El autor barcelonés Danide levanta una distopía en blanco y negro tan original como desconcertante. Una magnética novela gráfica que nos llega en una edición de lujo en tapa dura de la mano de Norma Editorial.
Óscar Herradón ©
Después de años dibujando guiones ajenos, Danide debuta como autor completo con una fábula postapocalíptica donde la naturaleza y la tecnología conviven en un mismo cuerpo enfermo: Aprendiz de cuervo. Es una obra inclasificable, casi muda, que exige al lector un papel activo, y su gestación tiene más de una curiosidad. La acción transcurre en un poblado aislado en mitad de un bosque, protegido o confinado por una valla electrificada, donde viven personajes con cuerpo humano y cabeza de animal. Cada uno tiene una función exacta, difundida a diario por los medios oficiales de la comunidad. En la cúspide están el Hombre-Dios y su portavoz, el Ciervo-Fantasma. El protagonista es Cuervo, que aprende su oficio, guarda las vallas y, como es inevitable, siente curiosidad por lo que hay al otro lado. Una sorprendente fábula sobre una naturaleza exhausta y una tecnología sintética que bailan al son de la locura humana.
El relato se organiza en diez segmentos de entre cuatro y doce páginas, la mayoría encabezados por preceptos de la comunidad servidos como mantras, con muy pocos diálogos y abundancia de transmisiones oficiales. Danide lo explicó en una entrevista en el diario digital Nueva Tribuna con una idea musical: buscaba un punto poético y alegórico, con partes como diapositivas, fragmentos y polifonías, y quiso trabajar el cómic como si fuera un disco.
Danide cita Un mundo feliz (A Brave New World), de Aldous Huxley, y 1984, de George Orwell, como distopías que le marcaron. Pero en otra entrevista con LH Magazin aclara que su punto de partida fueron obras que no son de género, como El entenado, de Juan José Saer, y Molloy, de Samuel Beckett. El cine y el cómic asoman en referencias como Tetsuo, Blame! o los hombres con zancos de Mad Max: Fury Road, que Danide vincula también con Dalí, Beksinski y Bisley. Sobre Blame!, cuenta que no lo había leído y que un colega dibujante se lo hizo notar. Su explicación es el imaginario colectivo.
Una historia con muchas influencias
Cuando Cuervo sale de la zona vallada, Danide alterna dibujos con fotografías suyas, algunas tomadas el mismo día que pasó en el bosque. El cartel es de una tienda sueca de muebles de Badalona, la ciudad posterior se inspira en Los Ángeles y el tobogán con un King Kong gigante está en Sant Vicenç dels Horts. Los animales de los carteles, como una ballena o unos cuernos de búfalo, proceden de marcas reales de gasolineras y de una cadena francesa de comida rápida. Hay además un giro nacido durante el desarrollo, ligado al Street Fighter, que le hizo cambiar algo del final que ya tenía pensado. El propio autor trabajó al cien por cien en digital, lo que le permitió improvisar, y no enseñó la obra a nadie, ni a su hermano Raúl, hasta terminarla.
La idea nació en 2018 durante un paseo en bici por un bosque que frecuenta y lo persiguió, dice, como un virus mental. Terminó la historia antes de la pandemia, en 2020, y cuando llegó el confinamiento pensó que había hecho un cómic de actualidad, con personas encerradas. Enseñó el proyecto a varios editores que dudaban por su rareza, y ECC fue la primera en apostar: el primer tomo salió en abril de 2024, con 112 páginas y precio de 25 euros. Al cerrar la editorial, Danide se topó por casualidad con Luis, de Norma, y ambos coincidieron en publicarlo en un solo volumen, que llegó este año. Aprendiz de cuervo tiene una ejecución gráfica sobresaliente y una ambigüedad deliberada. Para quien ya lo leyó en tres tomos, la edición integral permite verlo de golpe; para quien llegue ahora, es una de esas obras que piden relectura. Una delicia de edición que no puede perderse ningún amante del noveno arte ni nadie con sentido del gusto visual.







