Nosotras, las personas

Libros del Zorro Rojo publica un delicioso volumen ilustrado, Nosotras, las personas, obra de los artistas alemanes Dieter Böge y Bernd Mölck-Tassel, que nos regalan un ingenioso compendio de reflexiones sobre quiénes somos en realidad.

Óscar Herradón ©

Recuerdo cuando era chaval un regalo que me hizo un profesor tras ganar un accésit de poesía (un logro muy humilde, pero importante para la autoestima de un adolescente que no formaba parte de ningún equipo de fútbol), en los años del instituto, un libro ilustrado titulado ¡Qué mala es la gente!, de Quino, un volumen con las punzantes e ingeniosas viñetas del historietista argentino que nos regaló a Mafalda sobre la volubilidad –y en muchas ocasiones mala fe- del género humano. El libro que tengo en mis manos, a pesar de las notables diferencias, me recuerda a aquél, no tanto por su contenido como por la profundidad de su mensaje (mucho más sutil que el primero, no obstante). Se titula Nosotros, las Personas, y ha sido recientemente editado en castellano por Libros del Zorro Rojo, un magnífico (gigante a pesar de su pequeño tamaño) libro ilustrado que a medida que avanza su lectura se convierte en fresco sutil y poético –a veces hasta surrealista- de las personas, de todos nosotros, vamos.

Un libro para pensarnos y dialogar acerca de lo que nos une y nos separa, porque, como reza su dossier de prensa, «aunque seamos muy diferentes, hay algo profundo que nos conecta…». Esta pequeña gran joya literaria es obra del autor Dieter Böge y el ilustrador Bernd Mölck-Tassel, que trabajan juntos desde hace muchos años y que han publicado más de 200 series de sus célebres tiras cómicas (en Alemania, se entiende) Dr. Domino’s Weltgeschichte (La Historia Mundial del Dr. Domino) en el rotativo dominical Frankfurter Allgemeine.

El título del libro sugiere que precisamente nosotras, las personas, somos muy diferentes, pero conforme pasamos las páginas descubrimos que, grosso modo, en lo esencial, en realidad somos muy parecidos, en lo bueno y en lo malo, y en ese amplio espectro que ocupa el espacio intermedio de estos dos conceptos nunca claramente delimitados. Cosas de la especie. Y dentro de la variedad de la humanidad, las diferencias y particularidades que nos definen como razas, pueblos y culturas, porque en las diferencias se adivinan muchas veces las similitudes.

Con un trazo sencillo pero detallado y (a veces onírico) y una tonalidad de color poderosa (así como importantes ausencias del mismo, huecos en blanco que reafirman el contenido y el mensaje de cada página) se muestran nuestras miserias, pero también nuestros logros y anhelos, y principalmente nuestras particularidades. Sin duda, un maravilloso punto de partida entre personas desde los 8 a los 80 años que puedes adquirir en el siguiente enlace:

https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/nosotras-las-personas/

Tres décadas del Black Album (Part ONE)

Me he retrasado un poco, lo reconozco, pero es que no es fácil rememorar tres décadas de rock and roll (o thrash metal, según se mire) en un post. Pero un post sobre Metallica en «Dentro del Pandemónium» era una cuenta pendiente obligada. Tres décadas (y bastantes meses) del Álbum Negro, porque si nos referimos a su carrera completa, ya hace tiempo que se cumplieron 40 años de su primer concierto. Todo un fracaso que no era sino el comienzo de algo muy, muy grande. Ya no demoramos más. Wherever I May Roam…

Óscar Herradón ©

Estaba obsesionado con los Use your Illusion de Guns N’Roses, cuyas cassettes ponía una y otra vez (principalmente los hits, de Don’t Cry a Civil War, de You Could Be Mine a November Rain), cuando vi en los primeros ejemplares de la Heavy/Rock que compraba en aquellos maravillosos kioscos multicolor hoy casi inexistentes por culpa de Internet, las potentes imágenes del cantante de Metallica en plena acción. Entonces la prensa musical los confrontaba continuamente a los rockeros de Los Ángeles y, cosas de la inocencia de la edad, pensaba que aquellos músicos de semblante serio que comandaba James Hetfield eran una suerte de villanos que estaban ahí solo y exclusivamente para dificultar el éxito del que para entonces –y muchos años después– era el grupo que ponía banda sonora a mi vida.

Y una de esas tardes en las que alternaba leer alguna cosa del colegio –todavía iba al colegio, a 8º de EGB–, escuchar a los Guns y jugar a los tazos de Bola de Dragón o a los cromos de la Liga (sí, solo tenía 12 primaveras), pusieron en la radio –es posible que en una emisora tan poco rockera como Los 40 Principales– un tema de esos «hombres de negro» de melenas abundantes y pose defensiva. Unos acordes de aire oriental me dejaron pendiente, en el más absoluto de los silencios, de aquella canción que salía de un radiocassette del Pleistoceno. A aquellas extrañas e hipnóticas «cuerdas» siguió una potencia que me cautivó y una voz que me enganchó para siempre; aquel tema no tenía nada que envidiar a los de mis ídolos Axl y compañía.

Se trataba –lo supe después– de Wherever I May Roam, ese himno inspirado en los músicos nómadas que hacen de la carretera (la misma que le robaría la vida al primer bajista del cuarteto, Cliff Burton, que cuando yo los descubrí ya llevaba muerto unos seis años) su segunda casa –y muchas veces la primera–. Formaba parte de un disco que no tardé en comprar (en cassette, claro), que no era otro que el Black Album, del que se cumplieron 30 años hace bastantes meses y que, junto a los Illusion, elevó 1991 a fecha dorada del rock and roll, el mismo año que veían la luz el Nevermind de Nirvana, el Blood, Sugar, Sex, Magik de los Red Hot Chili Peppers, el Arise de los brasileños Sepultura, el Gish de Smashing Pumpkins o, en géneros algo distintos pero no por ello menos cautivadores, el Dangerous de Michael Jackson o el Out of Time de REM.

Fue el 12 de agosto de 2021 –hace casi un año, sí que me he retrasado, sí– cuando se cumplían tres largas, convulsas y magnéticas décadas desde la publicación de aquel álbum de cover negra, negra como la vestimenta de los cuatro jinetes del apocalipsis que lo compusieron. Tengo 42 años, así que… 30 años que suponen prácticamente toda mi P… vida. No dejé de escucharlo desde entonces: una y otra vez, una y otra vez; podría tararear cada estribillo incluso en ese estado semiinconsciente que se produce entre la vigilia y el sueño y en el que, dicen, daba forma a sus monstruos antediluvianos H. P. Lovecraft en la remota Providence, también en USA.

Poco tiempo después de que mi colega de colegio Paul Semper me descubriera a los Guns y a los Red Hot –él nunca sintió demasiada devoción por Metallica, y mucho menos por sus aficiones cinegéticas– recalé en el instituto (sí, primero de BUP entonces), y conocí al que sería poco después, y hasta el día de hoy, mi mejor amigo, Luis Zamarra. Con él, entre muchas vivencias que no vienen a cuento, no pocas discusiones, algunas tan acaloradas que alguien podría haber puesto en duda nuestra sólida amistad (cosas, ya de mayores, de la divergencia política) y un amor por la música tan sincero como nuestras almas aún incorruptas, desgrané cada tema, cada sílaba, cada letra, cada palabra del álbum negro. Él tocaba sus melodías a la guitarra, y yo intentaba –en vano, nunca fue lo mío– darle la réplica con mi voz.

The Metallica Blacklist

Los Maiden

Algo mágico tenía aquel disco, más allá de la fuerza, la perfección compositiva o la frescura (que hoy mantiene intacta). Sí, mucho más, a la vista están los homenajes de millones de fans, críticos musicales y artistas que ya tenían barba cuando los Metallica no habían nacido, a tres décadas de su lanzamiento. De Bruce Dickinson a Paul Stanley, líder de Kiss, son centenares los músicos que lo han elogiado y definido como algo sin igual. En una charla el pasado año con motivo del 30 aniversario, el frontman de una de las grandes bandas de heavy metal de la historia, Iron Maiden, afirmaba a Classic Rock: «Nosotros, Judas Priest y Pantera, alcanzamos una encrucijada en la que tuvimos la oportunidad para dar realmente un paso adelante al siguiente nivel. Pero ninguno de nosotros tuvo agallas. Metallica sí».

Incluso Juanes se ha marcado una sui géneris versión de Enter Sandman, con videoclip incluido. Sorprendente. Es normal que sea el decimoquinto álbum más vendido de la historia de EEUU. Debería ser uno de los cinco primeros (pero en ese top 5 están Michael Jackson, Pink Floyd, Whitney Houston, AC/DC y Meat Loaf. Mucha tela). Fruto de esa admiración por los metálicos estadounidenses, hace unos meses se lanzó el disco tributo The Metallica Blacklist, en el que versionan sus temas 53 grupos y artistas tan divergentes como el citado Juanes, Elton John, Miley Cirus, J. Balvin, Ha*Ash o el dueto mexicano Rodrigo y Gabriela, por citar solo a aquellos que más le han chirriado a los fans sempiternos de la banda.

Metallica, que aunque nunca dejó de estar en primera línea, se ha convertido en un auténtico fenómeno mediático mundial gracias a la cuarta temporada (y no última) de Stranger Things y los acordes del Master of Puppets, que los ha visibilizado ante millones de muchachos que ni siquiera sabían que aquellos hombres de negro, hoy de gris cano, existían. Nunca es tarde si la dicha es buena, dice el refrán.

Condena de los thrashers, aceptación por el mainstream

Y eso que el disco –el negro, no el Master of Puppets– sería muy criticado por los fans antes, durante y después del lanzamiento. Recuerdo, en la ya mentada Heavy/Rock, la «heavy», una tira cómica de un lector en la que ahorcaban a un chaval, y cuando otro preguntaba a un colega por qué lo habían hecho, éste respondía: «Dice que le gusta lo último de Metallica». Hoy la censura habría hecho mella en aquella ingeniosa tira «cómica», pero es una buena muestra de la controversia que rodeó al «negro». No tenía mucho que ver con los discos que habían hecho de Metallica los abanderados del thrash metal (Ride The Lightning, Master of Puppets…), ni siquiera con aquel disco algo forzado (aunque me encanta) en el que no se escuchaba –deliberadamente– el bajo de Jason Newsted y al que el resto del grupo no haría justicia hasta años después: …and Justice for All.

Hetfield en pleno éxtasis (of God) en Londres, en 2017.

Y sin embargo, el álbum negro generó tal expectación que hubo largas colas en las tiendas de discos (hoy, con Amazon y el streaming, algo impensable), abrió hueco a Metallica en las grandes emisoras de todo el planeta y los encumbró a lo más alto de la escena musical en un tiempo en el que los Guns realizaban la extenuante y colosal gira de los Use Your Illusion y desde Seattle los príncipes del grunge comenzaban a copar los titulares de la prensa musical, avisando a los chicos de pelo cardado y agudos que no se relajaran, que el mundo del rock estaba cambiando y había que abrirle nuevos horizontes. Un olor como a espíritu adolescente (el de tantos de nosotros) que se ha ido perdiendo con los años. Ley de vida.

Este post metálico rebosante de melancolía tendrá una inminente continuación en «Dentro del Pandemónium». Mientras tanto, os dejo unas cuantas recomendaciones literarias para seguir sacando jugo a los cuatro jinetes del (Meta)pocalipsis.

PARA SABER (MUUUUUCHO) MÁS:

Metallica. Back to the Front (Norma Editorial)

Y ahora que Stranger Things ha catapultado aún más un disco que cualquier amante de la guitarra eléctrica conocía de arriba abajo, el Master of Puppets, recordamos el impresionante volumen que en 2017 lanzó Norma Editorial, una auténtica joya para fans de los angelinos: Metallica. Back to the Front. La historia visual autorizada del álbum y la gira Master of Puppets, rubricada por Matt Taylor, un volumen que corta el aliento en una detallada historia repleta de fotografías y documentos inéditos de la colección de la banda y de fans sobre el lanzamiento y la gira posterior de un disco electrizante.

Master of Puppets se lanzó el 3 de marzo de 1986 y consagró a la banda como abanderados del thrash metal junto a Anthrax y Slayer. Con entrevistas nuevas exclusivas, el libro recorre esos meses de infarto en los que Metallica teloneó a Ozzy Osbourne, algo nada baladí, y cuya euforia se truncó el 27 de septiembre, con el trágico accidente de autocar en el que perdió la vida el virtuoso bajista Cliff Burton y sacudió los cimientos de la banda. Tenía tan solo 24 años.

Tras un concierto en Estocolmo, los miembros de la banda tomaron un autocar para trasladarlos a Copenhague: alrededor de las 6.15 de la mañana el vehículo derrapó, dio varias vueltas de campana y Burton –que curiosamente se había rifado dormir en la cama que le correspondía a Kirk Hammett, caprichos del destino– salió despedido. El autocar después lo aplastó. El doctor Anders Ottoson certificó la muerte a causa de «una comprensión torácica con una contusión pulmonar». A pesar de permanecer tan solo tres años y medio en Metallica, Burton hizo historia, y formó parte del álbum debut, Kill Em’ All, Ride The Lightning y el mentado Master of Puppets. Le sucedió Jason Newsted a las cuatro cuerdas, quien permanecería en la banda 15 largos años, hasta abandonarla y ser sustituido por el actual bajista, Robert Trujillo.

Metallica. El origen del Thrash Metal (Libros Cúpula)

Libros Cúpula, un sello del Grupo Planeta muy presente en «Dentro del Pandemónium», lanzó en 2014 el libro Metallica. El origen del Thrash Metal, de Jerry Ewing, un tributo a la banda más influyente del metal con imágenes exclusivas y documentos extraíbles inéditos. Una edición de megalujazo que ningún fan de Metallica puede perderse (un servidor lo tiene en sitio preferente de su biblioteca). Un compendio de coleccionista en el que se juntan facsímiles de flyers, entradas, pases de prensa, pósteres… organizado y narrado por el periodista musical especializado en rock nacido eb Australia –y quien se trasladó al Reino Unido justo cuando comenzaba la New Wave of British Heavy Metal– Jerry Ewing, colaborador de numerosos medios musicales como Classic Rock, Metal Hammer, Maxim, Stuff o Bizarre.

Metallica. Toda la historia (Blume)

Blume, una editorial que también adoramos en «Dentro del Pandemónium» y de la que en breve hablaremos en un post a razón del reciente lanzamiento de dos volúmenes, Arte Transgresor y Cine Transgresor, lanzó en 2017 la primera historia completa ilustrada de Metallica a cargo del prestigioso crítico musical canadiense Michael Popoff, que, como es de rigor, se encuentra en la biblioteca herradoniana al lado del cofre de Libros Cúpula, en lugar de honor. En Metallica. Toda la historia, el autor, que ha sido definido como «el periodista de heavy metal más famoso del mundo» –con 40 libros a sus espaldas– presenta la trayectoria completa de la banda –hasta el año de publicación, se entiende– proporcionando un completo repaso por su selecta discografía: cada álbum es diseccionado por prestigiosos periodistas musicales como Richard Bienstock, Daniel Bukszpan, Neil Daniels, Andrew Earles o Mick Wall, entre otros.

Un poco de todo: las historias tras la formación del grupo, la salida de Dave Mustaine a causa de sus adicciones (traumática para el guitarrista que acabaría fundando otro grupo mítico del trash, Megadeth, al frente del que continúa todavía hoy), la muerte de Cliff Burton en Escandinavia, la llegada de Jason Newsted (y el lamentable comportamiento de sus compañeros con él durante la grabación de …And Justice For All!), la salida de éste quince años después y la llegada de Navarro, la adicción al alcohol de James Hetfield, triunfos, tragedias, giras… un volumen acompañado de más de 200 imágenes, no solo en conciertos en directo (que hay muchas) sino también de momentos íntimos, auténticas joyas de coleccionistas como un servidor.

Metallica. Nothing Else Matters (Ma Non Troppo)

Y cómo no, Redbook Ediciones también tiene un título dedicado a Metallica en su colección «La novela gráfica del Rock», vieja conocida del Pandemónium, Metallica. Nothing Else Matters (Nada Más Importa). La vida de la banda angelina contada a través de la viñeta con una potencia digna del solo de bajo de For Whom The Bell Tolls y con un dibujo hiperrealista que te hace sentirte directamente en el seno de la banda como uno más desde sus comienzos hasta hoy. Y lo hace la mano de los expertos en novela gráfica Brian Williamson (dibujo) y Jim McCarthy (guion) que capturan con maestría la esencia y los sinsabores (muchos, pues la fama y el dinero no dan la felicidad, que se lo digan a Hetfield, aunque ayuda) de la más grande banda de thrash, de puro rock, de la historia. Un emocionante viaje en forma de montaña rusa que abarca dos décadas de altibajos tanto en la carretera como en el estudio.

En su selecto catálogo que hace las delicias de los amantes del rock, Redbook (a través de su emblemático sello Ma Non Troppo) también tiene el libro Metallica. Furia, sonido y velocidad, una obra definitiva sobre la historia de la banda estadounidense escrita a cuatro manos por Matías Recis y Daniel Gaguine. Un recorrido cronológico, otro más (pero igual de vibrante como las cuerdas de Hetfield y Hammett) por su trayectoria de vida, sus discos, videoclips, anécdotas y curiosidades. Además, sus letras, pura poesía y podríamos decir que filosofía viva, son analizadas por los dos especialistas musicales citados que además completan el libro con un singular apéndice de los instrumentos, efectos y amplificadores que los miembros de la banda han utilizado en cada periodo. Más de 100 millones de discos vendidos no merecen menos.

Nacer. Crecer. Metallica. Morir, Parte 1 (Malpaso y Cía)

La Editorial Malpaso y CIA lanzaba en 2018 el primer volumen (edición que parece un traslado al papel del álbum negro, maravillosa) de la biografía Nacer. Crecer. Metallica. Morir, la que precisamente va desde los comienzos de la banda a la aparición del Black Album. Compuesta a cuatro manos por Paul Brannigan e Ian Winwood, ha tenido un notable éxito en lengua inglesa y disecciona al grupo sin obviar en ese largo camino hacia el éxito multitudinario los momentos de dolor y drama. Un relato exhaustivo construido a partir de minuciosas conversaciones con los protagonistas de la leyenda y con todos los individuos que jugaron papeles significativos a su alrededor. Estamos ansiosos por tener el segundo en castellano (en inglés sí se puede conseguir). ¡Venga compañeros!

Y para los más pequeños, Reservoir Books (Kids) publicó Metallica en su colección Band Record la electrizante aventura de Metallica, con letras de Soledad Romero Mariño y dibujos de David Navas. Y es que, ¿quién ha dicho que sus riffs no son para los niños? Ojalá alguien me hubiese descubierto a la banda cuando tenía seis, siete u ocho años (habría sido testigo del lanzamiento de Master of Puppetts o del And Justice…).

Arranca el juicio contra Steve Bannon por desacato

El que fuera el principal ideólogo de la campaña de Trump a las presidenciales de 2016, y que la revista Time llegaría a calificar como «el segundo hombre más poderoso del mundo», vuelve a sentarse en el banquillo. ¿Desvelará alguna información que pudiera comprometer al magnate en el asalto al Capitolio tras la victoria electoral de Joe Biden? No parece…

Por Óscar Herradón ©

Steve Bannon (Wikipedia. Free license)

Los telediarios de medio mundo abrían esta semana con la noticia de que comenzaba el juicio al asesor de Trump por desacato al Congreso de Estados Unidos. Concretamente este lunes, en una corte federal del Distrito de Columbia. Bannon se sienta ante el banquillo por negarse a colaborar con el comité de la Cámara de Representantes que investiga el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, mientras el Congreso trataba de certificar la victoria electoral del ahora presidente Joe Biden que, contrariamente a lo que sostuvo Trump (y sigue haciendo en distintas comparecencias), fue completamente legal.

La última jugada de Steve Bannon, quien fuera vicepresidente de Cambridge Analytica y dueño del incendiario medio de comunicación (con infinidad de seguidores) Breitbart News, ha sido transmitir este mes al comité que estaba dispuesto a declarar, algo que hizo después de que Trump le confirmara la retirada del «privilegio ejecutivo» que protege las comunicaciones de un presidente con su equipo –y eso que Bannon no ocupaba ya ningún puesto en la Administración. ¿Tendría información delicada que era mejor ocultar?–.

A su salida del tribunal, el antiguo miembro del Tea Party y uno de los principales ideólogos de la denominada alt-righ (derecha alternativa), modelo de partidos ultraderechistas a uno y otro lado del Atlántico, ha dicho, en declaraciones a los periodistas, que el proceso sería «más productivo» si se celebrara en el Capitolio «con los micrófonos abiertos», para poder dirigirse a la nación –algo que le encanta, dado su don de persuasión– en lugar de ser «una tontería, un montaje», insistiendo por tanto en las teorías de la conspiración que mantienen los seguidores de Trump en torno al asalto de la democracia USA, desinformación en la que Bannon es maestro de maestros.

El comité quería que el ex asesor testificara porque cree que pudo tener algún conocimiento previo sobre la insurgencia del 6 de enero, el asalto que hizo tambalearse al mundo durante horas, y por no querer entregar documentos, puesto que el político (que en aquel momento ya no formaba parte del equipo del ex presidente, que lo había destituido malamente después de haberle llevado directamente a la Casa Blanca con sus estrategias) se reunió con Trump al menos dos veces la víspera del ataque, y ese mismo 5 de enero aseguró en su pódcast (con millones de descargas) que al día siguiente se desataría «un infierno».

El magistrado Carl Nichols, de la corte federal del Distrito de Columbia, ha desestimado todos los argumentos defensivos propuestos por Bannon hasta el momento. Por ello, su abogado, David Schoen, ha declarado: «¿De qué sirve ir a juicio si no hay defensa?». Por ahora la suerte de quien ha llegado a ser definido como «paleoconservador», pende de un hilo. Ya no podrá amnistiarle, como hizo en 2020, el propio Donald Trump, que entonces tenía aquella prerrogativa como presidente del país de las barras y estrellas.

El pasado mes de junio el gran jurado imputó también por desacato a otro ex asesor de Trump, Peter Navarro, quien también se negó a declarar ante el comité alegando que el ex presidente había invocado igualmente el «privilegio ejecutivo». Desde noviembre de 2021, Bannon, de 68 años, se enfrenta a dos cargos penales, por no comparecer y por no entregar los documentos solicitados. Cada causa podría suponerle entre 30 días y un año de prisión y una multa de hasta 100.000 dólares.

Azote de los demócratas

Bannon no ha dejado de estar en el foco mediático. En el momento en que ponía fin al libro La Gran Conspiración de QAnon y otras teorías delirantes de la Era Trump, publicado por Edaf hace unos meses, se hacía público que el antiguo estratega de Trump se había entregado a la oficina del FBI en Washington. Fue el 15 de noviembre de 2021. Una semana antes había sido acusado por un gran jurado federal de esos dos delitos de desacato ante la Cámara de Representantes de EEUU. Horas después, la jueza de instrucción Robin Meriweather lo dejaba en libertad aunque tuvo que entregar su pasaporte para evitar una fuga del país y bajo la condición de que notificara con anterioridad a las autoridades cualquier viaje por el interior de la nación.

Tras la audiencia, el estratega político declaró ante los reporteros: «Les digo ahora mismo, este será un delito menor frente al infierno para Merrick Garland, Nancy Pelosi y Joe Biden. Y vamos a pasar a la ofensiva. Estamos cansados de jugar a la defensiva. Nunca voy a dar marcha atrás. Esta vez se enfrentaron al tipo equivocado». No parece que finalmente haya sido así. Aprovechando una transmisión en vivo para el sitio web de redes sociales GETTR, Bannon aseguró que «estamos derribando el régimen de Biden», y añadió que «tenemos encuestas. Datos económicos. Todo. Una vez más, quiero que estén concentrados en el mensaje. Señal, no ruido. Todo esto es ruido».

Por su parte, Donald Trump, que le debe a su viejo «amigo» unos cuantos favores, expresó en un comunicado emitido poco después que «este país probablemente nunca le ha hecho a nadie lo que le ha hecho a Steve Bannon y está buscando hacérselo a otros también».

Todas las comparecencias en la comisión que investiga los hechos parecen indicar que el magnate, que parece que podría optar por presentarse a la elecciones de 2024, habría instigado un complot para permanecer en el poder –incluida la colaboración con las milicias de los Proud Boys– y habría azuzado a los grupos extremistas para el convulso asalto al Congreso aquel 6 de enero de 2021. Veremos cómo evolucionan los acontecimientos y qué sucede finalmente con la implicación –o no– del multimillonario neoyorquino en el gran complot contra la democracia estadounidense.

Para conocer más sobre la trayectoria de este oscuro personaje de la trastienda política USA, el señor Bannon, podéis leer La Gran Conspiración de QAnon y otras teorías delirantes de la Era Trump (Edaf, 2022). He aquí el enlace:

https://www.edaf.net/libro/la-gran-conspiracion-de-qanon_136657/