Iron Maiden, 50 años de la Doncella

En conmemoración del medio siglo de existencia de una de las bandas de rock y heavy metal más legendarias de la historia, Libros Cúpula publica en castellano el mejor homenaje en forma de libro que podía hacerse a la «Dama de Hierro»: Iron Maiden. Infinite Dreams.

Óscar Herradón ©

Vi a los Iron Maiden por primera vez un lejano junio de 1999 en un sitio que recibiría numerosas críticas por su acústica pero que estaba a apenas 10 minutos andando de la casa de mis padres, mi hogar entonces: La Cubierta de Leganés, en el marco de la gira The Ed Hunter Tour. Fueron teloneados por otros grandes, en este caso del trash, Megadeth, que no estaban en su mejor momento. Y aunque a los que ahora son veinteañeros aquello pueda parecerles el Pleistoceno –y lo era, ni siquiera habían nacido, y un servidor apenas tenía 19 añitos– la banda británica ya tenía una larga solera. Los vi cuando ya habían pasado sus años dorados, de Killers a Fear of the Dark, pero seguían teniendo una garra, una energía, una determinación y una complicidad con el público que envidiarían Bad Bunnies y Quevedos (y no hablo del insigne autor de nuestro Siglo de Oro). Y con 19 años uno vive las cosas con mayor intensidad. Es lógico.

Entonces faltaban unos meses para que lanzaran su disco más progresivo hasta el momento, Brave New World, tras un largo impasse en el que la banda había vivido la salida de Bruce Dickinson, su cantante más emblemático y frontman actual, tras dos discos en los que se encargó del micro Blaze Bailey: The X Factor (1995) y Virtual XI (1998), y su esperado –y acertado– regreso. Una etapa rara –no mala, ojo–, pero rara, casi insólita. Curiosamente, para profanos, los Maiden no comenzaron con Dickinson al micro, sino con el controvertido y también genial Paul Di’Anno, que estuvo en los dos primeros discos de estudio de la banda, el homónimo Iron Maiden, de 1980, y Killers, de 1981, y que falleció en 2024 tras una vida llena de excesos.

Y tras aquel impasse de mediados de los 90 volvieron los Maiden clásicos, y aquel chaval de entonces 19 años, loco de un amor no correspondido que le traería de cabeza durante demasiado tiempo (cosas de la inexperiencia y de la idealización juvenil), quedó eclipsado ante su magnanimidad. Han pasado 27 años de aquello, ¡27!, y los Iron Maiden siguen, como unos Rolling del metal, girando alrededor del mundo y publicando discos de estudio (el último, Senjutsu, de 2021), algo que muy pocas bandas del rock han conseguido, salvo los Rolling –que llevan más de 60, ahí es nada, y han publicado su último disco de estudio, Foreign Tongues, el 10 de julio de este mismo 2026–, AC/DC y algún otro, seguidos de cerca por otros monstruos del heavy metal británico, Judas Priest y su líder, Rob Halford, 50 años en el podio de los acordes eléctricos.

Sueños infinitos

Ahora, en conmemoración de los 50 años de fundación de la banda que lo cambiaría todo en el llamado NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal, un movimiento surgido precisamente en Inglaterra a finales de los 70 y en los que brillaron junto a otros grupos como Judas Priest o Saxon), y mucho más allá, Libros Cúpula publica en castellano el libro de los libros de la Doncella: Iron Maiden. Infinite Dreams, que cuenta ahora también con una edición limitada no apta para todos los bolsillos.

El volumen, publicado originalmente por Thames & Hudson para conmemorar el cincuentenario de la banda, es un libro de gran formato –25 x 33 centímetros, 352 páginas de papel satinado cosidas en lugar de encoladas y en tapa dura, con una profusa parte gráfica, y un peso considerable– concebido desde el principio tanto como artefacto para fans como documento memorístico. El resultado es uno de los libro de rock más completos y mejor ejecutados de los últimos años que ningún fan que se precie de la «Doncella» puede perderse.

La elección del título no es arbitraria, Infinite Dreams, pues alude a la permanencia de un proyecto creativo que, a diferencia de la mayor parte de sus contemporáneos del heavy metal de los ochenta (salvo Judas Priest, insisto), no se ha limitado a sobrevivir sino que ha seguido produciendo obra relevante. Es asimismo el título de una de las canciones de uno de sus discos de estudio más laureados (y uno de los favoritos de quien esto suscribe), lleno de referencias mágico-diabólicas y contenido esotérico: Seventh son of a Seventh Son, lanzado en 1988, ¡hace casi 40 años!

Como señala el periodista musical Nick Ruskell en la revista referente británica Kerrang!, el hecho de que la etapa post-retorno de Bruce Dickinson –iniciada, como digo, en 1999– represente ya más de la mitad de la historia total de la banda habla por sí solo de la singularidad del fenómeno Iron Maiden dentro del rock de estadios (de una banda que comenzó en pequeñas salas y con pocos seguidores allá por finales de los 70 en una Inglaterra contestataria y en pleno cambio que curiosamente no tardaría en ser gobernada por la conservadora Margaret Thatcher, apodada «la Dama de Hierro», ¿casualidad?).

El número total de ilustraciones de este colosal volumen al nivel de la producción de la banda que lleva cinco décadas girando por todo el mundo es de nada menos que 1.024, realmente una «Historia Visual Oficial» en su máxima expresión. Además, a diferencia de la mayoría de bibliografía sobre los Maiden, que carece de la cooperación y aprobación del grupo británico, esta obra accede a la colección personal de fotografías y artefactos de los propios miembros, mucho de ello material inédito, y en lugar de recurrir únicamente a citas publicadas con anterioridad, recoge nuevos testimonios e interpretaciones de su ambicioso proyecto eléctrico.

Por ejemplo, el prólogo es de Steve Harris, su emblemático bajista y miembro fundador, el único integrante de la banda que ha estado presente en todos y cada uno de sus discos. El epílogo es del cantante, Bruce Dickinson (un tipo multifacético de una inteligencia proverbial y habilidad especial en distintas áreas: es piloto, esgrimista, empresario, literato, historiador, y mucho más, y por supuesto uno de los grandes frontmans del heavy metal de todos los tiempos), quien lo llama burlonamente un «prólogo al revés».

Infinite Dreams se organiza en cuatro grandes secciones cronológicas que coinciden con las etapas definidas por los cambios de formación, un criterio narrativo sin duda eficaz que permite navegar el libro («I see the ghost of navigator», los fans me entenderán) desde su propia relación con la banda. La primera sección, Burning Ambition 1975-1982, cubre los años fundacionales y la era Paul Di’Anno. Entre los objetos más impactantes figura la cazadora de cuero del vocalista con la primera camiseta oficial del grupo dentro, así como una carta manuscrita del cantante a Steve Harris en la que le sugiere buscar un nuevo vocalista, todo un incunable. El propio bajista recuerda: «Paul era un tipo difícil, pero tenía talento. Con él fue una montaña rusa».

Masked metal performer raising a flaming axe before a cheering concert crowd
Imagen creada con la IA de WordPress.

La segunda sección, Where Eagles Dare, 1982-1988 (que toma su título de la canción que abre otro de sus grandes discos de estudio, Piece of Mind), es la más extensa y abarca el período de mayor esplendor comercial y artístico de la banda. Especialmente fascinantes son las páginas dedicadas a la portada Somewhere in Time: hay un primer plano del Eddie cyborg de la cubierta delantera, y en la página siguiente aparece un dibujo preliminar en blanco y negro junto a una versión terminada temprana en color. Y es que las portadas de Iron Maiden son tan legendarias como sus propias composiciones. El artista Derek Riggs (creador de la inmortal mascota del grupo, Eddie) recuerda sobre el proceso de creación de Somewhere in Time que «la pintura tardó dos meses y medio, pero tuve que parar una semana en medio… Me quedaba sentado mirando el cuadro, soñando adónde iban sus personajes y qué hacían. Puedes volverte loco».

La tercera sección, The Edge of Darkness, 1988-1999, aborda la salida de Dickinson y el período con Blaze Bayley al micro. La marcha de Bruce se reconoce y se cubre brevemente, pero no se explora ni se explica en profundidad; el propio cantante reconoce: «Mi decisión de irme: podrías señalar muchas pequeñas cosas, ninguna de las cuales fue realmente decisiva». El caso es que volvió, que es lo importante, y no porque su sustituto fuera un mal cantante. El batería, el emblemático Nicko McBrain analiza sin contemplaciones aquella etapa: «La era Blaze de Maiden tuvo grandes momentos, pero también muchos que no lo fueron… Blaze tuvo dificultades», y las ventas durante aquella era fueron bajas. No siempre se puede estar en el Olimpo del rock, pero regresarían… 

La sección final, A Brave New World 2000-, sin cierre definitivo (esperemos que por mucho tiempo), documenta el retorno de Dickinson y el guitarrista Adrian Smith y los cuatro discos de estudio más recientes, hasta culminar con la retirada de Nicko McBrain y la gira del cincuentenario. Toma el nombre del disco que lanzaron a comienzos del nuevo milenio (hace ya 26 años) que iniciaba una nueva era y tomaba a su vez el título de la novela distópica de Aldous Huxley, traducida al castellano sin mucho acierto como Un Mundo Feliz.

La legendaria publicación británica Kerrang! sitúa el libro en la misma lógica de la grandiosidad calculada que las propias giras de la banda: al igual que sus históricos directos, el monumental volumen es la mejor versión posible de lo que semejante objeto puede ser, «repleto de suficiente material para entusiasmar incluso a los más curtidos». Larga vida a la Doncella.

Tres décadas del Black Album (Part ONE)

Me he retrasado un poco, lo reconozco, pero es que no es fácil rememorar tres décadas de rock and roll (o thrash metal, según se mire) en un post. Pero un post sobre Metallica en «Dentro del Pandemónium» era una cuenta pendiente obligada. Tres décadas (y bastantes meses) del Álbum Negro, porque si nos referimos a su carrera completa, ya hace tiempo que se cumplieron 40 años de su primer concierto. Todo un fracaso que no era sino el comienzo de algo muy, muy grande. Ya no demoramos más. Wherever I May Roam…

Óscar Herradón ©

Estaba obsesionado con los Use your Illusion de Guns N’Roses, cuyas cassettes ponía una y otra vez (principalmente los hits, de Don’t Cry a Civil War, de You Could Be Mine a November Rain), cuando vi en los primeros ejemplares de la Heavy/Rock que compraba en aquellos maravillosos kioscos multicolor hoy casi inexistentes por culpa de Internet, las potentes imágenes del cantante de Metallica en plena acción. Entonces la prensa musical los confrontaba continuamente a los rockeros de Los Ángeles y, cosas de la inocencia de la edad, pensaba que aquellos músicos de semblante serio que comandaba James Hetfield eran una suerte de villanos que estaban ahí solo y exclusivamente para dificultar el éxito del que para entonces –y muchos años después– era el grupo que ponía banda sonora a mi vida.

Y una de esas tardes en las que alternaba leer alguna cosa del colegio –todavía iba al colegio, a 8º de EGB–, escuchar a los Guns y jugar a los tazos de Bola de Dragón o a los cromos de la Liga (sí, solo tenía 12 primaveras), pusieron en la radio –es posible que en una emisora tan poco rockera como Los 40 Principales– un tema de esos «hombres de negro» de melenas abundantes y pose defensiva. Unos acordes de aire oriental me dejaron pendiente, en el más absoluto de los silencios, de aquella canción que salía de un radiocassette del Pleistoceno. A aquellas extrañas e hipnóticas «cuerdas» siguió una potencia que me cautivó y una voz que me enganchó para siempre; aquel tema no tenía nada que envidiar a los de mis ídolos Axl y compañía.

Se trataba –lo supe después– de Wherever I May Roam, ese himno inspirado en los músicos nómadas que hacen de la carretera (la misma que le robaría la vida al primer bajista del cuarteto, Cliff Burton, que cuando yo los descubrí ya llevaba muerto unos seis años) su segunda casa –y muchas veces la primera–. Formaba parte de un disco que no tardé en comprar (en cassette, claro), que no era otro que el Black Album, del que se cumplieron 30 años hace bastantes meses y que, junto a los Illusion, elevó 1991 a fecha dorada del rock and roll, el mismo año que veían la luz el Nevermind de Nirvana, el Blood, Sugar, Sex, Magik de los Red Hot Chili Peppers, el Arise de los brasileños Sepultura, el Gish de Smashing Pumpkins o, en géneros algo distintos pero no por ello menos cautivadores, el Dangerous de Michael Jackson o el Out of Time de REM.

Fue el 12 de agosto de 2021 –hace casi un año, sí que me he retrasado, sí– cuando se cumplían tres largas, convulsas y magnéticas décadas desde la publicación de aquel álbum de cover negra, negra como la vestimenta de los cuatro jinetes del apocalipsis que lo compusieron. Tengo 42 años, así que… 30 años que suponen prácticamente toda mi P… vida. No dejé de escucharlo desde entonces: una y otra vez, una y otra vez; podría tararear cada estribillo incluso en ese estado semiinconsciente que se produce entre la vigilia y el sueño y en el que, dicen, daba forma a sus monstruos antediluvianos H. P. Lovecraft en la remota Providence, también en USA.

Poco tiempo después de que mi colega de colegio Paul Semper me descubriera a los Guns y a los Red Hot –él nunca sintió demasiada devoción por Metallica, y mucho menos por sus aficiones cinegéticas– recalé en el instituto (sí, primero de BUP entonces), y conocí al que sería poco después, y hasta el día de hoy, mi mejor amigo, Luis Zamarra. Con él, entre muchas vivencias que no vienen a cuento, no pocas discusiones, algunas tan acaloradas que alguien podría haber puesto en duda nuestra sólida amistad (cosas, ya de mayores, de la divergencia política) y un amor por la música tan sincero como nuestras almas aún incorruptas, desgrané cada tema, cada sílaba, cada letra, cada palabra del álbum negro. Él tocaba sus melodías a la guitarra, y yo intentaba –en vano, nunca fue lo mío– darle la réplica con mi voz.

The Metallica Blacklist

Los Maiden

Algo mágico tenía aquel disco, más allá de la fuerza, la perfección compositiva o la frescura (que hoy mantiene intacta). Sí, mucho más, a la vista están los homenajes de millones de fans, críticos musicales y artistas que ya tenían barba cuando los Metallica no habían nacido, a tres décadas de su lanzamiento. De Bruce Dickinson a Paul Stanley, líder de Kiss, son centenares los músicos que lo han elogiado y definido como algo sin igual. En una charla el pasado año con motivo del 30 aniversario, el frontman de una de las grandes bandas de heavy metal de la historia, Iron Maiden, afirmaba a Classic Rock: «Nosotros, Judas Priest y Pantera, alcanzamos una encrucijada en la que tuvimos la oportunidad para dar realmente un paso adelante al siguiente nivel. Pero ninguno de nosotros tuvo agallas. Metallica sí».

Incluso Juanes se ha marcado una sui géneris versión de Enter Sandman, con videoclip incluido. Sorprendente. Es normal que sea el decimoquinto álbum más vendido de la historia de EEUU. Debería ser uno de los cinco primeros (pero en ese top 5 están Michael Jackson, Pink Floyd, Whitney Houston, AC/DC y Meat Loaf. Mucha tela). Fruto de esa admiración por los metálicos estadounidenses, hace unos meses se lanzó el disco tributo The Metallica Blacklist, en el que versionan sus temas 53 grupos y artistas tan divergentes como el citado Juanes, Elton John, Miley Cirus, J. Balvin, Ha*Ash o el dueto mexicano Rodrigo y Gabriela, por citar solo a aquellos que más le han chirriado a los fans sempiternos de la banda.

Metallica, que aunque nunca dejó de estar en primera línea, se ha convertido en un auténtico fenómeno mediático mundial gracias a la cuarta temporada (y no última) de Stranger Things y los acordes del Master of Puppets, que los ha visibilizado ante millones de muchachos que ni siquiera sabían que aquellos hombres de negro, hoy de gris cano, existían. Nunca es tarde si la dicha es buena, dice el refrán.

Condena de los thrashers, aceptación por el mainstream

Y eso que el disco –el negro, no el Master of Puppets– sería muy criticado por los fans antes, durante y después del lanzamiento. Recuerdo, en la ya mentada Heavy/Rock, la «heavy», una tira cómica de un lector en la que ahorcaban a un chaval, y cuando otro preguntaba a un colega por qué lo habían hecho, éste respondía: «Dice que le gusta lo último de Metallica». Hoy la censura habría hecho mella en aquella ingeniosa tira «cómica», pero es una buena muestra de la controversia que rodeó al «negro». No tenía mucho que ver con los discos que habían hecho de Metallica los abanderados del thrash metal (Ride The Lightning, Master of Puppets…), ni siquiera con aquel disco algo forzado (aunque me encanta) en el que no se escuchaba –deliberadamente– el bajo de Jason Newsted y al que el resto del grupo no haría justicia hasta años después: …and Justice for All.

Hetfield en pleno éxtasis (of God) en Londres, en 2017.

Y sin embargo, el álbum negro generó tal expectación que hubo largas colas en las tiendas de discos (hoy, con Amazon y el streaming, algo impensable), abrió hueco a Metallica en las grandes emisoras de todo el planeta y los encumbró a lo más alto de la escena musical en un tiempo en el que los Guns realizaban la extenuante y colosal gira de los Use Your Illusion y desde Seattle los príncipes del grunge comenzaban a copar los titulares de la prensa musical, avisando a los chicos de pelo cardado y agudos que no se relajaran, que el mundo del rock estaba cambiando y había que abrirle nuevos horizontes. Un olor como a espíritu adolescente (el de tantos de nosotros) que se ha ido perdiendo con los años. Ley de vida.

Este post metálico rebosante de melancolía tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium». Mientras tanto, os dejo unas cuantas recomendaciones literarias para seguir sacando jugo a los cuatro jinetes del (Meta)pocalipsis.

PARA SABER (MUUUUUCHO) MÁS:

Metallica. Back to the Front (Norma Editorial)

Y ahora que Stranger Things ha catapultado aún más un disco que cualquier amante de la guitarra eléctrica conocía de arriba abajo, el Master of Puppets, recordamos el impresionante volumen que en 2017 lanzó Norma Editorial, una auténtica joya para fans de los angelinos: Metallica. Back to the Front. La historia visual autorizada del álbum y la gira Master of Puppets, rubricada por Matt Taylor, un volumen que corta el aliento en una detallada historia repleta de fotografías y documentos inéditos de la colección de la banda y de fans sobre el lanzamiento y la gira posterior de un disco electrizante.

Master of Puppets se lanzó el 3 de marzo de 1986 y consagró a la banda como abanderados del thrash metal junto a Anthrax y Slayer. Con entrevistas nuevas exclusivas, el libro recorre esos meses de infarto en los que Metallica teloneó a Ozzy Osbourne, algo nada baladí, y cuya euforia se truncó el 27 de septiembre, con el trágico accidente de autocar en el que perdió la vida el virtuoso bajista Cliff Burton y sacudió los cimientos de la banda. Tenía tan solo 24 años.

Tras un concierto en Estocolmo, los miembros de la banda tomaron un autocar para trasladarlos a Copenhague: alrededor de las 6.15 de la mañana el vehículo derrapó, dio varias vueltas de campana y Burton –que curiosamente se había rifado dormir en la cama que le correspondía a Kirk Hammett, caprichos del destino– salió despedido. El autocar después lo aplastó. El doctor Anders Ottoson certificó la muerte a causa de «una comprensión torácica con una contusión pulmonar». A pesar de permanecer tan solo tres años y medio en Metallica, Burton hizo historia, y formó parte del álbum debut, Kill Em’ All, Ride The Lightning y el mentado Master of Puppets. Le sucedió Jason Newsted a las cuatro cuerdas, quien permanecería en la banda 15 largos años, hasta abandonarla y ser sustituido por el actual bajista, Robert Trujillo.

Metallica. El origen del Thrash Metal (Libros Cúpula)

Libros Cúpula, un sello del Grupo Planeta muy presente en «Dentro del Pandemónium», lanzó en 2014 el libro Metallica. El origen del Thrash Metal, de Jerry Ewing, un tributo a la banda más influyente del metal con imágenes exclusivas y documentos extraíbles inéditos. Una edición de megalujazo que ningún fan de Metallica puede perderse (un servidor lo tiene en sitio preferente de su biblioteca). Un compendio de coleccionista en el que se juntan facsímiles de flyers, entradas, pases de prensa, pósteres… organizado y narrado por el periodista musical especializado en rock nacido eb Australia –y quien se trasladó al Reino Unido justo cuando comenzaba la New Wave of British Heavy Metal– Jerry Ewing, colaborador de numerosos medios musicales como Classic Rock, Metal Hammer, Maxim, Stuff o Bizarre.

Metallica. Toda la historia (Blume)

Blume, una editorial que también adoramos en «Dentro del Pandemónium» y de la que en breve hablaremos en un post a razón del reciente lanzamiento de dos volúmenes, Arte Transgresor y Cine Transgresor, lanzó en 2017 la primera historia completa ilustrada de Metallica a cargo del prestigioso crítico musical canadiense Michael Popoff, que, como es de rigor, se encuentra en la biblioteca herradoniana al lado del cofre de Libros Cúpula, en lugar de honor. En Metallica. Toda la historia, el autor, que ha sido definido como «el periodista de heavy metal más famoso del mundo» –con 40 libros a sus espaldas– presenta la trayectoria completa de la banda –hasta el año de publicación, se entiende– proporcionando un completo repaso por su selecta discografía: cada álbum es diseccionado por prestigiosos periodistas musicales como Richard Bienstock, Daniel Bukszpan, Neil Daniels, Andrew Earles o Mick Wall, entre otros.

Un poco de todo: las historias tras la formación del grupo, la salida de Dave Mustaine a causa de sus adicciones (traumática para el guitarrista que acabaría fundando otro grupo mítico del trash, Megadeth, al frente del que continúa todavía hoy), la muerte de Cliff Burton en Escandinavia, la llegada de Jason Newsted (y el lamentable comportamiento de sus compañeros con él durante la grabación de …And Justice For All!), la salida de éste quince años después y la llegada de Navarro, la adicción al alcohol de James Hetfield, triunfos, tragedias, giras… un volumen acompañado de más de 200 imágenes, no solo en conciertos en directo (que hay muchas) sino también de momentos íntimos, auténticas joyas de coleccionistas como un servidor.

Metallica. Nothing Else Matters (Ma Non Troppo)

Y cómo no, Redbook Ediciones también tiene un título dedicado a Metallica en su colección «La novela gráfica del Rock», vieja conocida del Pandemónium, Metallica. Nothing Else Matters (Nada Más Importa). La vida de la banda angelina contada a través de la viñeta con una potencia digna del solo de bajo de For Whom The Bell Tolls y con un dibujo hiperrealista que te hace sentirte directamente en el seno de la banda como uno más desde sus comienzos hasta hoy. Y lo hace la mano de los expertos en novela gráfica Brian Williamson (dibujo) y Jim McCarthy (guion) que capturan con maestría la esencia y los sinsabores (muchos, pues la fama y el dinero no dan la felicidad, que se lo digan a Hetfield, aunque ayuda) de la más grande banda de thrash, de puro rock, de la historia. Un emocionante viaje en forma de montaña rusa que abarca dos décadas de altibajos tanto en la carretera como en el estudio.

En su selecto catálogo que hace las delicias de los amantes del rock, Redbook (a través de su emblemático sello Ma Non Troppo) también tiene el libro Metallica. Furia, sonido y velocidad, una obra definitiva sobre la historia de la banda estadounidense escrita a cuatro manos por Matías Recis y Daniel Gaguine. Un recorrido cronológico, otro más (pero igual de vibrante como las cuerdas de Hetfield y Hammett) por su trayectoria de vida, sus discos, videoclips, anécdotas y curiosidades. Además, sus letras, pura poesía y podríamos decir que filosofía viva, son analizadas por los dos especialistas musicales citados que además completan el libro con un singular apéndice de los instrumentos, efectos y amplificadores que los miembros de la banda han utilizado en cada periodo. Más de 100 millones de discos vendidos no merecen menos.

Nacer. Crecer. Metallica. Morir, Parte 1 (Malpaso y Cía)

La Editorial Malpaso y CIA lanzaba en 2018 el primer volumen (edición que parece un traslado al papel del álbum negro, maravillosa) de la biografía Nacer. Crecer. Metallica. Morir, la que precisamente va desde los comienzos de la banda a la aparición del Black Album. Compuesta a cuatro manos por Paul Brannigan e Ian Winwood, ha tenido un notable éxito en lengua inglesa y disecciona al grupo sin obviar en ese largo camino hacia el éxito multitudinario los momentos de dolor y drama. Un relato exhaustivo construido a partir de minuciosas conversaciones con los protagonistas de la leyenda y con todos los individuos que jugaron papeles significativos a su alrededor. Estamos ansiosos por tener el segundo en castellano (en inglés sí se puede conseguir). ¡Venga compañeros!

Y para los más pequeños, Reservoir Books (Kids) publicó Metallica en su colección Band Record la electrizante aventura de Metallica, con letras de Soledad Romero Mariño y dibujos de David Navas. Y es que, ¿quién ha dicho que sus riffs no son para los niños? Ojalá alguien me hubiese descubierto a la banda cuando tenía seis, siete u ocho años (habría sido testigo del lanzamiento de Master of Puppetts o del And Justice…).