Esparta (Ático de los Libros)

Ático de los Libros, una de las editoriales de referencia en el Pandemónium, publica Esparta. Auge y caída de una superpotencia de la actualidad, el último y aclamado trabajo del especialista británico en la Antigüedad clásica Andrew Bayliss, la fascinante y probablemente definitiva historia de la gran potencia militar de la Grecia clásica.

Óscar Herradón ©

Esta es la segunda incursión de gran público de Bayliss sobre la polis lacedemonia tras The Spartans (2020). Bayliss, profesor asociado de historia griega en la Universidad de Birmingham, formado en Macquarie (Australia) y con estancias en la Escuela Británica de Atenas, aporta credenciales sólidas para abordar la historia que tenemos entre manos: es autor de comentarios académicos sobre los fragmentos de historiadores espartanos como Sosibio, Molpis o Polícrates para el proyecto Brill’s New Jacoby, y mantiene una base de datos sobre emociones y actitudes espartanas en las fuentes antiguas, un trabajo de campo con fuentes fragmentarias que distingue su aproximación de otras síntesis más generalistas.

Lo más difícil con lo que ha tenido que enfrentarse a la hora de afrontar un libro sobre Esparta, como señala Justin Doherty en Aspects of History, es la ausencia casi total de fuentes espartanas propias. Los espartanos no dejaron pinturas, ni escritos propios extensos, ni monumentos que narren su versión de los hechos; casi todo lo que sabemos llega filtrado por atenienses como Tucídides o Jenofonte, con sus propios sesgos e intereses. Este crítico describió el libro, cuando fue publicado en 2025 en su original en inglés, como una reevaluación matizada que desafía los mitos sin caer en el extremo contrario de la negación completa, y subraya que Bayliss dedica atención genuina al papel de las mujeres espartanas en la sociedad; y es que la educación estatal que incluía a las niñas y el grado de voz pública que las mujeres alcanzaron fue algo prácticamente inaudito en el mundo premoderno.

¿Austeridad y rigor espartanos?

El concepto que estructura la interpretación de Bayliss es el llamado espejismo espartano (Spartan mirage), la idea —desarrollada originalmente por François Ollier en los años treinta y retomada después por historiadores como Cartledge y Stephen Hodkinson— de que buena parte de la imagen que tenemos de Esparta como sociedad austera, igualitaria y puramente militar es en realidad una construcción propagandística, alimentada tanto por admiradores extranjeros en la Antigüedad como por los propios espartanos, que llegaron a explotar turísticamente esa reputación en época romana. La reseña de Ancient World Magazine cita directamente el argumento de Bayliss de que la propia existencia del concepto de espejismo demuestra que, en efecto, había algo genuinamente distinto en los espartanos, aunque señala como limitación que el primer capítulo, centrado en Termópilas, deja al lector con una sola batalla como referencia militar, un enfoque que satisface la anécdota pero deja la historia militar espartana con un tratamiento limitado en el resto del volumen.

David Stuttard, historiador y autor de A History of Ancient Greece in Fifty Lives, elogió el modo en que Bayliss combina historia antigua y arqueología moderna para atravesar el espejismo espartano con una claridad admirable a lo largo de seis siglos de historia griega vistos desde la perspectiva lacedemonia.

Leído en conjunto, el libro de Bayliss se inscribe con solvencia en la corriente revisionista que domina la espartología académica desde finales del siglo XX –la misma que representan Cartledge, Hodkinson o Ellen Millender, quien también elogia el volumen como introducción erudita y amena– frente al relato más mitificado y unidimensional que dominó la divulgación histórica durante buena parte del siglo XX. Su mayor virtud es la síntesis clara y bien informada de ese consenso académico reciente para un público general, así como el oficio narrativo que despliega el autor a pesar de la escasez de fuentes originarias.

Armored Spartan warrior charging with spear and shield toward an ancient city
Imagen generada con la IA de WordPress.
Plate III: Espada corta espartana (Laconia, s. V a.C.); estudio morfológico y tipológico. Labels identify forged steel blade, sharpened edges, bronze guard, leather-wrapped grip, lobed pommel, blade section, and hilt detail.

El resultado es un libro más que recomendable que The Times ha definido como «Entretenido y apasionante» y que la publicación especializada Ancient History Magazine describe así: «Sin duda, una de las mejores obras sobre Esparta publicadas en la última década, quizá incluso más». Pues eso; como diría Leónidas en 300: «¡Esto es Esparta!».

El águila y la sotana (Ático de los Libros)

Ático de los Libros publica la que probablemente sea la investigación más exhaustiva sobre la relación del régimen franquista con la Iglesia católica. En El águila y la sotana el historiador Julián Chavez Palacios aborda de forma rigurosa la estrecha relación de la Iglesia con los sublevados durante la guerra civil y la primera etapa de la dictadura, de 1936 a 1945.

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El sugerente título alude al símbolo imperial de la dictadura –el águila, tan presente también en otros totalitarismos como el nazismo y el fascismo italiano, que el franquismo imitó, y que tenían como inspiración los estandartes de las legiones del Imperio romano–, y la sotana, la vestimenta típica del sacerdote, el obispo y el cardenal. Cuando Franco, una vez muertos los generales Mola y Sanjurjo, presentó la Guerra Civil española como una cruzada por la fe y la patria (es más, la guerra, en los libros del régimen, se conocería como la «Cruzada Española de Liberación») la Iglesia abrazó su discursos casi sin reservas.

No debemos olvidar que, no obstante, durante el periodo republicano y el estallido del conflicto la quema de iglesias y la persecución a religiosos (en la guerra, fusilados en masa) tuvo quizá mucho que ver, y ese miedo de toda Europa al avance del comunismo soviético, y el anarquismo, caracterizados ambos –aún siendo entre sí incompatibles– por el ateísmo feroz. Sí, hubo quema de iglesias y destrucción de patrimonio religioso (decapitaciones de estatuas de santos y vírgenes, profanación de cementerios en monasterios y conventos…), pero eso no puede justificar la acción de la institución eclesiástica al lado de los reaccionarios ni su complicidad con la represión posterior ni casa con la moral cristiana de poner la otra mejilla y de la máxima «Ama a tu prójimo como a ti mismo», que podría sustituirse por «Ama a tu prójimo como a ti mismo, salvo si es rojo…».

La legitimación del discurso reaccionario

Pío XII

Sin embargo, ya en 1939 el papa Pío XII (sobre el que planea la larga sombra de un comportamiento pasivo, cuando no cómplice, con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, muy discutido) celebró la victoria de la España católica sellando una alianza que consolidaría el poder del régimen.

Franco con el arzobispo Manuel de Castro Alonso en Burgos (1938).

Esa estrecha alianza entre la Iglesia católica y los sublevados que se reflejará en una colaboración recíproca para lograr sus respectivos intereses y que dio lugar a la ideología particular del régimen, el citado nacionalcatolicismo, tuvo subsecuentes cambios en la zona sublevada, como la obligatoriedad de la religión en la enseñanza primaria y secundaria, así como la imposición del crucifijo en institutos y universidades. También fue obligatorio en las escuelas, desde finales de la guerra, el Catecismo Patriótico Español del obispo Menéndez-Reigada, sin imprimátur (declaración oficial por la jerarquía católica de que una obra está libre de error en materia de doctrina y moral católica, autorizando por tanto su lectura por los fieles), y con proclamas antidemocráticas y antisemitas; y según confesaría el socialista Juan Simeón Vidarte, diputado y vicesecretario general del PSOE entre 1932 y 1939, incluso se llegó a modificar el catecismo del padre Ripalda, agregando al quinto mandamiento («No matarás») lo siguiente: «…a no ser que sean rojos, o enemigos del glorioso movimiento». Escalofriante.

La gigantesca cruz de piedra del Valle de los Caídos (hoy Cuelgamuros).

Por tanto, la Iglesia católica española legitimó el discurso de los sublevados con la idea de cruzada, sirviendo los propios obispos y sacerdotes (muchos de ellos, insisto, asesinados a sangre fría por el bando republicano) como capellanes a los combatientes franquistas: les administraban los sacramentos y bendecían sus armas y las banderas de los regimientos antes de entrar en batalla o marchar al frente. La Iglesia (o al menos la mayor parte de ella, pues también hubo curas disidentes que no estaban de acuerdo con aquella política de venganza) se sintió enormemente aliviada por el triunfo de las tropas de Franco, recibiendo, además, una compensación económica que supuso el restablecimiento del presupuesto del clero en octubre de 1939 y que contribuyó a una estrecha y longeva relación durante los 40 años que duraría la dictadura.

De la cruzada al nacionalcatolicismo

Este riguroso ensayo, basado en numerosas y exhaustivas fuentes, pero ameno como si se tratase casi de una novela, es obra de Julián Chaves Palacios (autor ya conocido por su exitosa obra Historia del maquis, publicada también por Ático de los Libros), catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura. Su gran mérito, además del enorme trabajo de investigación que hay detrás, es brindarnos la que probablemente sea la radiografía más completa hasta la fecha sobre este delicado asunto de nuestro pasado reciente –y por ende, el de toda Europa, si tenemos en cuenta que la Guerra Civil fue el preámbulo de la contienda más salvaje que conocería el hombre y que estallaría el mismo año de la victoria franquista, aunque con actores diferentes, pues esa alianza Iglesia/Estado no se daría, por ejemplo, en el nazismo, salvo en la connivencia de algunas instituciones luteranas–.

El águila y la esvástica recorre los años decisivos que van del estallido de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, fecha de infausto recuerdo, a 1945, con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la caída del Eje. Chaves, que no se limita al relato de ecos políticos (analiza cómo la jerarquía eclesiástica influyó de manera decisiva en la educación, la censura, la moral pública y los mecanismos de control social que serían el origen de lo que se dio en llamar nacionalcatolicismo). Qué mayor demostración de ese estrecho vínculo ente Iglesia (sotana) y Estado (águila) que renombrar así el Movimiento. El autor muestra con pelos y señales cómo esa alianza capital entre eclesiásticos de alto rango (y también bajo) y régimen moldeó la ideología franquista y condicionó la vida cotidiana de millones de españoles.

Las estaciones ocultas (Ático de los Libros)

Ático de los Libros publica uno de los libros más singulares, y me atrevería a añadir que extraños –y a la vez cautivadores– de la temporada: Las estaciones ocultas, del británico Tristan Gooley, un paseo por la naturaleza, y sus múltiples y sutiles señales, nunca antes recorrido de esta forma.

Óscar Herradón ©

Circular zodiac wheel with seasonal scenes and mythological figures
Imagen generada por IA.

Hay libros, la gran mayoría, que sirven para leer (te aporten más o te aporten menos) y otros que se experimentan, se viven, como es el caso de La estaciones ocultas. Un calendario de las señales de la naturaleza, que acaba de publicar en castellano una editorial habitual en el Pandemónium, Ático de los Libros. Su autor es Tristan Gooley –navegante, explorador, naturalista y lo que él mismo llama «natural navigator»– que lleva más de dos décadas perfeccionando un arte que podríamos describir como la lectura de aquello que podemos ver en el mundo: ha escrito sobre el agua, sobre el clima, y en esta ocasión, va más allá y se atreve a leer el mismo tiempo, no el tiempo meteorológico de los telediarios y el que nos empapa, nos derrite o nos congela, sino el tiempo en una concepción mucho más trascendente, el tiempo cíclico, el ritmo profundo del año natural.

Butterflies flying over wheat field with wildflowers at sunset
Imagen IA de WordPress.

Cuando sabemos qué buscar en la naturaleza, las estaciones que antes permanecían ocultas brillan con intensidad. Todos conocemos las cuatro estaciones del año, pero la naturaleza cambia mucho más a menudo de lo que creemos: el agua siempre es más clara en junio, una estrella concreta marca el sur a medianoche en una fecha exacta y la sombra de las mariposas nos permite orientarnos en los campos florecientes. El mundo natural está lleno de pistas, aunque rara vez sabemos leerlas.

Tristan Gooley (Wikimedia Commons).

En Las estaciones ocultas, Tristan Gooley nos enseña a descifrar las señales que nos ofrecen el sol, la luna, las estrellas, las plantas, los hongos, los animales, el agua y el clima. Gracias a su guía experta, el otoño nos hablará a través de las hojas, aromas y hongos; la primavera, con flores silvestres, nubes y fascinantes comportamientos animales; el verano, desde las playas y campos, y el invierno, gracias a la nieve y los gélidos cielos nocturnos. El año se convertirá así en una sucesión de microestaciones en constante transformación, repletas de maravillas. En Las estaciones ocultas descubriremos una forma nueva de observar el mundo, y no volveremos a ver, ni oír, ni oler las estaciones de la misma manera.

Man walking on a forest path in autumn with a walking stick

La singular estructura del libro muestra una suerte de año desplegado: el ensayo se organiza siguiendo el ritmo del año natural, pero no de manera cronológica o académica. Gooley no empieza en enero ni en la primavera astronómica, sino donde empieza la atención: en el primer signo extraño, en la primera anomalía que te hace detenerte en tu camino y preguntarte el porqué. Esa estructura orgánica, que imita el ritmo de un paseo más que de un manuscrito o tratado, es una de las virtudes formales más elegantes e innovadoras del texto. Y el autor/viajero/naturalista lo hace con un tono también original, casi inaudito: escribe como el que piensa en voz alta durante un paseo, mezclando la observación precisa con la digresión afectuosa, el dato científico con la anécdota personal.

Large flock of starlings creating swirling patterns in the sky at sunset over a rural landscape

El autor, oriundo de Londres, Inglaterra, donde nació en 1973, es considerado, y no gratuitamente, una suerte de «Sherlock Holmes» de la naturaleza –según lo ha definido The Wall Street Journal–: genera, efectivamente cual detective, suspense a partir de lo aparentemente irrelevante (la dirección en que se inclina un musgo, el comportamiento de una bandada de estorninos, la temperatura del agua en un tramo del río), para construir una cadena de inferencias que termina revelando algo sorprendente sobre el estado del mundo, y que habremos de descubrir sumergiéndonos en sus vívidas, nunca mejor dicho, páginas.

Illustration of a Lapwing bird in an old British bird guidebook open on a wooden surface

Un libro que ha supuesto para el autor un éxito internacional, cosechando elogios de crítica y público y que The New York Times ha definido de esta manera: «Uno de los guías más hábiles del planeta […] Tristan Gooley ayuda a millones de lectores a descifrar las pistas de la naturaleza para encontrar el camino de vuelta a casa».