Blake y Mortimer. Integral 4

Tres álbumes de 1996 a 2001 recogen el momento decisivo de una de las series más célebres del cómic franco-belga, cuando otros autores se atrevieron a continuar a Edgar P. Jacobs con dos equipos rivales. Más allá de las tramas, el volumen permite contar una historia de fidelidad, negocio y ambición que empieza en 1946 y aún no ha terminado y que ahora publica Norma Editorial en un volumen integral, el cuarto de la serie, absolutamente delicioso.

Óscar Herradón ©

Norma inaugura con este cuarto tomo la etapa posterior a Jacobs de su colección integral. Incluye tres álbumes firmados por dos equipos: Jean Van Hamme y Ted Benoit por un lado, Yves Sente y André Juillard por otro, con un extenso dosier del especialista Jorge García ilustrado con arte inédito. Un alucinante volumen de lujo en tapa dura que reproduce los álbumes 13 a 15 de la serie original. Esos son El caso Francis Blake (1996), La maquinación Voronov (2000) y El extraño encuentro (2001).

El primero, El caso Francis Blake, arranca con un escándalo en la prensa londinense: hay un topo en los servicios de inteligencia y una fotografía de MI5 muestra el rostro de Blake, que además ha abierto bajo otro nombre una cuenta alimentada desde las Bahamas. Mortimer decide encontrar a su amigo antes de que MI5 lo juzgue, o lo mate. Es un thriller de espionaje sin ciencia ficción ni fantástico, algo poco habitual hasta entonces en la exitosa serie de Jacobs. En La maquinación Voronov, Sente y Juillard sitúan la trama en la Guerra Fría de finales de los cincuenta: un doctor del KGB en Baikonur se hace con una bacteria mortal caída del espacio y, nostálgico de Stalin, pretende usarla como arma bacteriológica contra Occidente. Blake y Mortimer viajan a Moscú, y el desenlace pone en juego un bacilo ligado a una niña con una enfermedad rara.

El álbum enlaza con hechos reales, el Tratado de Roma, el primer encuentro de Lennon y McCartney en Woolton, cerca de Liverpool, y el lanzamiento del Sputnik. Entre las curiosidades: un restaurante sildavo, guiño a Hergé, la frase de un villano de Tintín en el país del oro negro que Olrik repite palabra por palabra, y una secretaria, Miss Pound, que homenajea a Miss Moneypenny, de James Bond. El nombre del villano coincide, además, con el del biólogo Serge Voronoff, célebre por sus injertos de tejido de mono, todo acompañado de mucho texto, algo que siempre caracterizó a la serie.

El extraño encuentro es el segundo álbum de Van Hamme y Benoit y vuelve a la ciencia ficción. Todo empieza en 1777, cuando un mayor escocés, antepasado de Mortimer, desaparece tragado por una luz de colores, y reaparece muerto en 1954 con tecnología aparentemente extraterrestre. Blake y Mortimer viajan a los Estados Unidos, donde se topan con hombres de negro armados con láseres verdes. Además, en cada nuevo álbum hay al menos una mujer importante, cosa impensable en la etapa de Jacobs.

Dos equipos, un mismo objetivo

Tras el éxito de El caso Francis Blake, que además disparó las ventas de los álbumes anteriores, la editorial francesa Dargaud encargó a Van Hamme y Benoit otra aventura, pero Benoit, meticuloso como Jacobs, dibujaba con lentitud. La editorial, en apuros tras perder los derechos de Astérix en el litigio con Uderzo, decidió a principios de 1998 formar un segundo equipo. Yves Sente, entonces director editorial de Le Lombard, escribió una página de guion para probar candidatos y acabó redactando uno entero, que envió a Dargaud haciéndolo pasar por un texto recibido de fuera. Para dibujarlo se convocó un casting con Johan De Moor, René Sterne y el tándem Juillard y Convard, y el reparto de tareas entre estos dos no funcionó: Juillard dibujó todo y Convard hizo el color. Desde entonces, la serie sale con regularidad, normalmente antes de Navidad, y La maquinación Voronov se prepublicó en Le Figaro Magazine.

El origen de la serie

Como ya hemos contado en otras entradas del Pandemónium a raíz de la publicación de anteriores integrales de la serie por parte de Norma Editorial, Blake y Mortimer nacen en 1946 en la revista Tintin, que lanzó Raymond Leblanc. El equipo inicial era muy reducido, con Jacques Van Melkebeke como redactor jefe, Hergé como director artístico y Jacobs, Jacques Laudy y un joven Paul Cuvelier como dibujantes. Cuando le pidieron algo moderno, Jacobs ideó a los dos héroes, modelados en Laudy, que inspiró a Blake, y en Van Melkebeke, que inspiró a Mortimer. El secreto del Espadón se serializó desde septiembre de 1946 durante casi cuatro años y en su primer álbum fue un enorme éxito de ventas.

Edgar P. Jacobs (Bruselas, 1904–1987) quiso ser cantante de ópera, y esa pasión explica sus textos abundantes, que él llamaba contrapuntos, y el aire teatral de sus páginas. Trabajó en la Ópera de Lille y fue ilustrador de grandes almacenes, y solo se pasó al cómic pasados los cuarenta. Durante la ocupación alemana, cuando se prohibió Flash Gordon, terminó esa historia y luego creó El rayo U, calco confesado del héroe americano, que los especialistas consideran la matriz de su estilo. Hergé lo contrató como colorista y decorador y le encargó la remodelación de varios álbumes de Tintín, entre ellos Las siete bolas de cristal y El templo del sol. La relación fue larga y ambivalente: Jacobs pidió firmar como coautor, Hergé se negó y, cuando El secreto del Espadón triunfó, Hergé advirtió a Leblanc contra una competencia inútil.

La censura francesa vigiló sus obras y prohibió durante años la edición de El péndulo del diablo, y sus últimos años estuvieron marcados por problemas económicos, la muerte de su esposa y la pérdida de vista. Murió en 1987 sin ver terminado el segundo volumen de Las tres fórmulas del profesor Sato, que su amigo Bob de Moor acabó de dibujar según el guion.

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