalidad del Patronato era «la dignificación moral de las mujeres», especialmente de las jóvenes, «para impedir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de las realidad católica», un lenguaje muy acorde al régimen nacionalcatolicista.

La autora del ensayo.

Sin embargo, dicha educación apenas era efectiva –ni visible– y las funciones del Patronato se dirigían principalmente al intervencionismo estatal en la intimidad y, en palabras de Carmen Guillén Lorente, en el artículo «El Patronato de Protección a la Mujer: adoctrinamiento moral durante el franquismo», publicado en inglés en The Conversation con fecha 14 de abril de 2024, «la persecución y reclusión de la mujer desviada». Precisamente esta especialista, Carmen Guillén Lorente,  doctora en Historia Contemporánea y profesora en el área de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de Albacete (UCLM), es la autora de un revelador –y necesario– ensayo publicado recientemente por la editorial Crítica: Redimir y adoctrinar: el Patronato de Protección a la Mujer (1941-1985), que aborda minuciosamente, con gran rigor documental e ingentes fuentes, en gran parte inéditas, el papel represivo y de control moral de esta institución extrañamente poco conocida hoy.

¿Qué encontraremos en las páginas de Redimir y adoctrinar?

Tras décadas de silencio, Carmen Guillén arroja luz al organismo franquista encargado del adoctrinamiento moral de las mujeres caídas.

Women and children sitting closely together in a worn shelter with distressed expressions
Imagen creada con IA.

De entre todos los fragmentos que componen la compleja historia del siglo XX español, pocos capítulos resultan tan oscuros y reveladores como los vinculados a las instituciones represivas del franquismo. La más longeva y, sin embargo, la menos conocida, es el Patronato de Protección a la Mujer. Desde 1941 hasta bien entrada la democracia, esta institución apuntaló su labor sobre cuatro pilares: trabajo y oración para redimir; disciplina y castigo para adoctrinar. En el cruce de intereses entre Iglesia y Estado, la doctrina católica sirvió para legitimar este control femenino.

Two Guardia Civil officers in uniform escorting a woman detainee beside a police van
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Miles de mujeres de todas las edades, procedencias y contextos socioeconómicos fueron entonces condenadas sin delito y encerradas sin juicio en nombre de esa moral. Bajo un disfraz de caridad se ocultó una realidad llena de abusos, trabajos forzados, robo de bebés y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. Este libro analiza el Patronato como una pieza clave en la arquitectura moral y política del franquismo y examina la huella que dejó en quienes lo padecieron y en una memoria colectiva que aún intenta asumir ese pasado.

Revolución: el papel decisivo de España en la Independencia de Estados Unidos

El 4 de julio de 2026 se cumplen 250 años de la Declaración de Independencia de los EE.UU. de la Corona inglesa, y un revelador ensayo que acaba de publicar Edaf revela la trascendental  contribución de la Corona española a la revolución y la financiación de la misma, hechos olvidados e incluso negados durante siglos por la Leyenda Negra antiespañola: Revolución, de Jorge Luis García Ruiz.

Óscar Herradón ©

Carlos III.

En coalición con la Francia borbónica (una «coalición» no siempre fácil y amistosa) el gobierno español, en cuyo trono se sentaba entonces el rey Carlos III, puso una ingente financiación y también envió grandes cantidades de materias primas y armas a los insurgentes americanos, algo generalmente olvidado y desconocido en el país de las barras y estrellas (que sí han agradecido la contribución francesa al proceso) en un tiempo en el que se fue forjando una suerte de «leyenda negra» antiespañola por parte de británicos, franceses y también colonos americanos.

Bernardo de Gálvez.

Entonces perdimos definitivamente Gibraltar (y a punto estuvo de hacerlo Menorca). Algunos congresistas y propagandistas de lo que más tarde serían los Estados Unidos de América (como John Jay, responsable de gran parte de esa publicidad negativa hacia España) o el venezolano Francisco de Miranda (que tras formar parte del Ejército español contribuiría precisamente a la independencia de lo que más tarde sería Venezuela de la Corona hispánica –con relativa ayuda de los congresistas estadounidenses–), intentaron dinamitar la historiografía sobre lo que realmente sucedió en relación con la Corona española y su contribución a la Revolución americana –y hay que decir que lo consiguieron–. En el libro, tiene una importancia capital el personaje, este sí, honorable, de Bernardo de Gálvez.

Navío Santísima Trinidad.

El oprobio fue doble, pues los congresistas estadounidenses volverían a contar más tarde con la protección de sus otrora «enemigos» ingleses invadiendo numerosas tierras que pertenecían a la Corona española (contribuyendo además a la independencia de las colonias) y no devolvieron una deuda que según los historiadores más fiables, no contaminados por el relato tergiversado de la realidad, probablemente habría hecho que España continuase teniendo parte de la hegemonía mundial. La historia, sin duda, sería muy distinta a la actual.

Presidio. El anterior trabajo del autor con Edaf.
El autor.

Es gran parte de lo que narra con una prosa sencilla y cercana, pero a la vez basándose en una ingente documentación (mucha de ella inédita) el autor, Jorge Luis García Ruiz, doctor en Estudios del Mundo Antiguo por la Universidad Complutense de Madrid. Español de nacimiento y norteamericano de adopción, reside en una de las ciudades con más historia hispana de los Estados Unidos de América, San Antonio, en Texas. Arqueólogo e historiador, pero sobre todo investigador, es profesor en la Texas Lutheran University y con Edaf ha publicado, con enorme éxito de crítica y público, el ensayo Presidio. La historia documentada de 300 años en la frontera norte, que también he leído a conciencia y puedo asegurar que arroja información reveladora sobre el papel de España en la configuración de los Estados Unidos y gran parte de la civilización del Nuevo Mundo.

¿Qué encontraremos en Revolución?

Declaración de Independencia.

El 4 de julio de 1776 se firmó la declaración de Independencia de los Estados Unidos. La asistencia española a la Independencia fue de tal importancia y magnitud que lo verdaderamente difícil es comprender cómo pudo haber sido ocultada durante 250 años. La historiografía estadounidense ha logrado, de manera sistemática y con notable éxito, oscurecer el papel de España en su Guerra de Independencia, pese a haber sido la ayuda más significativa que recibió.

Tropas españolas en la Batalla de Pensacola.

Esta obra arroja luz sobre aspectos aún desconocidos y aborda cuestiones de enorme relevancia: la negociación previa entre todas las partes, la siempre compleja relación con Francia y la ambigüedad de sus políticos y mandos militares, llevándonos a preguntarnos si fueron realmente aliados de España o sus peores enemigos y el comportamiento de los enviados estadounidenses ante la corte española. Desfilan por sus páginas todos los protagonistas, no solo las figuras principales, y los acontecimientos más importantes, evitando el triunfalismo y el victimismo, pues ambos son enemigos de la verdad.

Dólar (1804).

Nos aclara qué se pagó, quién lo pagó, a quién se entregó y, sobre todo, quién tuvo que sacrificarse para que hoy los Estados Unidos puedan seguir celebrando su independencia. Y por último, se examina cómo se negoció la paz y quiénes fueron sus artífices, así como los agradecidos por tan oportuno y desinteresado gesto y qué obtuvo España a cambio de tanta generosidad. Si recuperar la deuda financiera es imposible, al menos es necesario seguir exigiendo el reconocimiento de la enorme deuda moral.

El Enemigo de mi Enemigo (Alianza Editorial)

Y con motivo de una efeméride de tal calado, son algunas más las novedades editoriales centradas en el papel de nuestro país en aquel conflicto capital para el desarrollo de la historia moderna y contemporánea. Una de los más destacadas –y recomendables– es El enemigo de mi enemigo. España en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica (1775-1783), publicado por Alianza Editorial, el último trabajo de Gonzalo M. Quintero Saravia, doctor en Historia de América por la Universidad Complutense de Madrid, doctor en Derecho por la UNED y miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia.

Carlos III.

El título resume con precisión la tesis del libro: España entró en la guerra no por simpatía ideológica hacia unos rebeldes que cuestionaban la autoridad monárquica –de hecho, la Corona de Carlos III desconfiaba profundamente de ellos, como vimos en la reseña de Revolución–, sino porque su enemistad histórica con Gran Bretaña convertía a los insurgentes norteamericanos en aliados de circunstancia útiles para sus propios objetivos territoriales y estratégicos.

Quintero Saravia no llega a este libro como debutante en la materia. Antes escribió, directamente en inglés y para una editorial universitaria estadounidense, la primera biografía exhaustiva de Bernardo de Gálvez, Spanish Hero of the American Revolution, un trabajo que recibió reseñas elogiosas en publicaciones académicas como el William and Mary Quarterly o el Missouri Historical Review y que le valió ser fellow del Weatherhead Center for International Affairs de Harvard. Ese itinerario inverso al habitual –publicar primero para el mercado anglosajón antes de escribir para el lector español, algo que también ha hecho con algunos de sus títulos Jorge Luis García Ruiz– explica el rigor documental de El enemigo de mi enemigo, que dedica buena parte de sus más de quinientas páginas a rastrear archivos españoles, mexicanos y estadounidenses para reconstruir un relato que en España sigue siendo, sorprendentemente, poco conocido.

Bernardo de Gálvez.

La estructura, en siete capítulos, sigue un arco clásico: los antecedentes en las tensiones sobre las Floridas y Luisiana, el estallido y desarrollo del conflicto, las operaciones militares españolas en el Misisipi, el Caribe y el asedio a Gibraltar, las negociaciones diplomáticas en las cortes europeas y un cierre dedicado a los tratados de paz y sus consecuencias. Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana española y después virrey de Nueva España, es el protagonista casi inevitable: sus campañas contra los asentamientos británicos del Misisipi y sus victorias en Mobila y Pensacola impidieron que Gran Bretaña concentrara todas sus fuerzas navales y terrestres contra el ejército continental de Washington, un dato que explica por qué su retrato cuelga hoy en la sala de fundadores del Congreso estadounidense y por qué ciudades como Galveston llevan su nombre, mientras en España su figura permanece casi anónima.

Una necesaria revisión historiográfica

Sitio de Gibraltar.

El ensayo se inscribe en una corriente historiográfica que en el mundo anglosajón lleva ya una década ganando terreno y que deberíamos adoptar por estos lares: la revisión de la Guerra de Independencia estadounidense como conflicto genuinamente internacional, no como gesta puramente americana. El referente obligado en esa corriente es Brothers at Arms, del historiador y arquitecto naval Larrie Ferreiro, finalista del mismísimo Premio Pulitzer, que sostuvo con cifras contundentes que Francia y España aportaron cerca del noventa por ciento de las armas usadas por los colonos y un volumen de ayuda financiera equivalente a treinta mil millones de dólares actuales, sin la cual la causa americana difícilmente habría triunfado. Quintero Saravia comparte con Ferreiro esa voluntad de sacar a España del papel de comparsa diplomática y devolverla al centro del tablero, aunque su enfoque es más monográfico: donde Ferreiro construye un fresco tríptico de Francia, España y las colonias, Quintero Saravia profundiza específicamente en la lógica interna de la política española, sus reticencias, sus cálculos y su particular manera de entender que ayudar a los rebeldes no significaba, en modo alguno, legitimar la rebelión como principio.

Mapa de la Luisiana y la Florida (1764).

Ahí reside el mayor acierto del libro: mostrar con matices la incomodidad de fondo de la diplomacia de Carlos III, atrapada entre el deseo de debilitar a Gran Bretaña, recuperar Gibraltar y Menorca (cosa que finalmente consiguió con el apoyo francés), y el temor genuino a que el ejemplo americano contagiara a sus propios territorios en Indias. Esa ambivalencia, más que la épica de las batallas, es lo que distingue este trabajo de las biografías puramente heroicas de Gálvez que han proliferado en los últimos años al calor del creciente interés hispano por recuperar su papel en la fundación de los Estados Unidos.

Conde de Aranda.

Como contrapartida, el libro exige del lector cierta paciencia con la acumulación de nombres, cargos y fechas diplomáticas –­condes de Aranda, de Floridablanca, de Vergennes, embajadores, gacetas, correspondencia ministerial– propia de una obra construida sobre archivo denso más que sobre narrativa fluida; no es un libro pensado para la lectura de evasión, sino para quien quiera entender con precisión los engranajes de una política exterior compleja. Dicho esto, la recompensa es considerable: pocas obras en español logran situar con tanta claridad el asedio a Gibraltar, las campañas del Misisipi y las negociaciones de París dentro de un mismo relato coherente, y menos aún con el aparato documental que aquí se despliega, salvo quizá, recientemente, la citada obra de Edaf. El enemigo de mi enemigo cumple así una función doble: divulgar en España lo que la historiografía anglosajona ya había empezado a asumir, y hacerlo con la solidez de quien primero tuvo que convencer a los lectores y revisores más exigentes de la academia estadounidense.

Fugitivos nazis: Otto Skorzeny (II)

Llegó a ser considerado el hombre más peligroso de Europa. Tras el colapso del Tercer Reich, el laureado militar nazi Otto Skorzeny buscó refugio en la España franquista, un régimen que lo acogió con los brazos abiertos y donde el austriaco intentaría revitalizar un ejército de soldados de la esvástica contra el avance del comunismo. Al servicio de distintas potencias e intereses, es uno de los personajes que salpican el libro Fugitivos. La historia de los mercenarios nazis durante la Guerra Fría, que acaba de publicar la editorial Debate.

Óscar Herradón

Tras su intervención –más bien discreta– en la neutralización de la Operación Valkiria, vendría la llamada Operación Greif, que consistía en una orden del propio Hitler de llevar a cabo el asalto al Cuartel General de Eisenhower y su asesinato, misión que se frustró y momento en el que los norteamericanos definieron a Skorzeny como «el hombre más peligroso de Europa».

Yeo Thomas.

Tras ello no tardó en legar la inevitable derrota del Tercer Reich y el momento en el que el protagonista de estas líneas, como otros miembros del Partido Nazi, fue internado en distintos campos de concentración… hasta ser juzgado en Núremberg, donde fue declarado inocente en relación con la llamada Matanza de Malmedy, en la Batalla de las Árdenas, por un apoyo in extremis: el testimonio en su favor del espía inglés F. F. E. Yeo-Thomas (alias «Tommy»). Ello no impidió que fuese internado en un campo de «desnazificación». No obstante, Skorzeny nunca renegó de su ideología y finalmente logró huir de las garras aliadas. Uno de los lugares en los que buscaría refugio sería la España franquista, un país en el que el antiguo miembro de las SS (que solía mostrar con orgullo a la gente de confianza el tatuaje de su grupo sanguíneo como llevaban todos los miembros de las Waffen-SS por si sufrían una herida en el frente) pretendía revitalizar el nazismo y dar forma a un Cuarto Reich…

Léon Degrelle.

Skorzeny pudo viajar a la península ibérica gracias a miembros de la citada red ODESSA, entonces en la clandestinidad, el 27 de julio de 1948. Según documentos desclasificados, el antigua nazi se instaló en Madrid bajo identidad falsa –durante un tiempo residió en la calle Montera, en los números 25-27– y retomó su trabajo de ingeniero, representando a prósperas compañías alemanas del acero, gozando de gran popularidad entre los franquistas y gracias a sus hazañas en la Segunda Guerra Mundial, de las que siempre se jactó y que muy posiblemente exageró notablemente. Era un héroe para esos españoles nostálgicos y uno de los últimos acólitos de Hitler que seguía con vida, al igual que el belga Léon Degrelle, que moriría en Málaga el 31 de marzo de 1994.

Nuevas revelaciones del archivo personal

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El 8 de diciembre de 2011 la casa de subastas Alexander Autographs Inc. de Stanford (Connecticut, EEUU), sacaba a subasta el impresionante archivo que Otto Skorzeny legó a su muerte a su mujer, Ilse Lüthje, con la que se casó en 1954. Ésta dilapidó pronto la fortuna familiar y solo una familia española la ayudó a costearse un asilo en Madrid, donde fallecía, sola y arruinada, el 20 de diciembre de 2002. Como agradecimiento, Ilse legó el archivo de su esposo al dueño de esos importantes documentos, cuyo hijo, Luis M. Pando, decidió sumergirse en las miles de páginas de la historia que el nazi no quiso escribir –a pesar de haber publicado unas resonadas memorias en dos volúmenes, Vive peligrosamente y Luchamos y perdimos–, antes de ponerles precio.

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Los documentos contienen de todo, desde planes de guerra y negocios, hasta secretos que revelaban parte del rol desempeñado por Skorzeny después de la contienda. Gracias a tan importante archivo, han salido a la luz numerosos puntos oscuros sobre un cuarto de siglo de actividad del guardia negro en nuestro país, del final de la Segunda Guerra Mundial hasta su muerte, en 1975.

Skorzeny con su esposa.

El libertador de Mussolini mantenía un estrecho vínculo con el gobierno español, sus generales, algunos de los que sirvieron a Hitler, dictadores sudamericanos y negociaciones con importantes empresas alemanas como Krupp, Thyssen o la exportadora de armas Merex, según el periodista Rafael Poch, «una tapadera de los servicios secretos alemanes en la que trabajaban, o colaboraban, criminales de guerra teóricamente buscados por la justicia». En el archivo se encuentran también felicitaciones del antiguo nazi a Manuel Fraga del año 1964, cuando este era ministro de Información y Turismo, así como dos recomendaciones de visados con la rúbrica del periodista de Falange Víctor de la Serna, quien estuviera a sueldo de la embajada de Hitler en Madrid, dirigidas a diplomáticos españoles en Alemania. Sería precisamente uno de ellos, Jorge Spottorno, quien siendo cónsul en Fráncfort emitiría un visado con nombre falso para el prófugo.

Skorzeny en su celda de Núremberg.

Entre los «secretos» (ya no tanto) se encuentran las pruebas de la transformación de Skorzeny en un hombre de negocios sin escrúpulos, reconvertido en traficante de armas –a través de Merex– o vendedor de petróleo y representante de las empresas alemanas supervivientes a los juicios de posguerra, muchas manchadas con sangre del Holocausto. Tangencialmente, dichos archivos apuntan a una supuesta relación del antiguo SS con el fundador del club Bilderberg, Józef Retinger –algo extraño si tenemos en cuenta que éste era uno de los mayores representantes del sionismo europeo–, entre muchos otros personajes de gran poder que supuestamente marcaban las directrices de la política internacional por aquel entonces.

Un agente secreto tras el hombre de negocios

Otto era accionista de un ingente número de sociedades, poseía un patrimonio estimado en unos mil millones de pesetas, casas y terrenos en Madrid, Andalucía, Alemania, Austria, Irlanda… Evidentemente, todos ellos bajo identidades falsas, salvoconductos y pasaportes emitidos con el visto bueno de las más altas autoridades franquistas, como Juan Vigón, Antonio Garrigues Walker o Ramón Serrano Suñer, de abiertas simpatías filonazis en los años cuarenta. Entre otras, adoptó las identidades de Rolf Steinbauer, Hanna Eff Khoury, Frey Hans Rudolf o Hans R. Frey, y quizá incluso otras, siendo su papel el de negociar acuerdos comerciales de la España franquista con empresas alemanas y egipcias. Fue precisamente Skorzeny el responsable de las negociaciones del tratado hispano-anglo-egipcio del petróleo, a instancias del entonces presidente de Egipto, Abdel Nasser, amigo íntimo de «Caracortada».

El archivo es un sanctasanctórum de las relaciones internacionales de posguerra. Tanto los archivos desempolvados por Luis M. Pardo como los desclasificados por el BND alemán, arrojan una información más que relevante sobre las operaciones que se llevaron a cabo en distintos países occidentales en las décadas de 1950 y 1960, operaciones turbias que, evidentemente, se hacían a espaldas de la opinión pública.

Von Bohlen.

Skorzeny mantuvo una nutrida correspondencia con importantes –y oscuros– personajes como el empresario alemán Alfried Krupp von Bohlen, que fuera condenado en los Juicios de Núremberg por «suministar armas al Tercer Reich y por trato inhumano a los prisioneros de guerra que trabajaron en su compañía», según recogía el diario El Mundo. Al parecer, tras la guerra Skorzeny se convirtió en su delegado comercial y sus operaciones se extendían desde Argentina hasta Egipto.

Cuando en 1963 le fue diagnosticado el cáncer que acabaría finalmente con su vida, se recluyó en su casa mallorquina de Alcudia y fue su mujer Ilse quien tuvo que viajar a Estados Unidos, Irlanda o Alemania para continuar engrosando el patrimonio familiar a través de las relaciones comerciales.

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Curiosamente, en su archivo se encuentra el guion para una película sobre su propia vida, escrito en 1959, lo que denota su enorme vanidad, una cinta que llevaría por título Special Mission, y donde, evidentemente, se hacía un elogio del encargo personal del Führer para encontrar y liberar a Mussolini. En 1963 recibía la misiva del hijo de su mayor enemigo, Eisenhower, a quien Skorzeny tenía la misión de matar por sorpresa –recordemos la Operación Greif–, violando los códigos de guerra.

Este post tendrá una próxima y última entrega sobre el «hombre más peligroso de Europa».

¿Qué encontraremos en las páginas de Fugitivos. La historia de los mercenarios nazis durante la Guerra Fría?

Cuando Alemania se rindió, miles de antiguos oficiales del régimen se esfumaron en la confusión de la posguerra. Algunos fueron juzgados y otros escaparon, pero muchos fueron reclutados. Reinhard Gehlen, general de inteligencia nazi, creó la organización de espionaje de Alemania Occidental con la ayuda de exagentes de las SS, mientras los servicios estadounidenses y soviéticos competían por hacerse con los servicios de los mismos hombres.

Desde restaurantes de lujo en Múnich hasta puertos yugoslavos infestados de contrabandistas, pasando por casas francas en Damasco, clubes de campo en El Cairo o refugios fascistas en la España de Franco, estos fugitivos tejieron una red secreta de tráfico de armas, espionaje y poder que sirvió indistintamente a Washington, Moscú o Tel Aviv. Basado en archivos inéditos del Mossad, la CIA y el espionaje alemán, Fugitivos revela una historia envuelta en secretos, mitos y propaganda: la de los nazis que sobrevivieron a Hitler para convertirse en piezas clave de la Guerra Fría. Con un vigoroso pulso narrativo y gran rigor, Danny Orbach reconstruye el lado más oscuro de esa época, cuando la lealtad era un lujo y la supervivencia una forma de traición.